Una noche loca con familiares
Mi nombre es diego y les voy a contra una historia que me paso con mi primo y mi tío en una pijamada.
Me recosté en la cama junto a Marco( mi primo), (alto y moreno de complexión delgada pero con músculos marcados que se dibujaban bajo su playera y con una verga de 17 cm aproximadamente). Yo compartía esa misma genética atlética; me sentía bien y era consciente de que mi culo era firme y redondo, también tengo una verga grande de 18 cm) Mi primo y yo en cada comida familiar nunca nos dejábamos de ver incluso cuando fingíamos no notar nada. Siempre nos habíamos dicho que eramos heterosexuales, una etiqueta que ahora se sentía como si no existiera ya que estaba empezando a creer que era gay. El aire entre nosotros era, cargado de una electricidad morbosa.
Ya era de noche y estábamos apuntó de dormirnos pero él encendió el teléfono y puso un video porno (para mi sorpresa era porno gay y edo me puso caliente). Los gemidos y el sonido de la carne chocando llenaron el silencio, actuando como la prueba que necesitaba para ver si el también era gay . De repente, sentí que se giraba. Apoyó su espalda contra la mía y empezó a frotar su culo con insistencia contra mi erección, que ya marcaba con fuerza la tela de mis boxers.
—Me vuelven loco tus boxers, Diego. No puedo dejar de pensar en lo que hay debajo —susurró mi primo con la voz ronca, mientras sentía la dureza de mi verga presionando su piel a través de la tela.
—Entonces deja de hablar y haz algo —respondí, con la respiración acelerada.
Nos movimos con una urgencias, acomodándonos en un 69 frenético. El hambre acumulada durante años estalló en un encuentro desesperado. Mis labios envolvieron su prepucio, succionando con fuerza mientras mi lengua exploraba cada pliegue de su piel caliente. El olor a deseo y sudor nos envolvió. El sonido del shlicking era constante; la saliva lubricaba cada centímetro de nuestras vergas mientras nos devorábamos mutuamente. Con las manos libres, empezamos a jugar con nuestros propios anos, dilatándonos con dedos húmedos y lubricados por la saliva que goteaba de nuestras bocas, abriendo el camino mientras el placer subía como una marea incontrolable. Cuando el clímax llegó, nuestros cuerpos se tensaron violentamente. Chorros espesos y calientes de semen salieron disparados, llenando nuestras bocas en una explosión de viscosidad. Tragamos el fluido caliente mientras nos estrechábamos en un abrazo sudoroso, jadeando.
Minutos después, caminé hacia la cocina buscando agua para limpiar mi garganta, todavía sintiendo el eco del orgasmo en mis músculos. Allí estaba Carlos, mi tío: un hombre de piel morena clara, alto y con una musculatura imponente que hacía que el espacio pareciera pequeño. Vestía solo un pantalón deportivo gris que no lograba ocultar su verga de veinte centímetros, ya medio dura y marcando la tela con una protuberancia amenazante que apuntaba hacia mí.
Él me miró de arriba abajo, deteniéndose en mis shorts, que aún estaban ligeramente húmedos y pegados a mi piel. Una chispa de burla y deseo cruzó sus ojos.
—Vaya, pero mira nada más esto —dijo con una sonrisa ladeada—.
Mi tío metomó por la cintura con una fuerza y me atrajo hacia sí en un beso, un choque brusco de labios y lenguas que sabía a semen. Al separarse, mi tío se enojo , saboreando el rastro que quedaba de semen en mis labios. Una sonrisase dibujó en su rostro.
—Sabe a semen —dijo con su voz profunda—. ¿Estuviste con mi hijo, Diegito?
—Yo… no sé de qué hablas —menti aunque mi cuerpo temblaba y mi culo aún palpitaba por la sesión anterior.
—No mientas. Ya te descubrí, putita. Ahora me toca a mí. ¿Quieres ser mi putita personal?
Dijo mientras me empujaba con brusquedad contra la encimera fría de granito y bajó mis pantalones de un tirón. Yo, siendo virgen en el sexo anal, sentí un pinchazo de miedo genuino al ver el grosor descomunal del miembro de mi tío, una columna de carne venosa y caliente que palpitaba frente a mi. Mi tío lubricó la entrada de mi ano con abundante saliva, masajeando el mi anillo anal para prepararlo.
—Vas a sentirlo todo, Diegito —murmuró mi tío a mi oído.
Primero entró la cabeza, expandiendo mi esfínter con una presión sorda y demoledora. Solte un gemido que mezclaba el dolor del desgarro inicial con un placer bueno. Luego, el tronco comenzó a deslizarse lentamente, centímetro a centímetro, estirando las paredes internas hasta que el pene entró completo, golpeando el fondo con un impacto seco. Yo me arquie la espalda, con mis dedos clavándose en el granito, sintiendo una satisfacción abrumadora que borró el dolor inicial y me dejó sin aliento.
Mi tío me cambió de posición, poniéndome a cuatro patas sobre la encimera para embestirlo con fuerza.El sonido de sus huevos golpeando contra mi piel resonaba en la cocina. El ritmo aumentó, nuestros cuerpos sudorosos chocaban con violencia mientras mi tío me agarraba del cabello.
«Dime que quieres que te llene», dijo mi tío mientras aceleraba las metidas.
«Sí… por favor, tío, lléname», supliqué.
Cuando mu tio sintió que estaba a punto de estallar, se detuvo un segundo.
«¿Lo quieres adentro o afuera?»
«¡Adentro! ¡Todo adentro!», grité.
Mi tío empujó una última vez, enterrándose al máximo. Y sentí tres chorros calientes y espesos de semen disparandose contra mis paredes internas, llenándolo por completo.
Tengo más historias con mi tío y mi primo díganme si las quieren ver
2 Comentarios
Anónimo
mayo 30, 2026 a las 12:26 amTienes más historias ?
Anónimo
mayo 30, 2026 a las 4:57 amCuenta mas, me excitó!