Del pánico al placer

Mi último año del secundario fue tal vez el más excitante con respecto a historias alocadas.
Estaba enloquecido con el sexo, del cual gozaba como loco, y siempre quería más.
Me excitaba sobre todo las situaciones riesgosas, las relaciones clandestinas, cuanto más prohibidas mejor. Debido a eso fue que tuve sexo con mi hermano, con un tío, con el padre de mi amigo¬¬-vecino, con el jefe de mi padre y el mecánico del taller donde trabajaba mi padre, con dos gendarmes que me encontraron en un baño de estación chupando pija, y con “El Flaco Alberto”. De Él se trata esta historia.
Ya había cogido varias veces con Carlos, el mecánico del taller de mi viejo. Fue él quien me propuso ayudarlo los sábados, ya que el también, como changa, hacía trabajos de carpintería en un galpón en desuso que le prestaba el “Flaco Alberto”, un tipo alto, que había estado preso por matar a un tipo. Ya era temido en aquel entonces, pero cuando salió de la cárcel era aún más temido.
Carlos trabajaba los sábados por la mañana en el taller con mi papá, y tipo dos de la tarde llegaba al galpón, al cual yo entraba a primera hora de la mañana, para ir adelantando parte del trabajo. Varios sábados Carlos aprovechaba la privacidad del galpón vacío, para cogerme a su antojo.
Aún no era mediodía cuando me encontraba cepillando unos tablones en el banco de carpintero totalmente concentrado, y tal vez por eso no lo escuché cuando entró. Me sorprendió tapándome los ojos, sin hablar. Convencido que había llegado caliente y eso era parte del juego, para provocarlo retrocedí un paso, y restregué mi cola contra su bulto. Me llamó la atención que estaba flácido, ya que siempre arrancaba con la pija al palo. El olor a alcohol que emanaba de su respiración, hizo que se le atribuyera la flacidez a que estaba borracho, lo cual me encantaba, porque era cuando más salvaje me cogía. Lleve mi mano hacia atrás, y empecé a acariciarlo por sobre su ropa. En tres segundos mi caricia surtió efecto, la sentí crecer, pero él retiró mi mano, tomo distancia y tomándome ambas manos me hizo apoyarlas sobre el banco. Ese juego de tener los ojos tapados, y mantenerse en silencio me llenó de lujuria y empecé a menear mi cola de un lado a otro mostrando que lo deseaba. Se pegó a mí, y tapándome la boca con su otra mano me apoyó. Como pude gemí de placer, y mientras me la restregaba en mi culito me llamó la atención que la sentía enorme, mucho, pero mucho más de lo habitual. Lleve mis manos hacia atrás y tomándola fuertemente atravesé confusión y miedo. Era obvio que no era Carlos, y cuando quise zafarme una voz firme me dijo al oído con autoridad:
-Quedate quietito, que lo estabas disfrutando putito, mirá la sorpresa que nos llevamos ambos.
Reconocí su voz. Era el flaco Alberto, que como tenía llave entró pensando que encontraría a Carlos, y cuando me vió me tapó los ojos como juego.
Yo le tenía pánico, Todo el mundo sabía que cuando se emborrachaba se ponía violento, y era un salvaje.
Me quedé mudo, inmóvil, intentando decidir qué hacer o decir, cuando su voz me trajo nuevamente a la realidad:
– Esperabas a Carlos? ¿o con cualquiera que te agarra de atrás parás el culito así?
– Estaba jodiendo! Contesté sintiéndome ridículo porque era imposible de disimular
– Ja ja ja, me parece que hoy ganamos los dos, porque a mí me gustan los putitos como vos, y si te gusta la pija como creo que te gusta: ésta te va a encantar.
Se separó un poco y tomándome fuerte de un brazo me giró poniéndome de frente para luego arrastrarme de ese brazo hacia abajo obligándome a arrodillarme frente a él. Totalmente asustado lo mire casi suplicándole:
-No me hagas nada por favor
-Lo siento bebé, pero te voy a coger. Ese culito no me lo pierdo.
-No, por favor, dejame ir.
-Te voy a coger pendejo. Te vas a dejar? o te lo voy a tener que hacer a la fuerza?
Esto último lo dijo tomándome bien fuerte del pelo obligándome a mirarlo. Su cara era una mezcla de lujuria y violencia, no era un tipo feo, pero su fama y su temperamento generaban respeto, o miedo para ser honesto.
Me dio un cachetazo suave pero firme, a la vez que sonriéndose en una mueca me decía: -Te vas a dejar, verdad?
Mis ojos se llenaron de lágrimas, debido al miedo.
Me mantenía mudo y casi paralizado mientras dudaba entre intentar escapar de eso o bien si me convenía ceder. No me dio mucho tiempo, se bajó su pantalón sucio de gimnasia, se quitó la camiseta y la revoleó sobre el banco.
