Visita inesperada

Visita inesperada

Visita inesperada

Hola, mis lectores. Esta historia comienza como cualquier otra. Había descargado una aplicación de citas y empiezo a hacer match con muchas personas, pero hubo un perfil en particular. Su nombre real, el perfil decía JULIO, edad 40 años. La verdad, apenas lo vi me encantó. La edad en el sexo nunca me importó. El tema de dar el otro match y luego de unos minutos empezamos a hablar.

Julio: Hola, ¿cómo estás?

Yo: Hola, bien, ¿y tú?

Julio: Yo muy bien, gracias. ¿Y qué haces?

Yo: Nada, aquí buscando diversión y algo aburrido en mi cama.

Julio: Qué mal que estés aburrido. ¿Y qué puedo hacer yo para que no sigas aburrido?

Yo: No sé, jejej, quizá que me vengas a ver. Pues yo vivo solo por acá en metro Cali Canto, tengo lugar.

Julio: Pues yo soy de Puente Alto. El metro aún está funcionando, así que si gustas, te voy a ver.

Yo: Yapo, son las 19, hay tiempo aún.

Julio: Me baño y salgo. Nos vemos en dos horas.

Bueno, pasaron las dos horas. Eran las 21 y ya estaba por llegar el moreno de 1.70 con lentes. Ni fotos porno nos habíamos enviado, así que todo iba a ser sorpresa. Eso iba a ser lo mejor, decía mi mente. Quizá me podía encontrar con una vergota o una vergotita, pero la verdad el porte para mí siempre ha sido algo que no es tan importante mientras lo sepan ocupar. Todo está bien, por lo menos por mi parte, ya que hay hombres pasivos que les encantan los penes grandes.

Ya le quedaban como dos metros para llegar, así que bajo por el ascensor a buscarlo. Llegó al metro y veo a ese hombre subiendo por las escaleras del andén. Un hombre de mi estatura, con cara de relajado, súper guapo, con sus lentes y algo trigueño. Yo ya estaba feliz. Nos saludamos y todo bien, con rumbo al departamento. Llegamos y no tenía nada planeado más que solo sexo y nada más. Bueno, pregunta que habrá de comer y le dije que no tenía nada.

«Ya, vamos, habrá algún lugar», y le dije: «Yo tengo una boti por acá cerca». Fuimos, compramos algo para picar y nos fuimos a la acción. Comimos algo y tomamos un cóctel de berries súper rico, y empezamos de a poco a besarnos. No conversamos mucho y yo feliz, jejej. Lo importante era sentir a ese hombre dentro de mí. Me concentré en lo rico que besaba. Ese hombre me tocaba por todo mi cuerpo; sus manos recorrían mi culito mientras me besaba. Me deseaba el culito, algo que me encanta sentir: ese dedo, luego dos, y ya no daba más de la excitación.

Le dije: «Para, quiero disfrutar tu exquisito pene». Mientras sigo besándolo, bajo lentamente hacia su pantalón. Me pongo de rodillas mientras lo veo con cara de putita golosa y saco su pene, más o menos de unos 14 centímetros, tamaño promedio. Pero no importa el porte, mientras lo sepa ocupar, todo bien.

Seguí disfrutando. Sabía bien rico; mi boquita saboreaba cada centímetro de ese rico pene mientras él gemía y me decía: «Sigue, sigue así». De a poco seguí bajando hasta encontrar sus coquitos y empecé a mamarlos, chuparlos uno por uno, saborear con mi lengua esos coquitos tan ricos y verlo a la cara mientras tengo ambos coquitos en mi boquita. Él gemía como todo un macho y ya no aguantaba más, y me dice: «Ya quiero ese culito».

Yo me acosté en mi cama de ladito, con mi culito a su disposición. Él, en rodillas en mi cama, se pone un condón y empieza a meterlo de a poco, lentamente. Sentir cómo ese pene se abría paso por mi culito fue tan rico. Mientras lo metía, empezó despacio, luego aumentó el ritmo y me dice: «¿Puedo grabar este momento?». Y yo le dije: «Ya, feliz, un recuerdo porno así me pajeo todos los días». Y aún en estos días lo sigo haciendo cada vez que veo a ese hombre al entrar en mí.

Él seguía haciéndome gemir como una putita. Yo ya estaba que acababa y él, aún con más lujuria, lo hacía. Ya había pasado una hora dándome duro; a pesar del porte, ese hombre me hacía ver estrellas. El tal Julio, de 40, era exquisito en la cama.

Ya no aguantó más, me dice y acaba dentro del condón, pero aún así sentí cada chorro como si me hubiera llenado el culito. Fue tan rico. Lo hicimos una vez más; ya mi culito no daba más. Ese hombre era un semental. Lo repetimos como dos veces más antes de que se haya ido a estudiar a México. Pero sí recuerdo, aún lo tengo en mi celular. Compartiré una foto sacada del video de lo rico que se ve mientras me lo metía tan rico.

Comenten si quieren más partes de esta historia. Besitos.

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