Mi Colega y Yo (Parte VI)

OMG PARTE 6!! Estoy muy feliz con todos los comentarios y con los que me leen:
Yo sabía que la situación no iba a ser cómoda. Primero con mi ex jefe, que estaba molesto por la forma en que lo habían sacado: te deseo lo mejor de todas maneras, me dijo, lo siento por tu vida personal eso sí. Bea también quedó sentida: ella tenía más experiencia y más años, debió haber sido la elegida. Sólo el Director y Jorge estaban contentos y lo decían cada vez que podían. En mi primera reunión con el equipo les dije que intentaría hacerlo lo mejor posible y que necesitaría de la ayuda de todos. Mi ex jefe puso los ojos en blanco y miró para otra parte: ya no éramos amigos al parecer.
– Sabemos que no vas a cambiar- me dijo Bea.
– Exacto. No seré un jefe déspota, pesado e inaccesible.
– No dije eso. Dije que no ibas a cambiar.
Y aproveché de ayudar a Jorge sin que nadie lo notara. Hablé con Segurita, la prevencionista, le echó una mirada a la bodega que querían fuera oficina y recomendó que lo devolvieran a su oficina. Con eso, regresó de su licencia médica. Yo tenía miedo que estando juntos ahora se nos pasara la mano en la pega… y obviamente pasó.
Llegábamos temprano, él porque iba a dejar a Simón al cole y yo porque siempre he dormido poco. Él pasaba a mi oficina, cerrábamos la puerta. Tratábamos de mantener la distancia, pero era imposible. Llegaba a verme y nos besábamos como si nadie pudiera sorprendernos. Un par de veces me la chupó en la oficina. Pero lo mejor era cuando se ponía juguetón y exploraba esas cosas que le daban curiosidad, eso me calentaba siempre.
Ese día pasó a verme con una carpeta entre las manos. Cantaba, tarareando que siempre era viernes en su corazón, me dejó un sobre negro que se sentía blando y me saludó con normalidad. Abogado Joaquín, me dijo estrechando mi mano, que tenga un buen día. Me tiró un beso rápidamente y se fue. Cuando quedé solo abrí el sobre: era un jockstrap color gris con elástico blanco. “Calentón”, le escribí por whatsapp. “No sabes lo cómodos que son”, me respondió. Claro que sabía: ya había usado alguna vez y tenía varios en mi cajón. Guardé el sobre en mi escritorio, planeando ponerme eso durante el día para sorprenderlo. A la hora de almuerzo me llegó una fotografía de él, reconocí sus pantalones abiertos y el mismo jock que me había regalado. “Cómo me quedan?”, me preguntó. “Después del trabajo te digo. Cuando los vea bien”.
Nos fuimos juntos a su departamento. Bastó que cerráramos la puerta para que cayeran al piso mi mochila y su bolso, mi carpeta con documentos y la bolsa de género con compras del super. Me abrazó y mientras nos besábamos me desataba la corbata y desabrochaba la camisa. Yo le quité la polera, sujetándolo de la cintura. Se veía tan lindo con su cadenita con la Estrella de David al cuello, con sus tetillas paraditas, su pecho lampiñito. Me sacó la camisa y se desabrochó los pantalones. Lo detuve, sujetándole las manos.
– Déjame a mí.
Le bajé el cierre y lo dejé en su ropa interior. Si, llevaba los mismos jocks que yo. Nos sacamos toda la ropa, salvo su última adquisición. Se veía bien. No tenía el cuerpo perfecto, pero se veía bien con su pancita y su cuerpo depilado. Era mucho más rico lamerlo. Nos abrazamos bien fuerte, nuestros bultos pegados, sobándose despacio, queriendo salir. Llegamos a su habitación sin dejar de besarnos. Jorge se lanzó en la cama boca abajo, porque quería mostrarme como se le veía el culo con esa ropa. Me tiré encima de él, que sintiera mi bulto entre sus nalgas. Le empecé a besar el cuello, la oreja y él giraba la cabeza para besarnos en los labios. Que rico, Joako, decía Jorge, que rico… Le di un beso sobre su cadenita y bajé por su espalda con mi lengua, mojándolo hasta llegar al elástico del jock. Levantó el culito y yo seguí hasta su ano, separé sus cachetes y empecé a besarle su agujerito. Jorge estiró la mano y se puso un cojín debajo de la watita para dejar que lo lamiera tranquilo. Yo estaba listo para metérselo pero me detuvo:
– Yo también quiero- me dijo.
