Mis dulces 18 – Parte I
- 1Mis dulces 18 – Parte I (este capítulo)
- 2Mis dulces 18 – Parte II
Hay cumpleaños que simplemente pasan, y hay otros que terminan convirtiéndose en historias que uno recuerda durante años. El mío, definitivamente, pertenece a la segunda categoría.
Tenía apenas 18 años y, como cualquiera que acaba de cumplirlos, sentía que estaba entrando oficialmente a una nueva etapa de mi vida. Lo que no sabía era que aquella noche terminaría siendo mucho más intensa, inesperada y memorable de lo que había imaginado.
Todo comenzó con una simple salida con mis amigos para celebrar mi cumpleaños.
Mientras me arreglaba en casa, mis amigos llegaron por mí. Pedimos un Uber y, como siempre, terminé de copiloto porque no me gusta ir apretado atrás.
Llegamos al antro y, desde que entramos, la noche prometía ser divertida. Música, luces, baile, shows y ese ambiente que hace que uno pierda la noción del tiempo.
Yo siempre he sido bastante recatado en público. Me gusta cuidar mi imagen y dar una buena impresión. Pero cuando entro en confianza y llevo un par de copas encima, parece que aparece otra versión de mí: mucho más desinhibida, habladora, coqueta y, sobre todo, bailadora.
Esa noche estaba disfrutando muchísimo. Bailaba con mis amigos, cantaba todas las canciones y hasta terminé bailando con personas que ni siquiera conocía. Todo iba perfecto.
Hasta que me di cuenta de que alguien no dejaba de mirarme.
Era un chico bastante lindo. Cada vez que volteaba, ahí estaba su mirada. Al principio intenté hacer como si no me hubiera dado cuenta, pero después me ganó la curiosidad.
En una de mis vueltas al baño, nuestras miradas volvieron a encontrarse. Le hice una pequeña señal, casi como un reto, y seguí mi camino.
Lo que no esperaba era que unos minutos después apareciera detrás de mí.
Y ahí fue cuando la noche comenzó a tomar un rumbo completamente distinto al que había imaginado. Se coloco a lado de mi y poco a poco observe como se le iba parando, me acerque más y empezamos a fajar en el baño, sin importarnos nada… lo lleve a un cubículo y lo besaba con una intensidad riquísima, sus labios eran muy suaves y rositas, mientras lo besaba le apretaba las nalgas y lo jalaba hacia mi, los dos ya estábamos tirando precum, así que lo agarre del hombro para que bajará a chuparmela, estaba super caliente qué no duramos mucho, me vine en su boca el subió y medio un beso blanco, mientras se seguía masturbándo, se vino nos limpiamos y salimos como si nada.
Después de aquel encuentro, regresé con mis amigos intentando actuar como si nada hubiera pasado. Ellos seguían disfrutando de la fiesta, completamente ajenos a la pequeña aventura que acababa de vivir.
Yo, por mi parte, decidí que necesitaba otro trago.
Me acerqué a la barra, pedí mi bebida y, mientras esperaba que me la prepararan, un chico comenzó a hacerme conversación.
Y pensé:
«Bueno… parece que esta noche apenas está comenzando.»
El chico me preguntó lo básico: mi nombre, mi edad, con quién había venido y algunas cosas más. La conversación era sencilla, pero había algo en su manera de hablar que me resultaba curioso.
Nos entregaron nuestros tragos y cada quien regresó con su respectivo grupo.
Pensé que ahí terminaría todo, pero después lo vi bailando cerca de nosotros. Al poco rato volvió a acercarse y me invitó otro trago. Acepté, así que terminamos nuevamente en la barra, platicando como si nos conociéramos de mucho antes.
La verdad, el chico no era precisamente guapo. Sin embargo, tenía algo. Una personalidad, una seguridad o simplemente esa clase de energía que te atrae sin que puedas explicar exactamente por qué.
La conversación continuó hasta que, de repente, me preguntó:
—¿Estás soltero?
—Sí —le respondí.
Sonrió y entonces hizo una pregunta que no me esperaba:
—Ya que estás soltero… ¿puedo robarte un beso?
No tardé demasiado en contestar.
—Sí.
Y nos besamos ahí mismo, entre la música, las luces y toda la gente que seguía disfrutando de la noche.
El beso fue tomando confianza poco a poco, y entonces sentí que el coqueteo entre nosotros comenzaba a subir de intensidad.
La noche todavía tenía mucho que contar.
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