De Hetero a Putito – Elías & Edgar P1

De Hetero a Putito – Elías & Edgar P1

De Hetero a Putito - Elías & Edgar P1

Estaba entrando. El húmedo glande tenía la forma perfecta, como una flecha penetrando en la carne; la punta se hacía más gruesa y ancha a la medida de su extensión hasta el frenillo. Era el pene de un domador natural, que le facilitaba la introducción en un ano pulcro y virgen.
«Sólo lo está apoyando, sólo está apoyando, sólo para la foto…», se repetía a sí mismo en su cabeza, pero esa mentira se rompía a medida que el calor de la cabeza mojada ahondaba cada vez más en su culo. Apretaba con fuerza el anillo de musculos de su ano, como repeliendo la intrusión, intentando impedir que fuese más profundo, pero le temblaban las manos y los muslos.

—Saca la foto Edgar, por favor, sácala rapido —dijo con la voz ahogada por el esfuerzo.

Lo que realmente quería comunicar era que no aguantaba más, aquel anillo de musculos que protegía su virginidad estaba colapsando. Caía ante la insistente presión del miembro pesado y caliente intentando romper sus defensas.
El click de la cámara sonó. Sonó cuando Elías gimió. Gimió cuando su fuerza flaqueó por un solo segundo. Ese instante de debilidad fue el que Edgar aprovechó. Su gorda verga bronceada, venosa y palpitante, entró en Elías de inmediato. Estaba abierto por un poderoso y jugoso glande, y no costaría penetrar más profundo. Fue sólo entonces que tomó la fotografia. La foto del momento en que arrebató la heterosexualidad de Elías Luna.

Elías Luna tenía 19 años cuando empezó su incursión en el mundo del exhibicionismo virtual. En parte por placer, la idea le devino ante el simple deseo de tener una entrada de dinero adicional. Tenía una posición relativamente privilegiada. El año siguiente empezaría la universidad después de tomarse libre el año posterior a la conclusión de la secundaria. Atendía un kiosco familiar mientras tanto, pero casi todo iba a sus padres. Después de pagar el gimnasio apenas sacaba unos pesos para comprarse un par de gramos de marihuana con sus amigos, salir a algún boliche, o darse el capricho de comer afuera ocasionalmente. Se quería comprar un celular, ropa de marca; quería piercings y tatuajes, una mejor computadora. Demasiadas cosas antes de que terminase el año.

«¿Y por qué no mostras las tetas en only?», propuso, medio en broma, un amigo. Estaban fumados, pero no era la primera vez que bromeaban con cosas parecidas. En esta ocasión la discusión llegó más lejos. Empezaron a considerar los pros y las contras.

—Tengo un amigo mucho más flaco que vos que se compró la moto mostrando la pija. Vos estás re fuerte, a las minas les encantan los pibes tetones.

Le agarró un pectoral en broma. Las risas no faltaron, pero la idea no fue rechazada por ello. Elías, a pesar de medir menos del metro setenta, poseía un físico envidiable. Iba al gimnasio cuatro veces por semana desde los quince. Los pectorales sobresalían en cualquier camiseta, los bíceps eran duros y apretados por toda manga, su abdomen no era solo plano, estaba divinamente abultado por sus suaves abdominales. Tenía las piernas más delgadas, pero recordaba haber aplastado una lata con sus carnosos muslos una vez estando borracho. Lo que con frecuencia le miraban sin embargo en el gimnasio, era el trasero. Redondo y prominente, nunca se había endurecido tanto como el resto de su cuerpo. Rebotaba hermosamente en la máquina corredora, y las nalgas se separaban de forma deliciosa en las sentadillas. Un par de manos no bastaba para agarrar sus cachetes enteros.
A esto se sumaban dos factores más: primero su natural casi lampiño, creciéndole el pelo en un bigote delgado, sin barba ni patillas; un poco abajo de los brazos, apenas unos vellos en el abdomen y el pecho, y en las piernas, aunque solo por debajo de las rodillas, dejando sus muslos impolutos. Segundo, su cintura. Estrecha. Delgada. Tentadora. Era un cuerpo esculpido, y esos, bien lo sabía, eran populares en instagram.
Le avergonzaba reconocer que no tenía mucha experiencia. Solo tres novias desde los catorce. La primera, Sol, lo volvió inseguro, centrándose así en conseguir ese cuerpo. La segunda, Alejandra, llegó del mismo gimnasio, atraída por su determinación. Habían terminado en buenos términos, pero no podía darle lo que deseaba. La tercera, Ludmila, era su novia actual; loca la traía no solo con su cuerpo, sino también con su lengua.
Esta falta de experiencia y, en cierto modo, confianza, lo llevó a actuar en secreto. La única persona con la que habló de lo que haría fue su mejor amiga, Alejandra. La misma le recomendó como empezar, qué hacer, que etiquetas utilizar, qué tipo de contenido, poses; ideas generales.

Durante las primeras semanas no consiguió mucho. Posteaba sus rutinas, usaba shorts más cortos y camisetas más ajustadas, y aunque crecía (tenía ya 62 seguidores en dos semanas), no lo satisfacía. Pensaba en borrarlo hasta que un amigo descubrió su cuenta «privada».

