🇨🇱 Chile🌈 Relatos gayRelatos eróticos✍️ Anónimo📅 agosto 16, 2026

El lienzo

Hola, soy Jorge, tengo 41 años y hace más de 14 que tatuo cuerpos.

En mi trabajo me toca ver distintos tipos de cuerpos y dibujos: algunos para tapar lesiones o cicatrices, y otros para embellecer zonas. Cada dueño o dueña le da su toque a su cuerpo.

Llevo 16 años entrenando, soy bastante grande: mido 2.12, peso 96 kilos y estoy bien armado. De un tiempo a esta parte, me ha tocado tatuar y perforar narices, espaldas, culos, caras, pezones, labios, clítoris y vergas. Estas últimas, un poco más activas que lo demás.

Yo no soy un gran lienzo, pero mi espalda, brazos y pecho están tatuados. Mis pezones están perforados con grandes argollas que uso para mi placer. Al tener los pectorales grandes, el pezón deja de quedar frente a la polera y queda más abajo, así que no tengo problema con roces ni que se vean groseros en poleras ajustadas.

En la verga no me he hecho nada; me gusta como está, es perfecta.

Siempre he tenido parejas mujeres, pero de un tiempo a esta parte, tatuar vergas se ha vuelto más recurrente. La verga se tatúa erecta, dura y firme.

Me han tocado pacientes con vergas enormes, donde les cabe el texto de la Biblia entero. Sin mentirles, el pene más grande que tatué fue de 33 centímetros por 12 de diámetro, de un chico extranjero de unos 30 años. Pero esta historia ocurrió con un chileno de 25.

El joven, de tez blanca, quería perforarse las tetillas y nada más. Llega a mi local, empieza a ver algunos piercings hasta que se decide por unas mancuernas que tenía en el mostrador. Yo ese día las traía puestas en mis tetillas y, a modo de anécdota, se lo comento. Todo natural, me subo la polera y se las muestro. El chico quedó estupefacto al ver mi cuerpo trabajado: mi abdomen, mis pectorales y mis barritas en los pezones.

—Wow, bro, tremendo pecho tenías escondido —dijo (yo uso ropa oversize, así que no se nota lo musculoso que soy).

—Ja, ja, gracias —le respondí—. ¿Te gustan? Se ven bacanes, ¿cierto?

—Sí —me responde el cliente.

Y cuando empiezo a bajarme la polera, él me agarra el borde y me frena. Con su pulgar comienza a jugar con mi tetilla.

—¿No pierdes sensibilidad con esto? —me preguntó mientras jugaba.

—Para nada, amigo, al contrario, las mías son súper sensibles, pero más resistentes. Les doy harta acción.

Y el pendejo les da un apretón piola, muy rico por lo demás. Pongo los ojos en blanco y suelto un quejido de macho.

—Uf —me dice él—, algo eléctrico parece que te dio la corriente weón, pusiste los ojos en blanco.

—Son sensibles, te dije, pero resistentes.

Le saqué las manos y me alejé, pero al darme cuenta, él tenía una enorme erección en su short.

—Hey, parece que alguien quiere tatuarse también —le dije, apuntando a su pantalón.

Se puso rojo, abrió la puerta y se fue sin decir nada.

A los dos o tres días llegó decidido a ponerse solo el de la tetilla izquierda.

—Ok —le dije—, no hay problema. Quítate la polera y vamos a prepararte.

Se quita la polera y un cuerpo de pendejo calisténico se revela: seis calugas, pezoncitos rosados y bracitos fibrados.

—Dale —me dice—, soy todo tuyo. Dime qué hago.

—Esto va a ser breve. Vas a quedarte quieto, sentirás un pequeño dolor, va a sangrar muy poco y luego pasará.

Le comienzo a preparar los materiales y veo que su pezón es plano, sin puntita, como dormido. Entonces le digo:

—Oye, tienes que erectar tu tetilla. Tócala para que se ponga dura, así me será más fácil perforarla correctamente.

Me mira avergonzado y comienza a ponerse las manos en sus dos pezones, a girarlos, y veo nuevamente que su verga se comienza a alzar. Se notaba bien dotado: llegaba al borde del short, tranquilamente unos 18 centímetros. Se puso rojo. Yo no hice comentarios, pero él estaba muy nervioso y empezó a explicarse y complicarse. Con su codo lo empujaba hacia el costado; era un buen bulto.

