🇨🇱 Chile💜 Relatos Bisexuales✍️ Anónimo📅 julio 4, 2026

Mis inicios como Bi

Buenos días, tardes o noches. Soy Rodrigo, un hombre de 27 años. Les cuento que tengo polola y que, a lo largo de mi vida, he tenido varias exnovias y amigas sexuales en mi buena vida heterosexual.

Este relato es totalmente real. Soy protagonista de este círculo vicioso de nuestra sexualidad curiosa. Esta es la historia de cómo he desarrollado mi vida sexual desde el punto de vista homosexual hasta el día de hoy. Refleja lo más íntimo de mis experiencias y expectativas, dando lugar a nuevas fantasías, como les contaré.

Actualmente vivo en la ciudad de Coquimbo, Chile. Puedo contarles que, físicamente, soy alguien normal: mido 1,74 m, peso 75 kg, pelo corto y negro. Psicológicamente, soy empático, simpático, honesto y respetuoso.

Creo que debo remontarme a cómo inicié mis inclinaciones sexuales hacia lo que llamamos sexo gay, a esa curiosidad que buscaba explorar nuevas sensaciones de placer. Es por ello que he decidido narrarles mis experiencias desde el inicio, cronológicamente, como breves capítulos de los momentos más importantes e interesantes de mi vida:

1. EL INICIO

Recuerdo que en mi adolescencia hurtaba por momentos la ropa interior de mi vecina. La pandereta del patio de mi casa me permitía llegar hasta donde ella almacenaba su ropa sucia, en una especie de canastillo. Entre las prendas había calzones, colaless y sostenes, entre otros. Para mí eran un tesoro para mi estimulación sexual. Me aseguraba de que ella, una hermosa mujer rubia de unos 30 años con un culo de diosa, no estuviera en casa; claro, ella vivía con su esposo e hijos. Yo tomaba su ropa interior, la olía y trataba de saborear, como el mejor de los manjares, los jugos impregnados en los calzones de esa mujer, hasta terminar acabando en una rica paja. La costumbre era esa: sentir qué olor tendría mi rubia inspiración de pajas cada día que podía acceder a su ropa.

Hasta que un día, excitado de más, quise explorar qué sentía ella al usar su ropa de mujer. Tomé prestado, desde la ropa sucia, sus ropas íntimas, unos jeans y una polerita blanca. Recuerdo eso como si fuese ayer. Su colaless era un sensual colaless de seda blanco que, sutilmente, subí por mis piernas. Acto seguido, me puse sus jeans, que eran elásticos. Yo, a esas alturas, estaba muy mojado experimentando ser una mujer, y terminé colocándome sus sostenes y polerita. Podía explorar cada sensación de esa suave ropa, sintiéndome una hembra caliente y deseosa de algo más. Ese algo más percibía que era explorar mis interiores de una manera sexual. Recuerdo que humedecí un dedo y, por primera vez, sentí placer en mi ano, introduciendo una y otra vez mi dedo hasta hacerme acabar deliciosamente.

Sí, les cuento que realicé ese fetiche por aproximadamente 2 años, con una frecuencia de 1 o 2 veces por mes. Cada vez que me sentía y vestía como mujer, buscaba explorar más allá. Ya no solo mi dedo entraba en mí, sino que entre más grosor y largo era lo que entraba, más me gustaba. Recuerdo que el primer objeto extraño que introduje en mi ano explorador fue un lápiz Bic. No fue tan placentero como esperaba debido a su poco grosor. Tiempo después, introduje un inhalador nasal. A veces, cuando me colocaba la ropita de Sandra, mi vecina, tiraba un cojín al piso, simulaba que era un hombre, me sentaba y lo cabalgaba.

En esa misma época, recuerdo bien que, de un tiempo a otro, me fijaba en los penes de mis compañeros cuando nos bañábamos después de la clase de educación física. Llegaba a mi casa a masturbarme pensando en esas vergas y preguntándome qué se sentiría probar una. Pasó el tiempo y solo eran fantasías. Mi vecina se fue de la ciudad.

