Confesiones del boricua
- 1Confesiones del boricua (este capítulo)
- 2Confesiones del boricua – Parte II
Ya que vi que les gustó mi relato con mi papá, les contaré mi primera vez con un hombre.
Somos de Puerto Rico, pero vivimos en Estados Unidos. Como había dicho anteriormente, somos 7 hermanos varones. Mi papá es un militar supervaronil, fornido. Mis hermanos tienen vergas de entre 20 y 23 cm (la otra vez dije 18 a 19 porque calculé mal; acá usamos más pulgadas, no centímetros). Mi padre, al ser 7 varones, nos entrena y nos tiene a todos con cuerpos atléticos. Nos preparó un gimnasio en el garage, junto con un área de boxeo. Al lado nos hizo un cuarto de juegos: juegos de video, pantallas, en fin, un salón para divertirnos.
No recuerdo cómo sucedió o cuándo exactamente, pero llegó un momento en el que mis hermanos y yo comenzamos a hacer pajas grupales. Simplemente sucedió. Nadie tocaba a nadie, cada cual en su lado, pero el primero que se venía perdía. Mi papá se empezó a unir al relajo de las pajas grupales cada vez que bebíamos o nos alcoholizábamos. A eso se empezaron a unir amigos de confianza y ahí fue donde empezó todo.
Con mi mejor amigo, vamos a llamarlo Marvin. Empezamos a vernos y ver a Marvin con su cuerpazo y su verga venosa me dio morbo. Él no es mi hermano, por lo cual sentí algo diferente a otras veces. Me sentí raro y no entendía por qué, si tengo mi novia y él es mi mejor amigo.
Un día estaba lloviendo mucho y decidimos entrenar en mi casa, él y yo. Como era mi casa, pues estábamos sin camisa. Ahí los dos sudando, levantando pesas, y verlo así se me hacía la boca agua. De momento lo miro y él tenía una erección. Le digo: «Hoy toca pecho y tríceps, no verga». Y me dice: «Cabrón, te confieso que no sé qué es, pero tú me estás excitando». Pensé que estaba en modo de broma, pero no. Se me acerca y me dice que no lo rechace, y que si lo rechazo, él entenderá, pero que no le diga a nadie. Comenzó a acariciarme el muslo y a acercarse mirándome los labios, y yo no aguanté y lo besé.
Nos besamos y nos acariciamos, no nos importó el sudor. Olía rico y gemía, me deseaba y yo a él. Me acostó en la banca de press y me bajó el pantalón. Lo miré y él me estaba mirando la verga con deseos, y me la chupó tan rico. Entonces me llené de valor para hacer lo mismo; era mi primera vez, pero lo hice. Y después de eso nos besamos y nos masturbamos hasta venirnos.
Ese era nuestro gran secreto. Me confesó que siempre le había gustado, pero como veía que éramos bien varoniles en la casa, no se atrevía. Después de eso duramos 7 meses de sexo en donde quisiéramos. Los dos teníamos novia, nadie iba a sospechar. No fue hasta que él se fue a otro estado y pues solo quedó la amistad.
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