Mi torito de San Felipe
- 1Mi torito de San Felipe (este capítulo)
- 2Mi torito de San Felipe – Parte 2
- 3Mi torito de San Felipe – Parte 3
Hola, esta historia podría haber terminado muy bien y quizá con un final feliz, pero no les daré más spoilers. Es larga, pero vale la pena leerla hasta el final; les va a encantar y es 100% real. Solo pocas veces la vida te da este tipo de encuentros o quizá un tipo de amor.
Bueno, todo comenzó un día aburrido en enero del año 2020. Lo recuerdo todo exactamente: eran casi fin de mes y me pongo a mirar Badoo. Veo perfiles muy lindos, hombres ricos, y me aparece uno que decía Andrés. Pondré nombres reales en esta historia.
Veo el perfil de Andrés, un hombre que se puso así:
Andrés
Edad: 37 años
Mido: 1.75
Moreno
Cuerpo normal
La verdad es que lo encontré súper guapo, tenía unos ojos bien grandes, jeje, y era de San Felipe. La distancia no era tanta, eso no me dio problema.
Le di match y pasaron como cinco días sin que me respondiera. Quedó en el chat registrado. A los días entro nuevamente y le hablo.
Yo: Hola, ¿cómo está?
Andrés: Bien, ¿y tú? Por favor, tuteame no más. Seré mayor, pero no me trates de viejo.
Yo: Ya, bueno. Yo muy bien, gracias. Aquí viendo tus fotos y estás bien guapo, guapo.
Andrés: Qué mentiroso tú, jaja. Bueno, veo tus fotos y estás bien tierno y guapo, gordito.
Yo: ¡Genial, jeje, gracias! ¿Y en qué andas por estos lados? ¿Qué buscas?
Andrés: Bueno, yo no busco nada, no se me ha perdido nada que yo sepa, jajaja. Bueno, en realidad lo que salga, una amistad más que nada.
Yo: Genial, jeje, está bueno saberlo. En todo caso, yo igual lo que salga: amistad, sexo, lo que sea.
Andrés: Sexo, mmmm, qué rico. ¿Y tú qué rol eres?
Yo: Pasivo, me encanta, jeje. ¿Y tú?
Andrés: Yo activo y me fascina ponerlo.
Yo: Uff, entonces parece que estamos súper bien, jejeje.
Andrés: Yo diría más que bien, solo que la distancia impide vernos ahora mismo.
Yo: Eso no es un impedimento para mí. Yo no vivo solo, pero arriendo pieza acá en La Florida y te puedes quedar, no tengo problema.
Andrés: Mmmmm, suena interesante tu propuesta. Tengo tiempo el fin de semana que viene. Puedo irme el viernes y volver el sábado.
Yo: Yapo, yo feliz. Justo el viernes estoy de mañana y el sábado entro de tarde al Ok Market. Solo una noche bastará.
Andrés: Entonces en eso quedamos. Me vas a buscar al terminal, ya que no sé cómo andar por Santiago.
Yo: Yo feliz. Entonces nos vemos el viernes en la tarde.
Pasaron los días. Era lunes de esa misma semana y yo ya no aguantaba más, hacía rato que no tenía acción. Yo feliz de tener un hombre a mi lado, de olvidar a mi estúpido ex, que la verdad todavía no podía sacar de mi cabeza. Estaba obsesionado con él; estuve un año entero hostigándolo y necesitaba un clavo para sacar otro clavo. Y lo acababa de encontrar: un hombre trigueño, más que moreno, pero estaba rico. Justo algo mayor que yo, pero eso no me importaba porque en sus fotos se veía súper rico.
Pasaron los días y llegó aquel viernes. Después de mi trabajo me fui al terminal a buscarlo tipo 3 de la tarde, y él llegaba a las 4. Me avisa que ya llegó y en qué bus venía: era un Pullman Bus. Tengo tan buena memoria que cada detalle lo recordaré siempre.
