Culiando con un maduro

Hola, lectores, nuevamente yo con otra historia de mis antiguas andanzas. Esto me pasó en el año 2024, a principios del mismo año, con un maduro que encontré en Grindr. Antiguamente ya me había parecido, pero no me llamaba mucho la atención; lo encontraba desagradable.

Un día de enero le hablo para ver qué onda y, como andaba caliente, dije: «Ya, tendré que probar qué tal será este maduro». El nombre real no lo diré, pero le pondremos Max.

Max: Hola, ¿cómo estás?

Yo: Muy bien, gracias. Por lo que veo en su perfil, es maduro y quiere diversión.

Max: Sí, la verdad es que sí. Te gusta ir al grano, parece.

Yo: Es que ando tan caliente, con unas ganas increíbles de subirme arriba de un hombre y sentir placer mientras me haces gemir rico.

Max: Entonces venga a verme. Yo vivo por acá, cerca del metro Macul. Vivo solo y lo tengo parado.

Yo: Yapo, salgo del trabajo en una hora más.

Max: Cuando salgas, me avisas y me vienes a montar rico.

Yo: Ya, encantado voy y lo dejo séquito.

Ese día me había hecho un lavado, así que andaba preparado. Todo bien. Salí del trabajo, le hablé y me fui a su departamento en micro; era más fácil llegar. Cuando llegué, me abrió. Igual no había visto fotos de él de cara, solo de cuerpo, y estaba bien rico, la verdad.

Cuando subo, me percato de que era aquel maduro al que en algún momento yo le había dicho que no, pero algo que me impresionó fue que, a pesar de que tenía 70 años, se mantenía súper bien y estaba bastante apetecible. Todo su cuerpo y su pene, para qué decirlo, era grande y bien grueso.

Entro a su departamento, empezamos a hablar todo bien por un rato: qué hace cada uno, a qué se dedica y esas cosas que, la verdad, no vienen al asunto. Yo lo único que quería era probar a ese maduro. Yo con 27 y él con 70 son bastantes años de diferencia, pero la verdad su cuerpo y cómo me trataba era genial.

Me acerco a él y me toca mi trasero suavemente mientras me monto arriba de él, que está en el sillón. Nos besamos suavemente mientras me manosea rico mi culito por debajo del pantalón de buzo que traía.

Estuvimos 30 minutos a puro beso apasionado. Besaba tan rico y no tenía ese olor a viejo; se cuidaba muy bien. Me arrepentí tanto de no haberle dado mi culito antes, pero solo pensé en aprovechar lo rico que lo estábamos pasando. Nos seguíamos besando mientras sentía algo duro que me rozaba el estómago. Mientras lo beso, bajo lentamente por su cuello y le digo: «Quiero tomarme su lechita», y eso lo calienta más.

Le saco la polera y, lentamente, paso mi lengua por su pecho. Le chupo las tetillas, y eso lo hacía gemir más. Mientras bajo por su pecho, me arrodillo para bajarle el pantalón y veo ese pene tan rico que se le marcaba en el bóxer. Le saco el bóxer con mi boquita y sale disparado ese exquisito pene erecto, que me pega directo en la boca. Le lamo la puntita con ese rico preseminal que le salía, mientras él me mira cómo se lo mamo. Cuanto más caliente se ponía, me decía: «Quiero que seas mi putito este día», y yo, uff, encantado.

Algo que me gusta mucho hacer es mirarlo mientras se lo mamo; es tan rico ver cómo disfrutan de mi boquita, porque la verdad lo mamo muy rico. Él seguía disfrutando mientras me saca la ropa y me deja totalmente desnudo. Ambos ya estábamos sin ropa; él seguía en el sofá y yo arrodillado totalmente a su merced. Era rico ese hombre y me tenía babeando por él.

Me sube arriba de él y justo queda su pene rozando mi culito, y eso me pone con más ganas. Mientras nos besamos, yo muevo más mi culito y siento más duro ese pene, con ganas de entrar en mi culito, y le digo al oído: «Terminemos en su cama, por favor».

Me toma en el mismo sillón como koala y nos vamos a su pieza besándonos, mientras aún me roza el culito con su pene. Yo le digo: «Quiero montarte, por favor, ya, mi putito, hágalo». Mientras él está recostado, yo me acomodo arriba de él. Meto su rico pene de a poco dentro de mí. Cuesta que entre, ya que lo tenía muy grueso, pero lo metí. Sentir ese pedazo de carne fue increíble. Le dije: «No te muevas ni nada, solo quiero acostumbrarme al tamaño». Espero un poco para que no haya dolor ni nada, y empiezo yo mismo a subir y bajar lentamente, mientras sale y entra de mi culito despacio.

Ya ni me doy cuenta y empiezo a saltar como loco. Él toma la iniciativa y empieza con el mete y saca. Ya no me dolía, solo sentía placer. Ese hombre lo sacaba completo y lo volvía a meter. Yo gemía de placer y le decía: «Sí, dame más, por favor, quiero más». Y él me decía: «Uff, aquí está tu hombre, quiero llenarte ese culito. ¿Puede que sea mío por esta tarde?».

Yo ya no daba más y le dije: «Uff, lléname, quiero tu lechita, la quiero». Eso lo prendió más y siguió embistiendo más rápido. Yo gemía más y le decía: «Sí, dame, por favor, dame más». De repente, aquí va: yo ya no daba más. Me hizo acabar sin tocarme, mientras sentía cómo me llenaba el culito. Fue tan rico acabar juntos. Sentí mucha leche salir de su rico pene, fue exquisito. Nos besamos mientras él aún seguía dentro de mí.

Nos juntamos un par de veces más, pero luego él me dijo que ya no daba más por la edad y eso, y se perdió toda comunicación con ese maduro que, a pesar de la edad tan avanzada, me demostró ser un toro en la cama. Fue riquísimo el sexo con él.

Tengo más historias que contar. Díganme si quieren más en los comentarios. Besitos en sus ricos penes.

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1 Comentario

  • Anónimo agosto 17, 2026 a las 1:59 pm

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