Tiempo después, me fui a vivir a una ciudad más al norte del país para estudiar. Tuve la oportunidad de vivir solo, donde mis inquietudes curiosas tuvieron otros matices. Ahora sabía que mis fantasías eran tener sexo con un hombre. Busqué por internet y tuve contactos con muchos hombres; sin embargo, ninguno me convenció al 100% de ir a la cama con él. Creo que fue por una cosa de no estar seguro y el tema de las infecciones. Recuerdo a alguien que contacté por mail. Me pidió mi número de teléfono y, inocentemente, se lo di. Era un hombre casado de unos 36 años que vivía a unos 300 kilómetros de mi ciudad en ese entonces, según lo que me dijo, y que quería quitarme la virginidad. Él me llamaba todos los días y teníamos conversaciones eróticas, hasta que me puso nervioso e inseguro, por lo que opté por no contestarle más el teléfono. Él fue mi primer contacto gay que me excitó, pero no supe más de él. Así pasó el tiempo, donde nunca concreté nada con un hombre. En ese mismo lapso, conocí a una mujer que fue mi novia y mis fantasías gays quedaron bajo llave por un tiempo.

2. NOVATO

Por motivos académicos, llegué a la ciudad de Coquimbo, Cuarta Región, Chile, en el año 2009. Les cuento que allí volvieron a florecer de una gran manera mis fantasías de experimentar con el mismo sexo, volviendo a mis viejas costumbres de practicar sexo anal con un objeto. Esta vez, ya con una mente más obscena, era frecuente para mí comprar en el supermercado pepinos. Sí, pepinos para introducirlos en mi ano y auto penetrarme hasta acabar. Era muy rico. Recuerdo que en una ocasión compré un pepino de unos 18 cm, de un grosor semejante a un pene. Preparé esa noche una transmisión en vivo por Cam4, donde fui mostrando al mundo cómo gozaba introduciendo ese pedazo de placer en mí. Tuve más de 600 personas mirándome en tiempo real; eso me calentaba mucho. Así mismo, yo me deleitaba mirando los penes de hombres de todos lados.

A todo esto, en ese periodo tenía novia. Ella no tenía por qué saber mis fantasías privadas, claro. Como vivía solo, volví a contactar a hombres a través de internet. Conocí un famoso chat gay, hablé con varias personas en varios días, hasta que un día conocí a un tal Alex, simpático, sencillo y buena onda. Cambiamos números y terminó la conversación. Días después, me escribe un SMS diciéndome que quiere verme y hacerlo conmigo, lo cual me calentaba mucho. Él era pasivo 100%, lo que no me incomodaba al ser mi primera vez. Luego de varios SMS calientes entre ambos, decidí invitarlo a mi casa, donde justo esa noche estaría solo.

Nuestra cita fue a las 9 p.m. en la esquina de mi casa. Allí estaba él, algo bajito, flaco, de unos 30 años; yo tenía 20. Entramos a mi casa. Yo, algo tímido y nervioso, le propuse ir a mi habitación de inmediato. Él propuso poner música relajada y nos sentamos en la cama. Cambiamos palabras triviales sobre su llegada a mi barrio y, vergonzosamente, le digo que nos acostemos. Yo, con la verga muy dura, me saqué el pantalón y me metí bajo las tapas de la cama. Él hace lo mismo, se pone por delante mío con su culito hacia mí y hacemos cucharitas. Allí estaba yo, por primera vez tocando a otro hombre. Era una sensación rara, caliente, excitante y morbosa. Acariciaba sus piernas y su culo, mientras mi pico lo rozaba por detrás. Le digo a Alex que me gustaría que me lo chupe, y él, con muchas ganas, dice que sí. Se gira, baja hasta mi pene, lo saca del bóxer y, wow, me lo estaba mamando de una manera increíble. Sabía lo que hacía. Ninguna mujer antes había hecho una mamada así. Alex fundió su boca con mi verga y a mí me encantó. Siguió dándome ese placer hasta que le digo que quiero acabar y él aprueba que acabe en su boca. Fue una de las mejores acabadas que había tenido. Cuando dicen que un hombre lo mama mejor que una hembra, es toda la razón. Alex me pregunta si me gustó. «¿Quieres más?», me pregunta. «Claro», le respondo. Pasó menos de un minuto de mi acabado y Alex vuelve a arremeter con su boca y lengua rica en mi pene. Me tenía muy caliente. Él, de rodillas sobre la cama, fundido con mi pene, me hacía gozar. No era una mamada cualquiera; él tenía la habilidad de volver a erectar una verga recién acabada. En menos de 4 minutos, mi pene estaba duro en su boca nuevamente. «Alex, quiero acabar de nuevo». «Sí, mi amor, dale», me responde. Fue espléndido. Acabé 2 veces en su boca. Después de acabar y quedar sin hambre sexual, le pedí a Alex que se fuera porque en minutos llegarían personas a mi casa, pero en realidad estaba incómodo ya que no tenía más impulsos sexuales en ese instante. Alex se fue. Volví a mi habitación y me masturbé pensando en lo que había hecho. Aclaro que no nos besamos ni existió penetración, solo fue sexo oral. A él nunca más lo vi. Cambié de número y, comprenderán que en ese entonces no era masivo lo de las redes sociales.