Después de ver tanta gente, lo vi a él con una mochila, un hombre igual a sus fotos, con una carita hermosa y esos ojos gigantes. Rico el hombre. Nos fuimos al metro, recorrimos hasta Tobalaba, hicimos combinación en línea 4 hasta Vicente Valdés, luego otra combinación hasta Bella Vista de La Florida, donde yo vivía en ese entonces. Llegamos a mi pieza y la verdad no tenía nada preparado para comer o cocinar, así que se me ocurrió llevarlo a una picada que tenía cerca de mi casa, por Lo Aguirre. Fuimos, comimos unos completos con Coca-Cola. Algo que a él le fascinaba era la Coca-Cola; tanto así que encontró una bebida que lo más probable la había dejado otro cliente abierta y él dijo que no la desperdiciara y decidió tomársela, así de simple. En ese entonces ya andaba el Coronavirus por el mundo y le dije: «¿Y si te contagias de algo?», pero a él no le importó mucho.
Luego de hablar un poco y de conocernos, hablamos de su familia. Su nombre era Manuel Andrés, pero a él no le gustaba su primer nombre, así que por eso se puso Andrés en Badoo. Su mamá se llamaba igual que la mía, Magdalena, y nuestros colores favoritos eran los mismos: el verde. Muchas cosas teníamos en común. Mi cabeza ya se estaba haciendo muchas ilusiones con este hombre, sin aún irnos a la cama, que la verdad era a lo que había venido: solo sexo y nada más. Pero parecía más una cita romántica.
Seguimos conversando, todo bien, pero ya era tarde y le dije: «Yapo, vamos, me dio frío, necesito una pierna peluda en mi camita, jejeje». Y él, con una sonrisa, nos vamos con dirección a mi casa. Apenas entramos por la puerta de mi pieza, nos empezamos a besar de a poco. Entramos como locos enamorados, besándonos sensualmente. Recorría con sus manos todo mi cuerpo; sus manos bajaban lentamente por detrás de mi espalda hasta llegar a mi culito. Me desabrocha el pantalón para poder tocar mejor, jejeje. Yo, mientras tanto, sentía algo duro en su pantalón. Me agacho lentamente y se lo bajo completo, dejándolo con su pene erecto frente a mi boca. Empiezo a dar la mejor mamada de mi vida. Ese hombre bramaba y pedía a gritos que no parara de mamar.
Luego de estar un rato, lo tiró a mi cama y nos quitamos lo poco que quedaba de ropa para seguir disfrutando de nuestros cuerpos. Nuestros besos se volvían más apasionados, nos devorábamos lentamente. Sentir a ese hombre era lo más rico del mundo. Yo estaba arriba de él, besándonos, mientras sentía cómo su pene rozaba mi culito pidiendo a gritos entrar y devorarlo.
Estuvimos un buen rato besándonos. Él me mordía el labio cada vez que nos dejábamos de besar, y eso más me calentaba. Yo quería disfrutar más antes de tenerlo dentro de mí. Bajé lentamente besando todo su abdomen hasta llegar a ese caminito del amor tan rico que tienen los hombres, jeje. Empecé a lamerlo con más ganas, me lo devoraba completo, garganta profunda. Eso más lo mataba y lo excitaba. Ya con la luz apagada, solo con la luz de la luna viendo nuestros cuerpos juntarse, hasta que se acerca a mi oído y me dice: «Ya es tiempo de preparar ese culito para mí. Póngase en cuatro».
Yo, obediente, lo sigo. Empieza a mamarlo de una manera exquisita. Él fue el primer hombre que chupó mi culito por primera vez; ni mi ex en los tres años de relación lo hizo. Ya se me había olvidado todo lo que conocía del sexo, hasta que pude sentir esa sensación tan rica de cuando un hombre te da una rica chupada de ano. Fue tan rico sentir esa lengua devorar mi culito; fue algo inexplicable, pero a la vez algo nuevo para mí. Ese hombre sabía muy bien cómo hacer su trabajo de activo, y eso me encantó.
