Mi Colega y Yo (PARTE III)

Muchas gracias por todos los comentarios y también por los likes. Me gusta mucho escribir, ha sido un hobby de siempre. Sólo que no siento que sea bueno narrando cuentos xxx pero pretendo seguir igual jajajaja. No puedo privarlos de esta historia. Prosigo:
Después de los mensajes anónimos en Instagram todos se pusieron paranoicos: el Director estaba seguro que mi jefe era el involucrado y miraba de reojo cada vez que se acercaba a otro funcionario. Sabía que era casado y tenía tres hijos, así que sospechaba llevaba una doble vida. Mi jefe creía que los posteos se trataban de mí y yo simulaba no tener idea. Siempre me reía de los colegas que tenían algún tipo de relación más allá de amistad e incluso había dicho varias veces que no me parecía que un matrimonio trabajara en un mismo programa y uno siendo el jefe del otro. Jefatura de Gestión fue descartada rápidamente del rumor gay porque era mujer, así que nada cuadraba en ese momento. Pero a nadie le afectó tanto todo como a Jorge. Apenas me hablaba en el Servicio, trataba de no cruzarse conmigo y sus saludos antes efusivos se convirtieron en tímidos apretones de mano. Nos veíamos a escondidas, siempre afuera, en su departamento o en el mío y sólo los fines de semana. Casi no nos mandábamos mensajes por whatsapp y yo la verdad, tampoco quise buscarlo, ni presionar. Le di su espacio. Curiosamente la única persona que se dio cuenta que algo no andaba bien, fue su ex. Un día, estando ella y yo revisando unas causas, vimos a Jorge pasar con la cabeza gacha por fuera de nuestra oficina:
– Algo le pasa a Coke- me dijo- Si no fuera porque lo conozco y porque Gestión lo dirige la Paula, pensaría que él es gay del rumor.
– No pensé que Jorge era gay- mentí.
– No se necesita ser gay para meterse con un weon. Con la suerte que tiene, se mete con uno, trata de hacerlo secreto y se olvida que hay cámaras por todas partes.
¡CSM! Pensé en algo distinto para no reaccionar pero me puse nervioso. Traté de rememorar que nunca habíamos hecho anda delante de las cámaras. En efecto, nuestra oficina está plagada, no entiendo para qué. Le iba a escribir a Jorge pero asumí que si llegaba a pensar en las cámaras terminaría todavía más paranoico. Lo pensé harto y caché que tal vez, sólo tal vez, las cámaras podrían habernos visto pasar al baño o salir juntos… pero nada más.
El sábado siguiente tuve que ir a trabajar por unas causas atrasadas y ni ahí con hacerlo desde casa y justo me encontré con Jorge. No nos habíamos escrito así que en verdad me sorprendió encontrarlo ahí. Por supuesto que él si sabía que yo iba a ir, supongo que es mejor investigador que yo. Cuando me vio entrar a mi oficina vino rápidamente: estábamos absolutamente solos. Traía su tazón en la mano, como antes. Se acercó y me dio un beso en la mejilla:
– Estamos solos- me dijo- Perdóname por andar amurrao. Me dio miedo.
– ¿En que año estamos? Es casi 2030, no 1930.
– Pero yo tengo ex, un hijo… y mi hijastra que es como mi hija.
– Yo no te estoy pidiendo nada. No quiero que salgas a anunciar nada ni casarme ni mucho menos.
(Falso, si pienso casarme, pero no estoy seguro si con él)
Nos abrazamos fuerte, casi se le cae la taza y miró para todos lados para darme un beso en la boca. Sus labios seguían igual de ricos, pero me aparté pronto. Sabía que si seguía esto se podía descontrolar. Y se descontroló.
– Tengo que mostrarte algo- me dijo.
Dejó el tazón sobre mi escritorio y corrió tal como niño juguetón hasta la puerta. Le puso llave y volvió hasta mí. Se desabrochó el cinturón y se abrió el pantalón. Jorge no era gordo, no era flaco tampoco. Creo que el gimnasio no estaba haciendo efecto porque gastaba gran parte de su tiempo en hablar conmigo. Tenía un caminito de pelitos desde el ombligo hacia abajo y algo de vello en el pecho. Andaba en boxers ajustados negros, ck porque el ama esa marca. Oye, para, alcancé a decirle, pero siguió y terminó con todo abajo. Lo que quería mostrarme es que se había afeitado todo y se palpaba como para calentarme.
– Mira- me decía- parezco pendejo asi.
Si, si, le dije yo tratando de subirle los pantalones, podemos seguir afuera, acá no. Pero yo si quería seguir.
– El edificio está vacío- me explicó- y si alguien llega va a marcar y de aca se escucha el reloj control.
