Mi Colega y Yo
He leído varios relatos y como me gusta escribir, acá estamos.
Mi nombre es Joaquin, trabajo como administrativo en un servicio público de Concepción, tengo 38 años prácticamente, pero esto partió cuando yo tenía alrededor de 35. Soy un tipo normal, poco menos de 1.80, pelo negro, barba, del montón creo que del montón bueno, ni gordo ni flaco. No me considero feo, tampoco guapo. Eso sí, compenso con personalidad, siempre me han encontrado interesante, un scorpio de tomo y lomo. Nunca he tenido problemas con mi sexualidad, para mi no es tema. Dentro del universo de mi vida, que me gusten los hombres es un punto más. Así me criaron y así he vivido. En mi trabajo, no lo he anunciado a los cuatro vientos y tampoco pienso hacerlo. Varios amigos y colegas saben, lo que es tomado con toda naturalidad. Cuando he estado de novio, la gente precisa lo ha sabido. No es problema. Por eso no me preocupé demasiado cuando conocí a un colega de otro departamento, Jorge.
Jorge tiene 5 años más que yo, es pálido, es de los profesionales más jóvenes de mi trabajo, con unas tres o cuatro excepciones, yo incluido. Cuando lo conocí estaba casado con una abogada del Servicio y tenía un hijo pequeño. Con la pandemia, fueron de esas parejas que con el encierro descubrieron que no se soportaban y terminaron divorciándose pacíficamente. Su ex, con quien yo trabajo directamente, siempre había sido agradable conmigo… tal vez demasiado. Lo que más me molestaba de ella era su efusividad: sus besos eran besos de verdad. En Chile, se estila el beso en la mejilla para saludarse, pero es un beso que consiste en un leve roce de las mejillas, incluso sin roce. Pero ella no: ponía sus labios en mi cara y a veces dejaba mi rostro mojado. No la soportaba y hacía lo posible por esquivarla. Jorge, por su parte, hacía cosas parecidas: sus apretones de mano eran como caricias, me jalaba para abrazarlo y, cuando lo conseguía, se las ingeniaba para colocar su mano entre mi pecho y el de él. Mi jefe, que es un amigo bastante cercano, lo notó hace años y empezaron las bromas internas. En esos chistes, yo era el tercero en discordia en ese matrimonio, que la esposa de Jorge me tenía ganas, que Jorge quería conmigo. Yo nunca quise acercarme a él: habíamos tenido una mala experiencia laboral a poco de conocernos así que sólo lo saludaba. Si se ofrecía a llevarme del trabajo al centro de la ciudad, yo lo rechazaba con algún pretexto absurdo. Yo hacía lo posible por esquivarlo, tonterías mías. Un día me cambiaron el computador y él se ofreció a revisarlo. Yo eché para atrás la silla pensando que él me permitiría salir, pero no. Prácticamente se sentó en mis piernas para ver mi PC. Mi Jefe por supuesto tomó esto como un nuevo motivo de joda.
– ¿Por qué no puedes aceptar que alguien te quiera? – me dijo mi jefe – Eres un weon adorable, se entiende perfectamente que alguien quiera tenerte cerca.
Fue así como empecé a conocer mas a Jorge. Empezamos a desayunar juntos, a tomar un café a media mañana, a conversar antes de almuerzo. Después esto derivó en el café después del almuerzo y, cuando por la ausencia de mis compañeros de departamento gracias al teletrabajo, él tomaba sus cosas y se instalaba en mi oficina. Nunca vi ninguna mala intención… porque probablemente no quería ver. Ignoré que cuando nos despedíamos sus abrazos no eran comunes, eran muy apretados. A veces acariciaba mi cabeza. Buscaba pretextos para tocarme, para despedirse más de una vez y, por supuesto, abrazarme. Hablábamos todos los días por whatsapp, cuando no podía responderme de inmediato se disculpaba, si pasaban horas sin que me respondiera yo recibía un video de él pidiéndome perdón por ignorarme. A fines del 2024 empezó con que estaba gordo, que necesitaba ir al gimnasio, que lo acompañara, que tenía cinco días disponibles para regalar a un amigo y quería que yo los usara. Yo, tratando de mantener cierta distancia, lo rechacé. No me di cuenta como esta relación de amistad que yo reforzaba diciéndole amigo cada vez que podía, se convirtió en algo más.
Terminé matriculándome yo en el gimnasio y en algún momento se lo conté. Recuerdo bien que yo estaba en la trotadora haciendo cardio cuando me empezó a escribir:
– Eso! Con toda la actitud!
Yo lo había visto entrar así que no me sorprendió.
