Mi Colega y Yo (Parte X)

Yo esperaba más. Estaba listo para esquivar platos, fuentes, ceniceros o cualquier otro objeto que pudiera ser lanzado directo a mi cabeza. Pero Beatriz hizo algo distinto. En vez de lanzarse contra mí o contra Jorge, recibió a Simón, lo abrazó, le dio un beso en la frente y lo mandó a jugar en su habitación. Después que la puerta se cerró, la mujer avanzó entre nosotros, se sentó en el bar y me miró con autoridad:
– ¿Tío Joko? – preguntó molesta – Mi hijo lo conoce…
– Nuestro hijo…- la interrumpió Jorge.
– Simón – rectificó ella – Simón lo conoce y yo no.
– Soy literalmente un abogado que empezó después de ti y que apoyó que subieras a Directora.
Serví una pequeña taza de café y se la ofrecí. Beatriz la miró y me dijo que era muy pequeña.
– ¿Pequeña? – pregunté.
– Si te la tiro a la cara, no te haré daño. Bien jugado, “Joko”- se burló.
Yo sonreí, mintiendo y abrí un cajón para sacar un delantal. Si estaba por ser quemado, me iba a proteger. Ajusté un nudo a mi espalda y volví al bar. Jorge se unió.
– Perdón… – dijo – No te voy a pedir perdón por él, sólo por no decirte.
– Lo que me molesta… – Beatriz tomó la pequeña taza de café – Es que sabías que Joaquín me gustaba, siempre te lo dije. Estás usando a este tipo para destruirme.
– Estoy aquí…- murmuré yo – Tú me besuqueabas siempre y él me abrazaba y me toqueteaba…
– Me gustabas – confesó Beatriz – Eres joven, cordial, amoroso… nunca pensé que eso decantaría en esto.
– ¿Y qué? – pregunté – Si yo no quería algo contigo… ni con él. Jorge me era desagradable…
– No veo que te sea tan desagradable hoy en día.
Tomé un sorbo de café.
– No soy estúpido – continué – Por eso actúo como lo hago, por eso hice todo lo posible para subirte a ti como Directora.
– ¿Tú crees que no lo sé, Joaquín? – se bebió el café de una vez- ¿Tú crees que no lo sé?
– Yo sólo quería… – bajé la cabeza – Sólo quería darte lo que querías porque me sentía muy culpable.
– ¿Culpable de quitarme a mi marido?
– No era tu marido cuando se acercó a mí…
– Te estoy webiando…
Beatriz acarició su cabello y miró su taza vacía. Se aferró a su cartera, poniéndose de pie:
– Quería un hombre que me secundara en mi camino a la cima – dijo suspirando – Pero ahora tengo dos. Buena suerte con sus redes sociales. Espero que me lleven a Simón el lunes.
Y se fue.
Jorge y yo nos miramos con muchas preguntas. Y seguimos construyendo la estúpida historia inconsciente que estábamos haciendo paso a paso. Simón no se cuestionó nada. Coke no era capaz de recibir un balón de fútbol y yo sí. A mí se me hacía mejor el rol de papá que él, lo sé. El niño prefería jugar conmigo a con él. Así se refería a mí: el tío Joko. Comimos pizza el sábado por la noche, nos pasamos jugando juegos de mesa el domingo. Llevamos a Simón al colegio el lunes y lo fuimos a buscar por la tarde. Lo dejamos en casa de Beatriz. Todo estaba bien, retorcidamente bien.
Cuando nos quedamos solos, que es lo que te interesa, el lunes por la noche, Jorge no se desnudó como pensaba, no usó cajita de castidad, no trató de provocarme. En vez de eso se cruzó de brazos y me miró, esperando explicaciones:
– Te aliaste con ella – me dijo – Esperaba lo hicieras conmigo.
– Si lo hubiera hecho, estarías buscando un abogado para pelear por Simón.
– Tu quieres que te agradezca…
Lo miré. No era el hombre confundido, era el guerrero, el padre que pelea por su hijo, un perfil que nunca había visto. No contra mí al menos.
– No voy a pelear contra el papá, amor – le dije – Eres el mejor papá que he conocido y admiro eso de ti, porque es algo que nunca voy a tener.
