Viendo «Así somos» hot
- 1El pololo del hermano de mi amigo
- 2Viendo «Así somos» hot (este capítulo)
Ver página de la serie «El pololo del hermano de mi amigo» →
Esta es la continuación de una de las tantas ocasiones que tuvimos sexo con el pololo del hermano de mi amigo. La vez pasada conté cómo se dio y pasó todo en su auto; en esta ocasión fue algo más preparado.
Resulta que, chateando ese día con él, quedé solo en mi casa durante dos días, entonces lo invité. Yo tenía todo: yerba, chelitas… Y en la noche, tipo 9, se fueron mis viejos de casa y le escribí que si quería fumar. Me dice que estaba cerca y que pasaría. En eso, llega en 5 minutos y andaba en su auto. Que apenas acordarme lo que sucedió me hacía dilatarme entero el culito.
Abro la puerta de la casa y se baja: él flaquito, alto, pelito canoso y esos pantalones hippies de tela donde se le marcaba todo. Me ponía más caliente. Se acercó, le abro la reja y le digo que pase, que estoy solo. Me dice: «¿En serio? Ah, qué rico, nos podemos relajar mejor». Entró, y esas palabras me calentaron mucho.
Pasamos a mi pieza, donde nos ponemos cómodos. Se sentó en el sillón que tenía y yo en mi cama, donde prendo la tele. Estaban dando Así Somos en la Red, y en esos tiempos salían buenas perras culonas y tetonas. Y ese capítulo, ese día, estaban en calzones y sin nada arriba, y Salfate empezaba a y tocarlas («¡Cuántas se habrá culiado ese pelado!»). En fin…
Nos empezamos a poner más cómodos y él se saca el pene de una y se empieza a pajear. Lo miro como un minuto entero, cómo corría el forro hacia arriba y abajo, y sonaba su líquido seminal. No aguanté y le dije que se parara y se pusiera enfrente mío. A todo esto, él tenía unos 36 y yo 18… ¡Rico madurito!
La cosa es que lo pajeo y se lo lamo mucho. Se le agranda cada vez más la cabeza y se la chupo de una. Quedó loco, y yo también me calenté mucho. Estábamos solos, sonaba como sopapo chupándosela, hasta que me dice que si me puedo poner afeminado. Le digo que sí, y ponemos porno de chupadas con acabas y culonas latinas, y saco una lencería que tengo y me la coloco.
Él se sacó todo; se veía rico con el pico duro, y el flaquito desnutrido… era puro pico. Hasta que me pone contra la pared, me abre las nalgas y me la empieza a empujar lento, y me la mete en corto y duro. Estaba tan rico… Sentí cuando acabó: la empujó hasta el fondo y no se movió de ahí, y empezó a chorrear semen caliente en todo mi hoyito. Me hizo venirme también, manchando la pared.
Después empezamos a imitar lo que hacían los actores porno: yo era la mujer y él el hombre. Ella se lo chupaba, y yo hacía lo mismo; ella hacía sentones, yo también lo hacía; a ella le acababan en la cara, a mí igual, me lo tiró todo en su segunda eyaculada.
Y así seguimos varios meses y años después. Esta fue una de las mejores culiadas que me dio, y faltan más.
Sé el primero en guardar este relato
No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!