Oxxo express tienda

Hace ya varios años se formó una cadena de tiendas con gasolinera en Monterrey, y la novedad generó necesidad de trabajadores. Yo solicité trabajo y, tras el entrenamiento, comencé a trabajar. Todo era nuevo: chicos y chicas guapos y guapas.
Me pusieron en la cocina y ahí conocí a un chico de 20 años, y yo de 25. Él era velludo, con una nariz puntiaguda y ojos como verdecitos; gordito y con un trasero hermoso. Me gustaba mucho, así que hice amistad con él y todo bien. Lo abrazaba y platicábamos con los otros, jugábamos a las cosquillas. Él era tierno y muy buena onda, pero el sentimiento de atracción me ganaba y le echaba unos ojitos de deseo que no podía controlar.
Me parecía que le gustaba lo que le insinuaba, y yo moría de caliente al verlo, uuufff.
Hasta que un día él estaba trapeando el piso, pues se derramó algo, y se fue al clóset de limpieza para enjuagar el trapeador. Entonces no pude más. Caminé con mi mandil blanco y mis pantalones cuadrados de cocinero, que me hacían ver el bulto grande y lo parada que tenía el pene. No me detuve, solo llegué.
Él estaba dentro, dándome la espalda, y ese gran trasero rico, grande, peludo, con un pantalón que lo hacía verse más grande y jugoso… Me metí, cerré la puerta y se sorprendió, pero no pudo voltearse. Quedó mi paquete en sus nalgas grandes. Le pasé mis manos alrededor por su pecho y acerqué mi boca a su cuello, jadeando y diciendo: “Me gustas”. Le arrimé el bulto y casi le doy un beso en la boca, pero le besé el cuello con esa pasión de “no te vayas, quédate”.
Fue el momento más apasionado que había tenido.
Salimos del clóset y me agarró la mano. Desde ese momento ya no podía dar marcha atrás. Después se hizo una fiesta de compañeros y fuimos a su casa. Él me presentó como su novio y yo no sabía qué hacer; me dio pena porque nadie sabía que era gay.
Luego nos movimos a casa de otro chavo del trabajo para seguir la fiesta. Comenzaron a beber cerveza y después tequila, y no tuvimos tiempo de platicar ni de estar solos.
La tragedia vino semanas después. Dejé el trabajo por causas familiares y, a pesar de que quería volver a verlo después de la muerte de mi abuela, ya no regresé. Ese amor lo perdí, pero nunca lo olvidé.
Las decisiones te alejan del amor y la vida te lleva por otros caminos.
Espero que les haya gustado esta parte de mi vida, que siempre he lamentado por no regresar y luchar por ese amor.
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