3. OTRAS SENSACIONES

Seguía viviendo en Coquimbo. Eran finales del año 2010 y necesitaba conocer a alguien para volver a sentir un placer semejante al que Alex me dio. Y, como el que busca siempre encuentra, una noche en un chat gay conocí a una travesti. Su nombre era Pamela, de profesión peluquera. Nunca me había llamado la atención una travesti; sin embargo, intercambiamos Messenger con la finalidad de conocer quién era esta persona y ver qué resultaba. Una vez los dos conectados en línea, aprecio su foto de avatar, la cual era un culo exquisito con una tanga negra. Le pido fotos de ella. Era una persona de unos 35 años, rubia, rico culo, y yo, justo esa noche, necesitaba culiar. Mi novia de ese tiempo estaba flojita en la cama y no satisfacía mis necesidades. Pamela me pareció una persona confiable, erótica, femenina y guapa, justo lo que buscaba. Le propuse tener un encuentro esa misma noche, a lo cual ella accede. Quedamos de juntarnos en su departamento, en el centro de la ciudad, a las 11 p.m.

Cuando llego fuera de su departamento, le llamo por teléfono y baja a abrir la puerta. Mi pene estaba a full de caliente al verla. Mi primera impresión al verla fue grata. Ella vestía calzas apretaditas color café, que dejaban ver un exquisito culo y piernas. Era muy femenina, lo que me calentó mucho. Olía a esencias de vainilla; después me contó que se bañó en esas esencias para esperarme lista.

Entro a su departamento. Este era de dos pisos: en el primero tenía su peluquería y en el segundo, su habitación. No pude contenerme y agarre su culo al cerrar la puerta y saludarla de besito en la cara. Ella sonríe y me propone subir. Mientras ella subía la escalera delante mío, yo me deleitaba con su culo. Ya arriba, en el segundo piso, enciende unas velas, me pide que la espere en la cama y ella entra al baño. Cuando sale, estaba con un conjunto de babydoll de seda negro, que incluía colaless. Se veía exquisita. Mi morbo era enorme al pensar que ella tenía pene y no sabía qué roles haríamos. Yo estaba dispuesto a todo. Ella se acerca a la cama y nos besamos de una forma muy caliente. Por primera vez besaba a un hombre, aunque pienso que ella, al ser travesti, psicológicamente no besé a un hombre como tal, quiero decir, a un hombre de pelo corto, barba, etc. Besaba rico, muy rico, de esos besos de lengüita bien calientes.

Hago que se ponga de rodillas y saco mi pene. «Chúpelo ya», le digo, y la pongo a mamar. Era rico, distinto a lo de Alex, pero rico. Ella tenía una técnica rica para mamarlo. Puedo decir que sabía usar su lengua, paladar y succión con tal de dar placer. Luego de unos minutos mamando, me recuesto en la cama y la hago que siga mamando. Pamela lo disfrutaba al igual que yo, gemía de placer. Ella me dice: «Quiero que me la metas». Primera vez que penetraría a un «hombre». Ella se pone en cucharitas. Yo, mientras termino de desvestirme entero, ella también se prepara, sacando su ropa interior y quedando solamente con una especie de camisa de dormir sexy negra de seda. Me coloco el condón y ella me da lubricante. Pamelita estaba muy culeada, ya que no costó nada que mi pene entrara en su culo. A mis parejas mujeres, cuando las culeaba, era estrechito su ano; había que ir despacito. En mi pene podía sentir la presión de ese orificio contra mi pene. En cambio, su ano estaba muy dilatado. Era rico aun así. Mis instintos activos dieron rienda a un muy rico culeo, donde ella gemía y gemía. A mí me dieron ganas de acabar, por lo que paré un rato. Nos recostamos en la cama. Ella se recostó sobre mi pecho, yo la abracé mientras, a ratos, nos besábamos calientemente. Ella me pregunta si puede volver a chuparlo de nuevo mientras tocaba mi pene. «Claro que sí, linda», le respondo.

