Con uniforme, camaradas; sin uniforme, amantes – Parte IV
- 1Con uniforme, camaradas; sin uniforme, amantes – Parte I
- 2Con uniforme, camaradas; sin uniforme, amantes – Parte II
- 3Con uniforme, camaradas; sin uniforme, amantes – parte III
- 4Con uniforme, camaradas; sin uniforme, amantes – Parte IV (este capítulo)
- 5Con uniforme, camaradas; sin uniforme, amantes – Parte V
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Parte IV:
«Hay esperas que te consumen y otras que te construyen. Esperar a Pablo fue aprender que el hogar no era solo una dirección, fue prepararse para un comienzo juntos.»
—¡¿Me estás webeando?! —fue lo primero que pude decir después de esa tremenda sorpresa y noticia, con la boca abierta y el corazón latiendo tan fuerte que sentía que se me iba a salir por el pecho.
Pablo soltó una carcajada de esas que le arrugan los ojos, me tomó por la cintura y me tiró de espaldas contra la cama, mientras se acercaba a mí para seguir hablándome de más cerca.
—Oye esa boquita! Jajaja. Vengo hace meses haciendo los papeles pero debía estar seguro antes de decirte algo y tomar está decisión de intentar vivir juntos.
Pasar de esa alegría a la realidad de esperar fue, quizás, una de las pruebas más angustiantes y hermosas que tuvimos; eso sumado a que soy un ansioso profesional, Puff! La espera era eterna y todo era muy lento. Porque el traslado estaba aprobado, sí, pero la burocracia militar toma su tiempo. Fueron casi tres meses en los que Pablo tuvo que cerrar su vida en Antofagasta, mientras yo asumía la misión más importante: buscar nuestro primer hogar en Santiago. Debido a que mi departamento era tipo estudio, era muy pequeño para los dos, ya a mí se me hacía chico y para dos personas no hubiera resultado, menos cuando los demás encontrarían raro que durmiéramos en la misma cama, el nuevo depto debía ser de por lo menos dos piezas para que no se viera sospechoso.
Cada tarde, después del trabajo, me dedicaba a recorrer calles, llamar a corredores y visitar departamentos. Quería que todo fuera perfecto. No buscaba solo un lugar para dormir; buscaba nuestro refugio, nuestra trinchera, el único pedazo del mundo donde no tendríamos que usar máscaras. Recuerdo estar parado en el balcón de un departamento en ñuñoa en el piso 12. Tenía una vista preciosa hacia la cordillera y un espacio perfecto en el living. Hice una videollamada con Pablo ahí mismo.
—Mira —le dije, mostrándole el balcón vacío—. Aquí podemos poner un par de sillas para tomar mate los domingos. Y la pieza principal es lo suficientemente grande para una cama king. Así no me pateas en la noche jajaja, la segunda pieza no es muy grande pero cabe mi cama de 1 plaza y unos muebles.
Lo vi sonreír a través de la pantalla. Sus ojos brillaban con una mezcla de cansancio y amor puro.
—Arriéndalo, Matías. Si a ti te gusta, ese es nuestro hogar. Ya quiero llegar a dormir contigo.
Sentí un nudo en la garganta. Ese día firmé el contrato y empecé con los preparativos para traer mis pocas cosas del otro depto.
Cuando Pablo por fin llegó a Santiago, fui a buscarlo al aeropuerto. Vernos ahí, rodeados de gente, sabiendo que ya no había vuelta atrás y que se venían nuevas experiencias para ambos, fue abrumador. Nos dimos un abrazo «de camaradas» súper apretado, tanto así, que Pablo se acerca a mi oído y me susurra «ya estoy en casa, mi amor», se me cayeron un par de lágrimas que tuve que disimular rápido frotándome los ojos y me dio una seguridad que hizo que mis dudas se alejaran y solo fuera tranquilidad lo que sentía.
