Javier el Repitente – Parte 6

Javier el Repitente – Parte 6

Javier el Repitente 5 parte

Estimado Lector en su momento creí que llegar a la cuarta parte seria lo ultimo, pero a medida que voy recordando, las letras van aflorando.

Ese verano después de que me pidiera pololeo en navidad fue intenso, que pasé junto a mi Javier fue intenso. Ese verano lo pasamos juntos; íbamos al río y allí, muchas veces en la soledad, el calor, el agua y la arena fueron cómplices de nuestras pajas mutuas, de sus penetraciones, de sus gemidos, de bañarnos en los pozones desnudos, de bautizarnos con el agua, de hacer el amor en el agua, de orgasmos y pasto seco, de olor a hojas de álamo, de amarnos mutuamente.

Javier ese verano se fue una semana a Laja, donde sus abuelos. Cuando podía, me llamaba por teléfono a mi casa; todos los días me llamaba por lo menos tres veces al día: en la mañana, antes de almorzar y en la tarde a la hora de la once. Me decía que a esas horas iba al negocio y podía llamar del teléfono público. Lo extrañé mucho esa semana y media, y yo andaba como aweonao, ido. Mis papás varias veces me lo preguntaron, pero solo les decía que tanto ir al río a pie o en bicicleta ya me tenía agotado.

Un día miro a mi mamá y noté que se le abultaba la guata. Le pregunté qué onda y me lleva al dormitorio y me dice que está embarazada, pero que mi papá no lo había notado. Yo la abracé y me puse muy contento, pero quizás qué cara tenía que ella se puso de pie, cerró la puerta con seguro y me dice:
—Gabriel, ¿qué te pasa a ti? Llevas cinco días como enojado, andas en otra, ya no sales, pasas pendiente del teléfono. Si hay algo que saber, hijo, dímelo, porque me estás preocupando mucho.

Yo no sabía cómo empezar ni qué decir realmente, pero como siempre he sido directo, le tomo las manos y le digo:
—Mamá, desde el 24 de diciembre que estoy pololeando y eso hoy me tiene así.
Mi mamá me mira y me dice:
—Pero Gabriel, deberías estar feliz y no con esas caras, hijo. Por Dios, con tu papá no sabíamos qué te estaba pasando. Y cuéntame, ¿cómo se llama la niña? ¿De dónde es? ¿Compañera tuya?
—Es que…
La verdad es que no sabía cómo decirlo.
—Lo que pasa, mamá, es que no es una niña.
Me tapé la cara y comenzaron a llenarse mis ojos de lágrimas.
—Es un niño, mamá.

Mi mamá me mira, me saca las manos de la cara y me dice:
—Es Javier, ¿verdad?
—¿Qué…? Pero, ¿cómo sabes?
—¡Ay, Gabriel! No se te olvide que yo te parí y que estuviste nueve meses en esta guatita, eres demasiado evidente pues, hijo. Y bueno, cuéntame qué pasa, ¿pelearon, terminaron?

Mi mamá lo tomó muy bien.
—Mamá, ¿pero esto a ti no te molesta? ¿No estás enojada conmigo?
—Gabriel, si tú eres feliz, yo también voy a ser el doble de feliz. Además, hijo, yo me prometí cuando fui adolescente nunca darle la espalda a alguien que siente como tú. ¿Recuerdas a Vicencio?
—Sí, tu amigo, que cada vez que se encuentran se abrazan y lloran.
—Bueno, Vicencio fue pololo de mi hermano Andrés en tiempos de dictadura. Tú sabes que mi hermano salió de la casa y nunca más volvió; mi mamá y mi papá nunca superaron su desaparición y bueno, tú ya sabes todo lo que pasó. Por esa razón tu papá te puso Gabriel y yo Andrés, en honor a mi hermano. Vicencio y Andrés fueron un amor clandestino al que muchas veces mis papás quisieron romper. Andrés sufrió mucho, así que era yo la que en las noches le decía a Andrés que saliéramos a dar una vuelta y él podía encontrarse clandestinamente con Vicencio. Así que, hijo mío de mi corazón, sé feliz con Javier y vivan su amor. Ámense y respétense siempre.

Ese día salí en la tarde, fui a comer helado, salí en bicicleta y a las 18:00 estaba clavado en la casa esperando que mi Javier me llamara. Hasta yo mismo sentí que me había cambiado el genio desde que hablé con mi mamá. Javier me avisó que en tres días más volvía, así que yo estaba muy ansioso.

