🇨🇱 Chile🌈 Relatos gayAmigos✍️ Anónimo📅 julio 1, 2026

Mi compañero de universidad y yo, desde una paja hasta semen en el pecho

Hola a todos, mi nombre es Leandro, tengo 23 años, estudio Ingeniería, mido 1,76 m, peso 75 kilos, tengo buen cuerpo, ya que dedico varias horas al gym: buenos brazos, pecho bien marcado, caluguitas bien ricas por ahí, tengo un poco de pelo en el pecho y bajo el ombligo, entre otras cosas.

Mi historia comenzó cuando debía preparar mi examen de Economía, cuando tenía 18 años. Si bien era el mismo físicamente, tenía menos experiencia sexual. Hasta ese entonces ya había tirado con minas muchas veces, pero algo me atraía de los hombres… Cuando veía hombres musculosos, sudorosos o en revistas con poca ropa, se me ponía muy dura y ya era inevitable mi atracción hacia ellos. Así que mi única experiencia era masturbarme viendo porno gay en las noches, llenarme el pecho de semen, fumarme un pucho y dormirme.

Cuando entré a la U. a mis 18 años, entré a una universidad estatal y comunista, donde los gays se comen en cualquier lado, por lo que esperaba poder tirar por primera vez con algún wn rico de la U. La cosa es que, a medida que avanzaba el año, sentí atracción por un amigo que era bastante semejante a mí en el físico: 1,70 m, moreno, maceteao y de buen cuerpo. Se le marcaba todo, tenía un culo espectacular, se le notaban los pendejos bajo el ombligo; era todo un washito rico. Así que, luego de agregarlo a Facebook, descargué todas sus fotos semidesnudo en la playa para correrme varias pajas en su honor cada noche que pasaba.

Mi búsqueda se demoraba mucho. No había mucho interesado en hacer un touch and go. Así que ya asumí que lo mejor era tirarse a una mina rica o conseguirse pareja, hasta que las cosas se empezaron a calentar.

Para el carrete mechón de la universidad, mi amigo, que se llamaba Pablo, estaba más rico que la mierda. Hacía calor, como 30 °C, venía todo transpirado, lo que me pone como un fierro el pico, con un olor a macho exquisito (perfume, no sudor). Nos saludamos, tomamos unas chelas, vodka, tequilazos; la universidad se llenaba, había condones en los suelos, baños llenos de sexo heterosexual y mucha distorsión.

Hasta que me dice que lo acompañe al baño, que no sabe si llegará bien debido al vodka que se tomó. Así que fuimos, caminamos por los pasillos y llegamos al baño de hombres. Él se metió en un cubículo y yo en el del costado a echar la corta, xd. Me calentó mucho pensar que, en ese mismo instante, el Pablo se estaba manoseando el pico. Me dieron ganas de mirar por abajo, pero me podía ver. Sentí que se sacaba la ropa y guardaba algo en su mochila; no sabía qué era. Yo aproveché de esperar dentro del baño y no salir, ya que había como cinco wnes esperando en el patio.

De a poco sentí que Pablo empezó a gemir, despacio y muy sensual, pero duró muy poco, como unos diez segundos. Obviamente me pasé rollos y quise pensar que se corrió una paja. Salimos del baño, se lavó las manos y nos fuimos a carretear nuevamente.

Pasaron las horas y mis sospechas se fueron cuando vi que la polera negra que tenía Pablo tenía unas leves manchas blancas en la parte que topaba el polerón, por lo que le pregunté:

L: Oye, wn, ¿te fuiste a pajear que tení blanco? Jaja.

P: Jaja, no, wn, si es… yogurt de mi casa, xd. Me cambié ropa, po, si para eso fui al baño.

L: Ahhh, ¿y te pusiste la polera mokeada? Jajaja.

Seguimos en buena onda, pero admito que esos músculos, ese perfume, ese culoooo y ese pico que debía tener me tenían el mío como un fierro encerrado en mi bóxer bajo 30 °C. Sin duda, esa noche sería muy larga; había mucho semen que tirar.

Pasaron las semanas y con Pablo nos hicimos muy amigos y yuntas. Pitiábamos juntos, carreteábamos e íbamos por minas en la disco o en la misma U. Teníamos fama de ser jotes, jaja, pero yo me lo quería jotear a él en secreto.

Una tarde, mientras fumábamos un cigarro a la salida de la U., me preguntó algo que me dejó helado:

P: Oye, ¿y nunca un hombre te ha propuesto hacer algo?

L: ¿Algo como qué?

P: Mmm… no sé, po. Si igual estay rico, todos te dicen eso, xd. O sea, ¿pagarte plata para tener sexo?

L: Jajaja, no, nunca. ¿Y a ti?

