La Urgencia. Parte 6.

O: Ahora voy yo, voy a batirte todo lo que te dejó mi compadre putito.
C: Le djé un chingo de leche compadre, te vas a embarrar todo.
O: Ábrele las nalgas compadre.
El compadre se acomodó de tal manera que sus tobillos quedaron a la altura de mis orejas y sus nalgas las descansó sobre mi cuerpo ligeramente, sin aplastarme, con sus manos agarró mis nalgas y las abrió, tal cual se lo pidió Oswaldo.
O: Empuja la leche putito.
Hice presión con mi culo…
O: Uuyyyy! Ve nomás toda la lechita, lo dejaste bien relleno compadre.
C: No mames, que puto rico se ve, bien abierto y lleno ese culito. Es que si traía un buen de leche acumulada. Bátesela compadre.
O: Ahí te va pa adentro cabrón. – Su verga entró de una y comenzó a moverse rápido y hasta el fondo. El compadre se aseguraba de mantener mis nalgas abiertas, mientras yo aproveché y puse mis manos en sus cadera y jalé un poco hacia mi, él entendió perfecto, se recorrió un poco hacia atrás y con un movimiento de su pelvis acercó su culo a mi boca y yo mamé y mamé su culo peludo coomo desquiciado; un culo apretadito, con olor a macho, lleno de sudor, él comenzó a gemir con los lengüetazos que le estaba dando.
C: Ah no mames que rico come culo este cabrón.
O: Te dije compadre, es un experto.
C: Aghhhhh!! Aghhh!
Sentí en mi abodmen que se le volvió a parar la reata al compadre, así estuvimos unos 5 minutos.
C: Alternamos compadre?
O: Vente.
El compadre se bajó de la cama y Oswaldo me sacó la verga y casi de inmediato entró la del compadre, dio unas cuantas estocadas y volvió a meterse Oswaldo y así estuvieron turnándose unos minutos más.
O: Le vas a tirar más leche compadre?
C: Si, te quieres venir ya? – Se decían con las voces ya agitadas, en señal de que ya está uno por vaciarse.
O: Ya estoy a punto cabrón, no mames, que puto rico estarlo compartiendo así.
C: Si no mames, puto culo delicioso. Préñalo compadre, quiero batir tu leche.
O: Aghhhh! Aghhhh! Aghhhhhh!!– gritó Oswaldo, se sintió su leche dentro, pero la sensación fue menor, no por eso menos rica…me soltó una nalgada fuerte!
C: Voy compadre – Oswaldo se salió rápido- Ahí te va más leche cabroncito! – Gimió el compadre de manera ahogada y sentí claramente su leche espesa y caliente llenarme de nuevo igual de abundante que la primera. De poco a poco se salió y los dos se montaron en la cama, El compadre me ayudó a quedar totalmente recostado y después acercaron su vergas a mi cara, las mamé y limpié como si de un majar se tratara, era una combinación de fluidos de lo mas puto rico, sentir cómo iban poniéndose flácidas en mi boca era una sensación muy rica, yo ya estaba con la verga bien firmes otra vez. El compadre me empezó a masturbar a buen ritmo y mi respiración comenzaba a agitarse.
O: Aguanta compadre, todavía no. Vamos a ver si es cierto que muy de mente abierta.
C: Cómo, no entendí – dijo minetras me soltaba la verga.
Oswaldo me incorporó y me hizo sentarme en la cama.
O: Vamos a darte tu premio.
Ma ayudó a pararme y me guió.
O: Aquí hay dos escalones. Pásate de aquel lado compadre y dale la mano.
C: Va – sentí su mano tomar mi mano derecha y me ayudó a meterme al jacuzz, que estaba vacío.
O: Espero que traigas ganas de mear compadre, porque a este cabrón le encanta recibir meados de macho.
C: Uyy en serio compadre?
O: Se pone bien puto.
C: Ah pues lo meamos…ya de ya? Tu ya traes ganas?
O: Ya compadre, llevo 3 chelas y la botella de agua. Y tu?
C: Sin pedos puedo mearlo.
O: Híncate putito, te vas a dar gusto.
Lo que escuchaba era música para mis oídos, el Oswaldo me había orinado en un par de ocasiones y si bien le generba morbo y le había encontrado cierto gusto, para mi era uno de mis grandes fetiches al que ahora sumaría ser cogido por desconocidos. Me hinqué lentamente para no resbalarme y a la mitad el compadre me tomó con su brazo y me ayudó.
C: Con cuidado chiquito.
Y: Gracias.
C: No hay por qué mi rey.
Ahí estaba yo, hincado, expectante, ansioso, deseoso, caliente a más no poder, nunca me habían meado dos cabrones al mismo tiempo. Pasó como un minuto, que me pareció una eteridad.
O: Abre la boca!
Abrí grande.
El chorro de meo comenzó a llenarme la boca y a escurrir por todo mi cuerpo, un chorro potente, de sabor amargo y con el olor característico de la orina, unos segundos después un segundo chorro me llegó igual directo a la boca, estaba yo en la gloria! Jalándomela. No lo pensé mucho y me metí le verga de Oswaldo a mi boca y le di unos buenos tragos a su orina, después hice lo mismo con la verga del compadre, solo que este a diferencia de Oswaldo, estaba más amargoso el sabor y no paraba de mear, estaba tan caliente por recibir todo eso que empecé a vaciarme y tiré toda mi leche al piso (Eso! Eso! Me animaba el compadre) con la verga del compadre en mi boca tirando los últimos chorros de meado, la saqué y cuando finalmente terminaron de mear, se las limpié con delicadeza.
