🇲🇽 México🌈 Relatos gay✍️ Anónimo📅 septiembre 10, 2026

Mi vecinito Pancho

Yo tenía 32 años y mi vecinito 18. Yo vivía en Sonora, en el municipio de Cajeme. Terminé la prepa y dejé de seguir con mis estudios por andar de vago. Tenía novia y también novio, bueno, algo así. Cuando mi padre murió, todos en casa nos separamos: unos para un lado y otros para otro. Yo tenía una relación muy cercana con una hermana mayor que yo, que vivía en la misma cuadra de nuestra casa. Bueno, me fui a vivir con ella como dos años, y enfrente vivía mi vecinito Pancho. La neta ni por mi mente pasaba el morrito. Pero su hermano era como muy abierto, y siempre decía: “Mi carnal, cuando nació, casi nació hecho pura verga”. Yo solo reía porque estábamos con otros amigos de la misma cuadra, ya saben, cuando uno está tomando unos tragos y salen temas para reírnos. Yo no entendía qué quería decir, hasta que me entró la curiosidad por saber a que se refería lo que platicaba su hermano mayor.

Llegaron diciembre, Navidad, Nochebuena, esas cosas que se festejan cada año, y todos festejando. Yo en casa, como en su mayoría, encendíamos fogatas porque hacía frío. Y así pasaron las horas. Todos nos estábamos retirando; mis sobrinos se fueron temprano porque eran más chicos. Mi hermana y mi cuñado también. Solo me quedé con mi vecinito Pancho y dos primos. Pienso que serían como las 12 o 1 de la madrugada. La familia de Pancho salió a una fiesta y él no quiso ir, y es por eso que estaba en la casa, en el patio. El morrito Pancho traía un short, sudadera y tenis. Yo no sé cómo, pero creo que yo estaba algo tomado. Él se me acercó y contábamos cosas sin sentido los cuatro. Pero en un descuido, cuando Pancho estaba cerca de mí, estiré mi mano y la metí por una de las piernas del morrito discretamente, para agarrarle la verga y saber si era cierto que, siendo tan morro, tuviera la verga tan grande como platicaba su hermano.

Al principio el morro se sacó de onda y se me quedó mirando algo enojado. Pero yo ya había metido mi mano y toqué su verga; estaba algo flácida y le agarré los huevos, unos huevotes bien grandes y un chingo de pelos. La verga me calentó un chingo al instante. Pero saqué mi mano porque, como les dije, como que me puso la cara de “¿qué pedo, wey?”. Porque me meten mano, o también estaban sus primos, pero no se daban cuenta porque estaban en su rollo y ya con sueño, porque ya mero se iban a meter porque su abuela les gritó que ya era tarde, que si no pensaban dormir. Pero no salió la abuela, solo gritó desde adentro de su casa, como estábamos enfrente, y se volvió a meter. Yo miré a Pancho y le dije: “¿Te gusta, wey, o ahí le paramos?”. Solo se sonrió y miró para con sus primos, que se estaban durmiendo. Y yo asumí que le gustó que le agarrara la verga y los huevos. Volví a meter mi mano por debajo del short. Oh, sorpresa, era cierto: tenía un vergón que no me cabía en la mano y unos pinches huevotes súper tibios y bien peludos, parecían como una barba, pero bien largos, todos los pinches pelos. Alcancé a meter mi mano por toda la rajada, por su culito, estaba bien peludito. Yo estaba bien caliente porque con el miedo de que me descubrieran sus primos y le dijeran algo. La neta fue algo rápido, pero fue bien rico. Él solo guardó silencio mientras yo se la estaba jalando. Soltó un chingo de líquido lubricante. Neta, no sé cómo, pero estaba bien caliente el morrito y yo. Y de repente que dicen sus primos: “Ya nos vamos a meter, wey”. Y yo enchinga saqué la mano del short de Pancho, mi vecino, para que no me miraran. Bueno, les dije: “Y tú, Pancho, ¿ya también te vas a meter, wey?”. Y se me quedó mirando y dijo: “No, horita los alcanzo”. Le dijo a sus primos: “Dile a mi abuela que deje la puerta abierta, que horita entro”. Y yo otra vez me puse al mil de caliente. Se fueron sus primos, y se me dijo: “Dale, Abel, termina lo que empezaste. Bueno, vente para acá, wey”. Fuimos para atrás de la casa, ahí hay un patio sin luz, algo oscuro. Fuimos y ahí sí estaba más caliente. Le bajé el short a media rodilla, pero se cayeron hasta el suelo. Y pude mirar un vergón, pero vergón, como de unos 19 cm, gruesa, venuda y bien peluda. Me bajé a mamársela. La neta no me cabía en la boca. Ya había mamado vergas porque soy bisexual, pero nunca una como la de mi vecino. Él solo gemía y no sé qué decía; no me importaba, yo estaba bobado por esa vergota que estaba comprobando lo que siempre me platicó su hermano. Pinchi morrito, qué les dan ahora que salen con un vergón. Yo mamaba la verga y los huevos llenos de pelos, pero él era algo tímido, como que era su primer mamada de un bato. Aguantó un buen rato yo mamando esa rica verga que agarraba con mis dos manos, todo ese sabor a sudor juvenil lleno de leche y hormonas tan calientes que bien podría culear con él toda una noche sin descansar. Logré saborear su rico sabor. No sé cómo, pero lo volteé y le estaba mamando el culo. Pienso que él me lo pidió. Así estuve: la verga y el culo, huevos peludos, hasta que respiró más rápido y me dijo: “Ya, wey, me voy a venir”. Y me quitó y tiró unos chorrotes de mecos por todos lados; me cayeron unos de la cara y otros en la camisa. Yo, la neta, ni me la jalé porque solo quería que esa noche de Navidad nunca terminara. Se subió el short y me dijo: “Qué rico, Abel”. Lo acompañé a su casa y apagué el fuego de la fogata, y le dije: “Nos vemos”. Ese fue el inicio de una relación como de novios. Cada que me miraba llegar del trabajo o sabía que yo estaba solo en casa, siempre me visitaba.

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2 Comentarios

  • Anónimo septiembre 10, 2026 a las 10:03 pm

    Sigue contando todas las historias

  • Anónimo septiembre 10, 2026 a las 10:08 pm

    Cuentes más experiencias con tu vecinito

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