Como pasar las penas con un pene maduro
Hola a todos. Mi nombre es Gerson y esto sucedió hace dos años.
Estuve pololeando con un loco un poco mayor que yo, pero nada grave. Yo tenía 20 y él 25. Duramos siete meses, pero la relación terminó por problemas personales.
Una semana después de que terminamos, conocí a un hombre de 30 años. Se llama Carlos. Si bien no era Brad Pitt, era delgado y tenía su buena facha. Hablamos durante un tiempo y decidimos juntarnos e ir juntos a un motel.
Había salido de la U ese día cuando nos encontramos. Andaba en un auto gris, con su camisa, jeans y lentes de sol. Me dio buena impresión, así que nos fuimos al motel.
A todo esto, yo iba cagado de miedo porque, cuando entramos al motel, las viejas nos miraban con el medio caracho xD. Creo que era porque tengo un poco cara de cabro chico, pero cuando mostramos el carnet todo se calmó.
Entramos al lugar con el auto y cerraron un portón grande. Parecía como un mini estacionamiento. Entramos a la pieza y yo todavía iba medio nervioso. Tenía esa sensación en la que te salta el corazón y no sabes qué hacer.
La cosa es que Carlos se empezó a desvestir y se tiró encima de la cama. Weón, mi expololo tenía un pene súper pequeño, así que cuando vi el de Carlos quedé para la cagá. A simple vista les puedo decir que la weá medía unos 20 cm; era una weá inmensa. A eso súmenle que el weón tenía 30 años. Yo ahí dije: “Cagué, este weón me va a reventar el hoyo”.
La cosa es que ya dejé la plancha de lado y me desvestí nomás. Empecé a chupárselo y la weá era un poco vergonzosa porque me entraba menos de la mitad del pico en la boca.
Mientras se lo chupaba, Carlos a cada rato me decía: “¿Te gusta?”. Y yo le respondía que sí. Me decía: “Es toda tuya”. Esa pichula bien depilada y esos cocos trigueños me estaban volviendo loco.
Cuando ya se la noté dura, dije: “Ya, Gerson culiao, esta es la tuya. No te gusta el webeo”. Así que saqué el condón y se lo puse.
Carlos me dio vuelta y, de repente, siento una weá húmeda atrás. Yo dije: “Esa weá no es su pico”. Miré de reojo y el weón me estaba chupando el hoyo. Weón, esa sensación de humedad atrás me puso más caliente todavía.
Cuando después se enderezó y me dijo: “Relájate”, lo único que hice fue morder el cubrecama, arquear la espalda y respirar.
Cuando sentí algo atrás, la sensación era distinta a otras veces. Esta vez no era dolor, como cuando recién te penetran; esto era como un ardor que se iba adentrando cada vez más. Yo no soy muy bueno para gemir, pero en ese momento se me escapaban los jadeos.
Cuando ya me dijo que estaba toda adentro, respiré y dije: “No fue tanto…”. Y el muy… empezó a moverse, entrando y saliendo. Weón, de verdad, en ese momento yo juraba que me iba a rajar el hoyo.
Después de un rato me la sacó, me dio vuelta y me puso patas al hombro. Me levantó las piernas un poco y me puso un cojín debajo. Después empezó a meterla de nuevo, pero esta vez entró con tanta facilidad que la weá ya era demasiado rica. Esa sensación de que estaba entrando toda… tengo que decirlo: no me gusta que sean muy mayores que yo, pero es que ese weón era buenísimo en la cama.
Después de un rato, Carlos y yo nos pusimos de pie y, como pudo, me levantó una pierna y siguió metiendo. En ese momento ya era el paraíso. Mis nalgas sonaban con cada metida de pico que hacía.
Estábamos así cuando, de repente, Carlos me dice: “¡Oh, espera!”. Y yo lo miré como diciendo: “¿Qué weá?”. Me la sacó y, weón, se le había roto el condón. La weá era Durex, así que no podía decir que era malo. Sacó otro condón y me puse en una posición parecida a cuatro patas, pero con los brazos acostados sobre la cama, solo con el culito parado.
Ahí él se paró y metió el pico hacia abajo. En ese momento yo ya me sentía como toda una perra. Después el weón empezó a moverse en círculos y yo estaba pa’ la cagá. Era como un cosquilleo tan rico.
Hasta que, de repente, siento que se me viene encima y yo dije: “¿Qué weá, se desmayó?”. Entonces me dice al oído, muy agitado: “Voy a acabar”.
Ahí empecé a menear la cintura sin parar. Cuando el loco se corrió, yo seguí moviendo el culo. Carlos, para la cagá, me tomó del pecho, me levantó y me empezó a pajear, mientras su pico seguía adentro mío.
Ya ahí no aguanté más y me corrí. Jamás había botado tanto semen. Ambos quedamos sin energía en la cama.
Carlos prendió un cigarro y se lo fumó tranquilamente. Más tarde me fue a dejar a la U y él se fue.
Después, cuando llegué a mi casa, me di cuenta, al ir a hacer mis necesidades, de que Carlos me había dejado literalmente el ano colorado. Me dolía hasta limpiarme xD.
Después perdimos el contacto porque me fui de la ciudad y me vine a vivir a la Quinta Región.
Un saludo. Espero que les haya gustado mi anécdota de vida. Saludos a ti, Carlos, si es que ves esto. Eres tremendo en la cama. 😀
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2 Comentarios
Ay we, cuando leí «maduro» juraba era alvode unos 45 o más
Pero 30 y «maduro»? Si está joven jajajajaja al menos para mí que tengo 24, lo que si estaba bien acertado es lo tulon, que rico
Como vai a decir esa wea de que es maduro y el wn tiene 30. Imaginaba sobre 50, quería leer un buen relato de maduros y lo arruinaste. ¡Aweonao!