Porque amo a los dotados

Muchos se sacan de onda, otros me dicen que espanto a los activos, otros más mmmme dicen la típica: “ya no aprieta”, como si por el hecho de tener vida sexual como pasivo te fueras desgastando y denigrando. Pregunto yo entonces: ¿a los heteros o a los activos se les va desgastando conforme penetran? ¿Pasa como con los borradores o de tanta fricción comienza a adelgazar? Claro que no pasa ni una ni otra, pero claramente el machismo está hasta en la comunidad.

Después de la breve aclaración, mi gusto por los penes grandes se remonta a mi pubertad inicial. Aún recuerdo ese verano en que, después de que mis padres salieran de la CD con mis tíos, yo quedé a cargo de mi primo, 7 años mayor. En ese primer encuentro yo tenía apenas 18 y él 25, recién egresado de la universidad.

Luego de ver películas en VHS, como era en esos días —comedia, terror— faltaba una tercera: la famosa porno estaba por presentarse a mis ojos. Fue una sensación nueva y muy diferente; mi pene cosquilleaba como nunca. Yo solo me tocaba por encima de mi short, mientras él lo hacía por debajo del suyo. Yo temblaba entre los nervios y lo caliente que estaba, no daba crédito.

Cuando el silencio se rompió, mi primo comentó:

—No sabes jalarte, ¿verdad?

Yo me quedé pasmado y solo moví la cabeza. Él contestó:

—Te voy a tener que enseñar.

De su short de fútbol dejó solo la trusa, la cual no podía contener la tremenda erección que mi primo tenía. Aquello era muy grande, tosco; jamás había visto algo así. Mis ojos quedaron hipnotizados, hecho que notó. Él comenzó a tocarse y me dijo:

—¿Quieres verla?

Mi silencio me envolvió de nuevo y me dijo:

—Yo sé que sí, nada más no te vayas a quedar pica’ (emocionado).

Cuando empecé a ver su trusa descender, vi lo más grande, grueso y largo que en mi vida había visto. Yo estaba mudo. Él notó mi expresión y me dijo:

—¿Cómo se te hace? ¿Te gusta? ¿Está grande? Podría ser actor porno, ¿o qué crees?

Yo solo asentaba con la cabeza. Dijo que medía 20 cm y que era poco más grande que el control de la TV, “control de los 90s”, que eran enormes. Midió y comparó; efectivamente su glande imponente sobresalía del control. Yo no podía dejar de verlo y en eso me dice:

—Mira, ve cómo lo hago y eso te haces tú.

Sin dejar de clavar la vista en él, siquiera me toqué. Él lo notó y dijo:

—Ya veo, te da curiosidad tocarme el pito, ¿verdad?

No dije nada y él tomó mi mano y me dijo:

—Sin miedo, así vas a aprender.

Su mano movía las mías, notoriamente más pequeñas que las suyas. Luego quitó su mano y dijo que siguiera despacio, quería que la viera, quería antojarme, cosa que pasó desde el primer momento. De pronto la tomó con ambas manos y me dijo:

—Mira, me sobra. A ver las tuyas.

Mis dos manos solo cubrieron la mitad de su buen miembro y, como el glande quedaba libre, me pidió que le diera un besito, de poquito. Lo hice. Siguió después lamerlo hasta que trató de llevarlo a mi boca, pero no podía con él. Trató de lograrlo, pero no fue posible.

Me dijo que siguiera masturbándolo y que cuando fuera a eyacular no lo soltara, aunque me cayera su semen en mis manos. Así lo hice, pero al ver esos chorros de leche caliente algo se activó en mí. Sentí demasiado placer que, en un impulso, acerqué mi cara, mi boca, y comencé a lamerlo. Comí todo el semen. Él quedó sorprendido, pero satisfecho.

Supo en ese momento que nuestro secreto podría ir en aumento y que su primo compartía su morbo, su desenfado, cosa que por supuesto no iba a desaprovechar con los años.

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1 Comentario

  • Anónimo
    mayo 21, 2026 a las 3:21 am

    Comparto tus gustos, no por eso dejas de sentir y/o hacer bien lo que se tiene que hacer

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