– ¿Qué dices?
– Nada, no he dicho nada…
Se lanzó sobre la cama, como un gato que se acomoda a mi lado. Acaricié su cabello y me miró desde abajo, con sus ojitos entrecerrados como una línea:
– Si te sirve de algo… creo que serías mejor papá que yo.
– Mi pega ocupa ese lugar.
– Alguna vez vas a querer algo más, Joko.
– Tal vez… tal vez…
Le seguí haciendo cariño en el pelo, acariciando también sus orejitas coloradas, como cada vez que se ponía nervioso por algo. Se acurrucó más, dejando su cabeza sobre mi entrepierna, yo sentado en posición de loto. Primero tiernamente, después empezó a tocarme los muslos, a subir con sus dedos entre mi pantalón del pijama y, sin saltarse ni un paso, terminó acariciando mis bolas bajo la ropa. Me tocaba suavemente, rozaba apenas mis testículos con la yema de sus dedos, palpaba mis piernas, esquivaba con gracia mi pene que iba endureciéndose de a poco. Al poco rato ya me había desecho de mis shorts y el besaba mis vellos, pasando la lengua por ellos mientras gemía, restringiéndose a sí mismo de lo que de verdad quería hacer. Mi verga rozaba su rostro y él la ignoraba… o al menos trataba. Yo por mi parte aproveché de quitarle la polera del pijama, sabiendo que no le gustaba estar con el torso desnudo cerca de mí. Él siempre se sentía gordo, fofo, tetón y nunca me reí de eso porque la verdad, siempre lo encontré lindo, perfecto. Así que cada vez que él se ponía boca abajo, yo trataba de acariciarlo para que se levantara, para que pudiera mirar mi cara de placer por el sólo hecho de tenerlo así de cerca, por tenerlo conmigo. Jorge se levanta, me alcanza para darme un beso en la boca y luego baja otra vez, sucumbiendo por fin a lo que ha estado evitando, sus ganas de chupármela. Y la toma con una de sus manos y besa la cabeza, como si fuera la primera vez. Tímido la mete en su boca, mirándome a los ojos, sabiendo que me pone aun más el ver su carita de hombre calentón. Trata de meterla toda y la saca, babosa, la saliva cae por mi verga y cae de sus labios. Me mira y vuelve a chuparla. Sigo acariciando su cabello, me gusta verlo así, sometido a mi pija, adorándola como si fuera la primera que ha visto otra a la propia en su vida. En un recuerdo de mi pasado, tomo su cabeza y la sujeto, dejándolo ahogarse con mi verga, sintiendo como trata de respirar con ella en la boca, sus manos presionan contra mi tratando de alejarse. Lo suelto y su boquita se abre buscando algo más de aire. Me mira con rostro inocente y le acaricio el cabello otra vez. Beso su frente, sabiendo que me he pasado. Pero Jorge sonríe, vuelve a besar la cabeza de mi verga.
– Te amo- me dice – Eres el único que me ve.
No le hago caso, cegado por su boca, y lo tomo de bajo sus brazos y lo levanto, obligándolo a besarme otra vez. En ese movimiento sorpresivo le quito los pantalones del pijama. Lo atraigo a mí, sentándolo desnudo encima de mis piernas. Se mueve, incómodo. Siente mi verga dura rozando su culo y trata de irse, de rechazarme. Se pone de pie y camina hacia la puerta desnudo, alcanzo a agarrarlo por la cintura.
– Bebé… no te vayas…
Jorge logra aferrarse a la puerta. Gira para verme y suspira. Levanta el culito, mirándome como si tratara de desafiarme.
– Sólo te interesa follarme- me dice con carita de pena – Te gusta saber que soy un hombre heterosexual que está dispuesto a todo por estar contigo.
Me levanto, con mi pija dura y lo abrazo, acomodándola en su culito.
– No… – le digo, acariciando su culo con mi verga – Eres un hombre y estás feliz conmigo, con un hombre. ¿Qué hay de malo en eso?
– No puedo, Joko…- me dice – No es tan fácil.
Tomo mi verga y empiezo a puntearlo:
– ¿No te gusta? – le pregunto.
– Podría estar siempre contigo… así.