C: Ve nomás la bañada que te acabamos de poner cabroncito!
O: Le encanta esto. Ya te había tocado mear a un putito compadre?
C: Hace un chingo, pero no así, esa vez se lo pedí yo a un morro, que se dejara mear, pero como que no lo disfrutó y pues yo tampoco.
Me dio unas pequeñas bofetadas el compadre y así todo empapado en meo se acercó a mi y me ayudó a incorporarme.
C: Te cansaste de tus rodillas?
Y: Un poco, pero todo bien, gracias.
O: Te gustó? – Me preguntó mientras me tomaba de la mano para ayudarme a salir del jacuzzi.
Y: Si, no mamen, eso estuvo muy rico, muy puerco.
C: Esas dos cosas van de la mano jaja. Compadre, me enjuago rápido, tengo que irme.
O: Dale compadre.
Oswaldo me seguía guiando ahora hacia la cama, me recosté y me relajé.
O: Estás bien?
Y: Si, solo cansado.
O: No es para menos, te dimos duro.
Y: Si papi, estuvo muy rico. A ti te gustó?
O: Me encantó, verte así tan entregado.
Yo omití preguntarle sobre su compadre, que por le ruido del agua ya estaba bañándose.
O: Ahorita de quito esto (la corbata). Está toda meada jaja.
C: Yo estoy todo meado.
O: Pero eso te encanta.
El compadre salió de la ducha y escuché cómo recogía su ropa y se vestía.
C: Compadre, fuga! Que tengo que llegar a buena hora a casa. Muchas gracias por invitarme, espero se repita pronto.
O: Dale compadre, ahí nos mensajeamos.
C: Gracias cabroncito! (dijo dándome una nalgada suave y después me acarició mi espalda por unos segundos), se portó usted como todo un campeón. Me voy!
Y: Dale, con cuidado.
El ruido de la puerta cerrándose y el del portón eléctrico abriéndose fueron las últimas señales del compadre. Oswaldo me quitó la corbata y yo había perdido la noción del tiempo. Me regaló una sonrisa de complicidad y una pequeña bofetada.
O: Regaderazo?
Y: Si, qué hora es?
O: 6:40, también me tengo que ir.
No bañamos juntos y muy a la carrera, sin platicar mucho sobre lo sucedido. Nos cambiamos y revisamos que lleváramos todas nuestras cosas. Emprendimos el viaje a mi hotel y durante el trayecto lo noté un poco serio.
Y: Todo bien?
O: Sí, solo algo cansado. Tu estás bien?
Y: Sí con mucha hambre.
O: Me gustaría poder quedarme e ir a cenar juntos, pero debo regresar a casa, ya sabes, me esperan.
Y: No, tu dale, yo entiendo perfecto.
O: Gracias por entender.
Tomé su mano derecha y le di un beso en el dorso. Estábamos llegando al hotel. Él me revolvió el cabello y me sonrió.
O: No olvides tus cosas.
Y:Ya traigo todo.
O: Nos vemos en estos días.
Y: Sí, no mensajeamos.
O: Te quiero cabroncito.
Y: Lo sé.
Me bajé de la camioneta y me despedí haciendo una seña con la mano. Al llegar al cuarto como que no daba crédito a todo lo que había sucedido esa tarde, eran muchas ideas ahí dando vueltas en mi mente. Pedí servicio a la habitación para comer-cenar, puse una peli en la tv y me volví a dar un baño. No eran ni las 10 pm cuando caí rendido.
Al día siguiente aún tenía congreso, así que me alisté y fui. No pude evitar estar caliente y hasta medio ansioso toda la mañana. Me había quedado con ganas de más. Si bien el Oswaldo no era el único cabrón con el que cogía, lo cierto es que desde que lo conocí, mis encuentros con otros cabrones se habían reducido significativamente.
En esa ciudad, tenía yo dos conocidos, uno de ellos un policía con el que 2 o 3 veces habíamos armado plan para coger, le eché un mensaje:
Y: Que onda cabrón, cómo andas?
P: Ey! Perdido, todo al cien, ya sabes, trabajando…y tu qué pedo, andas en Irapuato?
Y: Sí, aquí ando, vine a un congreso, pero hoy por la tarde me regreso.
P: Hay chance de vernos?
Y: Sí cabrón, tu dime a qué hora y me las arreglo para zafarme de esto.
Con el policía terminamos cogiendo en su casa toda la tarde y la pasamos chingón, entre chelas y la plática. Le conté un poco sobre mi encuentro de un día antes y el cabrón se morboseaba, me decía que él me iba a organizar algo así, una cogida sorpresa decía. Nos despedimos y yo tomé carretera para volver a mi ciudad, llegué a eso de las 8 pm.
O: Ya en casa?
Y: Ya papi, cómo estás?
O: Bien, aquí en una fiesta infantil :/
Y: Ánimo con eso.
O: Te veo en la semana?
Y: Sí, nos vamos poniendo de acuerdo.
O: Hecho.
Así concluyó ese fin de semana, la había pasado muy rico la neta, quizá como nunca antes, con Sergio (el poli) igual estuvo bueno el encuentro. A pesar de todo eso, algo me tenía inquieto y no era la calentura. Nunca esperé lo que en las próximas semanas sucedería, la forma en la que se portaría el Oswaldo conmigo y la manera en la que al final todo se fue a la mierda. Esa parte de la historia se las cuento en otra ocasión, hoy aquí le dejamos.
Espero les haya gustado, un saludo a los weones chilenos desde México.
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