El que con niños se acuesta… Parte V – Entre Mojitos y Deepthroat

Gracias por sus comentarios en las partes anteriores y las buenas puntuaciones, de verdad motivan caleta a seguir escribiendo. Y perdón también por desaparecerme tanto rato, he estado full pega y con la cabeza demasiado revuelta como para sentarme tranquilo a ordenar recuerdos y emociones antes de traspasarlos acá. Igual siempre vuelvo a leer lo que comentan y me da ánimo seguir soltando estas historias ♡

El A siempre fue una contradicción andante. Cada vez que hablábamos o nos juntábamos, yo sentía que algo entre nosotros crecía de verdad. Cuando estábamos cara a cara era atento, cariñoso, intenso incluso. Me miraba como si yo realmente le importara y hablaba de planes o cosas que sonaban a futuro, aunque fueran mínimas. Pero apenas nos separábamos, cambiaba completamente. Su forma de escribir se volvía fría, indiferente, casi como si quisiera borrar todo lo que había pasado unas horas antes. Y esa diferencia me dejaba loco. Porque yo juraba que lo que mostraba conmigo era real.

A veces me preguntaba si me había dejado llevar demasiado por sus palabras. Si quizá había retrocedido mentalmente a esa etapa de los 18, cuando uno recién empieza a descubrir el deseo, el cariño, el sentirse elegido por alguien. Porque de verdad estaba embobado, y me cargaba reconocerlo. Había algo en él que me desordenaba entero. Me hacía sentir adolescente otra vez, ansioso por un mensaje, por una mirada, por cualquier mínimo gesto suyo. Y yo no soy así normalmente.

Después de leer ese mensaje escrito en una hoja de cuaderno Proarte, intenté hablarle por WhatsApp varias veces. Todas terminaron igual: silencio, llamadas rechazadas, bloqueo. Supongo que para él bloquearme era más fácil que enfrentar una conversación incómoda. Y honestamente, no lo decía por mí. Yo ya había cachado lo impulsivo que podía llegar a ser el A cuando se sentía atrapado o expuesto emocionalmente.

Lo llamé. La primera vez me cortó altiro. La segunda contestó.

A: qué querí? -un tono pencaaa-
L: ¿cómo que qué quiero? Resulta que me decí puras cosas lindas, me hací sentir especial, me embobai… y después me entero por una hoja que no soy lo que necesitai y pa peor me bloqueai. No entiendo nada, sinceramente.
A: -se ríe- ah te embobo?
L: ¿es broma que de todo lo que te dije solo te quedaste con eso?

Ahí algo me hizo clic. Como que entendí que al A le gustaba sentirse deseado. Le encantaba provocar cosas en la gente. Sentirse importante, irresistible, inolvidable. Y quizá yo estaba cayendo exactamente donde él quería. O quizá no. Porque con él nunca sabía qué era actuación y qué era genuino.

A: ya L wn déjame tranquilo, no quiero estar contigo, bendiciones.
L: ¿qué bendiciones? Bendiciones la Pepo po wn, si hace un rato decíai otra cosa.

En ese momento sentí una mezcla horrible entre rabia, tristeza y humillación. Como si me hubieran levantado súper alto emocionalmente para después tirarme al piso sin aviso. Había subido a esa micro sintiéndome querido, casi ilusionado, y ahora estaba ahí con el pecho apretado tratando de entender qué mierda había pasado.

A: mira loco, culiamo rico, bkn, lo pasamo bien, bkn… pero no eres lo que busco y además no quiero formar nada. Sigue con lo tuyo.

Después de hartos rodeos hablando de lo mismo, cortamos. Dejamos de hablar completamente. Ni siquiera sé si me bloqueó de nuevo porque yo terminé borrando su número. Siempre hago esa wea porque tengo una compulsión muy enferma de memorizar teléfonos cuando no los tengo guardados, entonces prefiero eliminarlos rápido antes de aprendérmelos de memoria. Estoy pitiado, lo sé.

