Mi primera vez gay con mi primo (parte 2)

Después de estar un rato con mi familia, me fui a bañar. Cuando terminé, le tocó el turno a Mateo. A los pocos minutos, escuché que me llamaba; se había olvidado la toalla en mi pieza.

Agarré la toalla y fui hacia el baño. Mi idea era abrir apenas la puerta y dejársela ahí, pero cuando asomé la cabeza, me dijo desde adentro: «Pasá y alcanzámela en la mano».

Entré y le acerqué la toalla. En ese momento, Mateo corrió la cortina de la ducha por completo, mostrándose desnudo otra vez. La agarró y empezó a secarse ahí mismo, sin ningún tipo de pudor. Yo me quedé clavado en el lugar, incapaz de dejar de mirarle la entrepierna mientras lo hacía.

—Gracias —me dijo, súper tranquilo.

Esa palabra me hizo reaccionar. Me destrabé, pegué media vuelta y salí rápido del baño.
Llegó la noche y nos acomodamos en mi pieza para dormir. Mateo dormía en un colchón en el suelo y yo en mi cama. Como el televisor estaba apuntando hacia mi cama, él desde el suelo no veía bien, así que me preguntó si podía acostarse conmigo para mirar algo. Mi cama era de una plaza, pero le dije que sí; no lo vi con segundas intenciones y me pareció algo normal.

Se acostó a mi lado derecho. Hacía calor, así que ambos estábamos solamente en bóxer. Él quedó contra la pared y yo hacia el lado de su colchón. Como la cama era chica para los dos, yo estaba medio incómodo, así que me giré, dándole la espalda mientras miraba mi celular.

Al rato, mientras hacía zapping, puso una película medio subida de tono en I.Sat o algún canal por el estilo; había un par de mujeres desnudas y qué sé yo. Dejó la tele ahí y, después de unos minutos, sentí que me apoyó su pene en la cola. Ninguno de los dos estaba desnudo, teníamos la ropa interior puesta, pero se notaba que él estaba muy duro. De pronto, puso su mano en mi cintura con la intención de bajarme el bóxer.

Ahí le dije: «¿Eh? ¿Qué hacés?». Realmente me sorprendió y no me lo esperaba para nada. Sin embargo, haber sentido su pene apoyado ahí atrás me gustó muchísimo. Me excitó bastante y sentí cómo se me empezaba a parar un poco.

Se apartó un poco hacia atrás y me dijo al oído: «Te quiero enseñar a hacerte la paja, que seguro no sabés». Acto seguido, se acomodó boca arriba y se bajó el bóxer, dejándome ver su pene peludo completamente erecto. Medía como 17 centímetros; no era fino, pero tampoco muy ancho. La cabeza tenía el mismo diámetro que el tronco, solo que la punta se hacía levemente más fina.
Después de verlo unos segundos más mientras se masturbaba, me dijo: «A ver, hacelo vos ahora». Me puse boca arriba y, apenas me estiré, Mateo con sus dos manos me bajó el bóxer de un solo tirón. Quedamos los dos desnudos, boca arriba y con nuestros miembros durísimos.

Yo me empecé a masturbar y le preguntaba: «¿Así?», mientras lo miraba a él masturbarse y pensaba: «Quiero masturbarlo yo, tocarle la cabeza, acariciar suavemente toda su pija, tocar esos huevos grandes y pasar toda la mano acariciando los pelos de su pubis que tanto me gustaban».

Mateo me dijo: «Te estás pajeando muy rápido, vas a acabar enseguida. Aparte, estás haciendo muy cortas esas subidas y bajadas. Mirá, hacelo así». Se giró hacia mí, quedando de costado y chocando su cintura con la mía, de modo que nuestros penes quedaron a muy pocos centímetros para que yo pudiera ver mejor cómo se masturbaba.

Yo me entregué, dejé de masturbarme y solo lo miraba a él. Se alejó un poco, volvió a ponerse boca arriba y me dijo: «Yo te ayudo». Se inclinó un poco, me agarró la pija con su mano derecha y me empezó a masturbar.

Mateo me masturbó súper despacio, subiendo y bajando mi prepucio lentamente. Lo hizo un par de veces y me dijo: «¿Ves? Así tenés que hacerlo, y después vas subiendo de a poco la velocidad». Comenzó a hacerlo más rápido de a poco unas cuantas veces más y paró abruptamente. Se volvió a poner boca arriba y me dijo: «Ahora pajeame a mí como te mostré». Yo lo miré a los ojos, el corazón me latía a mil y no sabía qué hacer.

Él me agarró la mano derecha y la llevó a su verga para que lo masturbara yo. Apenas mi palma tocó su tronco, lo agarré, lo empecé a recorrer con la mano y le dije: «Qué grande que es». Me agaché hacia abajo para estar más cómodo y lo empecé a masturbar lentamente, como él me había mostrado. Él gimió y me dijo: «Así, qué rico». Solo lo había masturbado un minuto como máximo cuando me dijo: «Enderezate». Lo hice, y me propuso: «Pajeémonos juntos».

Nos pajeamos unos minutos y él me dice: «¿No te animás a chupármela como las chicas de la tele?». Yo estaba medio confundido cuando me lo preguntó porque no sabía cómo hacerlo, pero sí tenía muchísimas ganas de meter esa pija en mi boca desde el momento en que lo empecé a masturbar. Me insistió diciéndome: «Chupámela y yo después te la chupo a vos».

Eso hice. Bajé hasta su verga y la metí en mi boca unas tres veces. No me gustó al principio el sabor, por lo que le dije que ya estaba. Él me dijo que no, que así no se chupaba una pija: «Tenés que hacer así», y procedió a chuparme la pija él. Habrá sido menos de un minuto, hizo unas cuantas cabeceadas, pero lo sentí riquísimo. No me raspó con ningún diente y succionaba muy bien con la boca. Antes de dejar de chupármela, hizo unos cuantos círculos con la lengua en mi cabeza, y mientras los hacía me dijo: «Esto está buenísimo».

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1 Comentario

  • Anónimo julio 3, 2026 a las 9:37 am

    Necesito Mass

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