No encontré fallas en su lógica y me senté en mi silla. Lo atraje hacia mi, acariciando su culito blanco le di un besito tierno en su pene, que empezó a reaccionar altiro. Se empezó a poner duro y yo me lo llevé a la boca. El gimió y se tapó la boca para no hacer más ruido innecesario, como si de verdad pudieran pillarnos en cualquier rato. Se lo chupé mucho rato, despacio, tratando que no se notara lo incomodo que yo estaba. Jorge me acariciaba el cabello con ternura, decía Joaco, eres tan lindo, Joaco te echaba tanto de menos. Yo seguía chupándolo, acariciaba sus huevos, palpaba su pubis suavecito, mis manos bajaban un poco a sus muslos y subían de nuevo a su cintura, su ombligo. Intentaba que no se diera cuenta de mi nerviosismo y que la tenía tan dura de solo tenerlo así, entregadito, que si él llegaba a acabar en mi boca probablemente yo terminaría corriéndome en mis boxers sin siquiera tocarme. Joaco, para. Saqué su pene de mi boca y lo miré hacia arriba con cara de decepción, yo quería seguirlo chupando. Tomó mi rostro y se lanzó sobre mí a besarme los labios. No sé que me calentaba más: su lengua en mi boca o el compartir el sabor de su pene de esa manera.
– Te quiero pedir algo- me dijo.
Me dio un besito tierno en la frente, se arregló la camisa y volteó, sujetándose del escritorio. Levantó el culo y se separó las nalgas con sus manos, mostrándome su agujerito rosado. No tenía que pedirme nada: me lance a pasarle la lengua y el volvió a gemir, a decir que rico. Yo metía la lengua en su ano, mojándolo lo más que podía. Y es que Jorge no solo se había depilado adelante, también su agujerito estaba suavecito, sin un pelito. Yo alternaba lamidas con besos, pero lo mas rico era tratar de entrar con la punta de la lengua asi que trataba de separar mas su culito y así era fácil entrar. Jorge gemía, se sujetaba del escritorio y levantaba mas su culo. Me desabroché mi pantalón a penas, sin dejar de chupar estiré mi mano para llegar a mi bolso:
– Estoy seguro traje condones- murmuré.
– Maravilloso- respondió- Pero no los uses.
– ¿Quieres sin…?
– Quiero tu leche, Joaco…
Escuchar eso me calentó más. Me paré y él se apretó contra mí. Su culito rozando mi bulto duro por sobre la ropa. Jorge giró la cabeza y nos besamos así. Métemela, Joaco, métemela. Lo besé más y lamí su oreja derecha mientras me bajaba los pantalones. Estaba tan caliente, tenerlo así, pidiendo que lo follara me hacía recordar a mi ex y tiempos de sexo más duro. Lo habría dado vuelta y lo habría puesto a chuparme hasta que se ahogara, pero no estábamos en ese punto. No todavía. Compórtate, Joaquín, pensé y me mojé la punta del pene con saliva. Jorge volvió a inclinarse en el escritorio y yo pase la cabeza por su ano mojado. ¡Qué sensación tan rica! Él apretaba y soltaba, como invitándome a entrar de una vez. No pude contenerme porque el repitió:
– Métemela, Joaco…
Así que empujé un poco, separando su culito con las manos y entré despacio. Miraba mi pico entrar en su culo y el gemía tan rico. Mi pene es super normal, unos 16 cms, pero me calentaba mas verlo entrando así, despacio y Jorge me animaba diciendo que era tan grande, que era tan rico, que lo metiera todo. Lo tomé de la cintura y empuje más. Él apretaba y soltaba, su culito se sentía tan caliente y mojado que era fácil el vaivén de entrar y hacer como que salgo. Lo penetraba despacio y él murmuraba que quería más, así que yo retrocedía y lo metía más fuerte, me detenía un rato y volvía. Traté de masturbarlo, de tomar su pene, pero su barriguita estaba pegada al escritorio, no podía alcanzarlo. Le desabroché la camisa y empecé a acariciar su pecho, que ahora también estaba suavecito, sin pelitos. Toqué sus tetillas duras, me las imaginaba rosaditas, paraditas. Jorge apretó una vez más su ano y yo me apegué a su espalda:
– No, para… no quiero acabar todavía- le dije al oído.
– Amor, préñame…
¿Escuché bien y me dijo amor? No tuve tiempo de cuestionármelo, porque volvió a apretar su agujerito y se movió tan rico, como forzando a que saliera y entrara de nuevo. Lo tomé de las manos, sujetándolas tras su espalda y así, retrocedí un par de pasos, dejándome caer sobre mi silla. Jorge quedó sentado sobre mis piernas con mi pene ensartado completamente en su culito. Alcancé a escuchar que dijo no, para y luego volvió a apretarme con mucha más fuerza. Sus gemidos ahora fueron distintos, más largo, como pequeños gritos ahogados. Trató de liberarse pero no lo dejé. Yo sabía que se había corrido, pero no me relajé. Intenté retroceder un poco y meterla más pero Jorge pesaba más de lo que yo esperaba. Gimió cansado, tratando de recuperar el aliento y volvió a apretar su culito. Eso fue suficiente para mí, solté sus manos y el trató de ponerse de pie, apoyando sus manos en mi escritorio. Hizo el gesto de tratar de incorporarse pero en verdad solo volvió a apretar su ano para darme más placer. Apreté con mis dedos la silla y gemí muy fuerte al tiempo que soltaba varios chorros de semen en su interior. Jorge se sentó sin sacar mi pene de su culo y se rio.
