Una Perversa IV

Hola, ¿cómo están? Tanto tiempo.

Antes de seguir con el relato, voy a responder un par de cositas:

  1. Aún no quiero subir fotos, para crear más expectativas.

  2. Actualmente me bloquearon mi Instagram que usaba, así que no tengo redes.

Continuando con el relato…

Al día siguiente despertamos bastante tarde por el cansancio, además de que comenzamos a dormir tarde. Él estaba pegado a mí, duro como roca y durmiendo como un dulce bebé, pero yo no quería que durara tanto esa tranquilidad en él. Hoy era un día de sufrimiento para mi querido juguetito sexual.

Me levanté y puse mi concha en su boca, mientras miraba sus ojitos que se abrieron de golpe por la sorpresa. No lo dejé bostezar ni respirar; solo quería que me lamiera mi vagina, que aún guardaba restos de su semen. Él, entendido, con sus brazos rodeó mis piernas hasta agarrar mis nalgas y chupaba con frenesí mis jugos vaginales, mientras me miraba. Yo no salí de ahí hasta que sentí un orgasmo. Acto seguido, me separé de él y pude escuchar cómo respiraba con profundidad, como cuando uno está mucho tiempo debajo del agua. Por poco y se me desmaya, al parecer.

Él seguía como roca, así que con una sonrisa en mis labios bajé a continuar mi trabajo. Le comencé a lamer su glande, con olor a sexo y mucho líquido preseminal. Era imposible ocultar su calentura. Se retorcía con cada lamida y tensaba sus músculos, hasta que escuché un:

—Ya casi termino.

Mientras se agitaba su voz y se retorcía para soltar su carga, entonces, de golpe, dejé de mamar su miembro. Él se quedó dando espasmos hasta que se dio cuenta de que yo me había separado de él. Le doy un beso en la boca y me levanto para bañarme, mientras me miraba con sus ojos, rogando y desconcertado de por qué no terminé mi trabajo.

No digo ni una palabra. Solo me miraba con miedo o incertidumbre; quizás pensaba que estaba enojada o que no me satisfacía lo suficiente. Tomé una toalla y me fui a duchar, obviamente sin antes mirarlo y moverle mi culito como dándole una invitación a que se bañe conmigo.

Decidí usar la tina. Él llegó, y así fue: seguía duro como roca y buscaba la forma de seguir con lo que no habíamos terminado. Ya en la tina, lo invité a que se metiera también. Quedé yo pegada a la tina mientras él me daba la espalda y se recostaba sobre mis pechos. Le tallaba sus abdominales y tocaba sus pectorales, mientras él me miraba con ojitos de cachorro y me dijo:

—Por favor, termina lo de hace rato. Ya no aguanto la calentura.

Nos besamos un buen rato mientras yo lo seguía manoseando. Bajé hasta su miembro y lo comencé a masturbar. Él gemía y me daba besos de lengua mientras trataba de tocar mis pechos. Así que cambiamos de posición: ahora yo estaba al frente y él detrás. Comenzó a meterme deditos mientras besaba mi cuello y apretaba mis tetas. Estuvimos mucho más rato así, hasta que siento un orgasmo con un fuerte gemido. Después me levanté nuevamente y, sin decir ni una palabra, me fui del baño a cambiarme.

Quería jugar con él. Era tan inocente y tan sumiso. Quería que me rogara que le sacara la leche, que me cogiera con 😣 y que sufriera al menos por un rato.

Me vestí con una minifalda que apenas tapaba mi culo, un top sin sostenes, y él con bóxer y una polera ajustada. Así fuimos a preparar el desayuno. Él estaba demasiado callado y yo seguía mi juego: lo pajeaba por encima del bóxer a ratos, le ponía mi culo de llegó en su paquete, le agarraba su culito, le daba besos calientes, todo para que él sufriera. Obviamente, él mantenía esa erección a mil; de seguro ya le dolía su pene por estar tanto tiempo así.

Antes de desayunar, él se fue al sofá y me dijo que fuera. Estaba solo con su polera, el bóxer tirado en el suelo y él en 4 sobre el sofá. Me dice:

—Esto es lo que quieres. Haz lo que quieras, pero por favor no me dejes así de caliente.

Obviamente no me iba a negar ante esa tan hermosa propuesta, y me fui de lleno a chupar su culo. Él gemía como loco y yo podía ver cómo goteaba presemen su pito. Era una imagen hermosa: ver ese hilito colgando de la puntita hasta el borde del sillón. Obviamente, él estaba muy caliente. Después de chupar por un buen rato, le dije que me esperara. Fui a mi maleta y lo saqué: un dildo de 12 cm, no muy ancho ni muy grande, especial para primeras veces. Cuando él me ve llegar, se asusta y me dice que por favor no lo hiciera, pero le recordé lo que antes me dijo: «Haz lo que quieras».

Y así fue. Le ensalivé un poco más su culito y comencé lentamente a hundir ese dildo por su ano virgen. Él gemía y contraía sus músculos, haciendo muy difícil que entrara, pero después de varios intentos, por fin estaba hasta la mitad. Le dije que se pusiera de pie (el dildo aún clavado en su culito) y lo llevé a la mesa. Lo hice sentarse así, tal cual, sobre su silla.