– Gracias – le puse- Estaba haciendo cardio. Me quedan unos minutos.
– Tres para ser exactos.
Puse los ojos en blanco, sabiendo que Jorge estaba atrás de mí, esperándome. Si, ahora que veo hacia atrás, pienso que es “muy sicópata” pero, como diría mi madre: takes one to know one. Cuando terminé, tras los tres minutos, me lo encontré, me abrazó ignorando lo sudado que yo estaba, sin importar mis protestas. Más rico así, sudadito, me dijo al oído. Ese día lo tuve de sombra. Me acompañó por todo el gimnasio usando cada máquina que yo ocupaba, nos turnábamos en plan gym bros’ y el esquivaba mi pregunta constante: ¿Qué haces acá si es la sede del gym que te queda más lejos? Estuvimos como una hora en ese juego absurdo y fuimos a los vestuarios a ducharnos y cambiarnos de ropa. Cuando se quitó su polera sudada, no dejaba de mirarme a los ojos, pese que estábamos muy lejos el uno del otro. Yo hice lo mismo, tratando de imitarlo. Sabía que estaba pasando algo, pero yo no iba a dar un paso en falso. Es tu amigo, no lo quieres perder, me repetía. Jorge se quitó los shorts y quedó en unos bóxers ajustados CK. Era la primera vez que lo veía con detención: tenía una pelusilla adolescente en el pecho, que no delataban sus 40 años, el pecho blanco, sus tetillas rosaditas, una cadena con la Estrella de David le colgaba del cuello. Se anudó la toalla a la cintura y se fue a las duchas sin quitarse la ropa interior. Yo hice lo mismo. En ese momento yo había decidido que, si bien no quería bailar con el diablo, tampoco le haría asco. Me metí a la ducha contigua a la que él usaba, con toda intención. Para ese momento sólo estábamos los dos. Abrí el agua caliente y casi al instante lo escuché:
– Oye, Jorge- me dijo- ¿Te puedo hacer una pregunta?
– Otra… porque eso ya es una pregunta.
Lo oí reírse. Sentí que el agua de su cubículo dejó de correr y, a los pocos segundos, dos golpecitos en mi puerta. Saqué el pestillo y el entró desnudo rápidamente, apoyándose para cerrar nuevamente.
– ¿Tú encuentras que tengo muchas tetas? – me preguntó acariciándose el pecho.
– Si conversaras menos conmigo en tus rutinas, tendrías menos…
– Tú y tu humor de mierda- me dijo, acercándose.
Nuestros cuerpos se encontraron bajo el agua que caía. De perdidos al río, pensé yo viendo que este era el obvio desenlace de tantas señales que no quise ver, y lo abracé. Su verga dura presionaba contra la mía que se erectó al instante. Podía sentir nuestros vellos mojados rozándose suavemente. Él levantó la cabeza y me miró con esa expresión de ternura que sólo yo veía.
– Siempre te dije que no tenía miedo de tener algo con un hombre- me dijo.
– Esto no es miedo… es tú queriendo algo más.
Nos miramos por varios segundos, así abrazados. Nos besamos hasta que el agua se cortó y yo la accioné de nuevo. Sentía su corazón latir con fuerza, asustado tal vez, expectante. Me acariciaba el cabello, desesperado. Yo trataba de no espantarlo, tocaba su espalda, su cintura, subía hasta su pecho y tocaba con suavidad sus tetillas duritas. En un momento sus besos se volvían más ardientes, me mordía el labio inferior, gemía suavemente. Me dio la espalda, levantando su culito hacia mí. Yo bajé besándolo hasta su culito. Separé sus nalgas y pasé mi lengua por su agujerito, mojando con mi saliva su ano. Lanzó un gemido muy fuerte cuando logré entrar. Y ahí algo se quebró. Se dio vuelta rápidamente y salió de la ducha sin decirme nada. Escuché que el agua en su cubículo volvió a accionarse. Quedé confundido: ¿Se asustó? ¿No le gustó? ¿Me pasé tres pueblos?
No supe leer sus expresiones, estuvo en silencio a mi lado mientras nos vestíamos. Me pidió desodorante porque yo tenía en spray y, cuando me lo devolvió, acarició mi mano como tantas veces antes. El vestuario ya se había llenado y aprovechó esa impunidad para decirme al oído: no quiero que nos pillen y nos echen del gym.
– Yo te llevo- me dijo.
Llegamos a su auto, que era el único estacionado sólo en el segundo nivel del Mall Del Centro. Nos sentamos en silencio, mirando al frente, a nada. Nuestras manos se encontraron sobre la palanca de cambio.
