Gran pene del profesor

Cuando estaba en la colegio había un profesor de educación física que parecía justamente lo que siempre soñé. Siempre llegaba con ese buzo deportivo, suelto pero no lo suficiente para ocultar lo que llevaba debajo. Cada vez que caminaba frente a nosotros, el movimiento de su cuerpo hacía que ese bulto se marcara y rebotara con una claridad imposible de ignorar. Era como si su presencia llenara el espacio, dominante, masculina, imposible de apartar de mi mente, era el clásico macho. Mis amigas se reían, hacían comentarios burlones, pero yo no podía reír. Yo me quedaba en silencio, observando, sintiendo cómo el calor subía por mi cuerpo y mi respiración se volvía más lenta y pesada. Él lo sabía… lo notaba en la forma en que nuestras miradas se cruzaban, en esa fracción de segundo en la que el tiempo parecía detenerse.
Por las noches, su imagen volvía a mí. Soñaba con su cuerpo desnudo, con sus manos firmes y brazos musculosos peludos guiándome, con esa parte de él que tanto me obsesionaba acercándose a mi rostro mientras yo lo deseaba sin ocultarlo. Me despertaba mojado en precum.
Al otro año, otro profesor apareció, más joven, más serio, pero igual de provocador. Sus pantalones ajustados dibujaban cada detalle de su virilidad, y cada vez que lo veía caminar, mi boca se botaba saliva y mi pene se paraba, siempre me cubría con un polerón. Saber que tenía esposa e hijos lo hacía aún más prohibido, más peligroso… y más excitante. Yo lo miraba en silencio, imaginando cómo sería sentir su fuerza, su control tan cerca de mí que no quedara espacio para nada más que el deseo inevitable que él despertaba en mí.
3 Comentarios
Anónimo
febrero 16, 2026 a las 9:57 pm1 estrella y ni eso debería poner, esperaba algo bueno
Anónimo
febrero 17, 2026 a las 12:35 amYa yyyyy ??
Anónimo
febrero 17, 2026 a las 2:53 pmHagan mas relatos padre e hijo en donde ambos sean MASCULINOS