Con un matiz distinto, mamaba nuevamente mi pene. Era rico. Ella realizó un movimiento de lengua delicioso, donde pasaba la cabeza de mi pene por sus paredes bucales de lado a lado a alta velocidad y, cada 5 segundos, se lo tragaba todo, pudiendo sentir mi glande en su garganta, para volver al inicio del circuito de lado a lado. Eso me encantó y fue la primera y única vez que alguien me lo hacía. Ante esa mamada inolvidable, no pude aguantar más. Llevaba aguantando unos 10 minutos desde que me lo empezó a chupar por segunda vez de esa manera tan fuera de lo común y deliciosa. Tenía que eyacular, necesitaba acabar. Le digo: «Voy a acabar, amor, me voy, me voy». Ella me mira con mi pene en su boca y se lo traga hasta la garganta nuevamente, esperando mi leche en ella. Era muy erótico ver que todo mi pene estaba en su boca. Casi instantáneamente, suelto todo mi semen en su garganta. Fue una de esas eyaculaciones donde todo el cuerpo tirita mientras sale la leche. Riquísimo. La boca de Pamela se quedó en mi pene por unos 30 segundos más, pero con menos revoluciones, hasta que se separó de él y me sonrió diciéndome: «Lo hago rico, ¿cierto?». Sin duda, ella era una experta pasiva come vergas. «Sí, amor, delicioso. Venga para acá», y nos recostamos nuevamente.

Los dos, desnudos en su cama, como una pareja de novios, abrazados y besándonos mientras conversábamos de la vida. Era raro pero cómodo. Ella me confesó que tenía novio pero que no la satisfacía, por eso buscaba por otros lados. Por mi lado, le contaba que yo tenía novia, y nos reíamos. Sus besos eran tan cálidos y frecuentes que me volvió a calentar. Ella notó que mi verga se volvía a erectar con sus besos. Lamía mi cuello, mis pectorales; era toda una perra caliente. Después de unos 10 minutos de descanso de ambos, volvió a llevar mi verga a su boca. Me pide que la penetre de nuevo, pero yo tenía la intriga de saber cómo era su pene y tocarlo, ya que hasta ese momento no lo había visto. Cuando la penetré anteriormente fue por detrás y, cada vez que tuve la oportunidad de verle, ella se cubría con una especie de trapito.

Hice caso a su petición. Nos paramos y ella, apoyada contra la pared, me entrega su culo rico. Mientras la penetraba, mis manos recorrían su entrepierna buscando esa verga, y me atreví a tocarle esa zona de una vez por todas. Bajé el ritmo de mis embestidas a ese culito y todos mis sentidos se enfocaron en tactar su pene. Curiosamente para mí, tuve que esforzarme en encontrarlo. Era algo suave, muy suave, semejante a un dedo meñique, algo más pequeño, diría yo. Claro, Pamela tenía un micropene; tal vez se avergonzaba y por eso lo escondía. Si bien lo toqué, no satisfizo mi curiosidad. Comprendí que ella solo era pasiva y mi curiosidad de conocer un pene como el de mis fantasías tendría que esperar. Ella deja de entregarme su culo y se pone por detrás mío (creo que por lo incómoda que se sintió al yo recorrer su micropene, lo cual fue cosa de segundos solamente). Ya instalada detrás mío, me besa el cuello, me acaricia. Yo me sentía raro. Por primera vez en mi vida sexual, yo estaba indefenso y entregado a alguien, ya que Pamela baja por mi espalda. «Inclínate hacia adelante», me dice. Ella toma mi culito, lo abre con sus manos y mete su lengua en él. «Qué delicia», pensaba yo. Por primera vez, chupaban mi culo. Estaba entregado pero, a la vez, algo torpe, sin saber qué hacer. Yo solo disfrutaba. Pienso ahora que ella tal vez hubiera querido penetrarme con algún consolador o etc. Disfruté esa lamida de culo hasta que ella deja de hacerlo, creo que por lo torpe que estuve: ni siquiera gemí de placer y ella nunca supo que lo goce.

