Javier el repitente – Parte 3
- 1Javier el Repitente – Parte 1
- 2Javier el Repitente – Parte 2
- 3Javier el repitente – Parte 3 (este capítulo)
- 4Javier el Repitente – Parte 4
- 5Javier el Repitente – Parte 5
- 6Javier el Repitente – Parte 6
- 7Javier el Repitente – Parte 7
- 8Javier el Repitente – Parte 8
- 9Javier y Gabriel v/s Lucas y el Sapo de su padre
- 10Javier y Gabriel v/s Lucas y el Sapo de su padre parte 2
- 11Javier y Gabriel V/s Lucas y el Sapo de su Padre parte 3
- 12Javier y Gabriel V/s Lucas y el Sapo de su Padre parte 4

Esa tarde pasó lenta. El inspector nos avisó que nuestra profesora había tenido un accidente camino al colegio; estaba bien, pero le dieron licencia de catorce días a contar de ese día, así que sería él quien tomaría el reemplazo.
Cuando dieron las 19:15 sonó el timbre. Yo comencé a arreglar mis cosas y de a poco se me venían los recuerdos de lo que había pasado; sentía cómo me saltaba el pene y volvía a respirar. meto el último cuaderno a la mochila y veo que Javier empuja su banco, agarra sus cosas y se va. Estaba llegando a la puerta cuando le grito sarcásticamente:
—¡Chao, Javier! Nos vemos mañana.
Me mira, me hace una mueca de risa burlona y se va.
«Culiao», digo yo, y empiezo con un rosario de garabatos mientras voy caminando: ¿Qué se cree este hueón? Me calienta la sopa hasta quemarse y ahora se va y se hace el hueón… No lo pesco más, pendejo culiao. juro que si en ese momento alguien me hablaba o me decía algo le daba un combo a un par de patas en la raja.
Caminé a mi casa. Abri la puerta de la reja y de puro picado le di un portazo que se movio entera, Entré y pegué un portazo en la de la casa, como siempre. Mis papás aún no llegaban, así que me fui a mi pieza, me encerré y me corrí una paja pensando en el hueón de Javier; aun así, no se me pasaba el enojo tampoco la calenura me fui a bañar con agua helada y no no paso nada seguía hirviendo pero no se si de caliente o de rabia. Quería verlo, quería pegarle o abrazarlo, quería besarlo, o empujarlo… Tenía la cagada en la cabeza: ¿por qué chucha se había enojado?, ¿por qué se fue así? En ese tiempo no había celular ni WhatsApp ni nada, solo quedaba esperar al otro día para verlo en el colegio.
Quiero aclarar que Javier y yo ya habíamos hablado de mi sexualidad y de que me gustaban los hombres. Él siempre dijo que le gustaban las minas, y yo no tuve tapujos en decirle la verdad porque de verdad desde chico no me gustaban las niñas. Si bien me gustaba tenerlas de amigas pero ni eso, a mi me gustaba Nick Carter, Amit de A*Teens o el vaquero de Vengaboys y ese año se estreno Juegos sexuales, con sarah michelle Gellar y Ryan Phillipe y Reese Whiterspoon y la legendaria Selma Blair, y me enamore de Ryan, yo era virgen: nunca había besado ni tocado sexualmente a un hombre, ni tampoco miraba a mis compañeros de curso con otros ojos cuando estábamos en pelota en las duchas. Me di cuenta de que fue ese día de septiembre cuando Javier encendió ese fuego en mí y, al parecer, yo en él igual. Mirarlo con detención era como ver una mezcla perfecta entre Ryan Phillippe en Juegos sexuales y Chris O’Donnell en Batman.
Después de saludar a mis papás y tomar once con ellos, subí a mi pieza, puse música me pajie de nuevo y me quedé dormido escuchando Bitter Sweet Symphony de The Verve. Me desperte cuando saltó el botón de play de la radio; fui al baño y me volví a dormir.
Me levanté a la mañana siguiente como a las nueve porque la tarde anterior no revisé los cuadernos, no hice tareas no estudie, por culpade ste weon tuve una tarde de irresponsabilidad, y cuando lo hice caché que tenía un cuaderno que no era mío: era de Javier, pa mas cagarla el de matematicas. Me bañé, tomé desayuno, me vestí y me puse el uniforme. Mis papás ya se habían ido a trabajar, así que estaba solo. Me puse las pantuflas mientras me sentaba en el sillón a leer el libro del que tendría prueba, Como agua para chocolate de Laura Esquivel.
Estaba en eso cuando siento que alguien dice:
—¿Alo, Gabo?
Reconocí de inmediato esa voz: era Javier. Salgo y le digo:
—¿Qué huevada? ¿Qué haces aquí?
—Es que ayer te trajiste un cuaderno mío y necesitaba repasar Matemáticas —me dice él.
—Ah, sí, caché, hueón, que lo tenía… No sé en qué momento lo agarré y lo metí en la mochila. Pero pasa, la puerta está sin llave.
—¿No tenís perro? —me pregunta.
—No, no me gustan esas huevadas; ni gatos tenemos.
Javier entró, pidió permiso y miró mi casa. Yo tenía la tele prendida viendo un matinal; veo la hora: 10:35.
—Hueón, ¿tan temprano viniste? —le digo.
—Es que no pude dormir bien, estuve pensando en lo que hoce ayer —me responde—. Igual te pido disculpas por haberme ido ayer así. Pensé toda la noche en lo que pasó… Yo no soy así, aparte tú eres más chico que yo y sentí que lo que hice ayer estaba mal.
—A ver, Javier —le dije yo—. Primero que todo si soy mas chico pero por un año y bueno después de que te fuiste de esa manera, quería literalmente sacarte la chucha porque no caché por qué te pusiste así, ni tampoco caché qué había hecho mal yo para que te fueras sin despedirte. Pero ya, filo… O sea, bacán que hayas venido a aclarar las cosas. Igual ayer fue extraño todo, hueón. pero quiero que sepas que nunca me había pasado rollos contigo, pero, hueón, después de lo de ayer me los paso todos. Desde ayer te empecé a ver con otros ojos y, puta, hueón, me empezaste a gustar…
—Gabriel —me interrumpe él—, tú me gustaís desde que llegué al colegio. Si ayer hice lo que hice fue porque ya no aguantaba más. Planié todo hasta ahora… Fui yo quien echó mi cuaderno en tu mochila.
se que es loco esto pero ya no puedo aguantar mas, me gustay me teni loco, te miro todos los días, se lo que te gusta, cuando no estas en la sala huelo tu chaqueta, en la noche me duermo pensando en ti, algo tienes que me encanta y no quiero dejarlo asi, quiero conocerte mas y quizás mas adelante podamos tal vez ser algo mas que amigos. perdón por planear que se diera esta situación asi.
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