Estaba casado y no sabía parte 3
- 1Estaba casado y no sabía
- 2Estaba casado y no sabía parte 2
- 3Estaba casado y no sabía parte 3 (este capítulo)
Hola, buenas tardes, jejej. Por lo que vi, les encantó mi encuentro y experiencia con este hombre que me tenía tan ganoso y deseoso. A mí, la verdad, no me importaba que él estuviera casado; para mí, con él era solo sexo y no debía enamorarme. Algo que, la verdad, yo no hice, sino que fue todo lo contrario: él se enamoró de mí. Bueno, eso será para la parte 4 y final de esta historia tan rica.
Al día siguiente del último encuentro, seguimos hablando con total normalidad. Él era muy atento, me hablaba y se preocupaba por mí, a pesar de estar casado y con una hija. Era muy lindo y detallista. Nos mandábamos audios bien hot y conversaciones muy ricas, solo que a cierta hora, cuando él trabajaba y obviamente no estaba con su esposa. Como ya dije, eso no me importaba, porque el sexo con ese hombre era lo más rico. Los días pasaron y seguíamos calientes y deseosos. Todo esto empeoró cuando, de la nada, llegó a buscarme y me llevó a un pub restobar. Él invitó. La verdad, la pasé bien, y en mi cabeza solo me decía: «Esto es solo sexo, nada más. Solo sexo. Por favor, culito, no te enamores». Pero él era tan irresistible… Ese día lo pasamos genial. Inventó algo en su casa para poder pasar la noche conmigo. Yo solo estaba disfrutando el momento con él, algo que con nadie había hecho: salir y luego ir a culiar rico.
Después de bailar apasionadamente y besarnos, sintiendo esos labios ricos de mi hombre, me dijo:
—Terminemos en tu cama, quiero hacerte el amor.
Yo me prendí al tiro: «Ya vamos, entonces», jejej. Nos subimos a su auto y nos fuimos a mi depa, que en ese entonces arrendaba en La Florida.
Mientras él manejaba, yo le tocaba su rico pene; se puso duro automáticamente. Se lo saqué del pantalón de buzo que traía puesto (hace rato que se lo miraba y pasaba mi mano mientras bailábamos, sintiendo cómo se ponía duro). Verlo nuevamente frente a mí, oler su rico aroma y ese líquido preseminal tan dulce y abundante que le sale… Yo, feliz, lo dejé séquito mientras conducía. Se lo mamaba y, en esta ocasión, no me empujaba la cabeza porque yo mismo me lo tragaba solito. Hacerle garganta profunda me encantaba y a él le fascinaba. Gemía mientras conducía y me decía:
—Eso, dele.
Y yo mamaba como una putita en celo. Él me dijo:
—Ya me falta poco.
Y yo le hice más garganta profunda; sentí esos ricos chorros llenar mi boquita. Yo, feliz, levanté la cabeza mientras él me daba un beso con lengua y esparcíamos su rico semen con nuestras lenguas. Eso me calentó aún más.
Llegamos al depa. Mientras subíamos por el ascensor hacia el piso 19, nos besábamos apasionadamente. Sentir a ese hombre tocarme mientras me sostenía sobre la baranda del ascensor… Ese hombre me deseaba con locura. Ya la espera había terminado. Llegamos al depa, abrimos y seguimos besándonos con más ganas. De repente, escuché de su boca un «te amo». Solo habían pasado dos meses desde que empezamos a hacerlo y nos veíamos; incluso era solo la tercera vez. Seguí besándolo y correspondiéndole como su mujer y putita, que era lo que tanto me decía, y eso era lo único que quería ser para él: su putita.
Ignoré el «te amo» y seguí disfrutando. Ese hombre me besaba mientras, de a poco, nos quitábamos la ropa. Empecé por su polera para poder tocar ese pecho tan rico, esos pelitos que empiezan desde el ombligo hasta pasar por ese caminito del amor tan rico que llega hasta su exquisito pene. Ese hombre me vuelve loco. Cada vez me enganchaba más de él; cada beso y caricia era como si estuviera con el amor de mi vida, pero una parte de mi cabeza decía: «Solo sexo, disfruta nada más». Mientras ese hombre te hace su hembra, volver a lo rico del momento era mi prioridad.