Pero la pena que sentí fue brigida. Me sentía usado, escobillado y tirado a la basura. Porque él me decía cosas tan lindas que de verdad me hacía brillar los ojos, y después desaparecía como si el vínculo no hubiera significado nada. Como si yo hubiera sido una polera vieja que ya no quería usar más.

Pasaron como cuatro meses. En todo ese tiempo tuvimos contacto dos veces. La primera fue rarísima. Me habló por WhatsApp haciéndose el desconocido y yo preferí creer que genuinamente se había olvidado de mí, aunque en el fondo sabía que era imposible.

A: hola quién es
L: hola L, con quien hablo
A: L? no eri el amigo de la _____?
L: ehh no? ni idea quien es ella
A: aah tu eri el de la sonrisa bonita, el que es psicólogo
L: si y tú?
A: el A wena.

Al final nunca entendí qué quería realmente de mí. Me preguntaba cosas como si extrañaba su tula, así, directamente, y yo trataba de responder relajado aunque por dentro se me revolvía todo. Porque sí, lo extrañaba. Extrañaba el sexo, su cuerpo, su forma de tocarme, pero también extrañaba la sensación que me provocaba él. Y eso era lo peor.

Cuando me dijo “soy el A”, me recorrió un escalofrío entero. De esos ricos. Como si el cuerpo reconociera antes que la cabeza. Automáticamente pensé: “¿y si vuelve?”. Pero desapareció otra vez y terminé borrando el número nomás, tratando de convencerme de que ya había pasado página.

Pasó el tiempo y dejé de saber de él. A veces lo pensaba, claro, pero ya no desde la desesperación. Era más una nostalgia rara. Como echar de menos algo que sabes que te hacía mal, pero igual te marcó.

Un día después de la pega fui con mi amigo Nacho a un pub. Pedimos mojitos, chelas y nos pusimos al día después de meses sin vernos. Me hacía bien estar con alguien que me conocía de verdad, alguien con quien podía reírme sin estar constantemente tenso o analizando cada palabra. Él me contó de sus amoríos express y yo terminé hablándole del A. De cómo nos conocimos y de todo lo que me había removido emocionalmente.

Nacho: me encantan estas historias pero odio que sufrái, y wn… es una wawa, ta tomando teta todavía.
L: pero tiene más recorrido que yo en la vida. Siento que le han pasado demasiadas weas igual… además por eso mismo me cuestioné mil veces si estar con él estaba bien o mal.

Después caminamos juntos hasta el paradero cerca del mall. Antes de despedirse le dije que teníamos que vernos más seguido y por suerte así terminó siendo.

Me quedé esperando micro solo, medio mareado por el copete, escuchando música y mirando las luces pasar. Había algo casi hipnótico en ese momento. Las micros frenando, la gente hablando fuerte, el frío de la noche pegándome en la cara. Yo estaba físicamente ahí, pero mentalmente lejísimos. Como si mi cabeza estuviera flotando.

Y en eso me llaman. Contesté sin mirar mucho quién era.

L: ¿hola?
A: ¿cómo te pillo saliendo con otros weones ah? Qué fácil te resultó engatuzarte a otro.

Sentí que el corazón me cayó al piso apenas escuché su voz.

L: ¿disculpa? ¿Quién te creí que eri pa hablarme así de la nada? ¿Qué te pasa?
A: ¿acaso toy mintiendo yo? Me day cualquier flojeraaa.
L: cree lo que querai A, es un amigo. Tampoco te debo explicaciones. ¿Y qué onda? ¿Me andai observando acaso?

Aunque me molestaba su tono, había una parte muy enferma de mí que disfrutaba esos celos. Sentir que le importaba aunque fuera de la forma más tóxica posible. Y eso me preocupaba caleta, porque ya intuía que algo entre nosotros no estaba bien.