Una tarde salí a darme una vuelta a la plaza cuando siento que alguien me miraba con mucha insistencia. De repente miré y veo a un chico moreno, pelo ondulado, con un lunar en el labio. Por estar paviando mirándolo, choqué con la bici y me fui al piso. El chiquillo se cagó de la risa con sus amigos; sin embargo, fue a ayudarme a parar. Aún se reía y yo, rojo como un tomate.
—¿Te caíste? —me preguntó.
«Pregunta pa’ weona», pienso yo, y le digo:
—No, para nada, yo me bajo así. Obvio que me caí po, ¿no estabas viendo?
Me piqué mucho. Él se disculpó y me dice:
—No te enojes, es que igual fue bueno el porrazo. Me llamo Lucas. Soy nuevo, llegué antes de ayer. Este es mi primo Fabián, venimos del norte, de Iquique.
—Wena —les digo y les doy la mano—. Soy Gabriel, o Gabo pa’ los amigos.
—Un gusto, Gabo. ¿Y eres de por aquí?
—Sí, vivo a tres cuadras de la plaza para allá —y le indico el oriente.
—¡Ah, wena! Somos vecinos entonces, yo igual vivo a tres cuadras de aquí en esa misma dirección. Fabián se va pasado mañana en la noche para Iquique y mis papás van a hacer un carretito piola, ¿querí venir? Es a la americana, así que dale po.
Miré a Lucas y a Fabián y como que me dio un poco de desconfianza. Me dijeron dónde era y, ¡sorpresa!, era a dos casas más allá de la mía. Esa era la única en el barrio que tenía piscina; lo sé porque llevaba mucho tiempo en arriendo y un día con Javier nos metimos solo de curiosos. Era muy similar a mi casa, pero la cocina tenía otra disposición.

Llegué de la plaza a mi casa y le dije a mis papás que me habían invitado a un carrete piola y si me daban permiso. Les conté que me caí y que un par de chiquillos me habían «ayudado».

Mi mamá me dijo:
—¿Pero no que pasado mañana llega Javier?
—¿Quién es Javier? —pregunta mi papá.
—¡Ay, gordo! El niño amigo de Gabito.
—Ah, el flaco. Qué bueno que viene, porque el otro día le sentí un chicharreo a su auto y quiero echarle una mirada.
—Pero papá, ¿por qué tan intruso?
—A ver, Gabriel, tú andas con el flaco para arriba y para abajo en su auto, ¿tú crees que yo voy a permitir que el auto tenga una pana y que mi hijo y su amigo queden tirados por ahí sin yo saber? Si no venías adentro de un paquete de cabritas po, hijo. Nos costó harto que pudieras llegar.

Mi mamá asentía y le tomaba la mano a mi papá:
—Ya, gordo, si Gabito entendió. Y vaya a bañarse, porque vamos a tomar once. En el baño está el botiquín, Gabriel Andrés, y cúrate esa rodilla o se te pondrá fea.

Me paré, le di un abrazo a mi papá y subí a mi pieza. En eso suena el teléfono, bajé corriendo y contesté: era Javier. Me senté en el sillón con el teléfono en las piernas mientras jugaba con el cable.
—Hola, osito bonito, ¿cómo estás? Nosotros ya preparándonos para irnos, el bus sale a las 7:30 de acá, así que estaré en Rancagua yo creo que como a las 10:30 o pasado las 11:00. ¿Estarás en tu casa?
—Sí, estaré aquí en la casa. En la tarde me invitaron a un carrete, pero mis papás todavía no me dan permiso. Me caí en bici en la plaza…

Y pasé a contarle lo que había sucedido. Él se reía mucho del otro lado de la línea cuando de repente me dice:
—¿Y cómo se llama el que te invitó?
—Lucas —le dije yo—. Y van a despedir a su primo Fabián, que es de Iquique. Bueno, los dos son de allá, pero Lucas se vino con su familia a la casa de la piscina.

Silencio. Javier dejó de responder; solo sentía que estaba ahí porque lo oía respirar.
—¿Aló, Javier? ¿Qué pasó, estás ahí?
Silencio otra vez.
—Ya po, weón, me estás asustando. Aló, responde.
—Sí, aquí estoy.
—¿Qué te pasó? —le pregunté.
—No, nada, solo que no encontraba más monedas.