La primera noche en el departamento no teníamos muebles, solo mi colchon de 1 plaza puesto en la habitación más grande, en el living una pequeña mesa que se armaba y desarmaba rápido y dos pisos que me habían regalo, rodeado de cajas y bolsos. Pedimos comida, abrimos unas cervezas y nos sentamos en los pisos para inaugurarlos. Miraba a poblo y no podía creerlo. Era mío, y yo era suyo. Esa noche hicimos el amor con una ternura y una pasión que me partió el alma y que sin miedo a que nos escucharan los vecinos, lo entregamos todo. Fue lento, mirándonos a los ojos, acompañados de una luz de luna hermosa, besando cada centímetro de su piel, como si nuevamente estuviéramos desesperados por aprovechar cada minuto juntos antes de tener que despedirnos para separarnos, pero la realidad era que teníamos más tiempo para nosotros, tenía más tiempo para estar al lado de mi Pablo.
Los días siguientes fueron un romance cotidiano que nunca había experimentado. Nos dedicamos a hermosear el departamento. Fuimos juntos a comprar una cama más grande y también sábanas para el nuevo colchón (él quería unas grises con rayas blancas, yo lo convencí de unas sábanas negras que siempre me gustaron), elegimos cuadros, compramos plantas que queríamos intentar no dejarlas morir (los dos no teníamos buenos antecedentes para cuidar plantas jajaja), y armamos muebles de esos que vienen en cajas hasta las dos de la mañana. Me encantaba verlo concentrado, con el ceño fruncido, atornillando una repisa sin polera, con el cuerpo transpirado. Más de una vez dejábamos el martillo de lado para besarnos desesperadamente contra la pared, terminando en el suelo, manchados de polvo y con algunos pinchazos de clavos jajaja, pero muertos de la risa y ahogados de placer. Ese lugar se llenó de nuestra esencia.
Pero claro, la luna de miel mientras estábamos en nuestro refugio tenía un contraste brutal con nuestra realidad fuera del departamento. La excusa oficial para las demás personas de la institución cuando preguntaban era: dos camaradas muy amigos, ambos oriundos del sur compartiendo gastos en la capital. Nadie sospechaba nada.
El verdadero desafío empezó cuando Pablo se presentó a su nueva destinación, que para mi suerte (y desgracia) tenía enlace directo con mi unidad. Verlo caminar por los pasillos con su uniforme, cuerpo que me encanta, con esa postura marcial y su rostro inexpresivo, me calentaba cada vez que lo veía. Pero como entenderán, había que controlar esos deseos perversos:
—Buenos días, mi Cb1.
—Buenos días, Camarada. ¿Todo bien? —respondía con voz gruesa y seca, pero clavándome una mirada que solo yo sabía leer.
Nos empezamos a dar cuenta que el estar tan cerca nos volvió adictos al peligro. Y por lo menos yo recuerdos tres ocasiones que fueron las mas peligrosas en donde casi nos pillan (en realidad hicimos más cosas pero solo recuerdo 3 en donde casi nos descubren jajaja).
La primera vez fue en una bodega en el cual teníamos los papeles más antiguos guardados y ordenados. Resulta que como Pablo era nuevo, muchas veces necesitaba buscar cosas y no sabían dónde estaban. Y como esa bodega la compartíamos entre distintas oficinas, yo conocía muchas de ubicaciones de los archivos de las otras oficinas. Ese día Pablo me envía un mensaje y me escribe “ofrécete como voluntario”, yo no entendía nada, empecé a escribirle para preguntar a qué se refería cuando justo entra a mi oficina, pide permiso al más antiguo y pregunta a mi sof si alguien lo podía ayudar a buscar unos documentos en la bodega. Ahí entendí todo, levanté ma mano y dije “yo lo puedo ayudar mi sof, también tengo que ir a revisar unos documentos a la bodega”. El Sof autorizó y ambos salimos a la bodega. Llegando al lugar le pregunto:
— Qué archivo busca mi Cb1?
— Lo que busco está justo acá. Me abraza por la espalda, me suelta el cinturón y mete su mano derecha tomando mi pene flácido y con su mano izquierda empieza a tocar mi culito.
