El jueguete de mi tío

El jueguete de mi tío

El jueguete de mi tío

Siempre he pensado que coger entre familia es mucho más caliente que con cualquier otra persona, y coger con mi tío me lo confirmó todo. Mi tío es un hombre de 55 años, maduro, alto, borracho y mujeriego. Cada fin de semana sale a beber.
Nunca me había llamado la atención, pero empecé a tener sueños donde él me cogía y eso me empezó a dar morbo. Aprovechando que consumía alcohol de forma desenfrenada, supe que lo tenía todo a mi favor.
Como cualquier fin de semana normal, salió de su trabajo para beber. En eso me llamó para decirme que iba a pagarme un dinero que me había prestado y que pasara por la tarde por su apartamento. Realmente no iba preparado porque ya tenía planes para el sábado, así que solo pensaba pasar a recoger mi dinero.
Cuando llegó la hora, fui a su edificio, lo llamé y bajó. Me dijo que pasara porque se había olvidado de traer el dinero. Al entrar al apartamento olía a cigarro y alcohol, pero había un olor particular: a semen. No creí que mi tío acabara de coger, pero ni modo. Mientras él iba por el dinero, me senté en la sala. Me pagó, pero luego me dijo que me echara unas cervezas con él. Aunque yo no tomo, acepté porque tenía algo de tiempo. Me bebí dos con él.
En un momento me dieron ganas de ir al baño y le dije:
—Tío, ya se me sale el chorro de la pija. ¿Me prestas el baño?
A lo cual me contestó:
—Anda al baño de mi cuarto porque el de las visitas está averiado.
Me levanté y, al entrar a su cuarto, todo parecía normal, aunque observé un lubricante en su mesa de noche. Cuando entré al baño, ahí estaba lo peculiar: tenía una vagina de goma que se veía recién usada, aunque sin semen visible. Rápidamente me dio por olerla y meterle los dedos para ver si tenía semen de él. Al no encontrar nada, me bajé el pantalón y le metí la verga. En eso sentí que me estaba meando. Hice mis necesidades y pensé en masturbarme usando aquel juguete, pero en la cama de mi tío, con más comodidad. Luego le diría que me había tardado por otra razón.
Cuando salí del baño con el juguete en la mano, él venía entrando al cuarto y me asusté.
—¿Por qué te tardabas tanto? ¿Por qué traes mi juguete en la mano? ¿Lo estabas usando? —preguntó.
Con tantas preguntas no sabía qué responder y contesté:
—No… no sé, lo vi y me dio curiosidad.
A lo cual me dijo:
—¿Sabes que las cosas se piden prestadas? Si lo quieres usar, dímelo para enseñarte cómo se usa.
Me quedé sorprendido. Sabía que, por los efectos del alcohol, apenas sabía lo que hacía o decía. Entonces añadió:
—Dodito, sabes que yo soy un hombre divorciado, soltero y viejo. Necesito de estas cosas para satisfacer mis necesidades de hombre. Vos sabés que un hombre necesita pajearse para vivir.
Le contesté que lo comprendía. Rápidamente mi tío se sacó la verga del pantalón para “enseñarme cómo masturbarse”. Su verga era pequeña (unos 16 cm), pero muy gruesa, muy peluda y estaba bastante dura.
—Acostémonos en la cama y quítate el pantalón. Pondré porno en la tele —dijo.
Yo, muy obediente, hice caso. A él se le paró enseguida. Lubricó la vagina de goma y empezó a penetrarla.
—Mira cómo la debes usar y mover para sentir más placer, como si fuera una de verdad. Entre más lubricante le eches, más real se siente.
Luego se la sacó y me la dio a mí. Empecé a hacerlo como él mientras lo veía sonreír.
—Cabroncito, me enorgullece que seas como tu tío.
Después de jugar un rato, me preguntó:
—¿Alguna vez has probado vagina?
—No se ha dado la ocasión —contesté.
Entonces él comenzó a lamer la vagina de goma y me dijo:
—Mira y aprende.
Lo observé y luego me pidió que lo hiciera yo. Le dije que no porque había puesto mi pene y el de él, a lo que respondió:
—Lamerás cosas peores y más ricas que eso.
Cuando la lamí, sentía sabor a todo: saliva, pene, cerveza, cigarro y lubricante. Cuando terminé (fue rápido), le dije:
—Esa vagina de goma sabe a todo, incluso a tu pene.
—¿Cómo sabés que sabe a mi pene? —preguntó.
—Tengo el poder de deducir, pero igual podés comprobarlo.
Me miró fijamente y dijo:
—¿Qué te referís con “comprobarlo”?
—¿A probar tu pene? —respondí.
—¡Chuparme la verga! ¿Qué estás diciendo? ¡Eso es de culeros! —exclamó.
Le dije que era broma y que solo lo molestaba. Se quedó mirándome serio y despectivo, y preguntó:
—¿Sos culero, verdad, cabrón? ¿Por eso nunca te he visto con una mujer?
Nervioso, respondí:
—No, son suposiciones suyas.
—Me estás mintiendo, cabrón… pero si te encanta el pene, ahorita voy a comprobarlo.
Yo estaba nervioso, pero a la vez se me puso más dura. Mi tío se levantó encima de la cama, me dijo que levantara el pecho y ¡pum! Puso su pene en mi cara. Al ver aquella verga tan cerca, no resistí y me la mamé. No pasó mucho tiempo antes de que él se acostara bien en la cama, pero yo no dejaba de mamársela. Solo escuchaba cómo gemía y decía:
—Qué rico, Dodito. Así la mamás, como toda una putita. Le estás haciendo un buen favor a tu tío.
Entre gemidos, se la mamaba con más ganas, hasta que dijo:
—Hazle un mejor favor a tu tío y deja que te penetre.
Le dije que no porque no estaba preparado, pero contestó:
—Hace mucho que no tengo sexo. Hazme el favor de satisfacerme bien. Ya vi que te ha gustado.
Accedí. Me puse en cuatro y él empezó a mamarme el culo de una forma excepcional. Jamás me habían comido el culo así: chupaba mi ano, lo succionaba y metía la lengua. No paraba de gemir, era demasiado rico. Cuando paró, sentí la cabeza de su verga empezar a penetrarme. La metió lento y a mí se me ponía más dura al sentir cómo mi ano se abría. Cuando logró entrar bien, la metió de un solo golpe y empezó a darme duro y rápido. Yo no paraba de gemir y él solo decía:
—Sos una buena puta. Me encanta cómo está tu culo de mojado… Sos asqueroso por dejarte coger de tu tío.
De repente me la sacó y me pidió que me pusiera en misionero, abriéndole las piernas como la puta que era. Lo hice. Me la metió y empezó a cogerme mucho más rápido mientras me tapaba la boca con la mano.
—La tenés bien dura. Cómo se nota que te gusta que te cojan así… ¿verdad, culero?
Yo solo podía gemir y pedirle más verga. En un momento, mi tío puso su vagina de goma en mi verga y, mientras me cogía, me masturbaba con su juguete. Me sentía en el cielo con tanta estimulación. En unos minutos le grité:
—¡Tío, ya para! ¡Voy a venirme, no aguanto más! ¡Mi culo y mi verga ya no aguantan!
Mi tío empezó a darme más rápido y, cuando vio que estaba a punto, me sacó el juguete. ¡Fua! Toda mi leche salió disparada hacia arriba, alcanzándole la cara. Poco después, él también sacó su verga de mi culo y me llenó todo el abdomen de semen, con algunas gotas que tocaron mi cara.
En ese momento solo pensé que mi tío me había cogido y me había hecho venir como ningún otro.
—Ya veo que sos bien puta —dijo.
—Solo me gusta gozar bien el sexo —contesté.
Luego mi tío se acostó en la cama. Yo me levanté al baño a limpiarme. Cuando salí, él ya estaba dormido (el alcohol más el polvo lo habían acabado). Vi la hora y ya era tarde; tenía una cita. Me cambié y me fui. Le dejé un mensaje explicándole la situación y que no lo desperté porque dormía profundamente.
Ese día es de esos que uno nunca se saca de la cabeza porque fue demasiado bueno. Ahora mi tío, cada vez que le falta mujer y se aburre de su vagina de goma, me llama para que lo satisfaga. Familiares así merecen la pena.

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