Manolo el vaquero borracho
Bueno, me presento. Mi nombre es Dan y vivo en un pueblo de Durango. Mido 1.94 m, soy delgado, tengo buena nalga y lindo cuerpo. Todo comenzó en unas carreras de caballos. En mi pueblo se hacen carreras, cabalgatas, coleaderas y peleas de gallos.
Suelo juntarme con puras mujeres, en su mayoría las más bonitas del pueblo. Para este punto, ya muchos, si no todos, nos ubicaban. Al caer la noche, en el grupo que estábamos, tocaba la banda y todos se empezaban a emparejar y agarrar rumbo. Yo no le tomaba importancia, siendo que desde los 18 salí del armario y todos en el pueblo lo sabían. Al pasar la noche, se llegó la madrugada y quedábamos un grupo pequeño. Mi prima sugiere irnos a la casa de mi hermano, que solía nunca estar porque trabajaba fuera del pueblo, y yo vivía al lado con mis padres. Nos fuimos y, al llegar, veo que nos siguió el chico serio y vaquero: Manolo. Medía como 1.80 m, complexión delgada, ojos claros, pestañas y cejas castañas, y muy lampiño.
Al pasar las horas, todos se fueron a dormir con sus ligues y me quedé a solas con Manolo. Ese Manolo tan delicioso. Me pregunta que si se puede quedar. Lo veo ya muy pasado de copas y accedo. Le digo que si ya se quiere dormir y le muestro la habitación. Preparo la cama y él, mientras tanto, me pedía el baño. Salió del baño con la bragueta abajo, el cinto por un lado y un poco manchado de pipí. Le comento que me iría a casa (vivo al lado) y me dice que no me quedaría. Y yo, pues obvio, perras, que acepté jajaja. Ya ven que uno es bien zorrita.
Le digo: «Heee, pero yo duermo completamente encuerado (desnudo)». Y él menciona lo mismo. Ya encuerados, con la luz un poco cálida, comienza a bromear y pone una almohada entre los dos. Cabe mencionar que la cama es grande, de las que en México llamamos King. Pero nunca imaginé que me atrevería a hacer lo que hice: aventé las almohadas y le dije: «Al grano, solo quiero hacer una cosa». Y comencé a mamarle esa enorme verga. Jamás, en lo que llevo de vida, había visto un pene tan grande, gordo y derechito. Así estuve un buen rato, hasta que me dice que a él le gustaría penetrarme. Accedí. No sé cómo, pero me acomodó mis pies a sus hombros, se ensalivó tremendo pene y empezó a darme brochazos. Por poco no pudo introducir su enorme pene. Yo, con algo de dolor e incomodidad, logré resistir los primeros 5 minutos. Aunque fue más doloroso que placentero, el morbo de tener a un hetero vergón vaquero envistiéndome con su pene enorme y sus bolas lampiñas rebotando en mis nalgas me ponía súper hot. Cabe aclarar que me vine sin siquiera tocarme.
Al ver que me vine, aunque soy más pequeño en tamaño que yo, me voltea y me pone en cuatro. Mientras me nalgueaba, decía que me veía bien rico empinado. Yo le sacaba más el culo y, de repente, sentí cómo se puso rígido su cuerpo mientras caían gotas de sudor en mis nalgas y me envolvía su rico perfume con aroma a cerveza. Siento chorros calientes dentro de mí mientras aprieto mi esfínter para que sintiera más placer. La cantidad de leche que arrojó fue abismal. Sacó su verga lento, me dio una nalgada y me pidió el baño. Yo me quedé así en 4 un rato más, mientras desentumía mi cuerpo y asimilaba tremenda cogida que me acababan de dar.
Entre risas, sale del baño y me dice: «Limpia tu desastre». No comprendí de inmediato. Me levanto para ir al baño a asearme y, cuando regreso, noto las lámparas de noche en el suelo junto con las almohadas, la cama de la fuerza quedó en medio de la habitación y la cama deshecha por tremenda cogida que nos dimos. Él, acomodado boca arriba y su pene, que flácido seguía de un tamaño enorme. Apagué la luz y, solo con mi mano en su pene, nos quedamos dormidos.
En la mañana, me pregunta que si le regalo agua. No teníamos agua para beber y fuimos a una tienda a 2 cuadras de la casa. Pero de regreso yo venía más cachondo que la chingada. Llegando a la casa nuevamente, lo arrojo al primer sillón de la sala, con las puertas abiertas. Desabrocho su cinto y saco su pene hermoso. Comienzo a mamar y, mientras se la seguía mamando, lo desnudo completamente. Con su ropa formé una almohada para ponerme en las rodillas. Solo de imaginar la escena me pongo duro.
Con la mano en el poza brazos y su pulgar en la frente, comienza a voltear sus ojos hacia arriba. Lo acomodo de tal manera que sus pompas queden al filo del sillón y subo sus piernas. Mientras succiono sus enormes bolas lampiñas, y en su descuido, mamo su pequeño y apretado ano. Como no presentó resistencia, seguí y seguí hasta que volví a su tronco grueso y su cabeza enorme. De repente, siento sus bolas contraerse y su pene ponerse más duro, y su cabeza a punto de explotar. Con mi mano sujeto la mitad de su pene y con mi otra mano acaricio su abdomen y su pequeña pancita que se formaba por la posición en la que estaba. Aunque no es ni delgado ni llenito, se le formaba la V en su abdomen que terminaba con tremendo tronco. Solo siento un suspiro y dice: «¡Hay, wey!». Y comienzo a succionar su cabeza más lento y siento chorros de leche caliente. Como yo también estaba súper exitado, me tomé hasta la última gota y dejé limpia aquella verga carnosa, pellejuda y gorda. Súper limpia.
Al terminar, seguí chupando su pene y él solo presentaba espasmos involuntarios. Me decía que le daban cosquillas mientras mis manos subían y acariciaban su rico pecho lampiño y mi boca seguía devorando su pene, que aunque ya no exitado, su pene seguía rígido. Le pido que se quede desnudo mientras seguimos tomando. Le vacío cerveza en el pecho y se la limpio con mi boca hasta llegar a sus piernas con poco bello, hasta llegar a sus lindos pies blancos. Él solo sonreía y bromeaba. Pero lo que él no sabía es que yo estaba firmando su obsesión conmigo.
Si quieres saber la 2ª y 3ª parte, de cuando su esposa nos descubrió y armó tremendo zafarrancho en la calle, házmelo saber en los comentarios.
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7 Comentarios
Si deja las otras partes
2 y 3 parte…
Échalos!
Si quiero saber que paso
Que ricooo otra parte
La continuacion porfa
No quiero, NECESITO continuación de este relato. ¡Me encantó!