Javier el Repitente – Parte 5
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- 2Javier el Repitente – Parte 2
- 3Javier el repitente – Parte 3
- 4Javier el Repitente – Parte 4
- 5Javier el Repitente – Parte 5 (este capítulo)
- 6Javier el Repitente – Parte 6
- 7Javier el Repitente – Parte 7
- 8Javier el Repitente – Parte 8
- 9Javier y Gabriel v/s Lucas y el Sapo de su padre
- 10Javier y Gabriel v/s Lucas y el Sapo de su padre parte 2
- 11Javier y Gabriel V/s Lucas y el Sapo de su Padre parte 3
- 12Javier y Gabriel V/s Lucas y el Sapo de su Padre parte 4

Cuando Javier me dijo eso, puse mi nariz en su cuello y lo olí profundamente: quería grabar su olor en mi cabeza para siempre. No le respondí en ese momento porque ya se nos estaba haciendo tarde; solo se me vino a la cabeza una pregunta muy matapasiones: ¿cómo mierda Javier sabía dónde vivía yo si nunca se lo había dicho? Y le pregunté:
—Oye, ¿y tú cómo supiste dónde vivía yo? Porque, según sé, nunca te lo he dicho y generalmente no hablas con nadie más que conmigo.
Javier me miró, se puso rojo y me preguntó si podía fumar. Le dije que sí, pero que esperara a que yo terminara de comer, porque odiaba el olor a cigarro mientras comía. Terminé, Javier levantó la mesa, dejó las cosas en el lavaplatos y prendió el cigarro. Se fue al living y, mientras lo veía buscar algo en su mochila, sacó su cepillo de dientes. Yo estaba en el baño lavándome los dientes cuando me dice:
—Ayer, cuando me fui, me di cuenta de que fui muy hueón al haberme ido así. Me arrepentí y te esperé a que salieras del colegio mientras me fumaba un cigarro en el paradero. Vi que pasaste y que llevabas cara de que al primero que se te cruzara le darías un combo; solo atiné a irme más atrás de ti siguiéndote. Así que cuando llegaste a tu casa y cerraste de un portazo la reja y la puerta, me quedé allí al frente un rato, hasta que salió tu vecina a preguntarme qué estaba haciendo ahí… Así que me hice el hueón y me fui. Anoté el número de tu casa y tu calle y me devolví al colegio. Llegué a mi casa como a las 10 de la noche porque alcancé a tomar la última micro —pero la que da vueltas por dentro— y planié venirme temprano a tu casa a buscar el cuaderno y a hablar contigo. Y aquí estoy.
Cuando Javier me contó todo, lo encontré jugado y romántico, pero a la vez terrible de aweonao: ¿cómo se le ocurre hacer esa huevada?
La cosa es que nos fuimos al colegio y fueron pasando las semanas. Javier todos los días llegaba a mi casa temprano, estudiábamos juntos, regaloneábamos y después nos íbamos a pie al colegio. Desde esa vez que lo hicimos no volvió a pasar nada más; a veces nos íbamos al patio chico y, escondidos, nos besábamos, nos fumábamos un cigarro y subíamos a clases.
Llegó diciembre y con él las pruebas finales, entrega de trabajos y todo eso. Con Javier zafamos, lo que significaba que solo teníamos que ir a lo de la lista, pero como teníamos buenas notas no tuvimos exámenes especiales ni nada. Llegó la última reunión de apoderados y la entrega de la libreta de notas: ambos habíamos pasado a cuarto medio. Pero eso significaba que se vendría el verano y que no vería más a mi Javier.
Salimos de vacaciones. Mis papás tuvieron ambos que ir a la fiesta anual de Navidad que hacía el sindicato, así que esa noche del 24 de diciembre me quedé solo. Temprano le había dicho a mis papás que posiblemente vendría Javier y se quedaría conmigo. Mi mamá no tuvo problemas y mi papá tampoco; es más, ambos sacaron el colchón y el somier de campaña que usábamos cuando íbamos de campamento y lo pusieron en mi pieza: así, si Javier venía, yo dormía en el catre de campaña y él en mi cama.