P: Una vez, cuando cumplí los 18 en mi colegio, un vendedor de helados que vendía fuera del colegio lo hizo. Yo quedé pa dentro, le dije que no y me fui.

L: Cuático, wn. ¿Pero tú aceptaríai algo?

P: Puta, wn, yo soy súper abierto de mente. No me molesta ni me incomoda nada.

PD: Pablo es comunista, hippie y todas esas volás.

L: Jaja, ya po, si teni fama de galán…

P: Ahh, ya, pero ¿nunca te hay pajeao con un amigo viendo una porno cuando chico? ¿O hacer esas competencias de quién tira la leche más lejos, a quién le mide más, quién dura más pajeándose, etc.?

L: (Mi pene, de 18 cm, estaba como un fierro. Lo intentaba disimular con la chaqueta y con mi mano izquierda. Me lo tocaba por el bolsillo; sentía cómo el preseminal mokeaba mi bóxer y el bolsillo. Ya quería puro correrme con esa conversación). Puta, no, wn, mis amigos eran súper heteros, en verdad, jaja, pero no le veo nada malo, po.

En ese instante, Pablo me miró con una mirada que nunca había visto antes. Sus ojos verdes penetraron en los míos y sentí un calor por dentro que me envolvió. En ese instante miré la entrepierna de Pablo y vi algo que se levantaba, pero Pablo lo tapó inmediatamente.

Me preguntó qué era lo que miraba y yo, ya nervioso de que descubriera mi bisexualidad, le dije que nada.

Me dijo:

—Vamos, es tarde…

Durante esa conversación, en la que estuve en otro mundo, olvidé completamente que esa noche los papás de Pablo se habían ido por el fin de semana, que era viernes, 19:00 horas, anochecía, se armaban los carretes y yo debía ir a la casa de Pablo a preparar el examen de Economía. Debía dormir allá, con él solo, sin nadie más. Sin duda era una situación que, a mis 18 años, me revolucionaba las hormonas. Pensar que estaría solo con ese washón rico, verlo dormir, espiarlo, etc., uff… pobre pico mío. Durante los días siguientes merecería como diez pajas para pasar todo esto, pero esa noche todo sería diferente.

Cambiamos el tema en la micro, pasamos a una botillería y ya eran cerca de las 21:00 horas. Compramos unas cervezas, cigarros y algo para comer y alargar la noche. Llegamos a su casa en Ñuñoa. Era bastante simple, nada del otro mundo, por Avenida Grecia con Avenida Macul. Solo que se escuchaban las sirenas del guanaco que salía de la Universidad de Chile a lo lejos… y Pablo fue certero:

—Te tendrás que quedar acá sí o sí. El guanaco deja la cagá toda la noche y puede ser peligroso que te vayas.

Yo le respondí:

—No pienso irme, jaja. Debemos terminar este ensayo y preparar el examen.

Mientras le respondía, Pablo se asomaba por un pasillo de su casa y sin polera. Al fin pude verle el torso desnudo. Tenía una espalda muy ancha y muy trabajada, unos bíceps muy firmes… Se da vuelta y quedé helado: unos pectorales color piel bronceada, muy marcados, unas calugas perfectas y pelo en el pecho distribuido uniformemente, que bajaba en rombo bajo el ombligo hasta esa bestia que debía tener escondida.

P: ¿Te molesta que me quede sin polera? Hace calor aún y acostumbro a andar así en mi casa.

L: (Pensé: no, washito rico, quédate así toda la noche y sácate más la ropa). No, compadre, tranquilo. Esta es tu casa, po, wn.

Eran ya las diez de la noche. Mientras yo redactaba un trabajo en el notebook, él tomaba una cerveza y se fumaba un cigarro. Nunca se había visto tan rico e intelectual a la vez. Deseaba lamerle ese pecho semipelúo que tiene, chuparle los brazos, su cuello, su barbita. Era inevitable lograr la flacidez de mi pene esa noche.

En un momento de la noche, Pablo tuvo que ir donde un vecino a buscar unos pendrives que tenía. Me preguntó si quería quedarme en la casa o acompañarlo y le dije que prefería quedarme avanzando en el examen. Así que apenas cerró la puerta y lo vi caminar varias cuadras por la ventana, fui a su pieza, que era la última del pasillo.

Era bastante desordenada, de unos nueve metros cuadrados, una cama de una plaza, ropa tirada por todos lados, etc. Típica vida de universitario. Quería registrarla entera; sabía que en esa pieza debía esconder algo que me sirviera de consuelo en mis noches de lujuria solitaria.

Así que partí por su cómoda con la ropa interior.

¡Bingo! Unos cuatro bóxer, entre sucios y limpios, estaban tirados en el cajón. Abrí uno y vi unas tremendas manchas blancas. No eran pequeñas, era como si hubiera eyaculado ahí directamente.

