Estaba casado y no sabía parte 2
- 1Estaba casado y no sabía
- 2Estaba casado y no sabía parte 2 (este capítulo)
- 3Estaba casado y no sabía parte 3
Bueno, ¿cómo están mis lectores? Jejeje. ¿Les gustó mi relato con el casado? Aquí va la segunda parte.
Pasaron los días y, con Alexander, tuvimos mucha conversación. Ambos quedamos con ganas de repetir, y el hecho de que él fuera casado me prendía aún más. Como iba diciendo, la charla era muy fluida y nos deseábamos con locura; era una obsesión. Todo comenzó después de sentir su lechita en mi culito mientras saltaba arriba de él y me tocaba todo el cuerpo. El segundo encuentro fue mucho más placentero que el primero. Él me trataba como su putita golosa, y yo lo veía como mi macho que me daba lechita. Ese hombre me tenía completamente loco.
Un día normal, sin ganas de hacer nada, me habló:
—Alexander: Hola, ¿cómo está mi putita?
—Yo: Hola, muy bien, gracias. Con unas ganas de mi macho… ¿puedes venir a verme?
—Alexander: Pues claro, por eso te estaba llamando. Quería saber si tienes tiempo para que me dejes séquito y poder llenarte ese culito de nuevo.
—Yo: Yapo, venga. Te mando mi dirección.
Llegó media hora después. Yo ya me había hecho mi lavado correspondiente. Empezamos a besarnos y a tocarnos por todo el cuerpo. Amo que me toquen el culito, y él lo sabía muy bien. Las ganas eran muchas; la última vez que lo hicimos, que fue la primera, fue solo una semana atrás. Mientras recordaba lo rico que lo pasé aquel día, seguíamos besándonos. Él besa muy bien, me hacía sentir deseado. Estábamos muy calientes y ansiosos. Él me manoseaba todo el cuerpo mientras yo le acariciaba su rico pene y su pecho, un poco peludo —eso me encanta en un hombre: los pelos—, y en su pene estaba bien peludo.
Mientras él tocaba mi cuerpo, yo bajaba por su pecho con mi lengua, lentamente, hasta llegar a la tela delgada de su boxer negro. Con mi boquita buscaba con deseo, y al llegar sentí esos pelitos rozar mis labios, mientras mi nariz olía ese rico olor a hombre, un poco sudado. Ese olor tan rico que me daba más ganas de seguir sintiéndolo.
Mi boca buscaba con locura ese pene que ya estaba durísimo y lleno de precum. Con encanto me lo llevaba a la boca, y mi boquita se lo tragaba con ganas. Me estaba follando la boca mientras lo miraba con cara de putita y más deseo. Él jadeaba, y escuchar a ese hombre gemir era tan rico mientras yo hacía mi trabajo. Luego pasé por sus coquitos, que eran grandes y se notaba que tenían harta lechita. Tenía muchas ganas de tenerla en mi culito, de que él me hiciera suyo y me dejara preñado. Él mismo me lo decía a cada rato.
Ya estaba más que deseoso y ansioso. Él me ordenó ponerme en cuatro, y yo, obediente, lo dejé hacer. Mientras me preparaba para lo más rico del sexo, me chupó el culito tan rico. Sentir esa lengüita entrar en mi ano me daba un placer delicioso. Cuanto más sentía su lengua, más ganas tenía de que me lo metiera. Le dije:
—Ya, papi, por favor. Preñame, necesito ser suyo.
Él me miró con cara de macho dominante mientras me dedeaba el culito para dilatarlo aún más. Yo ya estaba en las nubes mientras aquel hombre casado me hacía suyo. Luego de sus ricos dedos, y estando listo para mi hombre, me dijo:
—Listo, serás mi hembrita nuevamente.
Sentí ese pene posicionarse lentamente, entrar por mi culito. Por fin tendría a ese hombre en mi interior. Ver cómo me tocaba el culito mientras hacía ese vaivén tan rico, y escuchar ese sonido exquisito que producen nuestros cuerpos… Primero me puso en cuatro, luego en misionero —me encanta ver su cara mientras me lo mete una y otra vez—.
Después me dijo:
—Móntame, por favor, pero esta vez mirándome.
Uff, esa pose me encanta. Mientras lo montaba rico, él me tocaba el pecho y me chupaba las tetillas, eso me ponía más caliente. Gemía como una putita mientras cabalgaba arriba de él. Pasaron 30 minutos y él aún seguía con más ganas, y yo, como nunca, resistiendo hasta el final para acabar juntos. Después de cabalgarlo, volví a chupar ese exquisito pene. Luego me dijo:
—Voy a acabar.
Y yo me puse a tragar lechita. Estaba bien rica y dulce. Él me dijo:
—Perdón por no preñarte.
Y yo le contesté:
—Por lo que veo, eso sigue duro… así que necesito montarte.
Y él me respondió:
—Yapo, ¿qué me espera, cosita rica?
Yo, feliz. Pasaron como 15 minutos montándolo rico mientras me decía:
—Putita golosa, necesito que seas solo mía, ya falta poco.
Yo aumentaba la intensidad y los gemidos, y él me dijo:
—Prepárate.
Yo cabalgaba más y más, hasta que de repente nos dimos un beso bien intenso. Con nuestras bocas tapábamos nuestros gemidos y sentí cómo corría y me llenaba el culito. Seguimos besándonos mientras él me hacía sentir querido y deseado. No fue solo sexo con ese hombre, fue como si estuviéramos haciendo el amor. Fue rico, exquisito. Y yo le gustaba, pero me dije a mí mismo que no podía enamorarme de un casado. Dejé de lado esos pensamientos y solo me dediqué a seguir besándolo hasta que su pene se salió solo de mi culito, que chorreaba su rica lechita, la misma que hacía poco había disfrutado en mi boquita.
Él se vistió y, antes de irse, me besó con más deseo. Le dije:
—Quiero que esto se siga repitiendo.
Y él respondió:
—Obviamente, quiero llenarte ese culito las veces que ambos queramos.
Yo, feliz, le dije:
—Besitos, cuídate.
Si les gustó esta parte 2, vendrá una 3 en unos días más. Esperaré sus comentarios y puntuaciones. ¡Nos vemos! Jejejeje.
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2 Comentarios
Ufff cuenta más jejeje que hot tu relato
Hermoso ❤️ ❤️❤️❤️🤤🤤🤤
Porfa 🙏 🙏 🙏 parte 3🙏🙏🙏🙏
💕💕💕💕