Se puso de pie, bebió agua brevemente, nos acariciamos eróticamente nuevamente. Por instinto, la tomo y la vuelvo a penetrar analmente, esta vez para acabar en ella por segunda vez. Gemía de una manera tan deliciosa que me estimuló para terminar en su culo esta vez. «Me voy, amor, me voy», le digo. Gritaba de placer. Ella ya no se esforzaba en disimular su voz de hembra; gemía como hombre, con un tono ronco y agudo. Terminamos acabando los dos de una manera espléndida. Mi pene ya estaba saciado y no podía más, por lo que tomé la decisión de retirarme e irme a mi casa. Nos despedimos con un acalorado beso. Nuestro encuentro duró aproximadamente 1 hora y algo.

A ella nunca más la vi en vivo y ese fue nuestro único encuentro. Si bien sé cuál es su red social y, de vez en cuando, veo sus fotos y me masturbo pensando en ella, no me llama la atención volver a estar con ella sexualmente, ya que sentía en ese entonces que debía seguir explorando nuevas sensaciones. A los meses, y por cosa de autocuidado, realicé el test de Elisa y todo bien. A pesar de que siempre nuestro encuentro fue con condón, es mejor prevenir.

4. PLACER DISTINTO

Después de Pamela, mis fantasías seguían más encendidas que nunca, pero solo eran eso: fantasías. Debido a que una persona discreta como yo solo puede conocer gente para concretar sexo a través de internet, y es allí en donde está el pero. Durante mucho tiempo, conocí a algunos hombres que eran semejantes a mí en cuanto a discreción y doble vida sexual; sin embargo, con ninguno hubo un encuentro físico real.

Por todos esos meses, hubo auto penetración con pepinos y zanahorias que eran mi único consuelo sexual gay. ¿Qué quedaba hacer? ¿Un escort? Pagar porque un hombre me dé sexo no lo descarté. Un día, buscando en internet, vi un anuncio de una escort travesti de nombre Sofía, a quien contacté a través de WhatsApp. Ella, muy amable y simpática, me contó que tenía 24 años, medía 1,80 m (a lo que pensé: «wow, qué pene debe tener»), pesaba 85 kilos. Me mostró sus fotos. Era una travesti que me calentó, ya que era grande y linda de rostro. Al día siguiente de haberla contactado, decidí ir donde ella. Curiosamente, ella vivía a 1 cuadra de mi lugar de residencia, así que pactamos en juntarnos a las 11 p.m. de un día de noviembre del año 2015.

Ella me dice que la espere en la esquina de la calle. Puntualmente, una casa más allá de la esquina, abren una puerta. Era ella. Camino rápidamente hacia allá y, mientras camino, veo a una travesti con una minifalda negra, mallas por debajo, pelo negro largo, muy linda de carita, algo gordita, lo cual más me exitó al ver su imponente cuerpo. «Hola», me dice. «Pasa».

Sofía vivía en una especie de pensión, donde arriendan muchas habitaciones. Ella me hace bajar por una escalera al piso de abajo, donde ella solo habitaba. Cuando entro a su habitación, me pongo cómodo en la cama. Ella enciende música suave en su laptop y empieza a bailar sensualmente ante mí. Tenía un culo grande. Su faldita y, bajo de ella, unas sensuales portaligas negras me volvieron loco. Yo solo quería tocarla. Le pido que venga hacia la cama. Sofía se acerca, se pone de rodillas ante la cama y saco mi pene. Ella empieza a mamarlo. Recuerdo que se lo comía entero. Si bien no fue una mamada que me dejó loco como mis experiencias anteriores (tal vez porque solo tenía en mi mente cómo será su pene), lo estuvo mamando por unos 5 minutos hasta que le pido que deseaba chuparlo. ¡Por fin lo dije y por fin probaría un pene! Sofía se pone de pie. Se veía deliciosa con su gran cuerpo. Yo, por inercia, me arrodillo. Estaba nervioso y con una gran excitación y morbo por experimentar ese momento. Sofía sube su minifalda, baja su ropa interior ante mis ojos y deja ver su pene. Era semejante al mío en lo grueso, pero más pequeño. Medía unos 10 cm erecto, lo cual, ante mi experiencia anterior, este fue del triple de tamaño, lo que me exitó. Ella tenía mucho vello púbico alrededor; no sé, pero me calentó mucho eso.