Cambié sábanas y ordené mi pieza. Mi mamá preparó una cena piola. Ellos eran jóvenes, así que yo nunca les puse problemas para que salieran ni nada. Mi papá me dijo, cerrándome un ojo, que le tenía una sorpresa a mi mamá y que no volverían esa noche temprano; intuí que irían a hacer sus cosas de papás por ahí, yo solo me reí, le cerré un ojo y le hice el gesto de que me callaría.
Llamé por teléfono a la casa de Javier y me dice que él cenará con sus papás y que, terminando, se venía a mi casa. Me puse muy nervioso, porque esa noche quería estar solo yo con Javier y quería que me hiciera el amor: quería sentirlo adentro de mí, quería dejar de ser virgen y entregarme a él. Yo le había comprado una pulsera de plata para regalársela esa Navidad.
Mis papás se fueron y empezó la cuenta regresiva:
20:00 hrs: Mis papás se van en el auto.
21:00 hrs: Caliento mi cena.
21:30 hrs: Prendo la tele, veo el tiempo y ordeno la mesa.
22:00 hrs: Empieza el Best Seller de TVN, Mi pobre angelito.
23:00 hrs: Ya deja de pasar la última micro; me pongo nervioso porque, si Javier no llegaba en esa micro, ya no vendría.
00:00 hrs: Empieza la misa Urbi et Orbi en el Vaticano; al parecer es en cadena porque Canal 13 está dando lo mismo con un leve retraso.
Estoy derretido en el sillón y me entretengo cambiando de TVN al 13 viendo el desfase de la misa. Apago la tele y la luz de afuera. Los niños de la cuadra salieron todos a probar sus bicis nuevas y patines en línea. Me senté un rato afuera y prendí un cigarro: mi papá me había regalado una cajetilla de Lucky blanco y un encendedor Zippo grabado con mis iniciales: G.Y.J. (Gabriel Yáñez Jiménez); lo gracioso es que también podría ser «Gabriel y Javier». Me puse rojo, terminé de fumar y me entré ya con las ilusiones hechas pico porque Javier no vino.
En eso, siento que un auto se estaciona afuera de mi casa. Pensé que era el vecino que siempre estacionaba un rato antes de guardar su auto.
Alguien bajó y entró al antejardín; pensé que podría ser mi papá con mi mamá, cuando golpean la puerta.
«Mi corazón, papito mierda», dije para mí.
—¿Quién es? —preguntó.
—¡Jojojo! El Viejito Pascuero —me responde y se ríe.
En ese momento sentí que la vida me llegaba de nuevo. Prendí las luces de la casa y del arbolito, todo en menos de tres segundos. Abrí la puerta, se me tira encima Javier, me da un beso exquisito y me dice:
—Feliz Navidad, osito bonito.
Sentí campanas, cascabeles, renos, olor a pan de pascua… Todo en ese momento. Había llegado el hombre más hermoso que pisaba la Tierra, y me dice:
—Perdona por llegar a esta hora, es que tú sabes… Los regalos, mis hermanos, mis abuelos llegaron del sur… Fue mucho jaleo en mi casa y, cuando vi la hora, ya era tarde; así que mi papá me pasó el auto y me vine. Y aquí estoy… Perdón, perdón, perdón… —mientras me ponía caritas.
Yo ahí haciendo pucheros y refregándome los ojos le digo:
—De verdad pensé que ya no vendrías, hueón. Me mamé toda Mi pobre angelito y la misa del Vaticano esperándote.
—Perdón, Gabo, de verdad… Y tontamente no te llamé para avisar que sí venía. Acompáñame al auto, es que te traje un regalo.
