Con el estacionador Maduro y Sucio III – me volví un trapo
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- 3Con el estacionador Maduro y Sucio III – me volví un trapo (este capítulo)
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Pasó el 18 de septiembre y no pude sacármelo de la cabeza ni un solo segundo. Cada vez que me acordaba del olor, de la barba áspera y de la leche caliente en mi cara, se me erizaba la piel. Tenía la necesidad casi enferma de volver a la estación de trenes a buscarlo. Y así fue como lo hice durante toda esta semana a la misma hora del día en que fui suyo.
Hoy jueves 24/09 agarré el auto y me fui directo al sector de la estación, con toda la fe del mundo. Me estacioné en el mismo lugar de siempre, con el motor andando y las manos tiritándome en el volante.
Pasaron diez minutos y no aparecía. Empecé a pensar que no lo vería nunca más, pero de repente, cruzando la calle con su caminar pesado y cansado, lo divisé. Llevaba una polera negra descolorida y el mismo buzo gris de siempre, igual de sucio, marcando ese paquete inconfundible.
No se si reconoció mi auto o pudo sentir mi olor a perra en celo… No corrió como la primera vez; caminó directo hacia mi ventana con una sonrisa picara, sabiendo perfectamente el poder que tenía sobre mí. Bajé el vidrio y el golpe de su olor a tabaco y calle me llegó de lleno a la cara.
Se apoyó en el marco de la ventana, mirándome de arriba abajo con superioridad. Y me dice:
Miren quién volvió… —me dijo con la su voz ronca y flaite—. ¿viniste a buscar más pico putita? ¿ Te quedo gustando como te hice mía maricon?
Me quedé mirándolo a los ojos, sintiendo cómo la boca se me hacía agua.
—No e podido sacarme de la cabeza en todos estos días, como me culiaste. .. —le confesé sin vergüenza.
El viejo soltó una carcajada corta media burlona y se metió la mano por dentro del buzo para acomodarse el bulto y me dijo… mira siente este olor a cocos.
Me dejo paralizado.
—Bueno, ¿y qué esperai entonces pos wn ? Abre la puerta y vamos al motel de nuevo, que hoy día tengo más ganas que la otra vez… voh pagaí si’poh!.
Llegamos al motel y apenas se cerró la puerta
el tipo no perdió ni un segundo. Me agarró del brazo con de forma brusca y me tiró sobre la cama como si fuera un saco de papas o un simple trapo viejo. No hubo delicadeza ni palabras bonitas: se me subió encima con todo su peso, dejándome casi sin aire, aplastándome con ese cuerpo tan rico grande y peludo que olía a sudor acumulado de varios días.
Me hizo desnudarme entero y mostrarle el hoyito . Yo esta vez iba listo para todo. Saqué del bolsillo un pequeño frasco de popper que había comprado para una rica cachita. Abrí la tapa y aspiré hondo una bocanada fuerte por cada fosa nasal. El efecto me golpeó de inmediato: la cabeza me empezó a retumbar, el corazón se me disparó al límite y los calores me recorrieron todo el cuerpo, desinhibiéndome por completo y despertando mis deseos más oscuros.
Con la cabeza totalmente nublada y el morbo a mil, lo miré desde abajo, tiritando de la pura calentura, y le dije con la voz temblorosa pero cargada de desesperación
—papito… haz lo que querái conmigo hoy día, úsame como queraí… soy tuyo, usame a tu antojo como se te ocurra… y le dije: meate en mi cara y en mi cuerpo, te lo suplico desde que te vi mear con ese chorro tan potente que me imagino bañado por el.
El viejo se me quedó mirando un segundo con una mezcla de sorpresa y burla, soltó una risa pesada y se pasó la mano por la barba áspera.
Mira el cochino conchetumare, las weas que pide… —me dijo mientras me agarraba del pelo para pegarme la cara a su pecho peludito—. ¿Así que querí que te mee y te bañe entero? Ya po’, ponte como querai que te voy a mearte entoces. Me lo lleve a la ducha , me arrodille y me pocicione, mientras sus manos toscas empezaban a soltar el cordón del buzo gris para cumplirme el capricho…
. Se bajó el buzo y sacó esa verga enorme, venosa y caliente que ya chorreaba las primeras gotas. Me miró con absoluto desprecio y una sonrisa cruel dibujada en la cara, disfrutando de verme tirado a sus pies, di una jalada más de popper. Y me dice:
—Mira cómo me rogai, con la cara cabro culiao maricón… —me gritó —. Soy una asquerosa perra wena pal ñato, eso soy. Te gusta que te traten como una wea ¿cierto?
