El hijo de la amiga de mi madre. Part 2 (última)

Después de casi un año sin hablar con Santy, yo ya había aceptado que probablemente nunca iba a volver a verlo. Intenté convencerme muchas veces de que ya lo había superado, pero era mentira. Seguía pensando en él más de lo que quería admitir. Por eso, cuando su nombre apareció otra vez en mi teléfono a las 11:47 de la noche, sentí el corazón acelerarse de inmediato. El mensaje decía: “No sé por qué, pero llevo días pensando en vos.” Me quedé viendo la pantalla demasiado tiempo. Porque después de tanto silencio… leer algo así de él era exactamente el tipo de cosa que podía destruirme completamente otra vez.
La conversación empezó tranquila, pero rápidamente se volvió peligrosa. Santy empezó a decirme cosas que me dejaron sin poder pensar claramente. Me dijo que extrañaba tenerme cerca, que nadie lo excitaba como yo y que todavía recordaba mi cuerpo perfectamente. Cada mensaje me calentaba más la cabeza. Yo intentaba responder normal, pero él sabía exactamente qué decir para volverme loco. Entonces escribió: “Estoy en la playa. Llegue… porque si no, me voy para la casa.” Y honestamente, ahí perdí toda la poca cordura que me quedaba. Agarré las llaves de la moto y salí sin pensarlo dos veces.
La carretera estaba casi vacía mientras manejaba hacia la playa. El viento frío golpeándome la cara y mi mente completamente llena de Santy. De su voz. De su sonrisa. De todas las veces que estuvimos a punto de hacer algo y terminábamos alejándonos por miedo o orgullo. Cuando llegué, lo vi sentado cerca de unas piedras grandes mirando el mar. La luna apenas iluminaba su cara, pero aun así se veía demasiado bien. Llevaba una camisa blanca medio abierta y el viento le movía el cabello. Me quedé viéndolo unos segundos antes de acercarme. Porque en ese momento entendí que nunca había dejado de quererlo cerca de mí.
Santy levantó la mirada apenas escuchó mis pasos. Y mae… la forma en que me vio me destruyó completamente. Como si realmente me hubiera extrañado todo ese tiempo. Me acerqué lentamente hasta quedar frente a él. “Pensé que no ibas a venir”, dijo con una sonrisa pequeña. Yo solo respondí: “Vos sabías que sí iba a venir.” Él soltó una risa suave y bajó la mirada apenas un segundo. Ese gesto tan simple me volvió completamente débil. Me senté a la par suya mientras escuchábamos el mar romper frente a nosotros. Pero el silencio entre los dos estaba lleno de tensión. Demasiada tensión acumulada durante demasiado tiempo.
Después de unos minutos, Santy volteó a verme lentamente. Primero mis ojos, después mi boca y luego mi cuerpo completo, sin disimular absolutamente nada. “Seguís teniendo el cuerpo más rico que he visto”, murmuró. Sentí un escalofrío recorrerme entero. Intenté reírme para no ponerme nervioso, pero honestamente el corazón me estaba latiendo demasiado fuerte. Él se acercó un poco más hasta rozar su pierna con la mía. “Extrañaba tocarte”, dijo bajito. Después sonrió de esa forma peligrosa que siempre usaba conmigo. “Y sí… sigo pensando en tu culito apretado.” Jueputa. Ahí fue donde perdí completamente el control.
Lo besé sin pensar. Fuerte. Desesperado. Como si hubiera pasado un año entero aguantándome las ganas de hacerlo otra vez. Y probablemente era exactamente eso. Santy respondió de inmediato, agarrándome de la camisa mientras me acercaba más hacia él. Las olas seguían sonando detrás de nosotros y el viento movía la arena alrededor, pero ya nada importaba. Solo él. Sus labios. Sus manos recorriéndome otra vez después de tanto tiempo. Sentirlo tan cerca me estaba volviendo loco. Santy respiró agitado contra mi boca y susurró: “Jueputa… cómo me excitás todavía.” Y escuchar eso terminó de destruir toda la poca cordura que me quedaba esa noche.
El cuerpo me temblaba cada vez que Santy me agarraba más fuerte de la cintura. La arena se pegaba a nuestra piel, el sonido del mar llenaba la noche y yo apenas podía pensar con claridad entre tantos besos y respiraciones agitadas. Todo se sentía demasiado intenso. Demasiado caliente.
Por momentos el placer se mezclaba con esa sensación intensa que me hacía cerrar los ojos y aferrarme más a él. Santy gemía cerca de mi oído de una forma que me volvía completamente loco, respirando pesado mientras me decía cosas al oído que me hacían perder todavía más el control.
Jueputa… cómo me gustás —susurraba entre besos.
Y yo solo quería más.
Lo agarraba fuerte de los hombros, sintiendo el corazón acelerado mientras el viento frío chocaba contra nuestros cuerpos calientes. La tensión entre nosotros era absurda después de tanto tiempo separados. Cada roce, cada mirada y cada movimiento se sentían cargados de ganas acumuladas durante meses.
Santy me besaba el cuello lentamente mientras yo apenas podía contener los gemidos. Honestamente, nunca había sentido algo tan intenso con nadie. Todo en él me volvía loco: su voz, la manera en que me tocaba, cómo me miraba como si estuviera obsesionado conmigo.
Y mientras el mar seguía rompiendo detrás de nosotros y las estrellas llenaban el cielo, lo único que podía pensar era que no quería que esa noche terminara nunca.
Después de tanto tiempo deseándonos otra vez, terminamos abrazados sobre la arena, todavía intentando recuperar el aire mientras el mar seguía sonando detrás de nosotros. Santy me besó despacio, pegando su frente contra la mía mientras los dos sonreíamos cansados después de toda la intensidad de la noche.
Nos quedamos viendo las estrellas un rato en silencio, sintiendo solamente el viento frío y el calor del otro todavía en la piel. Por momentos ninguno decía nada, porque honestamente no hacía falta.
Después Santy me dio otro beso lento antes de levantarse conmigo de la arena.
Y aunque ninguno quería irse realmente, al final terminamos caminando juntos hasta donde estaba mi moto… para luego despedirnos y volver cada uno a su casa con la cabeza completamente llena del otro.
No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!