Un gran colega

Me llamo Alfonso, tengo 29 años y mi colega se llama Diego, tiene 32. Yo soy gay y Diego era hetero hasta ese momento.

Soy bajo, mido 1,65, tengo un cuerpo delgado bien formado. Diego mide 1,73, es corpulento, muy peludo y tiene el pico grueso y buen culo. Yo tengo el pico de tamaño promedio, me mide 15 cm, contextura normal; mi culo es mejor, soy nalgón y, aunque me depilo, suelo dejarme los vellos cortitos.

El Diego tiene un pico de 18 cm, súper grueso, y también tiene buen trasero. Como les dije, es bien peludo y no se depila.

Nos hicimos amigos en el trabajo y rápidamente nos fuimos haciendo cercanos. Vivíamos cerca y me pasaba a recoger para irnos al trabajo, y me iba a dejar después de la pega casi todos los días.

Los dos estábamos pololeando, pero coincidió que terminamos nuestras relaciones casi al mismo tiempo. Diego obviamente sabía mi orientación sexual.

Ya estando solteros, salíamos más a tomar por ahí o simplemente a pasear en su auto. Yo a veces sentía que me hablaba mucho, incluso se molestaba si no le contestaba, poniéndose medio celoso. Hasta ahí todo normal y, por mi parte, solo me gustaba su compañía, y a lo más me gustaba cómo se le marcaba el paquete o el culo cuando andaba con buzo, sobre todo cuando se notaba que andaba sin nada abajo. Pero veía algo lejano que pasara algo entre los dos, a pesar de que varias veces, estando curao, se acercaba mucho a mí, me abrazaba, me decía que me quería y también le daba por rozar su paquete en mí. Yo lo veía más como algo de curao, pero me gustaba mucho sentirlo así.

Llegó fin de año y, en la fiesta de la empresa, nos curamos raja. Estando en la fiesta, varias veces fuimos a mear juntos y, todas las veces que fuimos, el Diego dejaba al descubierto, muy visible, su pene y miraba el mío. Cuando nos fuimos, íbamos a quedarnos en su casa tres colegas más, aparte de mí.

Llegamos y seguimos tomando hasta que los otros tres se quedaron raja, y el Diego y yo fuimos los últimos. Nos acostamos en su cama.

Producto del alcohol, seguro, el Diego andaba desinhibido, y cuando yo ya estaba acostado con ropa, veo que él se saca la ropa y queda en puro bóxer.

Me hice el weón y me dijo:
D: Bro, sácate la ropa wn, ponte cómodo… ¿o te da vergüenza?
Yo: ¿En serio, wn? No quería hacerlo para que no te pases rollos…
D: Tú te vas a pasar rollos, wn, yo estoy tranqui.

Me saco la ropa y quedo en bóxer también, mientras el Diego se acostaba.

D: Ya, qué rico… ¿vamos a hacer cucharita?

Dijo eso y me puse nervioso y caliente a la vez, lo que hizo que se me parara el pico. Le dije que se dejara de webiar…

Me doy vuelta dándole la espalda y me abraza, punteándome y diciendo:
D: Igual estoy caliente…
Yo: No me digas eso, que me caliento, wn.
D: ¿Y qué pasa con eso? Igual nos podemos quedar piola.
Yo: Estás re moto, wn… después te vas a arrepentir…

Lo separo un poco de mí y, algo molesto, me dice:
D: Ah, cómo eres… Estoy todo caliente. Tengo la media tula, mira…

Miro lo que hacía y tenía el pico afuera y se pajeaba, mostrando el tremendo pedazo de pichula que tenía. Yo hago lo mismo y le digo:
Yo: Me dejas caliente también… ¿me dejas tocarte entonces?

Diego asiente y me lleva la mano hacia su pene. Lo empiezo a pajear y él también me empezó a pajear a mí… No decíamos nada los primeros minutos y no aguanté las ganas de saborear su verga, así que, sin pedir permiso, me acerco a chupárselo.

El wn se comenzó a calentar brígido al tiro, gemía despacito. Empecé a pasarle la lengua por sus cocos peludos y más se quejaba de placer.

Su olor era a sudor limpio. Me gustaba estar con mi cara entremedio de sus piernas, chupando su pene moreno, grueso, lleno de precum.