A: qué te voy a andar observando yo, pasé por ahí y te caché nomás po. Coincidencia. ¿Dónde tay ahora?
L: qué te importa.
A: ya po wn.
L: esperando micro loco, déjame.
A: mira pa atrás.

Me di vuelta y ahí estaba. El A. Con el teléfono en la mano, vestido entero de negro, con un polerón Jordan y jockey. Se veía absurdamente rico. Creo que mi cerebro se apagó unos segundos porque no reaccioné. Sentí demasiadas cosas al mismo tiempo: rabia, cariño, deseo, resentimiento. Quería abrazarlo y mandarlo a la chucha al mismo tiempo.

A se acercó tranquilo, casi divertido con mi cara de shock.

A: qué wea, ¿viste un fantasma?

Yo seguía sin poder ordenar lo que sentía. Y cuando me tomó la mano, el cuerpo me traicionó altiro. Porque aunque estaba molesto, igual lo seguí. Como si mi cabeza dijera “ándate” pero mi cuerpo ya hubiera decidido quedarse.

L: suéltame, ¿dónde querí ir?
A: ¿tay curao?
L: un poco, pero cuerdo. No quiero ir a ningún lado.
A: vamos.

Me volvió a tomar de la mano y caminé detrás de él igual. Adrede quizás. Como si en el fondo quisiera saber hasta dónde iba a llegar esa noche.

Mientras caminábamos discutíamos como cabros chicos. Él adelante, con cara pesada, y yo siguiéndolo mientras reclamaba puras weas que en realidad escondían otra cosa mucho más profunda. Pena. Ganas de entenderlo. Ganas de que me eligiera de una vez.

Llegamos a una banca del parque y ahí empezó otra vez esa dinámica rara entre nosotros. Peleas chicas, tensión, ironías, miradas largas. Todo cargado de una electricidad media enfermiza.

A: quién es ese amigo que tení?
L: ¿de verdad vinimos hasta acá pa eso? Te lo podía responder en el paradero perfectamente.
A: yo no quería allá po. Dime quién es.
L: no tratí así a mis amigos. Lo conozco hace años y además tú y yo no somos nada. No te debo explicaciones.

Y aunque me cargaba admitirlo, esos celos me despertaban algo físico. Una mezcla entre nervio y calentura que me hacía sentir pésimo conmigo mismo.

A: ah no?

Me agarró la cara y me besó. Y apenas lo hizo sentí que cualquier intento de mantener distancia se fue a la cresta. El beso fue intenso, húmedo, casi rabioso. Como si ambos hubiéramos acumulado demasiadas ganas durante meses. Sus labios seguían igual de ricos, carnosos, suaves. Y yo le respondí altiro, con la misma desesperación.

Después quedé medio mareado. No solo por el copete. Era él. Siempre era él.

A: ¿hay estado con alguien? ¿Hay tirao? ¿chupao?
L: no.
A: bkn, yo tampoco, querí?

Lo que vivía con el A era demasiado distinto a cualquier vínculo que había tenido antes. Mis relaciones normalmente eran tranquilas, espontáneas, llenas de cariño simple. Con él todo era adrenalina, tensión, deseo y confusión. Amor y odio mezclados. Como caminar constantemente al borde de algo que podía hacerme sentir vivo o destruirme un poco más.

Y aun sabiendo eso, volví a caer. Porque me seguía calentando demasiado. Su presencia despertaba algo súper primitivo en mí. Me volvía vulnerable. Me gustaba su dominancia, cómo me miraba, cómo sabía exactamente qué decir para desarmarme.