De lo sorprendido, lo primero que se me salió fueron unos gemidos, doy vuelta mi cara y empiezo a buscar su rostro para besarlo. El se acerca a mi oído y me dice que no hiciera tanto ruido para que no nos escuchen. Le respondo “si mi cb1”. Pablo al escuchar esa respuesta, como que se calentó más por qué puso sus dos manos en mi culo y me movía las nalgas y pasaba sus dedos por la entrada de hoyo. Como ya sabía en lo que iba a terminar esta situación, le pido que ponga el seguro de la puerta. Pablo se da media vuelta, aprieta el seguro y vuelve hacia mi, yo empecé a abrirle la blusa mientras nos besábamos y Pablo me masturbaba dentro de mi pantalón, cuando escuchamos que alguien estaba intentando abrir la puerta. En un par de segundos Pablo se abrocha la blusa, yo me termino de subir el pantalón y apretarlo, y me siento en el piso de la bodega para disimular mi erección poniendo unas carpetas arriba de mi pantalón para tapar la erección y hacer como si estuviera buscando algo. Pablo se queda de pie revolviendo papeles de otro estante, cuando entra el sargento XXX, nos ve agitados, colorados y como empezando a transpirar, y dice “buenas tardes, parece que está caluroso acá, podrían abrir las ventanas para que se ventile si van a estar acá”. Doy vuelta mi cara y le digo “si mi sgto, es que no habíamos abierto nada por qué pensé que encontraríamos el documento rápido pero está bien escondido”. Pablo solo asintió con la cabeza y siguió disimulando que buscaba el documento. Una vez que se fue el sargento, le pregunté a Pablo:
— Es verdad lo del documento?
— Si, si es verdad que tenía que buscar un documento, pero ya lo tengo en mi poder. solo quería una excusa para estar con mi Pololo un rato y robarle algún besito (pone cara de coqueto). Pero tú tienes la culpa de calentarme tanto cada vez que te veo jajaja.
Me acerco a Pablo, le doy un último beso y le digo que nos fuéramos para que no se viera raro tanto rato “buscando un documento” y salir de la bodega sin el documento.
La segunda vez fue peor, porque estábamos rodeados de gente. Fue en un almuerzo de camaradería para el aniversario de la unidad en el casino de la base. Estábamos sentados en una mesa larga con otros diez funcionarios. Yo estaba sentado justo frente a él. Hablábamos de las guardias y de servicios gomas, puras cosas triviales. Resulta que Pablo se levanto para ir al baño y yo con la maldad en mente lo seguí sin que se diera cuenta, al entrar al baño, lo veo que se dirige a un urinario, me apresuro a ponerle pestillo a la puerta del baño y me acerco rápidamente por detrás de Pablo, al acercarme, paso mis manos por delante de él, le empiezo a bajar el boxer y con una mano toco su pene flácido (que rápidamente estaba tomando la forma dura que me encanta) y con la otra juego con sus testículos. Mientras mis manos hacen lo suyo, empiezo a darle besos por el cuello mientras Pablo me dice “amor, no podré orinar así duro”. A lo que respondo, “solo quería sorprenderte, ahora que estás duro, seguimos en la casa jajaja” me apresuro para salir del baño y escucho que Pablo grita “me voy a vengar, esto no quedará así jajaja”. Yo solo me reí, lave mis manos y salí rápidamente de ahí.