No pude evitar llevar la vista a su pija, que se bamboleaba hacia arriba por la excitación, y hacia abajo producto del peso. Subía y bajaba en esa lucha de poder entre el deseo y la gravedad. Sintiendo como me ponía colorado de vergüenza no pude evitar observar su cuerpo: Era alto, tal vez metro noventa. Sus brazos y sus hombros parecían de gimnasio, no así su pecho, ni su abdomen, que eran normales. Más abajo una maraña de pelos bien negros de donde sobresalía esa pija que no paraba de cabecear. Era bien larga, parecía irreal, una cabeza grande, ovalada, gorda, y el mismo diámetro desde la cabeza hasta su base.
Hipnotizado por esa barra ya no renegaba de la situación, y nació el deseo de chupar esa pija.
-Te la chupo, pero por favor no digas nada a nadie.
Me sostuvo la cabeza con su mano izquierda y con la derecha se agarró la pija y la arrimó a mi boca haciendo presión en mis labios y obligándome a abrirla. Ni bien lo hice metió su pija hasta hacer tope con mi garganta, y retrocediendo apenas volvía a empujar de vuelta haciendo fuerza como queriendo traspasarla. Me saltaron las lágrimas y no pude evitar toser, expulsando un montón de saliva que se escurrió por la comisura de los labios y chorreó por mi mentón. La juntó con su mano y agachándose me la refregó por mi culito, y metió dos dedos de golpe. No estaba listo, por lo cual el dolor me hizo reaccionar llevando mi mano atrás para intentar sacarlo. Inmediatamente me tomó bien fuerte de cuello y con tono amenazante me dijo: – ¡Ni se te ocurra, quedate quietito! No pude moverme, sentí terror. Saco sus dedos y llevo esa misma mano hasta debajo de mi boca pidiéndome saliva. Se la di, mucha, y nuevamente me empapó el culo, y metió otra vez sus dedos, pero esta vez revolviendo con fuerza mi interior. Los sacó y violentamente me levanto del piso y tomándome del pelo me giro y me revoleó prácticamente contra el banco de carpintero. –Apoyate ahí, y más te vale que no te resistas. Obedecí muerto de miedo, y cuando sentí que agachándose me escupió el orto el miedo se transformó en pánico. Tomó mis nalgas, las separó y sentí que la cabeza de su verga se apoyó exactamente en la entrada de mi cola. Mis piernas temblaban producto del miedo. Iba a pedirle que sea suave pero no me dio tiempo. En un abrir y cerrar de ojos sentí como se me abría el orto y la cabeza y una buena porción ingresaron a mi interior. Ahogué el grito apretando fuerte mis dientes, mientras mis lágrimas brotaban a borbotones de mis ojos.
Intentaba sostenerme en puntitas de pies como intentando lo inevitable. Sentí su mano apretando fuerte mi garganta estrangulándome. Me asusté mucho y sin pensar intente zafarme, de frente chocaba con el pesado banco, y atrás estaba su estaca que me impedía dar siquiera un paso atrás, Llevé mis manos al cuello intentando sacar esa mano que no me permitía respirar. Sin esperarlo sentí una terrible y exagerada nalgada que me dejó latiendo mi nalga derecha, a la vez que me enterró violentamente la verga hasta los pelos. Sentí que ese grosor me desgarraba y sentí que mi intestino debió estirarse para poder contener ese largo. Quise gritar pero no podía, me faltaba el aire y comenzaba a desesperarme, empecé a marearme, y sentí como este animal se bamboleaba sacándola y metiéndola violentamente.
Parecía irreal todo, sentía esa pija taladrándome, y en el instante exacto donde empezaba a desvanecerme me liberó el cuello y tomando una gran bocanada de aire me escuche gritar:
– Ahhhhhh…si hijo de puta!!! si, si, si, asííííííí.
No lo podía creer, apenas tres segundos antes sentía miedo de morir, y ese dolor que me desgarraba ahora me gustaba tanto que le rogaba que siga, que no parara.
Lo escuche denigrarme por completo: -Das asco de lo puto que sos, se te nota a kilómetros lo que te gusta la pija, te va a quedar el agujero del culo abierto por días, etc….No me importaba, quería sentir como esos casi 30 cm de verga me entraban en las tripas estirándome todo el interior. Me parecía estar viendo como un gigante de casi metro noventa estaba sometiendo a su antojo el cuerpito de un pendejo que no alcanzaba los 60 kg. Imaginar eso hizo mientras me partía provoco que acabe sin tocarme, mientras se me aflojaban las piernas y sentía girar todo alrededor. Lo sentí doblarse hacia adelante, mientras entre espasmos sentí latir su verga expulsando interminables chorros de leche. El sonido a ventosa que hizo cuando me la sacó me hizo volver a la realidad y giré para poder ver bien la pija que acababa de comerme.
Sentí la leche chorrear por el interior de mis piernas y le vi la pija empapada y manchada con sangre. No era para menos, me había roto el orto de verdad.

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