– ¿Qué quieres?
– Tu culito…
Le di un beso y sonreí. Se metió entre mis piernas con su lengua. Que cosa mas rica, era increíble pensar que este hombre que primera vez que chupaba un culo lo hacía tan rico. Me hizo levantar las piernas y metía su lengua en mi ano. Sus dedos manoseaban mi bulto, tratando de mantenerlo en el jock. Giramos, quedando de costado sobre la cama, el en mi culo y yo en el de él, en un perfecto 69.
– Para… por favor- me dijo, sacando su lengua de mi culo- Me tienes muy al borde…
– ¿Quieres ser pasivo? ¿Qué quieres?
– Contigo… todo.
Excelente, esta es la mía, pensé. Lo rodeé por la cintura y lo traje al borde de la cama. Ya lo conocía lo suficiente para saber qué era lo que quería. Se sentó y yo me agaché para sacar su pene por el lado del jock. Lo besé y bajé hasta su pene duro. No amor, no, me decía. Pero se lo chupé para dejar la cabecita bien babosa. No era necesario desnudarse, es la gracia de esta ropita. Sin decirle nada me di vuelta y me senté despacio sobre sus piernas. Mi hoyito estaba tan mojado, que su pico entró fácilmente. Sí, me había lamido tanto que entró sin ningún esfuerzo. Me tomó por la cintura y me besaba la espalda, metió después su boca bajo mi brazo, lamiéndome. Que eres tonto, amor, voy a acabar en nada, me dijo. Y no me importaba. Era tan rico tenerlo así, sometido a ser activo por una vez. Yo sabía que le gustaba, gemía muy despacio, me apretaba el pecho, me apretaba las tetillas suavemente. Agarró mi cara y me jaló para besarnos. Cuando su lengua entró en mi boca sentí sus espasmos, unos tres o cuatro seguidos, ya no me acuerdo. Ahí sentí mi culo mojado, pero yo no quería parar. Todavía estaba muy caliente.
– Te dije que no era buena idea, Joko.
– A mi me gusta…
Yo podría haber seguido así, bien sentado y ensartado, pero Jorge tenía otra idea. Me besó y me tomó de la cintura, sacándomelo de una vez. De mi ano salieron unas gotas de leche que sentí chorrear hasta mi jock. Creí que él querría descansar un poco, pero no. Volvió a besarme y se tumbó boca abajo, guardó su pene en su ropa interior y se restregaba contra la cama mirándome, gimiendo con la voz mas suave que nunca. Yo estaba durísimo todavía, feliz mirando como apretaba sus nalgas, como jugaba con su culito, se lo abría con las manos mostrándome su ano mojado.
– Quiero leche, Jokito…
– ¿Quiere pico el niñito?
– Si amor… pero métemelo fuerte…
No tenía que pedírmelo de nuevo. Me puse un poco de lubricante y me dejé llevar por su morbo, por sus ideas calentonas. Saqué mi pija por el lado también y me coloqué sobre él. ¿Quiere pico el putito? Se movía tan rico, pajeandose contra la cama. Se abrazó a un cojín y seguía gimiendo haciendo su voz de caliente.