Allí estaba yo, mirando frente a frente esa verga semi erecta. En cosa de no más de 2 segundos, lo primero que hago es tocar ese pene. Para los que me leen y nunca han tocado uno, puedo decir que es muy semejante a tocar un dedo grueso, muy grueso. Es una textura blanda pero rígida a la vez, imponente. Tiene una temperatura exquisita que se funde con el tacto de la otra persona. A centímetros de mi boca, lo segundo que atino es a abrir mi boquita y a saborear esa verga. Sofía seguía de pie y yo arrodillado. Por primera vez en mi vida, estaba mamando un pene. Traté de mamarlo lo más rico posible. Como el pene de ella no era muy grande, creo que lo metí todito en mi boca. Lo chupaba con tantas ansias que, a ratos, me atoraba y quedaba sin respiración, teniendo que hacer pausas de breves segundos para volver a sentir eso tan delicioso en mi boquita. El pene de Sofía se había puesto duro y más grande de cuando lo toqué. Chupar un pene ha sido una de las experiencias más placenteras que he tenido. Sentí una cosa que llenaba mi boca, palpitaba en ella, me excitaba ponerlo durito con mi boca. Yo me aferraba abrazando sus piernas grandes mientras me devoraba esa verga hasta más no poder. En muchas ocasiones, mi nariz rozaba sus vellos púbicos. Ella me decía palabras calientes como: «Qué delicia, amor», «me encanta». Me pedía mirarle a los ojos desde abajo mientras yo tenía ese pedazo de carne para mí. Creo que estuve mamándole por unos 7 minutos. Fue espectacular esa primera arremetida.

Ya a esas alturas me había relajado. Sofía bajó su faldita y quedó como una buena niña, mientras yo descansaba mi boca y volvía a tomar aire después de atorarme muchas veces con esa verga. Ella volvió a hacer un baile sensual ante mí. Con una suave música, se movía enseñándome su culito de a poco. Me recompongo y me acerco a ella, le corro mano tocándole el culo, las tetas y besando su cuello. Le pido que me lo mame nuevamente a mí. Ella sonríe amablemente y me dice: «Acuéstate en la cama, amor». Me termino de sacar mi pantalón y bóxer, y ella toma mi pene. Mientras me mama, le pido desde el fondo de mi alma y de una manera muy certera y decidida: «Quiero que me la metas». Sofía me dice: «Ok, bebe, espérame».

Se pone de pie, busca una tira de condones, saca uno, lo introduce en 2 de sus dedos, vuelve a mamar mi verga. Mientras lo hacía, a sus dedos le aplica lubricante, mete sus 2 dedos en mi ano. «Qué cosa más rica», pensé. Estaba siendo mamado y penetrado a la vez. Ella sabía que esa era mi primera vez, por lo cual fue cuidadosa en abrir mi culito (aunque no sabía que pepinos habían estado allí ya, jeje).

Salió su parte activa, lo que me calentó mucho. Mientras me seguía mamando y moviendo sus dedos en mi culo, me dice: «Quiero que me la vuelvas a chupar porque quiero metértela». Esas palabras me calentaron mucho. Sentía como que mi cuerpo entero emanaba erotismo. Accedo de inmediato a ponerme de rodillas y a volver a sentir su pene fundirse en mi boca. Yo, nuevamente aferrado a sus piernas y con mi boca llena de su pene hasta no poder más, era mi primera experiencia mamando y tal vez no supe respirar, pero me encantó comerme entero ese pedazo nuevamente. Su pene ya estaba erecto y durito. Mirándole a la carita, le digo inocentemente: «Listo, ¿cómo me pongo?». Sofía me sonríe: «Ponte en 4, lindo», me responde.

Ya en 4, la curiosidad me mataba por sentir qué se sentiría ser penetrado. Habrán pasado unos 30 segundos desde que estaba en 4 esperando por ella, mientras ella preparaba el condón y lubricante que se hicieron eternamente excitantes. Ella dice: «Listo, amor, allá voy». Sentí como pasaba su dedito en mi culo untando gel lubricante. Segundos después, siento como, de un solo golpe, todo eso que estaba en mi boca estaba en mi ano. Sentí un leve dolor. Pienso que lo metió de una ya que su pene era chico y solo se mantenía erecto con mi mamada anterior, y había que apurar la situación antes de que se le baje. Ese leve dolor, juro por Dios, fue tan rico. Ella empieza a penetrarme fuerte, lo cual me encantó. Se sentía tan delicioso. Ya no era un pepino ni una zanahoria, era un pico en mi culo. ¡Qué delicia! Sofía me culió en 4 por unos cinco minutos. Yo gozaba de placer al sentir mi culo abrirse ante un pene. Luego se detiene y me pide que me suba sobre ella. Se recuesta en la cama. Quería que la cabalgara como una hembra cabalga a su macho. Yo accedí con mucho gusto. Sofía se sube por completo su falda. Tenía su pene muy erecto para mí. Allí iba yo, de una manera algo torpe y sin nada de experiencia, sintiendo mi ano en su pene. Para que me entiendan: yo la cabalgaba pero con mi espalda inclinada hacia atrás y no sentado del todo; solo buscaba sentir ese pene. Ella, amablemente, me pide que me siente bien porque quería follarme bien follado. Así que me inclino hacia adelante y dejo caer mi peso en ella. ¡Qué sensación más deliciosa! Yo me movía de manera suave sintiendo, en cada movimiento, su pene abriendo y cerrando camino en mi culito. Yo era suyo a esas alturas. Me follaba como siempre lo imaginé algún día en mi época de adolescente: siendo sometido y sintiéndome bien hembra.