– ¿Entonces?
– Quiero todo, Joaquín… y tú no quieres todo. Mi hijo Simón va a crecer y voy a quedar solo cuando te aburras de mí. Quiero más que eso…
Mi mano sube hasta su boca y tapo sus palabras. Mi pija empieza a entrar cuando él deja de hablar. Escucho sus gemidos ahogados, sus gemidos, oh Dios, que ricos gemidos se escuchan cuando la cabeza de mi verga entran por su culito. Me aferro a él, con una mano tapo su boca y con la otra me aferro a su cintura. Pero se me escapa, y alcanzo a escuchar:
– Que rico… para, por favor…
No paro. Me sujeto a su cintura y presiono un poco más, entrando en su culito hasta hacerlo gritar. Sus manos, sus dedos, se deslizan por la puerta rendidos y yo sigo tras él, presionando, entrando, penetrándolo tal como le gusta.
– Te amo, Coke – le digo en el momento que pienso no puedo entrar más, tomando su cintura con una, dos manos- Eres hermoso… por favor, entiende…
– Soy el mono feo que se apareció en el camino de un príncipe bonito.
– OK- digo, siguiendo su juego – Pero, para mí, tu eres mi príncipe.
Jorge me mira y cierra los ojos. Lo tomo por la cintura y lo traigo a mí, ensartándolo en mi verga. Trato de acariciarlo pero no me deja. Los espejos de la habitación me devuelven su imagen de un hombre abierto, sentado en una verga conocida. Mis manos lo rodean por la cintura, sujetándolo a mí. Sus pies se elevan y termina así, ensartado en mi pija, con los pies flotando, con su pene erecto tratando de entender qué ha pasado.
– No soy de nadie- me dice – Pero soy feliz siendo tuyo.
– Yo… no soy de nadie- le digo – Pero soy tuyo. Tú y yo, eso es lo importante.
Y la verdad, es que los dos mentíamos. Es mío, lo sé y él sabe que soy de él. Lo dejo libre y solito se sale de encima de mí. No quiere huir, no quiere irse. Se pone a mi lado apoyando las rodillas en la cama, acariciando mi pija dura y mojada. Me besa, restregándose contra mi cuerpo. Siento su pecho rozándose suave con el mío, tratando de enfocarme sólo en su boca, pero no es eso lo que quiere. No tarda en privarme de sus labios, agarrando las almohadas entre sus brazos, levantando su culito abierto, ofreciéndome su agujerito goteando saliva y precum. Veo su expresión de placer, sus manos acariciando sus nalgas, llamándome. Pero me gusta escuchar que quiere más. Me incorporo a su lado, beso su culo y me alejo un poco.
– Joko – me dice casi hundiendo su cara en la almohada – Quiero pico…
Regreso hasta él, pasando mi lengua por su agujerito y bajando hasta sus testículos siguiendo el hilo invisible que marco con mi lengua. Vuelve a gemir, sus dedos se aferran a la cama, su cuello y su cadena se pierden sobre las almohadas. No le doy tiempo suficiente para descubrir lo mucho que le gustan mis labios en su ano cuando regreso con la punta de mi pija a acariciar su agujerito mojado. Y presiono otra vez, penetrándolo despacio. No necesito esfuerzo, está tan abierto que entro sin dificultad, no tengo siquiera que tomar su cintura: puedo darme el placer de verme entrando en él otra vez. Su ano se amolda ya a mí pija, a mis embestidas profundas y lentas. No gime ya, ahoga sus palabras de placer entre las almohadas e incluso mordiendo sus manos para no revelarme cuanto le gusta estar así. Pienso que podría pasarme así toda la noche, pero Jorge no opina lo mismo. Y eso también lo sé: le gusta sentir que me complace, le excita sentir su culito mojado por mí. Vivo lo mismo otra vez, sintiendo su agujerito apretarme, retenerme, llamarme, atrayéndome un poco más. Sé lo que quiere y también lo que tengo que hacer para complacerlo.