—¿Al final te hiciste la cuenta porno?
—No es porno. Todavía jaja —se quedó mirando el celular unos segundos tirado en la cama, y mandó otro mensaje—. Me parece igual que voy a borrar, llevó dos semanas y solo me comentó un trolo y un gordo.
—Ah pero sos un boludo grande también, ya vi todo y no mostrás nada. Muy lindas las tetas y todo pero tenés que jugar bien tus cartas.
—¿Que muestre más la pija decís?
—Y sí. Músculo saca cualquiera pero la verga no la ejercitas. Mira te paso a mí amigo el que te dije que se compró la moto.

El perfil tenía un nombre conspicuo. «Edgar_TeAbulta23». 243 mil seguidores. ¿Su post fijado? 527 mil likes, decenas de miles de reposts. Era un vídeo sencillo realmente. Un chico palido y más bien flacucho se sentaba en un sofá ancho. La cámara enfocaba perfectamente de la cintura para abajo los movimientos de su cuerpo. Aunque tuviese brazos delgados y el abdomen medio plano, con una mínima grasa corporal, sus muslos peludos eran gordos, apretados por unos boxers grises de viscosa que dejaban ver dibujada bajo su superficie la cabeza de un pene gordo con infladas bolas que estiraban el elástico de la cintura de forma que la tela no estaba en contacto con el pubis. Mientras se sentaba, el bulto se movía descontroladamente adentro del bóxer gris, apunto de estallar. Una vez sentado, el chico se acomodaba los cabellos largos tras los hombros al tiempo que movía las caderas hacia adelante para estar más cómodo, provocando que sus huevos grandes apretados tras la fina tela rebotaran hacia arriba. Su pene finalmente descansó cómodamente, empujando hacia abajo la tela, palpitando levemente a cada movimiento de Edgar, quién alcanzaba un mando de Play y anunciaba: «El novio de mí amante me compró el Elden Ring y ando re en una, ya lo estoy por terminar y me lo dieron ayer». Era un friki, pero sabía cómo conseguir atención.
«Jugar mejor tus cartas», pensó Elías. Este hombre sabía cómo; su bulto era muy llamativo. En cada reel, en cada historia, en cada foto, incluso en las normales, en el trabajo o con la familia, la verga de Edgar resaltaba en sus pantalones. Era poderosa, pesada, imponente, hipnotizante. Sobre todo eso último. El segundo vídeo fijado lo demostraba. Era simplemente el bulto de Edgar en un calzón turquesa, rebotando de lado a lado, muslo a muslo sonoramente, con un fondo de espiral en blanco y negro con música psicodélica y la frase: «POV: Vas a caer de rodillas». Los comentarios estaban llenos de remarques homoeróticos. «Que péndulo más pesado», «Siento los parpados muy pesados y la boca muy abierta», y en los comentarios ocultos por explícitos: «Me hipnotizaría el olor de ese calzón sudado», «Lo miré tanto que ni me di cuenta de cuando se me mojó papi», «No necesitas hipnotizarme para cogerme la boquita». Era increíble ver tanta gente tan excitada por un simple bulto.
Era cierto que era grande, y Edgar era creativo a la hora de mostrarlo. Pero era solo un calzón apretado, nada del otro mundo. O eso se decía Elías. No quería reconocer el atractivo, la funcionalidad de llamar la atención tan fuerte sólo con una verga dormida y enfundada, y no quería reconocerlo porque él apenas abultada sus propios boxers. Plenamente erecto, su pene apenas media 7 centímetros. Ni hablar de estando flácido. Era casi como un botón, ni siquiera en un calzón resaltaba. No olvidaba la humillación de su primer amor, no podía si quería mantener ese cuerpo. Y sin embargo, sin esfuerzo, ahí estaba Edgar. No se había esforzado en tener un cuerpazo, evidentemente no le importaba, sólo le importaba mostrar ese bulto pesado y desagradablemente gordo y grande, sólo le importaba hacerlo rebotar, ponérselo en la cara a todo el mundo, hacerles respirar la fragancia de sus huevos llenos de leche. «Seguramente es una pija olorosa» pensó Elías disgustado, habiendo notado manchas de semen alrededor de la zona donde la cabeza de la verga de Edgar descansaba en ese boxer gris.

Una notificación lo sacó del trance. Su amigo le había dejado tres mensajes. Había estado 10 minutos viendo los reels de Edgar.

—Este tipo arrogante como lo ves ayudó a crecer a varios. Es fotógrafo, y ya viste que hace buenas fotos. Si querés le digo que te hable. Lo conozco desde chico y me debe un favor.

Lo pensó un par de segundos antes de responder. Si podía conseguir sólo una fracción de lo que Edgar tenía, podría empezar un camino por su propia cuenta, y aunque no fuese tan exitoso, le conseguiría al menos la mitad de las posesiones que deseaba.

—Dale, decile que mire mi cuenta a ver qué recomienda.

¿Qué te pareció este relato?

Selecciona una estrella para valorar

4.6 /5
26 votos

Sé el primero en guardar este relato


Más relatos gay ✍️ Enviar tu relato Canal de Telegram

💬 Escribe un comentario

4 Comentarios

  • Anónimo septiembre 9, 2026 a las 11:17 pm

    Que rica verga la de la foto 🫦

    • LectorActivo septiembre 10, 2026 a las 2:15 pm

      Un placer mostrarla siempre jaja

  • Anónimo septiembre 9, 2026 a las 11:18 pm

    Siguiente parte porfa

  • Anónimo septiembre 10, 2026 a las 1:59 am

    ♥️♥️♥️♥️♥️

💬 Deja tu comentario

×

Reportar Relato