Mi primera vez con el nico

Advertencia este relato es ficción pura creado con la ayuda de la ia

Me llamo Matías, tengo 28 años y soy de Quinta Normal. Soy gay, aunque siempre lo he mantenido discreto. Tengo un cuerpo flaco pero tonificado, cintura estrecha y un culo redondo, grande y respingado. Soy lampiño, mido 1,75, pelo negro corto y ojos cafés.
El Nico, Nicolás, tiene 29 años y es de Ñuñoa. Nos conocemos desde los 8 años. Es moreno, mide 1,86, con un cuerpo fuerte y musculoso por el gimnasio y unas chichotas grandes, redondas y firmes.
Esa noche arrendamos un departamento en Providencia. Llegamos cerca de las 9, abrimos unas cervezas y nos tiramos en el sillón.
La conversación empezó tranquila y nostálgica:
—Puta, weón… ya son más de 20 años que nos conocemos —dijo el Nico sonriendo—. Desde los 8 años que andamos juntos en todas. ¿Te acordai cuando nos escapábamos del colegio para ir a jugar fútbol en la cancha de tierra?
—Cómo no —respondí riendo—. Tú siempre empezando las peleas y yo detrás tuyo corriendo. ¿Y cuando fuimos de campamento a Cartagena y te perdiste en la noche?
El Nico soltó una carcajada.
—Claro, me anduviste buscando con la linterna como loco. Éramos unos cabros de mierda. ¿Y cuando dormíamos en tu casa y jugábamos a la Play hasta las 4 de la mañana? Mi mamá nos retaba y nos sacaba el cable.
—Jajaja sí… buenos tiempos —dije—. Ahora todo es más complicado. Trabajo, cuentas, pololas… A veces extraño cuando no teníamos tantas responsabilidades.
Siguimos hablando un buen rato más. Pero poco a poco el ambiente cambió.
—Oye… ¿te acordai de las duchas después de los partidos? —preguntó el Nico con una sonrisa pícara—. Yo siempre te veía mirando a los cabros. Desde esa época ya sabía que eras gay.
—Sí… —admití—. Desde chico lo supe. ¿Nunca te molestó?
—Para nada, weón. Tú eres mi hermano —dijo él—. Dime la verdad… ¿alguna vez te pajaste pensando en mí?
Me sonrojé, pero respondí:
—…Sí. Varias veces. Sobre todo cuando dormíamos juntos en los campamentos.
El Nico se acercó más.
—¿Y cómo me imaginabas?
—Imaginaba que me besabas… que me tocabas… y que me cogías —confesé.
El Nico respiró más pesado y puso su mano en mi muslo.
—Mati… quiero ser yo el primero. Quiero cogerte esta noche.
Me quedé en shock.
—¿Pero tú eres hetero…? —pregunté sorprendido.
—Sí, soy hetero —respondió—. Me gustan las minas. Pero hace seis meses busqué porno gay por curiosidad y me gustó. Desde entonces no dejo de imaginarme contigo. Quiero que seas tú.
—Está bien… quiero que seas tú —respondí finalmente.

El Nico se acercó y me besó con fuerza, metiendo su lengua en mi boca mientras me apretaba contra el sillón. Me sacó la polera y empezó a chuparme el cuello con ganas, bajando hasta mis pezones. Me los lamió, mordió y succionó fuerte, haciendo que gimiera.
—Qué rico suenan tus gemidos, weón… —murmuró.
Me bajó los pantalones y el bóxer. Mi polla quedó dura. Se arrodilló, me abrió las piernas y me la chupó profundo, baboso y con fuerza, tragándosela casi toda mientras me apretaba el culo redondo. Me la mamaba rico, moviendo la cabeza rápido y mirándome a los ojos.
Luego me puso de rodillas en el sillón, me abrió las nalgas y escupió en mi hoyo. Empezó a comerme el culo como un animal. Su lengua gruesa lamía mi agujero con fuerza, lo chupaba y metía la lengua lo más profundo que podía. Yo gemía sin control.
—Qué rico culito tenís, tan redondo y apretado… —gruñó.
Mientras me comía el culo, le pregunté jadeando:
—Nico… ¿cuánto te mide el pene?
Él sacó la cara un segundo y respondió orgulloso:
—Unos 28 centímetros cuando estoy bien duro, weón.
Siguió comiéndome el culo varios minutos más, metiéndome primero un dedo, luego dos, follándome con ellos rápido mientras me lamía la próstata. Yo estaba desesperado, empujando mi culo contra su cara.
—Estás listo —dijo finalmente.
Me llevó a la cama. Se sacó toda la ropa y su enorme pene de 28 centímetros quedó al aire, grueso, venoso y completamente duro. Se puso un condón con dificultad por el grosor, lo lubricó bien y también me lubricó el hoyo.
Me puso boca arriba, me levantó las piernas y apoyó esa monstruosidad contra mi entrada.
—¿Estás listo, Mati? —preguntó.
—Dale… pero suave al principio.
Empujó despacio. La cabeza gruesa me abrió y solté un gemido largo y fuerte. Fue metiendo centímetro a centímetro, muy lento, durante varios minutos. Sentía cómo mi culo se estiraba al máximo alrededor de su grosor.
—Respira, weón… ya casi —murmuraba mientras seguía empujando.
Cuando llevaba más de la mitad, se detuvo para que me acostumbrara. Mi cintura se tensaba y mi culo redondo estaba completamente abierto. Siguió empujando hasta metérmela casi toda. Luego empezó a moverse lento, sacándola casi completa y volviéndola a meter profundo.
Poco a poco fue acelerando. Sus caderas fuertes chocaban contra mi culo, haciendo que sus chichotas grandes rebotaran. Me puso en cuatro, me agarró fuerte de la cintura estrecha y empezó a cogerme más duro, tirándome del pelo y dándome palmadas en el culo mientras sus 28 centímetros entraban y salían con fuerza.
—Qué rico se siente tu culo… tan apretado —gruñía.
Me folló en cuatro por varios minutos, profundo y salvaje. Luego me puso de lado, levantó una de mis piernas y siguió penetrándome así, metiendo todo su grosor una y otra vez. Finalmente me aplastó contra la cama con su cuerpo musculoso y me cogió con todo: embestidas fuertes, rápidas y profundas.
—Estoy a punto… —gruñó.
—Córrete adentro —le supliqué.
Con un gemido ronco y largo se corrió dentro del condón, empujando bien profundo mientras su cuerpo temblaba. Yo me corrí sin tocarme, disparando sobre mi abdomen y temblando debajo de él.
Se derrumbó sobre mí, sudado y respirando pesado. Nos quedamos abrazados un largo rato.
Desde ese día yo y Nico nos hicimos novios, ya que él había terminado definitivamente con su novia unos días antes.

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2 Comentarios

  • Anónimo
    mayo 22, 2026 a las 10:56 pm

    ♥️♥️♥️♥️♥️♥️

  • Sandro
    mayo 24, 2026 a las 8:39 am

    Caliente el relato me imagine esa verga de 28 cm entrando y abriendo ese culo

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