– Quiero pico, papi…
Era chistoso que me dijera papi, siendo el mayor, pero el juego me calentó más. Puso la cabeza de lado para besarme y entre gemidos me pedía que le diera bien fuerte. Decía que era mi puto, que mi pico lo tenía loco. Puse mi pene en su culo y entré de una vez. Sé que le dolió pero en vez de quejarse, pedía que le diera más. Entre lo apretado que estaba, lo mojado de su ano y como gemía, me hacia darle más. Lo trataba de sacar y embestía de nuevo, bien fuerte, hasta que mi cuerpo chocaba con el de él. Lo que más me calentaba era escucharlo gemir y sus palabras. Me decía que era mi puto, que yo lo había hecho maricón, que le encantaba el pico, que quería que lo rajara, que iba a quedar todo abierto. En un momento, de caliente, lo empecé a penetrar más fuerte y terminé tapándole la boca con mi mano.
– ¿Te gusta, putito?
Gimió más fuerte y movió la cabeza diciéndome que si. Cuando sentí que iba a acabar empecé a darle más y más rápido como si de verdad quisiera romperle su ano, hasta que me corrí adentro de su culo. Me dejé caer por completo sobre él, aplastándolo. Sonreía con los ojos cerrados. Le di un beso en la mejilla.
– No me lo saques, que salga solito.
Nos quedamos dormidos así, bien abrazados y llenos de la leche del otro. Con el tiempo Jorge se soltaría más y yo también. Sus morbos, sus gustos, los iba compartiendo conmigo. A veces le daba vergüenza decirme cosas pero siempre me contaba.
Y para cerrar con drama, decidimos irnos de vacaciones. Juntos. Él había quedado de jefe de planificación por larga licencia de su jefa. Lo anunció en una reunión de coordinación. Dijo que se iría todo febrero, un mes poco apetecido en comparación con enero. Le preguntaron si tenía algún plan y dijo que sí: pasar dos semanas con su hijo, una semana en Perú y otra semana de descanso, en ese orden. Después, yo dije que me tomaría tres semanas del mismo mes: una para trámites, una para irme a Miraflores y otra para descansar de mis propias vacaciones. Luisa de fiscalización notó la coincidencia y comenzaron los chistes. ¿Se van juntos? Porque podrían irse juntos. Ni siquiera son amigos, murmuró Javiera de atención de usuarios. El Director se rio y me miró con su sonrisa falsa en la cara. Eduardo de control le dijo a Jorge que no sabía que le gustaban tan jóvenes. Y eso lo colmó.
– ¿Alguien de acá sabe el nombre de mi hijo? – preguntó sin que nadie le respondiera- ¿Alguien sabe cuando estoy de cumpleaños? ¿Alguien sabe si mis papás están vivos? ¿Alguien se me acercó cuando me separé para saber cómo estaba?
Silencio. Yo jugaba con mi lápiz, pasándolo entre mis dedos sin que cayera mientras pensaba que anotaba 3 de 4. Jorge se puso de pie, tragó saliva y ordenó sus cosas:
– Si no eres capaz de responder dos de estas, entonces no entiendo qué haces haciéndome bromas de este tipo. Ustedes no son mis amigos, son mis colegas. No les voy a permitir esta intromisión en mi vida privada y mucho menos les voy a permitir que me conviertan en su broma. Ahora si me disculpan, tengo cosas más importantes que hacer, por el Servicio, que estar discutiendo mi vida personal.
Tomó sus cosas y se fue. El Director me miró y se inclinó hacia mí:
– Este mono pasó de ser desagradable a ser una drama queen.
– Jorge tiene razón – le dije.
Me puse de pie y todos me miraron. Si, fui cobarde. Junté mis carpetas, mis papeles y agarré mi mugg de café. Los miré y debo reconocer que me dio miedo.
– Bueno – dije – No tengo nada que agregar. Un más uno a lo que dijo Jorge. Adiós.
Después de irme, por rumores, supe lo que había opinado el Director:
– Sacamos a uno o sacamos a los dos.
Y no, queridos lectores, eso no iba a pasar. Todo lo contrario. Pero eso queda para después de las vacaciones.
3 Comentarios
Dormir abrazados y los dos llenitos… Weon que rico
Soy un fiel seguidores de esta novela de amor. Trabajar en el S.publico es agotador lidiar con los colegas. Tengan mucho cuidado. Protejanse mutuamente.
Amoo está historia ❤️