De Hetero a Putito – Elías & Edgar P4

De Hetero a Putito – Elías & Edgar P4

De Hetero a Putito – Elías & Edgar P4

La tarde del viernes recibió una invitación.

—¿Estás libre esta noche? Se me ocurrieron un par de ideas para unos sets de fotos que te van a hacer de oro.

Si con lo anterior ya casi había hecho cien dólares en una semana, no podía resistirse a la tentación de ganar todavía más. Dejó esperando a Edgar mientras se bañaba. Al salir, se colocó la tanga de encaje blanco. Le apenaba ver como su miembro entero entraba en una prenda íntima pensada para la sexualidad femenina, pero lo hacía, y era muy cómoda, produciendo además esa presión en su culo, a la cual aún no se había acostumbrado.

—Puedo ir ahora.
—¡Perfecto! Te paso la dirección y te espero :p

Cuando llegó eran ya las seis de la tarde. Le preocupaba volverse tarde a casa, pero esperaba que la sesión no fuese muy larga. Cuando Edgar abrió la puerta lo recibió con un abrazo, apoyándole sin pensarlo su bulto. Lo invitó a pasar y cerró con llave. Lo llevó directamente a su cuarto.

—Hasta ahora no trabajé con un chico fitness de verdad, por eso se me ocurrió que sos perfecto para esta idea —dijo mientras sacaba de un armario ropas sugerentes. Un crop top pegado al cuerpo, verde flúor, y un jockstrap—. Va a ser un vídeo largo, te voy a grabar mientras estiras, para tomar una buena moción de cómo se ve tu agujero cuando estás estirando las piernas. Seguro se aprieta, y a todos les gusta un agujerito bien apretado.

Durante la grabación, se le ocurrió hacer de nuevo las sentadillas que le habían granjeado tantos me gusta en primer lugar. Pero esta vez Edgar estaba con la cámara, siguiendo los movimientos de cada músculo, y luego un punto de vista desde el suelo, donde el culo ahora sudado de Elías se acercaba hacia la cámara, viéndose todos los movimientos de sus glúteos rebosantes y las contracciones de su anillo de músculos, el cual parecía palpitar deseoso. Grabó los romanos, siguiendo la cámara el recorrido desde las manos elevadas por detrás de la cabeza por sus brazos venosos y voluminosos, hasta las axilas suaves, terminando en sus pectorales, donde el crop top le apretaba los pezones endurecidos.

Las últimas fotos mostraban a Elías, abierto de piernas en la cama, boca arriba, mostrando su agujerito después de entrenar. Edgar le pidió que hiciera un corazón con los dedos, enmarcando con este símbolo el hoyito que tanto dinero le iba a dar. Elías se sentía ya en confianza, agradecido incluso de tener a alguien que pudiera ayudarlo. Edgar sólo sentía la sangre empezando a correr hacia su verga. Sólo podía aguantarse tanto tiempo antes de que un hoyo virgen y supuestamente heterosexual le volviera en una bestia.

—Decime, ¿te sentís atrevido hoy? —el tono de Edgar sonaba invitador, casi amenazante pero, a su vez, bondadoso.
—Ya me hiciste ponerme una tanga de chica —se sentó riendo, mirando a Edgar, que revisaba su celular—, ¿qué más puedo hacer?
—A los putos les gustan las cosas sugerentes, ¿sabes que sería perfecto? Una foto con un dildo. Te lo pones entre las nalgas como mostrando que te lo vas a meter, el resto se lo imaginan.
—Suena bien pero no tengo…
Mientras pronunciaba las palabras, notó que el bulto antes calmado de Edgar había crecido masivamente. Estiraba el pantalón, la cabeza se dibujaba eróticamente a través de la tela.
—No tengo nada para… para ponerme en la… —sintió su ano palpitar, algo que había sentido días antes en la ducha. Tragó—. En la cola.
—Si, me imaginaba —el miembro seguía extendiéndose, creciendo y palpitando bajo el pantalón—. No te voy a mentir, sacarte fotos me puso un poco al palo, después me voy a tener que clavar una buena paja a dos manos jaja, pero podemos aprovechar, ¿no?
—¿Aprovechar para qué?
—Nada grave, pero si en lugar de un dildo tuvieras mi verga entre esos cachetes, te aseguro que te vas a forrar de plata. Ya confiaste en mí para mostrarme tu verga, ahora te confío la mía —se bajó primero el jogging, mostrando su bulto húmedo de sudor y preseminal. Llevaba el notorio calzón turquesa del vídeo. Elías lo reconoció. Y entonces se bajó el calzón, saliendo una verga bronceada y peluda en toda su extensión—. Sería solo apoyarla, no te preocupes. No me cojo a la gente de gratis, yo cobro jaja

No podía responder. Ese pene era real. Se había planteado la idea de que el bulto fuese falso, una prótesis, algo, pero casi podía ver la sangre corriendo caliente por las venas de la verga, sus huevos grandes y sudados se mecían con cada respiración, su mano estiró apenas la piel de su prepucio, llegándole un intoxicantemente atractivo olor a pija; era el olor de una verga que siempre estaba húmeda.

