Con el policía hetero

Hola, soy de La Paz y esta es mi historia con un policía que conoci hace unos años. Yo tenia 24 años y estaba trabajando por el centro de la ciudad. Cada dia me cruzaba con un policía que trabajaba en una unidad cerca de ahi. Soliamos almorzar casi a la misma hora por lo que normalmente nos encontrabamos en la misma esquina, a tal punto que empezamos a saludarnos amigablemente. El punto es que despues de meses asi comenzamos a almorzar juntos y a hacernos amigos. Me dijo que tenia 36 años. Era alto, casi 1.80 o un poco mas, con cabello negro un poco ondulado y ojos oscuros y un poco rasgados. Su piel era de un tono trigueño, muy atractivo. Tenia una quijada fuerte y marcada, y se notaba que hacía ejercicio, en especial porque sus brazos eran gruesos y se marcaban a través de las mangas de su uniforme.
Conforme fue pasando el tiempo, fuimos siendo mas cercanos. Y al menos unos dos días a la semana salíamos casi al mismo tiempo de nuestros respectivos trabajos.
Un día el me ofreció llevarme en su auto hasta mi casa. Yo un poco avergonzado pero ya medio en confianza acepté. Me di cuenta de que el era una persona algo solitaria, y le iba bien poder hablar conmigo. En el trayecto me conto que era divorciado, que tenía una hija pero que vivia con su madre en otra ciudad. Me dijo que también que él estaba muy concentrado en su trabajo, en ir al gym y que rara vez salia con amigos. Entonces me fue preguntando sobre mi vida personal y sentí que sus preguntas eran cada vez mas intimas. Que si tenía novia, que tipo de mujeres me gustaban y cosas así. Yo me inventé las respuestas porque siempre supe que era gay. Entonces él me contó cómo fue su primera vez. Me sorprendió pero me puso muy caliente escuchar su voz gruesa narrando esa historia. En ese punto yo no podía evitar mirar sus piernas gruesas estirando la tela de su pantalón verde olivo mientras conducía, y cómo se le marcaba el bulto en el uniforme. Yo aprovechaba de mirar su entrepierna cada vez que le indicaba el camino a mi casa. Resulta que su primera vez el fue torpe, que la chica con la que estuvo casi lloró por el tamaño de su miembro. Me dijo que no sabía que su pene era grande, que el lo consideraba un tamaño normal, pero que las siguientes mujeres con las que estuvo le confirmaron que era un miembro descomunal. Yo simplemente me reía nervioso, y al mismo tiempo no podía aguantar la tremenda erección que estaba teniendo. Mientras me contaba sus aventuras sexuales se reía como buen macho y de rato en rato pasaba su mano por su entrepierna. Yo empecé a imitarlo.
De pronto me dice: «hablar de estas cosas me pone caliente, a ti no?» Yo le respondo: «si tambien me recuerda cómo fueron mis primeras veces». Ya estabamos ambos relajados, en confianza y me di cuenta de que ya estábamos llegando a mi casa por lo que decidí actuar. Volví a tocar el tema del tamaño de su pene y él se puso a reir. Me dijo: «tanto charlar de esto ya me duele que mi paloma este tan dura en mi pantalón». Yo ya sabía que el queria hacer cada vez mas erotica la situación. Le dije: «estoy igual», y me empecé a frotar la erección por encima de la tela. El miro y dijo: «espero no te moleste» y paro un momento en un costado de la vía. Con una sola mano se desabrochó el cinturón y el pantalón y sacó su verga de su boxer negro y entonces lo vi. Realmente no exageraba cuando dijo que su miembro era enorme. Debía medir al menos 24 centímetros y era tan gruesa que no alcanzaba a rodear el tronco con su mano. Yo me quedé mudo, solo alcancé a decir: «es gigante».
El soltó una carcajada y me dijo: «habías visto una así?» Y yo: «ninguna tan grande». Entonces me apretó el hombro mientras me sonreía y me dijo: «sabía que ya habías visto otras vergas antes ja ja» y yo ya sin poder disimular le dije: «la tuya se ve deliciosa». Entonces él me dice: «tengo una idea» y arrancó el auto para ir a una calle vacía. Mientras yo ya sin ninguna vergüenza lo empecé a masturbar lentamente mientras conducía.