Mientras me penetraba, con su mano tomó mi pene y lo masturbaba. Éramos dos cuerpos fundidos en uno solo. El placer de ser penetrado aumentó bastante cuando ella estimuló mi verga con su mano, hasta que no aguanté más. «Voy a acabar, amor», le digo. Ella sonríe y responde: «Dale, bebe». Mi ano se contrajo de una manera deliciosa y placentera mientras mi leche salía de mi pene y se esparcía en la mano de Sofía.

Wow, quedé sobre su verga por 10 segundos más, descansando. Me paro. Sofía limpia mi semen de su mano mientras me dice, sonriendo en tono de broma, que ella no acabó. «Lo siento, amor, para la próxima», respondo también en tono de broma. Como sabemos, nosotros los hombres, una vez que acabamos, volver a excitarnos nos lleva unos cuantos minutos, lo cual sé que puede entrenarse para ser más eficaz en ese sentido, pero no es el caso. Mi excitación bajó y, ya satisfecho, tomé mi ropa y me vestí. Sofía se arreglaba también. «Me voy, linda. Me encantó verte y fue rico todo», le digo mientras saco el dinero para cancelar sus servicios. Nos despedimos con un besito en la cara y le pedí subir solo a la puerta de la calle para que nadie me vea en absoluto con ella. «Adiós, me avisas cualquier cosa», dijo.

Nuestro encuentro sexual duró unos 40 minutos, los cuales fueron muy bien disfrutados. Mientras caminaba a mi hogar, sentía una sensación distinta a las otras experiencias gays anteriores. Me sentía completo, satisfecho, raro pero sin arrepentimiento. Además, al caminar, sentía mi culito algo dilatado. Me habían culiado recién, claro.

A Sofía no la contacté más. Borré su número, WhatsApp, etc. Hasta hoy, presente enero de 2017, que por curiosidad la busqué en Facebook y solo miro sus fotos, masturbándome a veces, recordando que yo fui suyo.

5. EXPECTATIVAS Y CONCLUSIONES

Con 27 años de edad, solo he tenido 3 encuentros sexuales gays con distintas personas, lo que es mi parte sexual privada y que nadie que me conozca tiene por qué saberlo, a menos que quiera compartirlo con alguien. Por otro lado, en mi lado hetero, he tenido más de 13 mujeres que han probado mi pene y que disfruto junto a ellas.

Alex fue la primera persona del mismo sexo con la que comprobé que sí existía placer entre dos hombres, piel a piel, y que era rico.
Pamela estimuló mis fantasías de seguir explorando, en especial cuando acaricié su micropene y de inmediato me pregunté cómo será uno más grande, como también cuando lamió mi culo y me sentí entregado a una persona del mismo sexo, deseando implícitamente ser penetrado.
Sofía, la escort travesti, volvió a estimular mis intenciones de seguir explorando el sexo gay, específicamente me incentivó a la idea de probar un pene más grande, de normal a grande.

¿Soy muy gay? Porque probé un pene y me gustó. ¿O soy muy hetero? Porque pruebo vaginas

Esta respuesta es generada por AI, solo como referencia.

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2 Comentarios

  • Anónimo julio 5, 2026 a las 12:55 am

    Bastante bueno el relato y bien detallado.
    Si sigues por Coquimbo, acá hay un Bi discreto, escribe me al X @Sr_CapibaraIV.

  • Kleyde González julio 5, 2026 a las 4:30 am

    Hola

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