Sin darme tiempo a responder, me sujetó de la frente con la mano izquierda, tirándome la cabeza hacia atrás para que no pudiera moverme.
—Abre la boca y no te cerrai por nada del mundo, que te voy a dejar bien marcado pa’ que te acordí de mí toda la semana… —me insultó, mientras se acomodaba el cuerpo.
De pronto, soltó un chorro de pichi hirviendo, denso y fuerte que golpeó de lleno en mi cara, llenándome los ojos, la nariz y la boca. El calor de su orina me bañó el cuello, el pecho y los hombros, chorreandome mientras él se reía con ganas de mi desesperación. El olor a meado de hombre de calle mezclado con popper me revolvió la cabeza por completo; era una sensación humillante, abrumadora y brutal. Que bo hania sentido jamás.
Tragué lo que pude entre ahogos y jadeos, mientras él seguía descargándose encima de mí, usándome sin ningún tipo de lástima ni contemplación, tal como se lo había pedido.
Terminó de mear sobre mi cara y mi pecho, dejando caer las últimas gotas mientras se sacudía la verga con rabia frente a mis ojos. Antes terminar, juntó saliva en la garganta y me lanzó un escupitajo denso directo sobre la orina que todavía me corría por la mejilla.
Se me quedó mirando desde arriba, con los brazos cruzados y una mueca de asco y satisfacción. No hizo el menor intento de lavarse; como la vez anterorse quedó así tal cual, sudado, hediondo a calle y con el olor a pichi.
Fuimos a la pieza y agarró una de las toallas pequeñas que estaban sobre el velador, me la tiró con desprecio en la cara y me gritó:
—Límpiate esa weá rápido, maricón reculiao asqueroso… y ponte de rodillas al tiro a chuparme el pico, que me dejaste con más gana todavía.
Con los ojos irritados y la cabeza todavía mareada por el popper, me pasé la toalla de mala gana por la cara solo para quitarme lo más grueso. Estaba completamente sumergido en ese morbo. Me acomodé de rodillas sobre la cama húmeda, agarré esa verga grande y sudada con ambas manos y me la metí entera en la boca, sintiendo el sabor fuerte de su orina y su cuerpo de macho sin lavar.
A ratos pensaba que todo esto era una locura; me desconocía totalmente en esa postura, pero el placer y el morbo me anulaban cualquier rastro de juicio. En medio del frenesí, estiré la mano hacia el velador para sacar nuevamente el frasco de popper. Volví a darme un par de jalones fuertes y el químico me reventó en la cabeza, amplificando cada sensación y anulando los últimos restos de dignidad que me quedaban.
Solo podía pensar en seguir alimentando ese deseo enfermizo de ser usado por él. La vista se me nubló de nuevo, el pulso me retumbaba en los oídos y el olor a sudor, meado y calle que salía de su cuerpo me parecía el mejor de los perfumes.
El viejo, al ver cómo me volvía a usar el popper y la forma en que me desesperaba por su verga, me agarró con fuerza del pelo, me echó la cabeza hacia atrás para mirarme a los ojos y me dice:
—Mira cómo te poní con esa hueá, maricón loco… Te encanta que te usen como a una perra se nota ¿cierto?
Sin esperar respuesta, hundió sus dedos en mi nuca y me empujó la cabeza con violencia hacia su entrepierna, exigiendo que le siguiera dando mamones mientras él marcaba el ritmo a su antojo.
Me entregué por completo al ritmo que me imponía. Me metí sus 18 cm hasta el tope y me concentré en sus testículos, que le colgaban mucho más que la vez anterior, pesados, oscuros y completamente cubiertos de esos pelos negros y blancos.
Le pasé la lengua despacio por lso cocos, saboreando el gusto fuerte a sal, sudor y meada acumulada. El popper me hacía sentir cada textura de su piel de manera exagerada; me los metí completos a la boca uno por uno, succionándolos con fuerza mientras sintiendo cómo el viejo soltaba unos ruidos de placer desde la garganta.