De rato en rato él me miraba y soltaba pequeños gemidos de placer, y eso me calentaba a mas no poder. Condució al menos 15 minutos hasta que llegamos a una zona que yo nunca había visto, con pocas casas y muchos terrenos vacíos. Paramos detrás de una casa en construcción.
– Atrás estaremos más comodos- me dice mientras abre su puerta y me hace seña para salir del auto e ir al asiento de atrás. Se notaba que no era la primera vez que hacía eso.
Nos pasamos a la parte trasera de su auto que por cierto tenia vidrios raybanizados. Una vez dentro se bajó el pantalón hasta las pantorrillas, donde empezaban sus botas policiales. Mientras lo hacía pude ver sus muslos gruesos, fuertes y un poco de sus nalgas redondas y tonificadas. El se apoyó en la puerta y abrió las piernas, dejando frente a mi sus huevos hinchados y su erección de casi 25 centímetros, también se veía el inicio de la raja de su culo con algo de vello. El no era muy velludo pero si tenia un arbusto espeso en toda su entrepierna. Yo me lancé a chupar ese mástil que apenas entraba en mi boca. Comencé a saborear su glande primero ya que tenía mucho precum encima. Sabía a gloria, algo salado y un poco agrio pero exquisito. El gemía cada vez más mientras acariciaba mi cabeza mientras yo trataba de meter su verga en mi boca lo mas profundo posible. Estuve así un buen rato hasta que fui profundizando mas, al punto que su verga llegaba a mi garganta y me producia arcadas. Mientras con mis manos acariciaba y amasaba sus muslos que se contraían por el placer. Tener a ese macho bajo mi control me excitaba demasiado. Yo empezaba a controlar la velocidad y ritmo mientras el simplemente se entregaba a lo que yo le hacía. Cerraba los ojos y llevaba su cabeza hacia atrás, como si estuviera en trance mientras yo saboreaba cada centímetro de su piel. Poco a poco fui succionando sus huevotes mientras lo masturbaba y eso lo enloqueció. Empezó a sacudirse mientras con su cadera empujaba su verga, como si quisiera clavarla en mi mano.
– No sabes cuanto he soñado con esto- me dijo mientras abría la boca y me miraba desde arriba. Tenía sus dos manos acariciando mi cabello de forma dulce mientras su cadera se movía agresivamente empujando su pene hacia mi. Fui bajando más, lamiendo la parte interna de sus muslos y esos rincones entre sus piernas. Eso le hacía cosquillas pero al mismo tiempo lo enloquecía de placer. Lo noté en sus gemidos, cada vez más fuertes, y en cómo todos sus músculos se contraían al ritmo de mi lengua. Sentía el sabor de su sudor en su entrepierna mientras en mi mano sentía todo el precum que estaba soltando. Poco a poco seguí bajando con mi lengua hasta llegar al comienzo de su culo. Él abrió más las piernas y automáticamente encontré su ano, rodeado de vellos y con un sabor a macho sudoroso y limpio. Empecé a empujar la punta de mi lengua un poco más profundo y ahí el me dijo: «voy a terminar». Rápidamente volví a meterme su pene en mi boca y a succionarlo frenéticamente mientras con mi lengua hacía círculos alrededor de su glande. En unos segundos el gimió tan fuerte que parecía un grito. Con mis manos sentí cómo su abdomen y sus piernas se contraían duros como piedra, y en mi lengua, casi en mi garganta sentí una explosión espesa y salada. Había eyaculado en mi boca. Me tragué todo su semen mientras continuaba lamiendo esa vergota haciendo que él se retuerza de placer.
Una vez satisfecho, retrocedí un poco. Vi a ese macho apoyado en la puerta del auto, con las piernas abiertas y sus músculos marcados, estaba sudoroso, con el rostro lleno de gotas de sudor, los ojos cerrados y la cabeza tirada hacia atrás, respirando fuerte mientras su verga iba perdiendo poco a poco la erección. Después de unos minutos recobró el sentido y se puso a reir.
– Me encantó, gracias- dijo mientras se subía el boxer y pantalón. Yo todavía con su sabor en mi boca le sonreí mientras lo veía recomponerse.
Luego me llevó a mi casa y nos despedimos con un beso.
Nos vimos muchas veces más para coger, pero eso lo contaré en otros relatos.

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