Mi primera vez gay con mi primo (parte 1)

Esto cuando éramos adolescentes, hoy tengo 26 años, fue hace unos 7/8 años. Mi primo es mayor que yo por dos años, digámosle Mateo era flaco, alto y de pelo oscuro. No era demasiado lindo, pero tenía los abdominales marcados. Yo era virgen y ni siquiera sabía que me gustaban los hombres.

Era una tarde de verano y estábamos pasando el rato solos en la pileta. Empezamos a jugar carreras para ver quién nadaba más rápido. Como Mateo siempre me ganaba, empecé a hacer trampa agarrándolo bajo el agua para sacarle ventaja. En uno de esos forcejeos, lo tomé de la malla y se la bajé. Él se dio vuelta rápido para subírsela, dejando ver su pene por unos segundos. Al verlo, quedé totalmente paralizado. No estaba erecto, pero me encantó; era peludo y no demasiado grande, pero me gustó.

Después de eso seguimos jugando a atraparnos en el agua. Un par de veces él me agarró por la malla y me la bajó completamente en venganza. Las veces que yo lo atrapaba, hacía lo mismo solo para poder seguir viéndolo. Al rato nos cansamos. Yo me senté en un escalón bajo el agua mientras él se quedó parado. Al ponerse de pie, la malla blanca se le pegó al cuerpo, trasluciendo todos sus genitales. Lo miré y le dije: «Mejor quedate desnudo, si con esa malla se te ve todo».

Luego de descansar, seguimos nadando. Mientras lo hacía, Mateo se iba bajando la malla para mostrarme el pene y el trasero, como burlándose de mí. Durante un rato seguimos con ese juego donde los dos nadábamos y nos íbamos desnudando el uno al otro.

Al salir de la pileta, teníamos sed y queríamos entrar a tomar algo, pero estábamos empapados, literalmente chorreando agua de las mallas. Mateo me dijo: «Tengo una idea para entrar y no tener que esperar. Sosteneme la toalla». Acto seguido, se bajó la malla, se la sacó y la colgó para que se secara. Hizo todo esto completamente desnudo, mientras yo lo miraba fascinado.

Después de eso se acercó, se paró frente a mí a unos pocos centímetros de distancia y me dijo: «Ahora te toca a vos». Me bajó la malla hasta los talones sin preguntarme, agarró su toalla y empezó a secarse el cuerpo desnudo frente a mí. Cuando llegó a la entrepierna, notó que yo lo estaba mirando fijamente. Me miró a los ojos, bajó la vista hacia mi pene y dijo: «Sí, la tengo más peluda que vos», mientras se seguía secando. No es que yo estuviera depilado, pero definitivamente tenía menos vello que él; su zona púbica era mucho más densa y poblada.

Posterior a esto entramos a la casa y no pasó nada más en lo que quedaba de la tarde, porque estaba mi familia.

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1 Comentario

  • Kleyde González julio 3, 2026 a las 12:21 am

    Hola

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