La noche que Marck me llevó a la playa
Todo empezó con una gira al mar con todos los vecinos. Entre ellos estaba Marck, un hombre blanco, flaco y de 1.88 cm. Empezamos tomando y, a eso de las 11 p.m., había que dormir. Pero solo había 2 hamacas para 3, por lo que él me dijo: «Duerme conmigo, que somos los más delgados», y yo acepté. Sin embargo, mientras todos dormían, sentí algo bien duro y grande que rondaba por mis nalgas. Él, muy callado, me susurró al oído: «Sácalo de la pantaleta y masajea con la mano». Empecé a hacerlo, pero no me alcanzó la mano por lo grueso y grande que lo tenía, y seguí masturbándolo. Luego me susurró: «Vamos a la playa». Nos levantamos y nos fuimos hacia allá.
Él se acostó en una toalla y me dijo: «Desnúdate». Mientras lo hacía, me empezó a besar y a tocar todo el cuerpo muy despacio durante un rato, hasta que me dijo: «Súbete». Me senté en su miembro, pero por lo grande no me entraba. Aun así, seguimos probando hasta que, poco a poco, fue entrando, cada vez más rápido y profundo, y luego ya estaba toda adentro. Me puso en cuatro y me empezó a penetrar muy rápido y fuerte. Me hizo gemir como nunca, con un dolor y un placer que jamás había sentido. Lo hicimos en muchas posiciones hasta que me susurró que si quería la leche adentro o en la boca. Yo le dije que en la boca. Eso lo hizo excitarse mucho más y los últimos 5 minutos me dio tan fuerte que después no me pude sentar. Recuerdo que su leche era muy deliciosa y espesa. Luego de eso, él se fue al extranjero y no lo volví a ver más.
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3 Comentarios
No se hizo de rogar la putica, y normal si ya habia sentido el juguete, lástima que no le pudo dar más
Que malos estos relatos, sin contexto ni sentido. FOME, FOME
La playa es un morbo delicioso