– Nunca he estado con un hombre- murmuró – Pero tú… tú me quieres.
– Ah yo sí he estado con varios- me burlé – A dos weones que me den cinturón negro.
– Tarado.
Abrió la guantera y me pasó un preservativo, haciéndome una señal con su cabeza, señalando el asiento de atrás. Entendí y salí del auto para entrar a la parte de atrás. Jorge pasó sin necesidad de salir. Se bajó los pantalones y los boxers y empinó el culo hacia mí. Cerré la puerta y volví a lamerlo, pasando mi lengua por su agujerito, mojando sus pelitos, acariciando con mis manos sus huevos. Jorge gemía fuerte, con su voz ronca murmuraba mi nombre, bueno, mi diminutivo Joaco. Yo saboreaba su ano, metía mi lengua tocando sus nalgas blancas y suaves. Estaba a mil, no sé en que momento me bajé los pantalones y la ropa interior. Me chupé el dedo índice y lo metí suavemente en su culito. Jorge no se quejaba, sólo gemía. Se quitó las zapatillas, los pantalones y los boxers. Yo me acomodé en el asiento mientras me ponía el condón y él volvió a besarme en los labios. Mi verga dura chocaba en su culo mojado. Me abrazó y yo lo llevé hasta mi boca. Así, besándonos como locos, mi pija entro en su agujerito. Sentí como entraba, su culito blandito, sus nalgas bajando despacio sobre mí. Supe que estaba completamente adentro cuando mordió mis labios con ternura.
– Te…
No dijo nada. Yo metía una mano entre su ropa, acariciando su pecho sin poder parar de besarlo. Mi otra mano en su cintura, haciéndolo subir y bajar con mi pija ensartada en él. Me gustas desde la primera vez que te abracé, me decía, me gustas tanto. En un punto dejé de llevar un ritmo y él se movía despacio sobre mí. Yo lamía su cuello, volvía a sus labios, tomaba sus manos, las apretaba suave. Él no paraba de subir y bajar, cabalgando encima de mi verga como si no fuera la primera vez. No sé cuanto tiempo estuvimos así, pero recuerdo que sus piernas pasaron atrás de mi espalda y me dijo que quería besarme otra vez, palabras absurdas porque yo no quería dejar de besarlo. Me abrazó también con sus piernas y me besó metiendo su lengua en mi boca. Estoy seguro que lo escuché sollozar… su verga dio varios espasmos seguidos, mojando mi barriga. Se detuvo un momento, dejando caer su cabeza sobre mi hombro. Lo sentí jadear cansado y acaricié su cabeza. Estaba avergonzado, tal vez por acabar antes que yo, tal vez por estar rendido sobre un hombre al que estaba complaciendo. Tomé su cara y volví a besarlo. Sequé sus lágrimas con mis dedos, le dije que no iba a cambiar nada y si cambiaba, iba a ser para mejor. Me abrazó más fuerte y volvió a moverse hasta que hizo acabar.
Conversamos mucho rato, ya vestidos en su auto. Nos fueron a avisar que el mall iba a cerrar así que debíamos irnos. Me dejó en mi casa y nos despedimos con un beso. Él tenía su vida destruida que reconstruir y yo una vida en construcción. Yo ascendí y ahora soy el jefe de mi programa. Él ascendió y es jefe de su departamento. El director del servicio todavía no se da cuenta que Jorge y Joaquín toman vacaciones y días libres en las mismas fechas…
Espero que les haya gustado este relato que será el primero de muchos. ¿Es real o ficción? Yo lo único que puedo decir es que mi celular acaba de sonar. Es Jorge deseándome buenas noches y que duerma bien, que nos veremos pronto. Pues entonces, nos vemos pronto.
6 Comentarios
Carlos 45
abril 19, 2026 a las 1:32 pmAmo a Jorge, muy amoroso para ti
Anónimo
abril 19, 2026 a las 2:17 pmEs real. Te llamas Cris. Si das vuelta la C queda como J. Espero que aún estén juntos
C.ale_
abril 19, 2026 a las 10:05 pmHistorias del Smart fit jejejeje
Anónimo
abril 20, 2026 a las 1:22 amExcelente redacción, historia que engancha, realmente me gustó demasiado. Un chileno que no escribe como chileno, me enamoró!
Anónimo
abril 20, 2026 a las 3:18 amHace rato que no leía un relato tan bueno, tiene la dosis justa de detalles cotidianos, contando el acercamiento a través del tiempo y culminar en el sexo después de eso solo le da mas valor a la historia. Perfección
Miguel
abril 20, 2026 a las 6:40 pmQue hermosa historia de amor