Lentamente metí mi mano bajo mi bóxer, sentí mis pendejos y después un pedazo de pene hecho un fierro, ya mojado hacía horas y caliente desde la tarde. Sabía que el vecino de Pablo vivía como a seis minutos caminando, así que tenía tiempo.

Despejé varias cosas de su cama y sus sábanas, que eran celestes, tenían también manchas, no precisamente blancas, pero sí se notaba que era su leche. Pensar que en esa cama Pablo se pajeaba todas las noches era una sensación angustiante.

Tomé el bóxer, lo puse en mi boca, me desabroché los pantalones, bajé mis bóxer y agarré mi pene con mi mano derecha mientras saboreaba y olía ese olor a pene y a semen. Ya mi pene estaba lubricado con preseminal. Era tanta la excitación de estar en su pieza solo que decidí dejar de masturbarme y aprovechar la ocasión para seguir revisando.

Abrí el cajón de su velador y encontré llaves, algunas monedas, una caja de LifeStyles con tres condones lubricados y un cono de confort con harto confort usado dentro de él. Saqué uno y estaba duro, pegoteado. Sin duda, Pablo era un adicto al sexo, a la masturbación, a culiar con quien fuera.

En mi mano tenía su semen, de quizás la noche anterior.

P: ¿Qué haces en mi pieza?

Todo el placer que sentía, toda la calentura, se me fue. Mi pene seguía erecto, con mis pantalones a la altura de las rodillas, su bóxer en una mano y los condones en la otra. Pablo apareció de la nada en la puerta de su pieza. No lo oí entrar. Estaba sin polera, con un pucho en la mano y sus ojos fijos en mí.

L: Sorry, wn… emmm… es que…

P: Jajaja, compadre… a ver, acuéstate aquí.

Pablo me tomó del brazo, me acomodó en su cama y se acostó al lado mío. Yo estaba en shock. Tenía los pantalones abajo de las rodillas y Pablo, por primera vez, me había visto la pichula erecta y en ese estado.

P: Puta, wn, a mí también me gustan los hombres. Desde que me pajeaba con mis compañeros del colegio me provocaban cosas, me excitaban, wn. Y puta, tú para mí eres como mi hermano. Voh sabi que te quiero, wn, eri mi compadre y…

En ese momento, su brazo me rodeó el hombro y su otra mano estaba sobre su paquete. Yo estaba al lado de ese semental, de ese machote recio con fama de mujeriego y de ser un toro en la cama.

L: Hermano, puta, sí… me calentai caleta. No sé, wn, creo que soy bisexual, y puta, me calienta ser tu amigo, estar así contigo ahora. Me pillaste en plena pajeándome…

P: ¿Con mis bóxer? Jaja. ¿Qué tienen mis bóxer adentro?

L: Semen, wn. Pajero qlo, jaja.

P: ¿Y no queri un poco de mi semen ahora?

Era hora de tomar la iniciativa.

Me monté encima de él, me acerqué a su cuello, sentí su aliento en el mío, percibí su olor y le dije suavemente al oído:

L: tenemos toda la noche para nosotros solos, hay dos condones, hazme tuyo hasta que amanezca…

Y esas palabras desataron una noche llena de sexo, semen, cigarros y placer. Pablo me agarró con fuerza y me dio un beso bien brusco. Sentía su potencia y su hombría al sentir sus brazos en mi espalda, y cómo bajaban hacia mi culo. Entre jadeo y jadeo, me sacó la camisa y quedé con el torso descubierto. Me tomó y me acostó de espaldas en la cama, y comenzó a lengüetearme cada parte de mi pecho: mis pezones, mis pelos, mis costillas, el cuello y los brazos. Empecé a gemir y sabía que esa lengua comenzaría a bajar hasta mi pene, que ya goteaba preseminal. Mientras le acariciaba el pelo, sentí su lengua en mi glande y me estremecí. De a poco, lo metió en su boca hasta que comenzó a chuparme el pico como un dios: sabía dónde chupar, dónde presionar y dónde no, y tuve que aguantarme más de alguna vez para no eyacular esos chorros de semen acumulado. Subía y bajaba por el tronco de mi pene, subía y bajaba el prepucio y jugaba con mi preseminal, se tragaba cada gota que lubricaba mi pico, hasta que le pedí que bajara hacia mis bolas. Con su mano derecha comenzó a pajearme, tan fuerte que me agarraba de las sábanas del placer que me daba, mientras su lengua jugaba con mis testículos.

Pasó un rato y se bajó de la cama, y comenzó a desvestirse la parte de abajo, hasta que quedó en boxer. Y ahí estaba el motivo de mis pajas nocturnas: un pene erecto, peludo, de unos veinte centímetros, con unas manchas de humedad de preseminal. Cuando se desvistió, fue a prender la calefacción de la casa.