Noté que su voz cambió, que se había puesto como serio.
—Se va a cortar en cualquier momento, Gabriel. Hablamos mañana, chao…

Y me corta. Yo quedé muy extrañado, pero sentí que algo o alguien le había incomodado. Me empezaron a revolotear maripositas en la guata; si era un ataque de celos, no tengo idea, porque hasta ese momento Javier nunca lo había hecho antes. Así que me fui a bañar, me cambié de ropa y bajé a tomar once, Esa tarde, mientras estábamos tomando once, mi mamá le dio un regalo inesperado a mi papá. En una cajita venía envuelto, en una telita de pañal, un huevito de chocolate que decía: «Hola, papá Darío».

Mi papá me miró a mí creyendo que se lo había dado yo, y mi mamá lo miró haciéndose la desentendida. De repente, mi papá se pone a llorar, se pone de pie y abraza a mi mamá; solo lloraba como un niño. Mi mamá lo mira y le dice:
—¿Qué pasó?
Y mi papá, todo ahogado por la emoción, le dice:
—¡Un guagüito, mi amor! Vamos a ser papás otra vez.
Mi mamá no aguantó la emoción y se puso a llorar otra vez, me llamó y nos abrazamos los tres… bueno, los cuatro juntos con el bebé.

Esa tarde de emociones fue muy linda. Mi papá levantó la mesa, lavó la loza y ordenó, mientras mi mamá le decía:
—Gordo, si no estoy enferma…
Pero mi papá, que sabía que para mi mamá sus embarazos eran difíciles, le dijo:
—Amor, recuerda que cuando quedamos esperando a Gabrielito yo hacía todo, esta vez no va a ser diferente.

Mis papás eran lo máximo. Solo quería ahora que estuviera Javier y contarle esta buena noticia… ¿Por qué se habría taimado?

Esa noche me fui a mi pieza luego de ver las noticias, prendí la radio a volumen moderado y puse un cassette que me había grabado Javier. Sonó It Must Have Been Love de Roxette y empecé a acordarme de él, de las veces que ha estado así desnudo en mi cama, de verlo caminar con su potito parado y como en puntitas de pie. Javier era mi hombre perfecto… Pero, ¿por qué se habrá enojado? Tal vez le molestó que Lucas me haya invitado a su carrete, pero soy casi el único de la edad de Lucas en la cuadra. Además, Lucas no me gusta; bueno, es guapo, pero Javier es más guapo. Lucas es como Amit de A*Teens, pero con los dientes derechos, y Javier es como Ryan Phillippe. Lindos los dos, pero me quedo con mi rucio.

Me río solo; ya me estoy imaginando historias con Lucas y seguramente es más hetero que nadie. Me quedé dormido oyendo el cassette de mi amorcito. Soñé muchas cosas placenteras, es más, desperté muy erecto y con la sunga muy mojada.

Eran las 10:00 de la mañana y el teléfono no sonó. Mis papás no estaban, ya se habían ido a trabajar. Fui a comprar las cosas para el desayuno y encaminar el almuerzo. Cuando voy llegando al almacén, viene saliendo Lucas con unas velas y cosas para el desayuno.
—Hola, G… —dudó de mi nombre—. ¿Gustavo? —me dice.
—Gabriel —le corrijo.
—Eso mismo —me dice—. Anoche nos quedamos sin luz porque hay que hacerle mantenimiento al medidor. ¿Vas a ir mañana?
—Yo creo que sí —le dije—. Igual le pedí permiso a mis papás, pero aún no me dicen nada. Sé que voy a sonar patudo, pero ¿puedo ir con alguien? Es que igual no conozco a nadie y me da lata llegar y no tener con quién hablar.
—Sí, claro —me dice Lucas—, no hay problema. Si quieres yo hablo con tus papás y les pido permiso.
—No, no te preocupes.
—¿Y con quién irás?
—Con mi mejor amigo, se llama Javier Torres.
—¿Javier Torres? ¿Uno que es medio ondulado, delgado y que se parece a Ryan Phillippe?
—Sí —digo yo, algo extrañado—. ¿Ah, sí, si se quien es? me dice ¿Lo cachai? ¿Cómo, si tú eres de Iquique?
—Lo que pasa es que mi papá es profesor y comúnmente cuando se cambia de trabajo también nosotros nos venimos con él. Hace unos años atrás yo vivía en Graneros y estudiaba alla, y ahí conocí a Javier. Pero después él se fue; algo pasó, creo que peleó y lo echaron porque era un niño problema y abuson, y ya nunca más lo vi. Aparte él era más grande, yo iba como en primero medio cuando él le pegó a un chico en los camarines, pero más de eso no sé.
—Mira qué chico es el mundo —le digo—. ¿Y ahora a qué curso vienes?
—A cuarto medio —me dijo—.
—Ah, nosotros, vamos en 4° A. ¿Y tú?
—Yo quedé en el B —dijo Lucas—. Ya me voy porque me están esperando en la casa, nos vemos mañana… ¡Oye, lleven traje de baño, yo creo que hoy estará lista la piscina!
Terminé de hacer las compras de la mañana cuando, al salir, me cae la teja de que todo lo que me había contado Javier no calzaba con la versión escueta de lucas. porque quien fue golpeado hasta caer en estado de inconsciencia fue Javier, y en ningún momento dice que el golpeo a alguien. Técnicamente, Javier debió ir en 3° medio y Lucas era imposible que hubiera ido en 1°, así que algo aquí no me quedaba claro… Además, el chico con el que descubrieron a Javier era menor que él. Creo que a este rompecabezas le falta una pieza.