—Eso… chúpame bien los huevos, putita—me gruñía con la voz cortada.
Volvi a mamar su pico y entir sus cocos pesados y babosos golpearme la barbilla dejándome listo para cualquier cosa que quisiera hacerme después.
Derepente se separó de un tirón, dejándome con la boca amarga y la cabeza retumbando por el efecto del popper. Me miró desde arriba con los ojos fijos, cargados de una calentura pesada.
—Ya estuvo bueno de previa… ahora me toca a mí, culiao.
Sin darme tiempo a reaccionar, me agarró del brazo con fuerza y me dio la vuelta de un manotazo, dejándome boca abajo contra el colchón gastado del motel. Levantó mis caderas con brusquedad, dejándome completamente expuesto frente a él.
Sentí la sombra de su cuerpo masivo cubriéndome la espalda. Apoyó sus manos gruesas en mis muslos, clavando los dedos en mi piel, y de pronto sentí su lengua caliente recorriéndome desde abajo hacia arriba, desde la base de los muslos hasta llegar directo a mi hoyo.
El contraste de su lengua pesada y el roce de su barba dura contra la piel sensible me hizo soltar un gemido ahogado contra las sábanas. Lamió con fuerza, subiendo y bajando con avidez, comiéndome con una soltura y un hambre animal que me hicieron perder el control por completo, tiritando de la pura desesperación por lo que venía después.
Cuando sintió que estaba lo suficientemente húmedo y entregado, soltó una respiración pesada contra mi piel y, sin pedir permiso, metió dos de sus dedos toscos y curtidos de un solo golpe directo en mi hoyo.
Cállate y aguanta, maricón… —me dijo —. Mira cómo te abriste entero, si se nota que pa’ esto viniste.
Moviéndose con torpeza y desesperación, sacó los dedos de un tirón y, antes de que pudiera tomar aire, apoyó la cabeza de su pico duro, hirviendo y babeado directo en la entrada. Se empujó hacia adelante con todo el peso de su cuerpo masivo, hundiéndose en mí hasta el fondo de una sola embestida brutal.
Sentí cómo me desgarraba y me llenaba por completo. Quedé clavado contra el colchón, mientras el viejo empezaba a mover sus caderas pesadas con un ritmo frenético y salvaje, haciendo crujir la cama con cada golpe sordo de su vientre contra mis nalgas.
De pronto, el viejo apretó los dientes y acelero, clavándome las manos en las caderas con más fuerza. Se inclinó sobre mi espalda, aplastándome, y pegó su cara sudada a mi oreja. Y al borde del clímax, me dice con rabia:
—Te voy a preñar bien preñado, maricón asqueroso… te voy a dejar lleno hasta arriba pa’ que te acuerdes quién es tu dueño.
El impacto de sus palabras terminó de descontrolarme. Sentí cómo se tensaba entero sobre mí, conteniendo la respiración mientras su cuerpo al límite, listo para soltar toda su leche caliente muy adentro de mí.
Me lleno con 5 estamos finalmente, se incorporó con pesadez, haciendo crujir los resortes del colchón. Se salió de un tirón la ducha sin preocuparse de nada más. Me miró desde arriba con una mezcla de cansancio y satisfacción, pasándose la mano por la barba húmeda.
—Ya, levántate… —me dijo con la voz ajitada aun mienteas buscaba su paquete de cigarros en la velador—. Que no me voy a quedar toda la tarde aquí.
Ahí quedé, tirado en la cama tibia, sintiendo cómo el químico del popper empezaba a bajar lentamente de mi cabeza, dejándome el cuerpo pesado y la huella de todo lo que acababa de pasar.
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3 Comentarios
Tremendo. Ojalá me pasara algo así, yo también soy de rancagua iré a cachar al viejo ese 5/5⭐️
Increíble relato, realmente muy bueno, el tema lluvia dorada fue la guinda de la torta jjj! Ojalá pudieras tener alguna foto o registro de al menos el paquete del viejo. Pero se que es pedir mucho. Un abrazo
Y lo volviste a ver, cuenta más