Pero esto no termina acá, Pablo al llegar a la mesa, me queda mirando con esa sonrisa coqueta y a la vez malvada como planeando algo. Es ahí cuando le habla al oído a un Camarda que estaba sentado al lado mío, se levanta, pide permiso al más antiguo de la mesa para retirarse y procede a irse. Yo quedé marcando ocupado sin entender, cuando Pablo se siente al lado mío, se acerca a mi oído y me dice “ahora me toca a mí” por debajo de la mesa y levantando levemente el mantel largo, pone su mano sobre mi pantalón justo en el sector de mi pene. Yo lo quedé mirando con una cara entre susto y placer de lo prohibido, Pablo con su mano empieza a desabrocharme los botones del pantalón, saca mi pene y empieza a masturbarme debajo de la mesa solo tapando con el mantel. Yo no sabía qué hacer, me gustaba la idea de hacer cosas al aire libre o con más personas al rededor, pero esto era impensado. Era una sensación entre placer y miedo, miraba para todos lados. No podía evitar disfrutar la experiencia pero me sentía súper perseguido, es ahí cuando siento una boca en mi pene, miro hacia mi lado y que creen?! Era Pablo que se había metido debajo de la mesa y me estaba haciendo un oral. Había visto videos de cuando un chico está en la mesa y una chica se agachaba y le hacía un oral, pero era todo tan actuado que no pensé que eso me fuera a pasar. Habrán pasado como 5 minutos (que en mi mente fueron como 30min con todos los rollos que me pasé)y Pablo sale debajo de la mesa con un cuchillo en la mano diciendo que se le había caído y bla bla bla. Me pasé tantos rollos y sobre todo por que Pablo salió debajo de la mesa y se agacha mi capitán a limpiar una comida que botó mientras comía. Pudieron habernos visto y nuestro jefe jajaja.
Pero el momento de mayor pánico fue en nuestro propio refugio. Era un viernes por la noche. Estábamos solos, la semana había sido muy cansadora, y decidimos relajarnos. Estábamos en el living, desnudos sobre la alfombra nueva que habíamos comprado, habíamos terminado de hacer el amor y como es nuestro espacio nos quedábamos desnudos reposando o deambulando por el Depto. Era nuestro momento de intimidad. Pablo estaba sobre la alfombra acostado todo sudado y con mucho semen esparcido por el cuerpo y yo estaba también sudado, cansado y con el otro resto de semen que no tenía Pablo.
Cuando escuchamos el citofono!
¡Riiiiing!
El citófono sonó como una alarma de bombardeo en el silencio del departamento.
Nos quedamos mirando, recuperando la respiración, sin separarnos.
—No contestes —le susurré, agarrándolo fuerte.
¡Riiiiing! Volvió a sonar, más insistente, acompañado de un par de golpes fuertes en la puerta principal.
—¡Pablo! ¡Matías! ¡Abran la hueá, sabemos que están adentro, vimos la luz! —gritó la inconfundible voz de Montaner desde el pasillo.
El terror nos invadió. Salimos disparados como si nos hubieran descubierto haciendo alguna travesura.
—¡Ponte ropa, limpia la mesa, desordena la pieza chica! —me dijo Pablo en un susurro desesperado mientras él corría a ponerse unos pantalones de buzo y limpiarse con toallitas húmedas, intentando disimular su propia erección y el sudor de su pecho.
Yo agarré mis bóxers del suelo, me limpié con las toallitas que Pablo me dejó para limpiarme, me puse la primera polera que encontré y corrí a la pieza de visitas. Oficialmente, esa era la pieza de Pablo ya que él llegó último. Extraoficialmente, era una bodega y secador de ropa. Tiré unas sábanas en la cama, desparramé una chaqueta de él y volví corriendo al living. Pablo ya estaba en la puerta, respirando hondo antes de abrir.
Yo me senté en el sofá, agarré el control remoto de la tele y me hice el que estaba viendo las noticias.
Cuando Pablo abrió, Montaner y dos cabos más entraron con bolsas de hielo, un pisco y unas cervezas, riéndose a carcajadas.
—¡Hasta que abren, weones! ¿Qué estaban haciendo, tocándose acaso? —lanzó uno de ellos como broma.
A Pablo no se le movió un músculo de la cara.
—Casi —respondí con una sonrisa fingida.
—Estaba cagando, y este otro —me apuntó— estaba sordo viendo tele. ¿Qué andan haciendo a esta hora?
Se sentaron en nuestro living, justo sobre la alfombra donde, literalmente cinco minutos antes, nos estábamos entregando el uno al otro.
—Te dije que hiciéramos algo el viernes en tu casa, dijo Montaner y los otros dos que acompañaban a Montaner se sumaron diciendo, “si! es verdad, y tú dijiste que bueno que después verían la hora”, “y como no confirmaste nunca la hora, nos pusimos de acuerdo entre nosotros y vinimos no más” dijo el tercer acompañante.