– Principito- le digo, dejándome caer sobre él, dejando que mis manos escarben entre las almohadas, el cobertor de cama y su cuerpo, apretando suavemente su pecho, sus tetitas que no le gustan- Eres lo más lindo…
– Lléname, Joko – murmura- Dame leche…
Pero en vez de sucumbir a él como espera, mi mano derecha baja hasta su verga, la atrapo y logro tocarla. Me dice que no, que no lo haga, que pare. Y no paro. Vuelve a gemir diciendo que no, agitándose bajo mi cuerpo. Mi mano se humedece con su semen. No dejo de penetrarlo, no dejo de entrar un poco más y acabo, luego de varias embestidas discretas, rendido sobre él. Jorge deja de sujetarse con las rodillas, pidiéndome que no nos separemos. Así, unidos, nos vamos quedando dormidos.
Despierto en la noche, intranquilo. Jorge duerme a mi lado, bajo mi abrazo. Yo me levanto y apago las luces y, como no puedo dormir hago lo que no debo hacer en estos momentos: pensar. Lo tapo para que no se me resfríe, como si el resfrío pudiera venir de la nada. Sin dejar de abrazarlo, reviso mi celular, mi correo electrónico de la pega y también mi Instagram. Y la voz de Beatriz vuelve a sonar en mi cabeza: “Buena suerte con sus redes sociales”. Es absurdo para alguien como yo, a un sociópata moderno como me gusta pensar en mi mismo, el no haber caído en cuenta que nunca lo he investigado, que nunca he tratado de saber más de él de lo que él mismo me ha contado. Ahí, sujetándolo bajo mi brazo, empiezo a hacerlo por primera vez, ahora que ya es demasiado tarde. Jorge no tiene redes sociales, no que yo sepa. Nos comunicábamos por whatsapp siempre y, cuando mis “amigos” del trabajo empezaron a manifestar un odio latente y constante contra él, utilizábamos signal. ¿Tiene Facebook? ¿Tiene Instagram? No lo sabía, hasta ahora. En menos de diez minutos encuentro su face privado, donde aparece abrazado con Simón ante un lago. Pocos amigos, pocas cuentas a las que pueda acceder. Y vuelo a Insta en nada. Empiezo a correr la búsqueda de conocidos hasta encontrarlo. Nombre de usuario: Joriel. Sé que es él porque es una mezcla entre sus nombres Jorge y Daniel. Su fotografía de perfil lo delata: él ante el espejo de mi habitación, cubriendo la mitad de su rostro con su teléfono celular, selfie anónima perfecta sino tienes toda la información. Sus cuentas seguidas, sus seguidores o sus diez publicaciones no me importan, hay algo más: su frase de presentación. “Rendido ante lo más especial”. ¿Qué quiere decir con esto? ¿Qué me tratas de decir? Lo veo de reojo durmiendo a mi lado y bloqueo mi celular. ¿Por qué debería preocuparme? ¿Por qué Beatriz me deseaba “buena suerte”? Me debo haber quedado dormido, de nuevo, como a las tres y media, pensando varios escenarios, algunos absurdos y otros realistas. Te lo dije alguna vez, no soy una mala persona… soy retorcido y eso es mucho peor. Mañana, mi bufanda beige volverá a ocultar mis inseguridades mientras, con mis guantes de cuero negro, llego hasta la verdad.
Como dije, estamos llegando al final. No se alarmen, sólo la realidad está en momentos distintos. Por eso me demoro en actualizar. En la realidad, serlo y parecerlo se convirtió en mi propia condena. Hoy oculto mis relatos del mismo Jorge; pronto no podré hacerlo más. Quiero que me lea más, que se vea con mis ojos. No estará feliz con el capítulo final pero tranquilo, tranquilos, no es un final. Es una pausa para adecuarme, adecuarnos a lo que está pasando mientras termino de escribir. Un usuario me pidió que nos cuidáramos y eso es lo que estamos haciendo. Cuando ponga el punto final del próximo capítulo lo haré con la certeza de haber compartido lo justo y necesario. Para mí, para ustedes y, sobre todo, para nosotros. Hasta entonces… seguiré paseándome por los Tribunales de Concepción con mi bufanda beige, esa que me regaló después del viaje. Nos leemos.
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3 Comentarios
Dejaste a Jorge bien preñadito… Que wea más rica dormir así!!!
Cómo que se va a acabar????
me hace feliz que la historia de los dos siga