Salimos. Le cuento que mis papás no llegarían hasta el otro día, así que le dije que metiera el auto a la casa; así lo hizo. Nos sentamos en el living, le serví una chela y puse pan de pascua en un plato. Javier saca del bolsillo de su chaqueta una cajita. A pesar de que ambos nos besábamos y teníamos una especie de relación de pareja, nunca tuvo nombre, nunca nos tratamos de «mi amor» ni nada; era la primera vez que Javier me decía «osito bonito» y me gustó, aunque yo no había pensado cómo decirle… Como que no me puse cursi a nombrarlo: para mí era Javier, mi… No sé.
Bueno, la cosa es que sacó del bolsillo de la chaqueta una cajita larga, me la entrega, me da un beso, un abrazo y me dice:
—Feliz Navidad.
Tomó la cajita, la sacudí (sí, soy medio bruto), rompí el papel, la abro y era un lápiz Parker color burdeos de tinta azul, hermoso.
—Gracias —le digo y lo abrazo de nuevo.
Saco mi cajetilla de cigarros y le ofrezco uno. Él me mira y me dice:
—A chucha, se me va a hinchar el hocico con este —y nos largamos a reír.
Prendimos los cigarros, voy al arbolito, tomo mi regalo para él y le digo:
—Yo también tengo algo para ti, Javier.
Le entrego la cajita y lo abrazo:
—Feliz Navidad…
Ahí me faltaba el «flaco», el «bebé»… Lo que fuese. Javier lo abre, me mira y me dice:
—Está hermosa la pulsera, guatón…
Me quería morir: él sí había tenido su momento cursi, y yo era su «osito bonito» y ahora su «guatón». De repente, Javier se pone de rodillas frente a mí.
«¿Qué huevada, hueón? Párate de ahí», pensé. Y saca otra cajita.
—Gabriel Andrés, ¿quieres pololear conmigo? —me dice.
Abre la caja y era una pulsera de plata similar a la que yo le regalé. Mi corazón empezó a salírsele por la boca. Tomé la cajita y le dije:
—Sí, sí amor, sí bebé, ¡sí mil veces sí!
Javier se puso de pie, me abrazó y comenzamos a besarnos apasionadamente. Como que esa gota de libido nos llenó a ambos: nos manoseamos, nos olimos, nos besamos… Nos empezamos a desnudar en el living de la casa. Yo bajé y le chupé el pene, él me tiró al sillón y me lo chupó a mí; caímos al suelo e hicimos un 69 exquisito. Sentía sus bolas en mi cara, le lamía el culo; él, por su parte, me lamía, me tocaba y me rozaba el agujero. Rodábamos en la alfombra: dos cuerpos desnudos, jadeantes, felices.
Me di vuelta y busqué su boca. No sé en qué momento se apagó la luz y solo quedó prendido el árbol; veía su rostro matizado por las pequeñas luces de colores. Lo beso, lo miro y le digo:
—Quiero que me lo metas.
—¿Qué? —me dice Javier.
—Sí —le digo yo—. Quiero que me hagas el amor, quiero sentirte adentro de mí, quiero que me hagas tuyo.
Javier me miró y me dijo:
—Gabo, me da miedo. Nunca lo he hecho… Sería mi primera vez. ¿Y si te duele? ¿Y si no lo hago bien?
—Yo tampoco nunca lo he hecho y no sé cómo se hace… Solo te deseo demasiado.
Y ya no aguantaba este calor. Javier sacó de su billetera un preservativo y fui a buscar crema. Javier ya había hecho la previa, así que yo estaba relajadito. Él me dijo que no quería hacerlo como los perros, sino que quería verme la cara y así sabría si me estaba haciendo doler o no.
Me puso las piernas en sus hombros, se colocó el condón, puso crema en mi agujero y empezó a entrar. Debo decir que, si bien me sentía dilatado, al parecer no era mucho, ya que cuando empezó a entrar me dolió mucho. Le pedí que lo hiciera despacio.
Javier fue cuidadoso y me decía:
—Gabo, no quiero lastimarte; si quieres que pare, dímelo.
Él me decía que para él también era incómodo entrar porque le apretaba. Nunca antes lo había visto con esa carita de urgido y sudando. De repente respiré, me moví un poco y su pene entró muy profundo en mí. La sensación fue inexplicable: sentí un calor en todo el cuerpo que nacía desde mi culo y se repartía por todas partes. Javier me estaba haciendo de él, estábamos haciéndolo por primera vez.