– Pucha- me dijo- Quiero darte un beso y así no puedo.
Separé sus nalgas para que mi pene saliera sin dificultad, vi como salían unas gotitas de leche de su agujerito pero Jorge volvió a apretar para conservarla. Se dio vuelta y nos besamos.
– Podría hacer esto siempre- dijo Jorge.
Y podríamos haberlo hecho siempre, pero en la distancia escuchamos el sonido del reloj control y eso nos despertó totalmente. Él se subió los pantalones a toda velocidad y se abotonó la camisa muy rápido. Yo me puse de pie y me vestí sin limpiarme. Habrá sido un minuto, a todo dar. Jorge caminó hasta la puerta con su taza en la mano, para disimular. Me miró para asegurarse que estuviera vestido y quitó la llave de la puerta sin hacer ruido. La abrió en silencio y dijo:
– No me parece que jurídica no está respondiendo correctamente a los indicadores…
– Tendrás que hablar con mi jefe para eso, no conmigo.
Nuestro dialogo inventado, atrajo al visitante, ni más ni menos que el Director. Nos saludó con cara de confusión y Jorge mintió:
– Estos deben ser los únicos abogados que no tienen café- se burló y se fue.
El Director se acercó a mi escritorio y yo miré el piso: un pequeño charco de semen junto a mis pies. Vi que el teclado también estaba manchado, tuve que improvisar. Adelanté mi silla y pasé la manga por el teclado. El Director se sentó en el escritorio frente a mí, curiosamente el de la ex de Jorge y me dijo:
– Estoy seguro que tu jefe es gay y se metió con un weon. Los posts en Instagram tienen razón.
– No creo- respondí- Está casado, tiene hijos…
– A ver, no me malentiendas. Si es gay me da lo mismo… lo que no me gusta es que esté engañando a la mujer.
– Soy su amigo y sé que no es así.
– Como eres su amigo, lo quieres proteger. Pero yo lo quiero sacar y me gustaría que tú puedas aceptar su puesto.
Tragué saliva y no dije nada. Yo seguiría defendiendo a mi jefe en los días que siguieron, defendiéndolo de algo que yo había hecho. Le conté a Jorge y él no le dio importancia. Se relajó con el asunto. Teníamos que tener cuidado, pero confiábamos en nuestras habilidades para engañar a los demás. Trabajamos toda la mañana, cada uno en su oficina pero nos juntamos a mediodía a tomar café, como siempre. Cuando le pasé el endulzante, sus dedos tocaron los míos. Acarició mi mano y sonrió:
– Se siente tan rico estar así de mojadito- me dijo- Perdón, me debes encontrar muy roto…
– Siento que convertí a un weon hetero en un gay pasivo – me reí.
– De pasivo nada- bajó la cabeza unos segundos y luego me miró, coloradito, tierno- Tal vez convertiste a un weon amargado en un weon enamorado.
Miré hacia la puerta abierta: nadie nos observaba, no había cámaras sobre nosotros. Tomé su mano y la besé. No usaría la palabra amor, pero esta vez no pensaba quedarme callado:
– Te quiero mucho, Jorge.
El sonrió, cerrando los ojos y me imitó. Tomó mi mano y besó la palma.
– Yo también te quiero mucho, Joaco.
Y se me fue la Tercera parte, espero les guste. La había empezado pero no terminado. Vendrán cositas, porque esto sigue. No hoy, no mañana, pero vendrá una parte IV. Pasarán más cosas calientes, un poco de intriga y yo, cuidándolo como sólo yo sé hacer. Ya me han dicho que detrás de mi chaqueta favorita y de mi bufanda beige de niño bueno, se esconde una mente malvada. Y es así, especialmente cuando van contra las personas que quiero. Porque si, donde estamos ahora puedo decirlo: lo quiero mucho. Au revoir!
4 Comentarios
Anónimo
mayo 18, 2026 a las 4:44 amAcabo de terminar de desarrollar un proyecto no se tía sueño, me leí las 3 historias, traté de asociar el caso , son las 04.40 am… y el parcito me dejaron con la intriga del siguiente desenlace… estaré atento abogado de la bufanda beige, un abrazo convertidor de hetero a pasivo
Fer32
mayo 18, 2026 a las 9:30 amNo sé porque tengo la tinca que Jorge de heteroflexible va a terminar más califa que todos.
Anónimo
mayo 18, 2026 a las 7:35 amQue buen relato, está muy interesante e intrigante y demás está decir que está calentón la historia…espero con ansias la cuarta parte..saludos
CA_Alejandro
mayo 19, 2026 a las 10:24 amMe encanta estos relatos!