Encuentro impensado
Una tarde estaba esperando que pasara un colectivo o taxi para dirigirme a un lugar más o menos cercano, cuando un auto se detuvo y su conductor me preguntó por una determinada calle. Le di las indicaciones de cómo llegar, me dio las gracias y me ofreció llevarme, si es que me servía la ruta. Si bien no llegaba hasta donde iba, me acercaba bastante, así que le acepté su ofrecimiento.
Nos fuimos conversando cosas sin mayor importancia, pero que evitaban irnos en silencio. Cuando ya casi llegábamos, me dijo si no estaba apurado. Él subía al departamento de un amigo al que le iba a regar unas plantas, pues estaba de viaje, y después seguía directo por donde yo iba. «Si no es molestia, le acepto el ofrecimiento», le dije.
Consultó en un papel el número del edificio y del departamento, y subimos. Efectivamente no había nadie y rápidamente abrió las ventanas y se puso a regar las plantas. Cuando finalizó, me ofreció una cerveza, la que bebimos con tranquilidad. Cuando cerraba las ventanas, me pidió ayuda para correr las cortinas y, en una de esas, nos cruzamos y sentí su paquete detrás mío. No sé por qué, pero no me inquieté, aunque tampoco salté. En la otra ventana ocurrió lo mismo, pero esta vez me dijo: «Parece que no te molesta tenerme detrás tuyo». No respondí nada, solo sonreí y estiré la mano para terminar de correr la cortina, pero en ese movimiento me tomó de la cintura y me apretó fuertemente, apegándose a mi cuerpo mientras se movía lentamente. «¿Te gusta así?», me preguntó. No respondí nada porque no sabía qué me pasaba. «No soy gay», pensaba. «¿Entonces por qué acepto esto?». En eso metió su mano en mi pantalón y tomó mi verga, que estaba dura como palo, al igual que la suya detrás mío. Después me giró e intentó besarme, pero di vuelta la cara. Él no se venció y con sus labios acarició mi cuello, y ahí me perdí. El hombre sabía lo que hacía y me dejé llevar.
Me sacó la ropa y yo la de él. Su físico, sin ser un adonis, estaba muy bien conservado y su verga erecta era hermosa. Puso sus manos sobre mis hombros y los empujó hacia abajo. Mis piernas fueron cediendo a esa presión hasta que mi boca quedó frente a su hermoso pene, el que recibí con una lujuria nunca antes sentida. Tomó mi cabeza y empezó a embestir con fuerza su pene; luego lo hacía suave y lo empujaba hasta el fondo una y otra vez. Estaba en las nubes. Después él me llevó al sofá, nos acomodamos. Yo quise bajar mi cabeza nuevamente, pero esta vez fue él quien devoró mi sexo. Fue fantástico; nunca me habían practicado un sexo oral tan exquisito. Entre mis piernas abiertas veía cómo su cabeza subía y bajaba con suavidad. De pronto, sus brazos tomaron mis muslos por debajo y empujó mis piernas hacia arriba hasta dejarlas sobre sus hombros. Ahí, sin bajarlas, comenzó a levantarse hasta que sentí cómo empujaba su pene sobre mi cavidad aún no explorada. Su suave presión dio resultado y, cuando comenzó a penetrarme, mi éxtasis no pudo más y acabé como nunca lo había hecho, mientras el hombre suavemente entraba y salía de mí cada vez más rápido. «Te fuiste, chanchito», me dijo. Cuando escuché su voz, me di cuenta de que su penetración me causaba dolor, pero su delicadeza lo mitigaba perfectamente. Sacó su verga, me giró y me hizo quedar en cuatro. «Pon tu cabeza abajo, sobre el sofá», me dijo, al tiempo que tomaba mis caderas y las levantaba para que quedaran a su altura. Nuevamente me volvió a penetrar, pero esta vez no fue tan delicado. La metida fue un poco más brusca y el dolor fue más intenso. Sus movimientos también cambiaron: entraba y salía con fuerza, cada vez más rápido y violento, hasta que lo sentí gemir y gemir. Cuando retiró su verga, sentí cómo un hilito de semen bajaba entre mis piernas.
Descansamos un rato. Fue al baño, tomó una ducha, me llamó, nos duchamos juntos y esta vez me hizo suyo bajo el agua.
Cerramos el departamento y nos retiramos. Nos subimos al auto, intercambiamos teléfonos y nos despedimos. Me quedó un agradable dolor, pero lo disfruté.
Desde esa fecha nos hemos seguido juntando y en cada ocasión el sexo es fenomenal.
Sin querer descubrí mi lado «B» y lo estoy disfrutando.
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2 Comentarios
Te volviste su hembra, que rico
Menos mal que no eras gay jajsjsj