Javier comenzó a mover su cadera cuidadosamente. Yo me sentía en las nubes, quería más, quería fuerte. Comencé a moverme y a jadear, y Javier me decía que me amaba, una y otra vez. De repente le tomo las manos, entrelazamos nuestros dedos y le digo entre jadeos y grititos de placer:
—Javier, te amo… Te amo y no quiero dejar de amarte.
Estábamos en eso cuando siento que comienza a salir de mi pene semen: Javier me había hecho acabar sin yo tocarme. De pronto, Javier se pone más rápido y más duro; lo siento que se empieza a poner rígido, acaba y cae sobre mi vientre.
—Osito bonito, ¿estás bien? —me pregunta.
Yo estaba en un éxtasis del que no podía bajar y le respondo que sí.
Nos besamos y nos fuimos a la ducha ambos. Ahí nos dimos una ducha con agua caliente, tuvimos sexo otra vez y así estuvimos toda esa noche. Ya no tenía que buscar más: Javier era mi hombre perfecto, solo espero que esto dure por mucho tiempo más.
– Esta sería la última entrega de este relato, hay más muchas más historias. Pero está era una muy importante para mí relatar.
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26 Comentarios
😍😍😍😍😍😍
Saludos🫰🏼🫂
Qué latero sorry no da para continuar
YA ESTÁ LA AMARGÁ
Jejeje está bien, no a todos les puede gustar.🫂 Seguiré escribiendo.
Para gustos Colores 🌈 🫰🏼
No falta la cola amargada y envidiosa, estoy seguro que con suerte lo único que escribe bien es su nombre y que lo usan como estropajo(limpiar la caga que alguien dejo )
Tranqui Lector, todos tienen derecho a expresar su incorfomidad o aunque a veces seas respuestas incómodas, no te enojes saludos
Que lindo relato, me llegué a emocionar, gracias por compartir tu historia con nosotros :3
De nada, gracias a ti por este espacio.
Preciosa historia, hace tiempo no leía algo así, me hizo nanai en el corazón. Me emocioné cuando te pidió pololeo 🥹 y me dio pena cuando leí que era la parte final, aunque imagino tienes tus razones para no continuar la historia. Saludos
Las historias siguen pero ya no son tan cargadas de sexo y desenfreno, Javier fue cambiando, como yo también cambie, los 90s fueron los mejores años, los amores fueron clandestinos pero apasionados. Hace unos meses lo y mi corazón se me quizo salir por la boca, pero nuestras diferencias me mantuvieron lejos solo pude mirarlo de lejos y aguantarme las ganas de correr a abrazarlo y a olerlo como esa vez…
Linda historia de amor…. El primer amor nunca se olvida…. Un abrazo para ti
… el primer amor 🥰
El primer amor es el que nunca se puede olvidar. 💌
Lindo, me gustó 😍
Que hermoso relato! Increíble redacción, narración e historia. Hace mucho no leía algo así de bueno acá! Un abrazo grande al escritor, seco
Gracias 🫂 🫰🏼 se viene una quinta parte. 💗
Cómo lo dije en una parte anterior, me gustó tu relato y forma de relatar, me pareció linda historia… Gracias por compartirla
💗💗💗 abrazos🫂🫂🫂
Estimados lectores, se viene la parte 5, hay cosas que quedaron inconclusas y no puedo permitir que se queden así. Abrazos a todos gracias por sus lindos comentarios.
Wiiiii :3
🫂🫰🏼
Me parece justo…. Quedamos con ganas de más… Está bien relatada, tienes pasta de escritor, guionista.. esperamos la parte 5
🫂🫰🏼
Weon que emoción como relatas, me sentí defraudado cuando lo esperaste y no llegaba, y luego muy feliz por que apareció, tarde pero llegó, y más aún te pide pololeo, me emocioné con tu historia