Montaner es el cursete de Pablo y los otros dos eran una promoción abajo de ellos y se conocían desde la escuela por eso tenían tanta confianza. Estuvieron bebiendo hasta las 3 de la mañana. Yo trataba de actuar natural, pero todavía tenía el cuerpo sensible, y sentía que entre el departamento y nosotros, teníamos el Depto pasado a sexo flotando en el aire. Cada vez que Montaner nos miraba, sentía que nos estaba analizando.
Cuando por fin se fueron, Pablo cerró la puerta con pestillo y le puso cadena.
No aguanté más y me recosté en el sofá, tapándome la cara con las manos, sin entender nada y tiritando de puro relajo al no ser descubiertos.
—No puedo más con esto, Pablo… casi nos pillan. En nuestra propia casa.
Él caminó hacia mí, se arrodilló frente al sofá, apartó mis manos con suavidad y me miró a los ojos. Tenía una expresión llena de amor, pero también de una determinación inquebrantable.
—Matías, escúchame bien. Que vengan cien Montaner si quieren. De esta puerta hacia adentro es nuestro mundo. Afuera somos los cabos más ejemplares, pero acá, en este departamento, tú eres mío y yo soy tuyo. Y no voy a dejar que el miedo a que nos descubran nos quite la vida que estamos armando.
Me besó la frente y me abrazó contra su pecho, acariciándome el pelo hasta que dejé de tiritar.
Esa noche como era costumbre cada vez que casi nos pillan, hicimos nuevamente el amor como si lleváramos mucho tiempo lejos, pero esta vez en nuestra cama. Pero a diferencia de otras veces, al hacer el amor fue distinto, lo hicimos con rabia contra el mundo, con desesperación, pero sobre todo, con un una pasión por aferrarnos a lo nuestro a lo que estábamos protegiendo al estar ocultos. Creo que muchas personas pueden identificarse con nosotros al tratar de esconder una relación, que si les soy sincero, siento que es la mejor relación que he tenido y nunca me había sentido tan conforme y a gusto con alguien.
Bueno y para terminar, la siguiente parte (me refiero a la quinta parte) quizás sea la más corta de todas, pero decidí dejarla como el final, ya que hasta el momento fue la que marcó un final e inició en nuestra relación…
Pero eso se los cantaré mejor, la otra semana!
Espero les guste nuestra pequeña aventura y la manera en que les comparto un trozo de mi vida amorosa con Pablo.
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8 Comentarios
Como siempre tus relatos son sencillamente maravillosos. Tú historia de amor con Pablo está llena de ternura, pasión y compromiso entre dos hombres que se aman de verdad. Sólo espero que el capitulo final sea la reafirmación de que este amor puede ir más allá y transformarse abiertamente en una vida juntos como lo que son, una pareja de hombres que se aman.
Felicidades a ambos.
Llegó mi teleserieeeee, paren todo!
cinco estrellas como siempre, viva el amor.
Miriam pon la tetera, empezó la telenovela
Que buen relato, me encanta como cuentas la historia
♥️♥️♥️♥️💕♥️♥️♥️♥️♥️♥️
no te permitiré que termines esa relacion. se merecen un final feliz.
Oye son un par de fomes!!! ¿ como me dejas ahí con la intriga? ¿Cómo es eso que será la última parte y final?…
Meeeh, no no no… ustedes me siguen contando su Diario de una pasión 😁
Que hermoso relato ha sido en su totalidad , la forma en que escribes me relata el amor y todos lo que sienten lo transmiten, aparte me has mantenido erecto todo el relato a pesar de que los detalles sexuales son mucho menos pero la química y la imaginación que me han entregado de los momentos me llevan al 1000% ! .. espero la parte final 🙂
Estoy fascinado con esta historia, me he leído todos relatos, voy por el 5, me encanta y vivo con Uds lo que han experimentado, espero sigan narrando esta historia para nosotros, abrazo desde Colombia Plenxy