Me fui todo el camino pensando y elucubrando situaciones. ¿Y si era Lucas aquel chico? ¿Por qué él dice que Javier era un niño problema? si en el colegio hoy en día era de lo más normal y tranquilo? ¿Qué pasa…? iba hacia mi casa tan ensimismado que me pasé de largo; cuando me di cuenta había avanzado hasta la otra esquina, me di media vuelta para devolverme a mi casa.

cuando de pronto, alguien me toma sorpresivamente de la mano, me abraza y me empieza a pedir perdón y a decir que me amaba: era Javier. Pero, ¿qué hacía aquí si había dicho que llegaría mañana? Lo siento sollozar mientras solo dice:
—Perdóname, perdóname… Te amo, te amo, te amo. No me dejes nunca…
—¿Qué te pasa, Javier? ¿Por qué estás así? Cálmate, me estás sofocando, por favor.

No lo podía contener. «No me dejes» era lo único que decía. Le tomo la cara como pude, porque tenía las bolsas enredadas, y le digo:
—Cálmate, respira. Estoy aquí, no pasa nada, respira. Ya, ya pasó, tranquilito.

Javier me mira; tenía los ojos hinchadísimos, cara de no haber dormido nada y el pelo muy enmarañado. Javier llegó hecho un mar de lágrimas. Cuando logré contenerlo, le dije que nos fuéramos a mi casa. Estaba entrando cuando siento que el teléfono sonaba; me apuré en abrir, dejar las cosas en la cocina y decirle a Javier que se calmara, tomara agüita y se sentara.

¿Qué te pareció este relato?

Selecciona una estrella para valorar

4.9 /5
59 votos

3 personas guardaron este relato


Más relatos gay ✍️ Enviar tu relato Canal de Telegram

💬 Escribe un comentario

13 Comentarios

  • Anónimo octubre 2, 2026 a las 12:51 pm

    Por Zeus, que pasoo

  • Anónimo octubre 2, 2026 a las 4:09 pm

    QUE PASOOOO……?

  • Anónimo octubre 2, 2026 a las 7:51 pm

    PERO POR QUE LO DEJAN EN SUSPENSO A UNOOO 😭

    • Godrik octubre 2, 2026 a las 10:34 pm

      La paciencia es la madre de todas las ciencias 🫂💗

  • Anónimo octubre 2, 2026 a las 9:09 pm

    ♥️♥️♥️♥️♥️♥️

    • Godrik octubre 2, 2026 a las 10:35 pm

      🫰🏼🫰🏼🫰🏼🫰🏼🫰🏼🫰🏼

  • Anónimo octubre 2, 2026 a las 10:52 pm

    Que paso porfavor cuenta me dejas con la intriga

  • Anónimo octubre 2, 2026 a las 11:42 pm

    UTA madre …. Esto parece teleserie …. Estás mejor que Pablo Illanes para relatar queremos más !!!!

    • Godrik octubre 4, 2026 a las 3:43 am

      Wow que honor, gracias🫂

  • Anónimo octubre 3, 2026 a las 4:15 pm

    Uta la wea uno se hace el tiempo pa leer y lo dejan así, no se vale

💬 Deja tu comentario

×

Reportar Relato