Luego de pasar quince minutos devorando mi culito con esa lengua que se movía por todos lados dentro de mí, me dice: «Ya estás listo». Le mandé la última mamada con garganta profunda incluida y le digo: «Hazme tuyo, por favor, lo necesito». Y él me dice: «Ya, de guatita, acuéstese». Yo, obediente, lo hago mientras pone su pene justo en mi entrada, ya dilatada por este hombre. Siento cómo de a poco empieza a hacerse paso dentro de mí. Fue tan rico. Le dije: «Despacio», ya que hacía rato que nadie me lo metía; eras el primero después de meses sin nada. Él, con amor, lo deja un rato dentro y empieza a moverse de a poco. Cuando vio que ya no me dolía por mi cara de disfrutar cada centímetro de su rico pene dentro de mí, empieza a moverse más rápido, lo sacaba completo y luego lo volvía a meter. Yo ya estaba que explotaba. Me besaba mientras lo seguía metiendo; sonaban tan ricos esos aplausos.
Luego me dice: «Ya me falta poco». Y yo empiezo a mover mi culito para que entre más y más, y me dice al oído: «¿Puedo acabar adentro? Quiero hacerte mío completito, mío». Y yo le dije: «Por favor, papi, mi torito rico». Pasaron cinco minutos más cuando siento cómo llena mi culito con esa rica leche, mientras al lado de mi oído escucho cómo se queja y más me llenaba. Justo acabamos al mismo tiempo. Fue tan rico. Al momento de acabar, él cae arriba mío rendido ante semejante placer. Ambos quedamos cansados y rendidos, mientras él aún seguía duro dentro de mí. De a poco su erección se debilitó y sentí un vacío dentro de mí.
Luego habla y dice: «Qué rico fue esto, estás muy rico». Y yo le digo: «No, rico estás más tú, mira qué bello hombre está arriba de mí haciéndome sentir el mejor sexo de mi vida en años». Nos besamos un poco más mientras siento cómo su lechita cae lentamente por mi culito; se notaba que era bien lechero. Luego nos dormimos, ya que estábamos muy cansados. Nos acostamos en cucharita, desnudos. Pude sentir su pene dormido detrás de mí.
Pasaron las horas y despertamos tipo 9 de la mañana, abrazados, aún en cucharita. Me mira y me dice: «Buenos días, bello durmiente», y me da un beso con lengua en la mañana, algo que nunca me había pasado, ya que a mi ex eso le daba asco por el mal olor de la boca al despertar. Eso me impresionó mucho y yo solo disfruté al máximo a ese hombre. Me dice: «¿Una mañanera?». Y yo, con el culito adolorido, le dije: «Puede ser una mamada con acabada en la boca, por fis». Y él me dice: «Uff, Yapo». Empiezo a mamar como ternerito, disfrutando cada centímetro de ese pene tan rico, y escuchar cómo se quejaba y decía: «Qué rico, quiero más, mámelo con más ganas». Yo más lo devoraba, haciendo garganta profunda al máximo, mientras escucho: «Voy a acabar, falta poco». Con más ganas se lo mamo. De repente siento esos rico chorros de semen dentro de mi boca. Lo miro y le muestro cómo queda en mi lengua su rico semen, y en ese mismo momento nos besamos y compartimos su rica leche en un beso apasionado. Fue la mejor experiencia de mi vida. Ese hombre era todo lo que había soñado, y esto estaba recién comenzando.
Nos seguimos besando por un rato. Le digo: «Me iré a bañar, tengo que trabajar, entro a las 13 y ya son las 11. No quiero que esto termine, pero ya habrá más tiempo para juntarnos de nuevo». Y él me dice: «Obvio que sí». Nos bañamos juntos, disfrutando los últimos minutos juntos. Bajo el agua lo volvimos a hacer; pude sentirlo y volver a sentir cómo nuevamente me hacía suyo. Fue muy rico.
Este encuentro ya terminó, pero vendrán nuevas historias con él: la vez que viajé yo a verlo y pasaron muchas cosas, pero ahora en su casa, en un viaje inesperado que hice por ser tan intenso.
Espero que les haya gustado esta historia.
Continuará…
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HERMOSO ❤️ ❤️❤️❤️❤️😍😍😍😍😊😊😊