La curiosidad hetero… Un arma de doble filo
Hola, me llamo Ignacio y tengo 23 años. Soy estudiante, bien piola, y aquí les dejo mi relato.
Para comenzar, en mi carrera somos más hombres que mujeres, pero todos hetero, excepto yo —es lo que me han dicho, nunca se sabe—, y me hablan de sus pololas e incluso algunos ya tienen hijos, etc. Siendo más específico, en mi curso tengo re buena onda con los hombres y saben todo mi rollo de que soy gay. Cero atao, y hasta me hacen preguntas por mera curiosidad.
Era octubre del año pasado y mi facultad se inscribió en un congreso que reúne a todos los estudiantes de la carrera a nivel nacional. En un principio dudé en asistir, pero luego dije que sí porque la mayoría ya estaba en la lista y era un hecho que eso significaba carrete. Así que preparé mis cosas y, unas semanas después, casi todo el curso nos fuimos a Conce.
Llegamos al congreso, nos instalamos y, como el viaje fue más o menos agotador, nos queríamos puro duchar. Como el congreso fue en la U. de Conce y esa wea es gigante, fuimos a los camarines y nos dimos una ducha. Yo soy medio pudoroso con hombres hetero cuando estamos en situaciones como esa, porque si me toca uno que esté bien rico está claro que me puede calentar y, si estamos en pelota, no es fácil controlar una erección. Justamente dos de mis compañeros siempre fueron guapos para mí; uno iba a ser papá y el otro tenía polola, y siempre me imaginaba haciendo un trío con ese par de mijitos ricos y, más encima, bien amigos, que por ahora los llamaré Tomás y Mauricio.
Llegamos al camarín, nos sacamos la ropa y se me quitó todo el pudor, así que me metí nomás. Me duché y me importó una raja si me miraban o si yo los miraba a ellos. Siempre quise saber cómo sería exponerme frente a wnes hetero, y fue cuático porque los wnes miraban como si yo fuese a calentarles la sopa, típica wea de hombres heterosexuales cuando ven a un gay, pero fue al revés.
Mauricio no estaba tan cerca mío, pero me pidió shampoo y yo, ni un atao, le pasé el frasco. Me lo devolvió y yo actuando como si no estuviera ni ahí. Luego me vuelve a hablar y me pregunta:
—¿Querí de mi shampoo?
En realidad capté el doble sentido, pero me hice el wn y le dije:
—No entiendo.
Y me dice:
—Ven, po, aquí lo tengo.
Me acerco y el wn me pone de rodillas. Al principio me hice el choro y le pregunté qué wea le pasaba, pero el loco insistió y ese pedazo de pichula me lo metí a la boca. Se la chupé con ganas y el wn se quejaba. El resto miraba, pero se hacían los wnes; algunos se salían de la ducha y otros se quedaban ahí de puro morbo. Pero lo mejor de todo fue ver a Tomás corriéndose la paja —y tratando de hacerla piola—. No sé si fue porque yo se la estaba chupando a su amigo, pero el wn no se atrevió a acercarse y hacer algo, y esa wea me calentó el doble, así que se la seguí chupando a Mauro. Le chupé los cocos, le chupé las tetillas y quería seguir subiendo para besarlo, pero creo que a los hetero no les gusta eso y me hace sentido. Total, son hombres y les gusta sentir que les hagan sexo oral o que les metan la pichula en el hoyo; casi da igual si es hombre o mujer, pero un beso es una wea más personal. No me importó, estaba muy caliente y mientras se la chupaba miraba a Tomás. El wn me miraba de vuelta y se corría la paja, pero no se quería mover de ahí. Como el wn iba a ser papá, me dio para pensar que era curioso, pero menos flexible, y eso me re calienta de un hetero… que se haga el imposible.
Ya el resto se estaba yendo del camarín y Tomás se la corría. De pronto el wn suelta el chorro blanco y se aguanta el grito. Acaba, se sacude el pico y se va a vestir. Mauricio miraba hacia el techo y con los brazos cruzados detrás de la nuca. El wn lo estaba disfrutando y, en una, me dice:
—Te la quiero meter.
Y yo le dije que ya, pero que la hiciéramos corta porque podía llegar más gente y nunca se sabe si puede quedar la cagá.
El wn corrió a buscar un condón a su bolso y no encontró nada mejor que echarle shampoo a mi culo y me la metió de una. Me dolió y ardió más que la cresta, pero después me dio igual. Me estaba follando un wn rico, con polola, pero que en ese momento fue un bisexual verde por culiarme. Estuvimos como 15 minutos —igual poco, pero filo— cuando me dijo que iba a acabar. Le dije que la quería en la cara; quería ver ese chorro caliente salir de su pichula y ver cómo se quejaba, tener el recuerdo mental de que me di vuelta a un wn que se asumía hetero. El wn se fue en mi cara, alcancé a tragarme algo y el resto me lo saqué con la ducha. El wn se terminó de duchar, se vistió rápido y salió rajao.
En la noche llegamos todos a dormir, los hombres de mi curso, todos mirando porque saben que hay buena onda entre todos y que nicagando les convenía soltar un secreto como ese, porque quienes saldrían perdiendo serían ellos. Yo tengo asumío mi rollo, pero ellos no sé qué tan asumío lo tengan después de esa tarde.
En fin, Mauro me dice que si nos vamos a fumar un cigarro antes de ir a dormir y le digo que bueno. Cuando salimos al patio estaba Tomás y los dos me dicen que, por favor, no le cuente la wea a nadie, que fue una calentura nomás y que no va a volver a pasar.
Nos fuimos a dormir cada uno a sus camas y más tarde me corrí la paja de nuevo, acostao y pensando que la wea ya dejó de ser fantasía porque pasó.
Siendo súper honesto, cuando dicen «no volverá a pasar» es bien difícil creer después de ver y sentir tanta calentura. No me fío de la gente hetero, sobre todo de los hombres, porque sé que en algún momento de sus vidas la curiosidad puede convertirse en un arma de doble filo. Ahora digo con propiedad que la wea es cierta.
Saludos y espero que más de alguno de ustedes haya tenido alguna experiencia en la U. de Conce. Dicen que hay harto gay por ahí, pero ojo con los hetero 😉
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2 Comentarios
Rico relato. Ahí mismo afuera de los camarines en la noche se lo chupé a un pendejo flaitecito hetero jajajaja
buen relato falto descripcion de las vergas de cada uno