L: ¿qué weá pa’ qué prendí eso?
P: no sé si te gusta, pero me gusta tener sexo con harto calor, me gusta estar mojao’ y sudado cuando me tiro a alguien, y supongo que a ti también.

Era inevitable decir que sí. El verlo jugar a la pelota o cuando se duchaba y ver ese cuerpo mojado para mí era una fantasía erótica increíble. Me desvestí completamente y le dije que se acercara. Empecé a besar su boxer, a olerlo y a sentir ese pedazo de pichula en mi boca. Con los dientes, agarré su boxer y lo bajé, y sobre mi nariz cayó con fuerza su pichula, gigantesca.

—¿Quieres probarla?
—Toda la noche hermano – le respondí.

-¿Quieres semen también? Porque ya no aguanto más. Corrámonos juntos, vamos a terminar el ensayo y duermes conmigo, si es que dormimos. Hay dos condones por usar aún, hermano, así que tranquilo.

Entendí el doble mensaje, así que mientras Pablo seguía de pie me metí a la boca ese pene, circuncidado, por lo que su cabezón ya estaba rojo, caliente y lubricado. Tenía un sabor a semen y a piel, y escuchaba cómo sus jadeos y gemidos se hacían cada vez más fuertes, hasta el nivel de que llegaba a gritar de placer.

P: Compadre, jajaja, yo pa tirar soy muy cuático y macho pa la wea. Me gusta el sexo hardcore, gritar mientras tiro de placer, ¿me cachai?

Eso me ponía más caliente aún. Siempre me gustaron los hombres por esa sensación de potencia, de rudeza que tienen, y pensar que esa noche Pablo me haría mierda el culo en su cama hacía que sintiera esa sensación de que mi semen estaba por salir.

Ya habían pasado unos diez minutos y Pablo empezó a transpirar. No paraba de jadear y de lanzar exclamaciones como:

—¡Chúpame las bolas, wacho! ¡Ahhhh, síii, hermano! ¡Sigue, wn! ¿Queriai pico, wn? ¡Ahí tení, chúpame el pico!

Cuando Pablo ya se venía, se acostó conmigo en la cama y nos abrazamos y sobajeamos juntos. Sentía cómo mi pico se metía entre sus bolas y piernas y el suyo hacía lo mismo. Empezamos a masturbarnos mutuamente. Nuestros cuerpos estaban sudados, jadeábamos al máximo, nos dábamos besos en el cuello. Pablo me mordía la oreja y cada vez con más fuerza. Su pene se perdía en el vaivén de su mano, hasta que su cuerpo se estremeció, se contrajo de pies a cabeza y un chorro directo, blanco, caliente y espeso de semen cayó en mi cara, mientras yo, con la boca abierta de asombro y de paso para recibir su leche, recibía cada chorro mientras tenía la cabeza de Pablo acurrucada en mi cuello, quien no paraba de gritar de placer.

Fueron unos siete chorros de semen que mojaron nuestros cuerpos e, inmediatamente e involuntariamente, mi pene, que ya no aguantaba más, mientras el cuerpo de Pablo se estabilizaba, lo llenó de chorros de semen. Me aferraba a las sábanas y gritaba mi orgasmo con la libertad de estar con ese macho a mi lado y nadie más.

Yo aún tenía su semen en mi boca y, con mi dedo, tomé mi semen que quedó pegoteado en los pelos de su pecho y se lo metí en la boca. Luego de esa eyaculación mutua de dos machos ardientes de 18 años, nos fundimos en un beso mezclando nuestro semen y sabores.

P: Te quiero, mi wacho perro.

L: Jajaja, aguántate, wn, que quedan dos condones más por usar. Tienes que desvirgarme el culito.

Después de eso, esparcimos nuestro semen por el pecho y, como hacía calor en la casa, prendimos unos cigarros y comenzamos a trabajar nuevamente, hasta que a Pablo le bajara la calentura, su pico se parara y se endureciera como un fierro, y decidiera usar el LifeStyles y violar mi culo hasta las 7 a. m., lo que irá en otra historia.

Espero que les haya gustado.

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5 Comentarios

  • Anónimo julio 2, 2026 a las 1:29 am

    Que rica historia,!!

  • Anónimo julio 2, 2026 a las 1:36 am

    La segunda parte sí o sí ….. que más pasó después 🫢🤤

  • Anónimo julio 2, 2026 a las 8:05 pm

    También me caliente los calzoncillos usados que wea más rica

  • Anónimo julio 4, 2026 a las 12:20 pm

    2a parte porfa !!!

  • Anónimo julio 8, 2026 a las 7:42 am

    Necesito la parte 2

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