Bueno, le pregunto si se siente listo. Me dice que sí. Pongo la perforadora y le agarro la teta, pero el pezoncito aún está blando. Y me dice con cara de mierda:

—¿Puedes hacerlo sin tu polera, por favor? Eso me ayudará.

Y yo: ok.

Me saco la polera, y aquí viene lo raro:

—¿Me dejas afirmarme de las tuyas, por favor?

Pueden imaginar mi cara.

—Dale, pero no tires, weón —le dije.

Sus manos se afirmaron de mis pezones y él solo apretaba. Cuando pongo la perforadora, él comienza a tirarme y, en un reflejo instintivo al presionar el gatillo, mi pectoral se flexiona y salta.

Todo en unos segundos es calma. Limpio la zona, busco la barrita y se la coloco. Lo miro a los ojos y estaba hipnotizado con mis pechos. Le tomo las manos y se las separo de mi cuerpo, pero él, en una especie de hipnosis, acerca su cabeza y me abraza. Por alguna razón, mi pecho lo acoge como almohada: blando y firme. Podía ver sus ojos llorosos por el dolor, pero de pronto siento que mi pezón es lamido, lamido por el pendejo. Lo tomo de la cabeza y lo alejo.

—¿Qué mierda haces? —le digo, y veo su verga enorme en la orilla del pantalón.

—No saldrás corriendo de nuevo, weón —le digo en tono de broma, pensando que iba a hacer lo mismo de antes.

—Perdona, lo que hice fue instintivo. Es que me excitan tus pectorales, no puedo dejar de verlos, y vi la oportunidad de comérmelos, por eso lo hice. Perdóname.

Sus ojitos vidriosos de dolor me miraban. Tomo papel y seco sus lágrimas, lo hago incorporarse para que vea sus resultados en el espejo y me pongo atrás de él. Su cuerpo de 1.65 contra el mío atrás; no era femenino, pero era frágil frente a la mole que soy yo.

Agarro mi polera para ponérmela y él me detiene y me dice:

—¿Me ayudas con esto? —apuntando a su erección.

—¿Qué quieres que haga? ¿Un tatuaje? ¿Un piercing?

—Muéstrame la tuya, quiero ver cómo la tienes —me dijo el weón como si nada pasara.

Le dije que yo no tenía nada, ni perforaciones ni perlas, y que no se la iba a mostrar, que creía que era inapropiado lo que hacía. Me puse mi polera, me acerqué a la caja y le pedí que me pagara. Pero cuando me doy vuelta, él está con el pantalón en las rodillas y una nutria de 22 centímetros colgando.

—¿Qué puedes hacer con esto? —me dice mientras se pone la polera.

—Wow, te felicito, tienes buen porte. La verdad es que con ese tamaño puedes poner lo que quieras. Si quieres, te muestro el catálogo de dibujos y tú me dices.

Eligió el más complejo: un escorpión con fuego, de siete colores.

Les resumo: durante doce semanas, el pendejo estuvo viniendo porque se hizo adicto a mí. Se pegaba horas chupando mis tetillas, y yo, para mantenerlo erecto, le lamía y succionaba el glande. Se convirtió en mi cliente mamador. Era fascinante tenerlo arrodillado comiéndome el pene, grueso y poderoso. Cerraba el local solo para eso. Siempre viene a pedir algún retoque en sus dibujos, repasar o simplemente a mamar. Es un dios griego ahora.

Quiere que lo penetre, pero aún no sé, creo que es mucho. Pero que me gustó chupar su pene, me encantó.

Espero que les haya gustado el resumen ejecutivo de mi relato.

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5 Comentarios

  • Adicto al nepe agosto 16, 2026 a las 10:10 pm

    Suena bien rico el relato, pero resumiste justo la mejor parte «la experiencia sexual» debiste ser más descriptivo, y decir cuánto te mide, pero fuera de eso rico relato

  • Anónimo agosto 17, 2026 a las 2:33 am

    Íbamos como avión y en la mejor parte se acabó 🙁 faltó describir anecdotas en el acto sexual… fluidos, gemidos, etc

  • @vontdraken agosto 18, 2026 a las 4:24 pm

    Que tal rey? Este comentario será mas orientado a tu trabajo. Tienes algún contacto para ver los trabajos que haces? Ando en busca de nuevos diseños.

  • Anónimo agosto 18, 2026 a las 5:00 pm

    Yo feliz te la chupo siempre.

  • Karin agosto 18, 2026 a las 11:06 pm

    Yo quiero ver el catalogo

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