Llevé mis lamidas hasta su perineo. Al principio no abría ni se levantaba tanto, pero al cabo de un rato, de a poco, fue cediendo, dando paso a que dejara llegar más abajo. Primero levantó una pierna, luego la otra, separando más sus muslos.

Mi lengua ya podía llegar a sentir su olor a culo, tocaba sus pelos anales y pude llegar hasta su ano. Estaba rico, húmedo, se notaba cerrado. En ese momento, Diego ya estaba entregado. Comenzó a gemir diciendo que le gustaba, con un sutil “oh, qué rico wn”. Yo pasaba la lengua por toda su raja peluda, de principio a fin, levantando sus piernas, y él ayudándome a llevar bien a su culo.

Le chupaba y saboreaba todo: sus cachetes, su hoyo, su perineo, sus cocos, todo su pico, bajando y subiendo una y otra vez con mi lengua.

Pasó un buen rato en eso y me levanté. Nos rozamos las vergas, yo sobre él… nos miramos y me besó.

Fue un beso con ganas, mucha lengua. Le lamía su cuello, su pecho peludo y sus axilas, para luego acercar mi pico a su cara, poniendo mi verga y mis cocos sobre su cara, estando él acostado de espaldas aún.

Me empezó a chupar la verga y los cocos mientras me movía sobre su cara.

Me detengo para besarlo y preguntarle:
Yo: ¿Me quieres chupar el culo?

No me respondió, pero me giró, haciendo que me pusiera mirando hacia sus pies.

Así fue como empezamos a hacer un 69. Primero yo sentado sobre su cara, mientras le chupaba la verga. Movía mi culo, abriendo mis cachetes a ratos. Después nos pusimos de costado; seguimos haciendo un 69, pero esta vez nos pasábamos la lengua por el pico y el hoyo, mutuamente, mientras a ratos nos masturbábamos. Me metía los dedos, pero no estaba preparado, así que no cedí tanto, pero no fue impedimento para nuestro goce.

Estábamos muy calientes y, sin saber cuánto rato llevábamos en lo nuestro, le dije que estaba por venirme. Él me dijo que lo hiciera si quería, porque él estaba a punto también.

Primero yo suelto chorros de semen sobre su cara y él, segundos después, hizo lo mismo. Me tiró toda su leche espesa en mi cara. Le limpié el pico sin dejar nada de su moco en él. Él me siguió y, con cierto compañerismo, hizo lo mismo.

Quedamos exhaustos: yo a sus pies y los míos a la altura de su cara.

Me levanto al baño que estaba en su pieza y, cuando salí, entró él.

Quise hacerme el weón, me tapé y me puse dándole la espalda otra vez. Diego se acuesta y me dice:
D: Tssss… así son po, me prueban el pico y después ni pescan, me utilizan…
Yo: ¿Por qué dices eso? ¿Quieres abrazo?
D: ¿No se puede?
Yo: Abrázame po.

Dormimos de cucharita y, a la mañana siguiente, seguimos webiando durante la mañana y, por la tarde, me lo metió, después de hacerme un lavado bien hecho. Antes de culiarme hicimos lo mismo que la noche anterior, con la diferencia de que esta vez acabamos teniendo penetración…

Hicimos muchas poses, pero fue patas al hombro cuando derramó su semen en el condón, aún estando dentro mío. Teníamos tres condones, los que utilizamos durante ese día.

Al día siguiente despertamos, comimos, paseamos y culiamos mucho por la noche hasta irnos al trabajo al otro día. De tanto culiar, se nos acabaron los condones y comenzamos a culiar a pelo.

Esa semana seguimos haciendo lo mismo, siendo tan amigos como siempre, hasta el día de hoy, pero con una diferencia… ya no somos amigos, porque ahora somos pareja.

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3 Comentarios

  • C.ale_
    abril 19, 2026 a las 10:21 pm

    Lindo relato 😻

  • Anónimo
    abril 20, 2026 a las 3:26 am

    que rico relato wn

  • Anónimo
    abril 20, 2026 a las 10:00 pm

    Hermoso y caliente me encantó el diego se entregó 🔥🔥🔥

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