—Eh… No… No sé yo si…
—Sin presiones Elí —dio un paso adelante. La pija se bamboleó de un lado al otro, la cabeza rosada y gorda sobresalía—. Si te da miedo o desconfianza, podemos hacer otra cosa. En la cara también podrías tenerla, y eso hasta diría que gusta más.
—¿En la cara?

Vino a su memoria el vídeo del chico rubio de rodillas, parecía temblar de emoción, sacaba la lengua de gusto, aunque no viese lo que tenía enfrente. Olía con excitación y premura el bulto que tenía enfrente. Luego recordó la foto que le había mandado por accidente, ese punto de vista, de Edgar dominando con su pedazo por encima de todo.

—Sí, una sesión de fotos con algo como esto en la cara, y con alguien con tu cuerpo y ternurita de cara, sí, lo podemos vender caro —estando él parado y Elías sentado, el trozo ya estaba lo suficientemente cerca de su rostro. Elías seguía sin palabras. Edgar ordenó—. Ponéte la tanga blanca con la que viniste.

Elías obedeció esta orden. Mientras se colocaba la tanga, sintiendo otra vez la presión en la cola, le dijo que sí. Estaba dispuesto a lo de tener un pene en la cara. “Es menos peligroso, si intenta algo lo muerdo, además es sólo un pene, es sólo su piel contra la mía, es menos gay que tener una verga en el culo”. Esa fue su lógica.

Se puso de rodillas frente a Edgar, ya desnudo y con su miembro colgando con todo su peso, suelto frente a Elías. Durante la primer foto se lo veía dubitativo, miraba con miedo al pedazo grande y superior frente a sí.
El ángulo desde arriba, imitando la perspectiva de Edgar, permitía ver los muslos suaves y voluminosos del chico, y una casi invisible tanga blanca de la que apenas sobresalía una minucia insignificante, una excusa de hombría, aunque tan dura como el acero, e imposiblemente podría haber estado más mojada, reluciendo su humedad sutilmente frente a la cámara.
Era algo que sólo Edgar había notado; que durante las sesiones enseñando su agujerito, y ahora, con algo tan superior enfrente, Elías no podía evitar mojar su tanguita.

La siguiente era más de cerca, sólo se veía desde los ojos hasta la barbilla, con su pequeña nariz puntiaguda recibiendo de lleno bajo las fosas nasales la empapada verga de Edgar. Elías miraba hacia arriba, a los ojos del fotógrafo. Sus labios se veían ligeramente entreabiertos.

La tercer foto era una vista de perfil de todo el largo del pene de Edgar, tapando el rostro del chico a la altura de los labios y la nariz, dejando ver sólo su mirada con los párpados semicerrados, y los ojos semivolteados hacia arriba. La cuarta foto era igual, pero tapando ahora los ojos, y tenía la lengua de fuera. Esta no había sido orden de Edgar, simplemente Elías había empezado a respirar por la boca, casi jadeando con la lengua afuera mientras aquella bestialidad se paseaba por cada surco de su rostro, dejando tras de sí un almizcle salado sobre el aire que respiraba y le intoxicaba los pulmones y los sentidos, y una imborrable humedad sobre su tersa piel.

“¿Por qué le huele la verga así? Pensé que iba a ser un olor feo y sucio, pero no. Huele… huele bien. No sabía que un pene limpio puede tener un olor tan fuerte. Está limpio, huelo el aroma de coco de un shampoo en su selva (qué peludo qué es), pero también huele a pija. A semen y sudor. A mí nunca me olió así… huele saladito…”

Estas y otras ideas eran las que pasaban por su mente mientras Edgar posaba su miembro por todo su rostro. “Tengo los labios secos… me quiero relamer… pero no quiero pasarle la lengua, quiero pasármela yo, por mis labios”. Pero para esta última foto, donde toda la verga le cubría verticalmente el rostro, había tenido que clavarle la nariz en las bolas. “Que lo haga rápido, me quiero relamer, quiero…”

Sacó la lengua un instante para humedecerse los labios. Edgar le ordenó que se quedase quieto. Guardó la lengua, pero oyó. “Sacá la lengua de nuevo”. La pija que tenía en la cara palpitó. Se sentía intimidado, y no tuvo más opción. Dejó la lengua afuera.
Lentamente toda la extensión de esa verga gomosa y gorda, de un color más bronceado y oscuro que el resto de su cuerpo pálido, empezó a deslizarse por su rostro. Esto significaba que su lengua estaba sintiendo el movimiento, primero el sabor de sus huevos, y mientras iba reculando, el tronco entero pasó por su lengua, hasta que empezó a sentir los salados chorros de preseminal que habían alcanzado la mitad de la pija durante aquella excitante danza por su semblante, y luego, la puntita, roja y profusamente húmeda de preseminal. Se posó en su lengua, un segundo más del que aguantaba.

Jadeó un poco, respirando fuerte por la nariz, temblándole un poco el cuerpo, y como por comando, Edgar expulsó unas perlas de semen en la lengua de Elías, que le miraba a los ojos a mientras grababa lo que ahora sería uno de sus mejores vídeos.

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1 Comentario

  • Anónimo septiembre 20, 2026 a las 3:16 am

    Hermoso ❤️ ❤️♥️💦👍😍
    PARTE 5 PORFA 🙏 🙏 🙏

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