Beso negro al policía hetero

Mi amigo, el policía hetero, me invitó a su casa el día de su cumpleaños y fue la primera vez que tuvimos sexo juntos. Después de la cogida salvaje que me dio, y habiendo dejado mi culito abierto y palpitando con su enorme verga, nos dormimos abrazados y desnudos.
Alrededor de la 1 de la madrugada nos despertamos y comenzamos a besarnos otra vez mientras cuchareábamos. Ahí me di la vuelta y lo besé con más intensidad, mientras él me abrazaba y me apretaba contra su cuerpo. Nos miramos y sonreímos. Yo empecé a sentir que me estaba enamorando de él y, tiempo después, él me dijo que sentía lo mismo.
En fin, nos servimos vino y continuamos bebiendo sentados en su cama.
—Tengo mucho calor, quiero una ducha —me dice.
Más temprano esa noche, al besar todo su cuerpo, sentí un sabor salado en su cuello y pecho, claramente porque ese día hizo calor y él sudó bastante. Como llegamos directo a besarnos, él no había podido ducharse todavía.
—Te acompaño —le dije, y él me respondió con un beso profundo.
Fuimos a su baño y él abrió la regadera. Nos metimos y comenzamos a besarnos tan frenéticamente que ya me ardían los labios. Con mis manos recorría todo su cuerpo, sintiendo sus músculos tensos, en especial los de sus brazos, que estaban hinchados por la fuerza con la que me sostuvo mientras me cogía y cómo sujetaba mis caderas para penetrarme.
En eso comencé a acariciar sus nalgas, a las que les tenía muchas ganas desde hace tiempo, porque siempre se notaban fuertes, duras y redondas en su uniforme.
Él rió mientras me besaba.
—Te gustan, ¿no? —me dijo.
—Me fascinan —me atreví a decirle.
—Pues yo decido cuándo las puedes tocar —me dijo, mientras me jalaba del cabello y con una sola mano me daba la vuelta completamente.
Me empujó con fuerza para que me apoye en la pared de la ducha y se pegó a mí, juntando mi espalda a su pecho. Yo solté un gemido; no había nada que me excite más que un macho dominante manejándome a su antojo.
Comenzó a besarme el cuello, luego poco a poco empezó a bajar por mi espalda y finalmente se arrodilló para tener su cara entre mis nalgas.
Me mordió fuerte ambas nalgas, dejando la marca de sus dientes, y mientras el agua caliente caía sobre mi espalda, sentí su poderosa lengua entrar muy profundo en mi ano. Solté un pequeño grito de dolor y placer. No mentiré: esa noche me había cogido tan fuerte que mi culo todavía palpitaba, y su lengua caliente en mi ano aún dilatado me generó un poco de ardor. Aparte, hacía mucho que yo no hacía de pasivo, por lo que esa fue la primera vez después de tiempo.
Poco a poco el dolor fue desapareciendo y ya solo sentía su lengua mojada haciendo círculos dentro y fuera de mí, mientras mis piernas temblaban de tanto placer.
Me animé a girar mi cabeza y verlo arrodillado ahí, mi policía musculoso, todo mojado y con el cabello húmedo cayendo sobre su frente, con sus dos manos abriendo mi culo y su boca saboreándome.
En eso dirigí la mirada hacia su culo. Como estaba arrodillado, podía ver desde arriba sus nalgas abiertas, empujadas hacia atrás, y el agua corriendo por su espalda ancha y metiéndose en su raja para seguramente pasar por su hoyo. Él se pajeaba mientras me hacía el beso negro más delicioso que me hicieron en la vida.
Se paró y, de un tirón, metió su verga en mí. Yo me colgué de su cuello y continuamos besándonos, mientras con una mano levantaba mi pierna para penetrarme más profundo. Yo, todavía apoyado en la pared, sentía a ese macho moverse como un animal mientras me violaba bajo la ducha y gemía en mi boca.
En eso le digo:
—¿Me dejas probarte ahí?
Él volvió a reír y me miró con ternura.
—Claro, mi amor —me dijo.
No me esperaba esa dulzura, pero me hizo muy feliz.
Sacó su verga de mí y se apoyó en la misma pared donde lo hice yo. Me puse detrás de él y me tomé unos segundos para admirar ese cuerpo joven, musculado y moreno, con el agua chorreando por todos sus rincones. Él tenía el cabello un poco ondulado, mojado, y sus labios se veían más carnosos y rojizos con el agua.
Puso ambas manos en la pared, separó las piernas y empinó un poco su culo, haciendo que sus nalgas se separen ligeramente, pero eran tan carnosas y firmes que aún no revelaban su ano.
Yo me arrodillé y abrí sus nalgas como si fueran puertas, y ahí lo vi: era un hoyo delicioso, completamente cerrado y quizás virgen, con los pliegues perfectos y de un color idéntico al de su piel. Él era velludo de la cintura para abajo, por lo que tenía cierta cantidad de vello en sus nalgas y también alrededor del ano.
No aguanté más y hundí mi cara en ese hermoso culo.
Traté de hundir mi nariz en su hoyo, pero estaba demasiado cerrado; sin embargo, logré sentir un olor a hombre que me embriagó. Inmediatamente empecé a acariciar sus pliegues con la punta de mi lengua, haciendo círculos sin tocar el centro. Sentí cómo sus piernas se tensaron y él gimió. Le estaba gustando.
En eso noté cómo su ano se contraía y se relajaba cada vez que me acercaba con mi lengua, lo cual hizo que su hoyo se abra unos milímetros. Cuando menos lo esperaba, metí mi lengua en el centro para alcanzar su recto y continué moviéndola como una serpiente.
Él gemía y, con una de sus manos, empujó mi cabeza, hundiendo más mi rostro entre sus nalgas. Yo empecé a chupar como enloquecido, llenando de saliva su ano.
Él cerró la llave de la ducha para que deje de caer agua y así poder disfrutar mucho más de su sabor. Con mis manos comencé a masajear sus muslos hasta toparme con su verga, que estaba durísima. Empecé a pajearlo mientras lo penetraba con mi lengua.
Empezó a gemir más fuerte y a mover su cadera de atrás hacia adelante, haciendo que mi lengua entre cada vez más. Estuvimos así al menos unos quince minutos, a tal punto que cuando yo abría los ojos y me alejaba un poco, veía su ano dilatado mostrando su interior rosado.
Yo seguí haciéndolo hasta que él soltó un gemido muy fuerte y empezó a eyacular. Con cada chorro que disparaba y que llegaba hasta la pared, su culo entero se contraía, apretando mi lengua con su esfínter. Yo, en ese punto, estaba tan excitado que, con pajearme un minuto, comencé a eyacular también.
Cuando ambos terminamos, le di un último beso en el culo y nos duchamos para limpiar toda la leche. Después de eso, nos secamos dándonos besos y volvimos a la cama para abrazarnos echados y dormir un poco más.
Esa noche pasaron algunas cosas más que seguiré contando, pero realmente estaba siendo la mejor noche de mi vida, y con ese policía que tanto me gustaba y que tenía completamente para mí.
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