Con el estacionador maduro y sucio
Hola chicos, vengo a contarles la experiencia más morbosa que he tenido en mucho tiempo. Soy de Rancagua, tengo 29 años y regularmente, por temas de trabajo, debo ir a la estación de trenes. En la jornada de la tarde siempre, pero siempre, hay un tipo alto, maduro (de unos 54 años), barbón, macizo, peludo y de aspecto sucio (no quiero omitir ningún detalle).
Llevaba varios días continuos yendo a estacionarme unos minutos y varias veces lo vi. Como les dije, se veía muy sucio y al principio no me generaba nada; además, el tipo es desagradable en su actitud, el típico flaite.
El martes recién pasado fui como de costumbre a estacionarme unos minutos. Ya me iba cuando por el espejo retrovisor veo a un toro corriendo hacia mí. Lo vi casi en cámara lenta, no sé cómo explicarlo: no llevaba ropa interior y el buzo gris que vestía marcaba un paquete que campaneaba al ritmo de su carrera. Me quedé helado de solo imaginarlo desnudo. Me detuve, bajé el vidrio y me empezó a increpar diciendo que me estaba escapando para no pagarle. Como sabemos, ese tipo de cobros son irregulares, así que para discutir un poco y retenerlo, lo enfrenté. Sin embargo, no podía evitar mirarle el bulto, era demasiado. Le di 600 pesos y me fui. Desde esa tarde no me lo podía sacar de la cabeza, imaginándome el olor a macho, su sudor y el pico peludo que debía tener.
El jueves de esa misma semana volví a encontrármelo; llevaba el mismo buzo gris paquetón. Me quedé en el auto hasta que llegó a mí. Yo llevaba una trampa para retenerlo un ratito: había comprado unas cervezas frías. Mi corazón latía fuerte porque sabía que lo deseaba, fuera como fuera. Solo quería ese cuerpo dominándome.
Llegó a mi ventana y le dije:
—Compa, no tengo ni una chaucha hoy, ¿te animas si te convido una cerveza?
Se le hizo agua la boca:
—¡Claro que sí, po! Con este calor, claro que sí —me dijo.
—Bueno, súbase y se la toma aquí adentro, así no lo ven tomando en la calle —le respondí, ya que no se me ocurrió otra cosa en ese momento.
Él se rió y me dijo:
—No importa, si aquí yo hago lo que quiero…
—Bueno, entonces acompáñame a tomarme una —insistí.
No podía creer que le estuviera hablando en serio. Se subió y conversamos un poco de la vida mientras yo solo quería tocarle el pecho y la barriga. En eso que terminamos las cervezas, me dice:
—Me dieron ganas de mear…
Ufff, yo estaba vuelto loco y quería ver eso a toda costa. Le dije que yo también tenía ganas y le pregunté dónde podíamos ir. Me llevó a un sector donde hay un muro medio derribado, pero bastante piola. Nos pasamos juntos; él muy alto, muy hombre. Saca su verga grandota y tira un chorro de pichi con el que me hubiera encantado que me bañara. Yo estaba tan nervioso que solo me salieron unas cuantas gotas.
Él me miró y me dijo:
—Se puso nervioso…
Me reí y le respondí:
—Es que con semejante bestia que soltaste, cualquiera…
Entonces se la agarró por encima del buzo y me dijo, muy humildemente:
—Dicen que es grande…
Volvimos al auto y me dijo:
—Gracias, joven, por la chelita. Me miró de arriba abajo con una sonrisa de lado, se agarró la verga por encima del buzo y me dijo con voz gruesa:
—Se puso nervioso jajaja… Tranquilo, si yo sé lo que querí. Te diste caleta de vueltas con las cervezas pero se te nota en la cara lo que andai buscando.
Me quedé helado cuando me soltó esa frase. El corazón me latía tan fuerte que sentía que se me iba a salir del pecho. Él se me quedó mirando con esa media sonrisa calentona, como disfrutando de mi reacción, y luego remató:
—Si querí pico, tení que pagar el motel po’. Aquí no me voy a estar bajando los pantalones en la calle.
No lo podía creer. El tipo era un directo de mierda, pero eso me prendía aún más. El morbo me carcomía por dentro. Me lo imaginaba encima de mí, con ese olor a macho que desprendía, con su cuerpo grande y peludo. Me imaginaba su pico, el que ya había visto marcarse en su buzo gris, haciéndome suyo.
—Ya po’, ¿qué decí’? —me insistió, impaciente—. ¿Vamos o no?
Mi racionalidad me decía que saliera corriendo, que ese tipo era peligroso, que estaba jugando con fuego. Pero mi deseo era más fuerte. Quería que ese hombre me domara, que me hiciera gritar de placer. Quería sentir su peso sobre mí, su respiración agitada en mi oído, su sabor en mi boca.
—Vamos —le dije, con la voz temblorosa, pero decidida.
Me subí al auto y él se subió al lado. El olor a sudor y a cigarrillo que traía me inundó la nariz. pero no me dio asco, sino que me prendió aún más. Partimos y nos dirigimos al motel más cercano, uno qie hay en san,martin. Cerca de los carabineros. En el camino, no podíamos dejar de mirarnos. Él me tocaba la pierna de una firma que me hacían estremecer.
Cuando llegamos al motel, subimos. La puerta se cerró. Nos miramos a los ojos por un momento, sin decir nada. El ambiente estaba cargado de tensión sexual.
Y entonces, él tomó la iniciativa…
Apenas entramos a la habitación, el tipo miró hacia el baño, hizo un gesto con la cabeza y me dijo:
—Oye, voy a pasar por la ducha primero. Andaba en la calle tu cachai po’! Y ando entero sopiao.
Por un segundo lo pensé, pero la verdad es que la idea de la ducha le quitaba todo el encanto al morbo que me había llevado hasta ahí. lo que me tenía completamente loco era justamente esa crudeza. Quería sentir a ese hombre tal como estaba, con la suciedad del o los días encima, su olor concentrado a macho de calle y el sudor acumulado en ese buzo gris.
Le agarré la mano antes de que diera un paso hacia el baño, lo miré y le dije:
—Ni se te ocurra meterte a la ducha… Te quiero tal cual andai.
El viejo me miró con una mezcla de sorpresa y complicidad, soltó una risa y me respondió:
—Miren al cabro… resultó bien cochinon el joven.
Sin darme tiempo a reaccionar, se saco la polera dejando ver esos pelos qué lo cubrían por todas partes. me agarró de la nuca con una mano firme y pesada y me pego a su cuerpo. El impacto del olor a sudor, tabaco y calle que emanaba de su cuerpo al tenerlo pegado a mí me nubló la cabeza. Me llevó directo hacia la cama mientras con la otra mano se desataba el cordón del buzo para soltar por fin ese paquete que me había estado obsesionando toda la tarde.
Si quieres la segunda parte comenten. 10 comentarios y sigo.
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8 Comentarios
Cuenta más
Cuenta la segunda parte…. Estás bien rico
Csm! Buenísimo relato! Hace mucho rato no leía algo tan bueno aquí, caliente, bien escrito, cero pretencioso y muy morboso! Me encantó
cuenta maaas, esta muy rico
No me podí dejar así….
Buenas
sigue
Buenisimo