Ese hombre me tenía contra la pared mientras me besaba el cuello, me tocaba el culito y me sobaba su rico pene durito. Él estaba sin polera, bajó mi pantalón suavemente. Lo bueno es que antes de salir me hice un lavado, porque él estaba a punto de hacerme lo más rico del mundo: chupar mi culito, hacerme gemir como su putita. Sentir cómo ese hombre me chupaba tan rico, sentir esa lengüita recorrer mi culito, cómo saboreaba cada vez con más ganas. Me dijo:
—Quiero hacerlo en el balcón.
Y yo le dije:
—Uff, yapo, siempre lo he querido hacer. Además, en el piso 19 dudo que alguien nos vea. Obviamente, gemir no se podrá porque nos pueden escuchar.
Me llevó al balcón en forma de koala mientras nos besábamos. Algo que me encanta de un hombre es que me toque el culito las veces que quiera, que sienta que es solo suyo mientras estoy duro. Este culito era solo de él y de nadie más. Él se sentó en el sofá que tenía puesto; aún teníamos algo de ropa. De a poco nos quitamos todo hasta quedar desnudos. Sentía su pene duro con mucho presemen que mojaba mi estómago. Y en ese momento, mientras estaba encima de él, le dije:
—Te amo, te deseo, quiero ser solo tuyo.
Y él me respondió automáticamente mientras me seguía tocando el cuerpo. Nos comíamos con más ganas. Cada vez que nos mirábamos a los ojos, me daba cuenta de que esto iba a terminar mal, pero solo me importaba el sexo y lo rico que estábamos pasando. Lo único que quería era sentir a ese hombre en lo más profundo de mi ser.
Le dije:
—Por favor, métemelo. Quiero que me hagas tu hembra.
Él posicionó su pene en mi entrada, que ya estaba más que dilatada por su rica lengua, y de a poco fue entrando en mi culito. Sentí a ese hombre hasta que entró todo. Empecé a cabalgar de a poco, porque igual me dolía un poco. Le dije:
—Quiero esta pose y mirarte mientras me llenas el culito.
Y él dijo:
—Yo, encantado.
Me chupó mis tetillas y mi cuello, y yo saltaba arriba de él como loco. Él gemía como todo un macho dominante y yo era toda una putita en la cama. De repente, me dijo:
—Más rápido, salta, mi amor.
Y mientras saltaba, nos decíamos «te amo», «necesito ser tuyo», «solo suyo». Mientras saltaba y nos besábamos apasionadamente, sentí su lechita entrar en mi culito mientras su gemido se tapaba con nuestros besos. Esa culiada me hizo acabar en su pecho. Seguimos besándonos aún con su pene adentro, duro, y yo seguía saltando: quería que me batiera su lechita. Él, feliz, con más fuerza lo metía; gracias a eso, acabó por segunda vez mientras yo también llenaba su pecho con mi semen. Fue tan rico… Mientras seguíamos en el sofá haciendo el amor ❤️.
Esa noche no solo fueron dos veces, quizá fueron como seis. Sentirme tan querido por alguien que tiene esposa… Quizá suene malo, pero yo lo estaba disfrutando. Hasta que llegó el momento que menos quería: separarme de él. Nos besamos y dijimos adiós.
Ese día tuve que decirle que fue muy rico y todo, pero que ya no podíamos seguir viéndonos; yo no quería sufrir y menos por un casado. Pasaron como dos semanas. Él solo dejó el visto. Y de la nada, escucho el timbre. Abro la puerta y era…
Continuará.
Espero que les haya gustado. Se vendrá la cuarta parte y la final de esta historia que empezó con solo sexo y ambos enamorándose del otro.
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1 Comentario
♥️♥️♥️😍💕❤️😍💕💕
Parte 4 porfa 🙏 🙏🙏🙏🙏
Hermoso relatos ♥️💕♥️💕