Obviamente, él tenía mucho miedo y se quedó como semi sentado, sin presionar más allá su dildo, pero yo lo empujé hacia abajo, haciendo que de un solo golpe entrara el resto. Un grito que pronto fue ahogado por mis manos en su boca se escuchó, y él queriendo levantarse, pero yo no se lo permití. Me senté sobre él para que no pudiera escapar. Lo miro a los ojos y podía ver lloriquear sus ojitos. Su pito como roca quedó pegado a mi culo, que fue impregnado por la cantidad de presemen que estaba eyaculando. Y comenzamos a desayunar.

Mientras desayunábamos, le movía mi culo y él intentaba acomodarse como para metérmelo, pero yo no se lo permitía. Él seguía muy caliente; lo podía ver en sus ojos, su boca, su respiración.

Terminamos de desayunar y me levanté primero. Le dije que se levantara y lo hizo con dolor, algo que a mí me tenía como loca de caliente. Le dije que se lo sacara y así fue: un hermoso espectáculo solo para mí.

Después de eso, le pregunté qué seríamos hoy. Él me dijo que tenía planeado mostrarme un poco el lugar y salir a comer a un restaurante. Así que nos cambiamos, y mi condición para él fue que no usara bóxer ni nada debajo de sus pantalones (un buzo semi holgado y una chaqueta cortita). Se podía ver claramente su erección y cómo su culo tragaba ese pantalón. Obviamente, él no tenía permitido salir sin su plug anal, que después del dildo entraba como si no fuera la gran cosa.

Salimos en su auto. Mientras él manejaba, yo sobaba su entrepierna y él no paraba de pedirme que por favor lo haga acabar, que ya no aguantaba más. Y así fue ese día: donde podía, lo masturbaba sobre su pantalón; usaba el plug anal mientras él hablaba con alguien; mientras esperábamos la comida para almorzar, le daba pequeños toques y podía ver cómo manchó sus pantalones por la cantidad de presemen que soltaba. Después fuimos a comprar al supermercado y yo seguía con mi jueguito. Yo también andaba full caliente.

Hasta que volvimos a la casa. Él no me dejó ni cerrar la puerta y comenzó a besarme. Me lo pedía por favor, que ya no aguantaba, que se estaba volviendo loco. Y fue suficiente para mí.

Nos besamos mientras yo tenía su plug prendido en el primer nivel. Leve, pero lo suficiente para que le temblaran sus piernas. Él no se contenía. Notaba su calentura, gemía como loco y soltaba una cantidad sorprendente de líquido. Entonces comencé a chupársela. No fue mucho hasta que me dijo que ya se corría, pero me detuve.

Pude ver la desesperación en él. Al parecer, pensó que nuevamente haría lo mismo, pero solo fue para ponerme en 4 en el sillón y le dije que me chupara el culo. Y así lo hizo, como un perro desenfrenado: lamía y lamía como si fuera la paleta más deliciosa que existiera, mientras yo aumentaba su plug a 2, luego a 3.

Le dije que me la metiera en el culito y que ese sería el lugar que llenaría esa noche. Lentamente, lo puso en la entrada de mi ano y, con mucho cuidado, comenzó a meterlo. Ya adentro, comenzó a bombear con mucha fuerza. Yo en 4 y él detrás de mí, montando como un salvaje. Mientras más subía la intensidad, sabía que más cerca estaba del clímax. Y más subía la intensidad del plug, hasta que después de no mucho rato comienza a sufrir los espasmos. Había llegado el momento que esperó desde la mañana: esas bolas que están por explotar de la acumulación de semen. Estaba como poseído y yo, por otro lado, le subí la intensidad del plug al máximo, lo que lo hizo tambalear un momento, pero siguió con su bombeo y con fuerte gemido. Ni siquiera me avisó y se corrió dentro de mi culo. Fueron 6 chorros de semen que llenaron mi culo hasta dejarlo chorreando. Bajé a 0 el plug y ambos descansamos un momento. Dejó caer su cuerpo sobre mí, totalmente exhausto, mientras mostraba una sonrisa, como si hubiera descansado después de un largo día de trabajo.

Me moví un poco para acomodarnos y estábamos ahí desnudos: mi culo lleno de su semen y él sin fuerza siquiera para levantarse. Después de un rato de besos y risas, nos fuimos a bañar nuevamente. Ambos en la ducha, nos acariciábamos y besábamos con pasión. Ese día no pasó nada más específico. Luego de eso, comimos y nos fuimos a la cama a seguir cogiendo como locos.

Me encanta que él siempre sea tan sumiso y al parecer mis lectores son iguales.

—Díganme, ¿cuántos me mostrarían su culito si me hiciera un nuevo Instagram?
—¿Les gustan las dominantes como yo?
—¿Les gusta la historia?

Quiero que comenten más mis relatos, para saber si son de su agrado. La siguiente parte se llama «AGUAS TERMALES». ¿Quieren saber más?

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2 Comentarios

  • Anónimo agosto 10, 2026 a las 9:28 pm

    Al fin continúa !!!

  • Anónimo agosto 11, 2026 a las 11:20 am

    Llevaba esperando la continuación muuuucho rato. No te demores tanto en subir la otra porfa

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