Nos besamos de nuevo y el ambiente cambió completamente. La discusión, los reclamos, el resentimiento… todo se mezcló con esa tensión sexual que siempre teníamos. Él me tocaba con seguridad, como si conociera perfectamente el efecto que tenía en mí, y yo sentía que mientras más intentaba resistirme, más terminaba entregándome. Mientras me arrodillana, le
desabrochaba el cinturon y pantalón

L: ¿por qué me hací esto?
A: porque me calentai más que la cresta. Teni una boquita tan rica y golosa, nunca nadie me habia hecho ver estrellas con una chupadita, no quiero q se la chupi a nadie L wn

Y escuchar eso me encendía entero. Me hacía sentir deseado de una forma brutal. Validado incluso. Porque físicamente el A era exactamente mi tipo y saber que yo también provocaba cosas tan fuertes en él me volvía loco.

La tensión entre nosotros explotó ahí mismo, entre besos desesperados, respiraciones agitadas y esa sensación constante de que ambos estábamos jugando con fuego emocionalmente. Y aun así ninguno quería parar.

Se la comi entera, y sin manos, dejé que él me dominara agarrandome de la cabeza, hubieron minutos de deepthroat, mientras me sometia a su pico me decía

A: no sabes cuantas pajas me he hecho pensandote en esta posición, y culiándote… uffff traga traga.. ahi viene el moco ahi, viene el moco!!!

Me tragué la leche y me dio un beso como el del principio, me pare y me dio una nalgadita.

A: en algún momento ese culito volvera a probar de su boca y de su pico.
L: No juegues conmigo A, siento cosas por ti es mejor dejarlo si estamos solo en esta pará. -Me mira-

Se quedó mirándome distinto. Más tranquilo. Incluso vulnerable por un momento.

A: disculpa por todo lo que te he dicho. No quiero causarte daño, no te lo merecí… es que me he metido en varios problemas con gente que no es de fiarse.
L: ¿cómo? ¿Le debí plata a algún traficante o qué?
A: algo así.

Ahí toda la rabia se me transformó en preocupación. Porque por primera vez sentí que detrás de toda esa actitud pesada había un cabro chico realmente perdido. Y eso me dolió más de lo que esperaba.

Solo atiné a decirle que se cuidara. Tenía demasiadas preguntas en la cabeza, pero ninguna palabra me salía bien. Pensaba en su familia, en si alguien sabía cómo estaba realmente, en cómo alguien tan chico terminaba metido en cosas así.

Lo abracé fuerte antes de irnos. Y por unos segundos sentí que él también necesitaba ese abrazo más de lo que quería admitir.

Nos separamos cerca del mall.

A: avísame cuando lleguís.
L: creo que ya tengo claro que no debo esperar respuesta… pero avísame igual si llegai bien porfa.
A: -se ríe y me toca la cabeza-

Y me fui con el corazón apretado otra vez. Como siempre que aparecía él.

CONTINUARÁ

¿Te gustó el relato?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 5 / 5. Recuento de votos: 38

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.


Más relatos gay Más relatos de Chile Canal de Telegram

💬 Escribe un comentario

6 Comentarios

  • Anónimo
    mayo 17, 2026 a las 11:48 pm

    Hola muy bueno tu relato te felicito habrá una 6 parte saludos ánimo

  • Latoya
    mayo 18, 2026 a las 1:10 am

    Ojalá que hayan 10 capitulos o más, sigue escribiendo sos el mejor

  • Anónimo
    mayo 18, 2026 a las 1:18 am

    Parece novela 😱😱. Wn porfa sigue escribiendo

  • Anónimo
    mayo 18, 2026 a las 5:05 am

    real q espero con ansias las siguientes partes, solo espero que no lleguemos a la actualidad y tengamos q esperar mucho por una actualizacion;(

  • Fabian
    mayo 18, 2026 a las 11:59 pm

    Sigue porfa me siento identificado contigo

  • Anónimo
    mayo 22, 2026 a las 4:08 pm

    Por un lado me gusta, por otro lado no entiendo como aún así caías (entiendo el morbo, el cariño) pero no te hacía bien

💬 Deja tu comentario

×

Reportar Relato