Mi primera vez
Por azares del destino, antes de terminar la universidad tuve la oportunidad de viajar a Canadá; ahí recibí un permiso de trabajo y a la vez pude estudiar; tenía 22 años para ese entonces y había llevado una vida hetero totalmente, aunque cotidianamente me causaba morbo observar la entrepierna de los hombres e imaginar el tamaño de su miembro.
Vivía con otros 3 mexicanos y compartía cuarto con uno, donde la convivencia era buena, sin más, aunque comúnmente había alcohol, más en fin de semana. Un sábado, regresando de trabajar planeamos una convivencia; para las 6 de la tarde ya habíamos empezado, un conocido invito a otros dos amigos (Pedro y Pablo, digamos) quienes llegaron más tarde, la costumbre es que cada quien lleve su alcohol. Nos saludamos normal, de compas, pero con Pedro hubo una sensación rara desde inicio. Lo primero que noté es que cuando me paraba para ir al baño, en seguida venía Pedro, en una de esas cuando regresé del baño, en el cambio de sitio, Pedro quedó sentado frente a mí, y sin que pareciera obvio miré su entrepierna; algo se marcaba, pero hasta ahí. En seguida alguno hizo algún chiste cachondo, y todos reímos, pero Pedro particularmente se agarró el paquete, lo vi y me vio.
Avanzadita la noche, se acabó la cerveza, para lo cual todos cooperamos para ir por más; yo cooperé y les dije que yo no iba, en seguida Pedro se apuró y dijo, yo tampoco quiero ir, el resto dijo que éramos culos, que ahí nos quedáramos. Todos se fueron en el auto de Pablo, y nos quedamos solos Pedro y yo; de inicio cada quien agarró su cerveza y estuvimos unos segundos viendo cada quien, por su lado, hasta que Pedro empezó a sacarme platica: ¿De dónde eres? ¿Qué haces? ¿Qué te gusta? Yo sentía el momento incómodo, pero a su vez, lleno de nervios raros. No pasaron ni 5 minutos, cuando sentado en el sofa, se agarró el paquete y se apretó el miembro por encima del pantalón. Preguntó: ¿te gusta? No contesté, no supe que decir, lo miraba a los ojos y quería decir que si, pero no dije nada. Se lo acarició una vez más, se acomodó y se empezó a bajar el cierre, se metió la mano y lo sacó. Preguntó nuevamente: ¿te gusta?, no contesté, pero veía como se lo agarraba y no decía que no. Él asintió que me gustaba, y yo quería que eso entendiera. Era la primera verga que tenía frente a mí, no sabía que hacer, pero me sentía excitado y con ganas de agarrarla y saber que se sentía. Era una verga normal, sobresalían del pantalón unos 12-14 cm, era puntiaguda, morena, normal. Me dijo, ¡ven!, agárramela. Me acerqué, me senté en el sillón y se la agarré. Estaba caliente, dura, roja. Empecé a masturbarlo, como yo lo hacía con el mío. Él decía que rico, a mi me gustaba la sensación de tener un pito en mis manos. Se lo pelaba y su cabeza se asomaba completita, él gemía.
De pronto se paró, se abrió todo el pantalón frente a mí y me pidió que me hincara. Me hinqué, y su verga quedó muy cerca de mi boca, olía a nuestro jabón del lavado, no olía a pito. Me la acerco a los labios y abrí la boca, la metió despacio, pero toda, sentí su calor dentro de mi boca, estaba muy dura, me llenaba la boca. Se la mamé todo lo que él quiso. Pero no fue todo, me tomó del brazo, me paró, y me pidió que abriera mi pantalón, lo abrí, y enseguida me lo empezó a bajar, me volteó, me chuleó las nalgas, me abrazó y me daba unos tallones con su verga. Cuando quiso, me empinó en el sofá, para entonces yo seguía sin decir nada, pero quería todo lo que él hacía. Me sacó un zapato y el pantalón de una pierna y me puso a gatas, me abrió las nalgas y sentí placer, enseguida me dio unos tallones con la verga en el mero culito y gemí, y cuando intentó empujarla me dolió, gemí-grité, y me dijo, ay que apretadito estas. Volvió, a buscar su chamarra y de ahí saco un lubricante, me puso un poco y otro tanto se lo puso en el dedo e inicio a penetrarme lentamente, me ardía, me dolía, pero lo quería. Estuvo jugueteando con su dedo, lo sacó, y en seguida sentí su miembro. Me pidió que me relajara, que confiara en él, que me gustaría, y empezó a acercar su verga, a empujarla, gemía-gritaba, había dolor, pero él no paraba, cada vez sentía que entraba un poco más y ahí la dejaba, y luego seguía insistiendo, de pronto sentí que estaba adentro, sentía su verga, la dejo ahí un rato, me dejó descansar y empezó a moverse despacito, ya no dolía tanto. Entraba hasta el fondo y esperaba. Mi culito se acostumbró, él se dio cuenta y empezó a darme más rápido. Empezó a gemir, empezamos a gemir, él entraba, yo lo aceptaba, me decía que mi culito estaba apretado, que le gustaba, que no había cogido a uno nuevo. De repente, en una entrada sentí palpitaciones, él gimió y se quedó quieto, me dio dos embestidas más y la sacó. Sentí como su leche salía. Me paré y me fui al baño, me cambié, me bañé y me fui a dormir. Me gustó mi primera vez. De la convivencia y del resto no supe hasta el otro día.
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