La Puerta
Esto ocurrió en mi colonia. Siempre he sido muy discreto, aunque en realidad no me importa lo que la gente piense de mí. Después de tantos años de vivir por ahí, conocía a mis vecinos y, aunque no soy muy sociable, pues no me gusta meterme en sus vidas ni ellos en las mías, nos saludábamos cordialmente e identificaba muy bien a los que eran de por ahi.
En aquel entonces tenía 36 años, y siempre he sido varonil. La gente que me conoce me dice que no se me nota lo gay. Además, casi siempre he sido activo, pero la ropa interior es mi fetiche.
Con regularidad salía por las noches al OXXO pasada la medianoche, y aprovechaba para pasear a mi perra, una Rottie. Esa noche llevaba una playera, un short y, no sé por qué, pero llevaba una tanga que tenía pocos días de haber comprado y quería usarla… me hacía sentir algo sexy y cachondo. Al salir del OXXO iba caminando cuando vi a un tipo muy varonil, al cual llamaré Armando; cruzamos miradas y hubo cierta conexión, y no dejábamos de vernos, así que con el pretexto de hablarle a mi perra y que la estaba esperando, me detuve porque me di cuenta que vivía ahí, en ese edificio donde estaba parado. Él abrió pero se quedó ahí, en la puerta emparejada y sin dejar de verme, y yo tampoco lo dejaba de ver, sobre todo su entrepierna, porque me di cuenta que se empezó a agarrar el paquete y eso me calentó mucho. Cuando vio mi reacción, de lamerme los labios y no apartar mi vista de su bulto, se sacó ese trozo de carne y me la estaba ofreciendo, lo miré a los ojos y me hizo la seña para que me acercara, lo cual hice sin pensar, así que abrió la puerta para que me pasara. Cabe mencionar que esa entrada daba al estacionamiento y era el acceso a los departamentos.
Apenas entré con mi perra, la solté y Armando me arrodilló. Yo estaba tratando de entender qué sucedía, ya que todo era tan rápido, cuando ya me tenía con su verga en la boca, moviéndose como si me estuviera cogiendo y ahogándome, metiéndola toda torpemente porque me di cuenta que estaba borracho, cosa que no me importó. Cuando me la estaba metiendo en la boca me preguntaba si me gustaba su verga, me exigía que la oliera y me golpeaba con ella en la cara; de momentos apenas reaccionaba y tomaba aire cuando me la volvía a meter y me cacheteaba… me tenía arrodillado y de los cabellos me hacía la cabeza hacia atrás para que lo viera a los ojos con su verga en mi boca; yo veía su cara llena de morbo y con la mirada le suplicaba que siguiera. No saben cómo estaba disfrutando esa verga que, si bien no era enorme, estaba bien dura y caliente… me gustaba la forma en la que me trataba este macho.
De repente me levantó y me besó. Empezó a agarrarme las nalgas con desesperación y deseo. No sé cómo fue pero cuando me di cuenta, ya me había llevado contra la pared, sintiendo su respiración en mi oído y escuchando que quería ver mis nalgas. Yo con la mejilla pegada a la pared apenas asentía y le decía que hiciera lo que quisiera, y lo hizo. Sentí su cuerpo pegándose al mío con fuerza, como si quisiera atravesar la ropa y penetrarme hasta el fondo, mientras me manoseaba y me bajaba el short, apenas tocó mis nalgas y me dijo “pero si estás nalgoncito… qué ricas nalgas tienes!”, mientras me las apretaba y me daba nalgadas; solo contesté: “Son tuyas!”, mientras salía un gemido de mi boca al sentir sus manos desesperadas apretándolas. En eso se percató que traía la tanga, sonrió y me dijo “venías preparado, verdad, putito?”.. ufff! No saben cómo me calentaron sus palabras, pero le contesté y le dije que en realidad no. Inmediatamente me hizo a un lado el hilo de la tanga y me ptegjntó – ¿Estás limpio?” – a lo que respondí que sí. Entonces se agachó, me abrió las nalgas y empezó a pasar su lengua y entraba en mi ano una y otra vez,’como si me estuviera cogiendo con ella y me lo llenaba de saliva. Al sentir su lengua, yo ya no pensaba en nada y solo me dejaba llevar por lo que Armando hacía y decía. Juro que en ese momento solo deseaba que me metiera ese pitote tieso y caliente que minutos antes había mamado y que tanto me había gustado.
Armando se levantó, sentí su verga bien dura entre mis nalgas y me dijo “te la voy a meter, ok!”, solo le dije “sí, cabrón… métemela” mientras arqueaba mi espalda para parar bien el culo y facilitarle el acceso. Me picaba con verga, como buscando la entrada a mi interior, pero no le atinaba, así que moví mi culo para hacer que su verga quedará justo en la entrada y así poder sentir como presionaba y empezaba a abrírmelo. Después de algunos años de no tener una adentro, sentir la cabeza de la verga de Armando abriéndose camino en interior fue de lo más delicioso…
Empezó a moverse rápido y algo torpe por lo alcoholizado que estaba, pero me tenía ensartado y con la boca tapada porque se me salían los gemidos. Cada embestida era la gloria para mí y una razón para apretarle la verga con mi ano y hacerlo sentir delicioso. En ese momento mi única intención era hacer que explotara adentro de mi… llevarme adentro toda su leche para llegar a casa con sus mecos escurriendo; así que yo gemía más y movía más mi culo… en menos de 5 minutos apenas pudo decirme – me voy a venir – mientras se movía más rápido y sentía que me la metía más a fondo; esas palabras me calentaron demasiado y le apreté la verga lo más que pude para que no se saliera, e indicándole que lo hiciera – sí, papi; dame tu leche! Préñame! No me la saques! Métela hasta el fondo! – Mientras le decía eso, sentía sus chorros de leche caliente, que fueron bastantes, saliendo de su verga y quedándose en mi interior.
Apenas tomó aire, me acomodó la tanga, me dio una nalgada, me subió el short, me dio las gracias y me dijo que le gustó mucho, y que lo disculpara porque estaba pedo (borracho). Me dio un beso y me llevó a la puerta diciéndome – a ver si mañana vienes a mi depa – con cara de morbo, haciéndome saber que la siguiente estaría mejor, y así fue… pero esa es otra historia.
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