Con uniforme, camaradas; sin uniforme, amantes – parte III

Con uniforme, camaradas; sin uniforme, amantes – parte III

Con uniforme, camaradas; sin uniforme, amantes - parte III

Parte III:
«Hay lugares que uno visita y olvida. Y hay lugares que parecen guardar una parte de nosotros para siempre. Chiloé fue ese lugar para Pablo y para mí.»
La comisión en Iquique terminó siendo mucho más importante de lo que ambos imaginábamos. Fueron unas semanas de mucho trabajo en equipo, de revisar papeleo, ordenar documentos; pero de noche y en nuestro hospedaje, era mucha pasión, lujuria y lo más importante amor. Ese amor que nunca pensé que encontraría y menos dentro de la institución y con otro hombre.
Cuando empezamos a convivir, todavía existía esa sensación extraña de tener que acostumbrarnos nuevamente al otro.
Porque una cosa era extrañarse.
Otra muy distinta era volver a compartir espacios.
Volver a ver cómo el otro despertaba.
Cómo caminaba.
Cómo pensaba.
Cómo reaccionaba cuando estaba cansado.
La distancia había construido una versión idealizada de nosotros.
Pero la convivencia nos mostró algo más real.
Y eso fue lo que más me gustó.
Pablo seguía siendo Pablo.
Seguía ordenando todo.
Seguía dejando las cosas exactamente en el mismo lugar.
Seguía revisando tres veces algo antes de darlo por terminado.
Y seguía teniendo esa costumbre de quedarse en silencio cuando algo le preocupaba.
Pero ahora yo conocía esos silencios.
Ya no necesitaba preguntarle siempre qué ocurría.
A veces bastaba con mirarlo.

Una tarde, después de terminar la jornada, caminábamos cerca del borde costero.
El sol comenzaba a bajar.
Había gente caminando, niños jugando y vendedores ofreciendo cosas en la calle.
Era una tarde completamente normal.
Y quizás por eso fue tan especial.
Porque durante meses habíamos vivido nuestra relación en momentos pequeños:
Una llamada antes de dormir.
Un mensaje rápido durante el día.
Una fotografía enviada sin explicación.
Pero ahí estábamos.
Caminando.
Conversando.
Como cualquier pareja.
Aunque para el resto del mundo solo éramos dos camaradas. Dos personas que se llevaban bien y se hicieron amigos en una comisión.
Pablo miró hacia el mar.
—A veces pienso que tuvimos mucha suerte.
—¿Por qué?
Se demoró unos segundos en responder.
—Porque podríamos no habernos encontrado nunca.
Me quedé callado.
Porque era verdad.
Si esa carpeta hubiese aparecido.
Si alguien más hubiese ayudado con esos documentos.
Si yo hubiese llegado un día después.
Nada de esto habría pasado.

Después de esa comisión, comenzamos a planificar algo que durante mucho tiempo parecía imposible.
Vacaciones juntos.
No como compañeros de trabajo.
No como personas que coincidían por obligación.
Sino simplemente como Matías y Pablo. Lo más raro de todo, es que siempre que hablábamos de las vacaciones y bromeábamos con pasar las próximas juntos, quedaba en eso, “en bromas”; pero ahora era real, ahora sí existían las ganas de ambos por pasar más tiempo juntos. Dentro de estas conversaciones, acordamos el sur. No porque fuera el lugar más familiar. Sino porque ambos necesitábamos alejarnos del ruido.
Del ritmo de Santiago; del calor del norte. De las miradas o de tener que pensar constantemente que alguien podía notar algo entre nosotros.
Queríamos un lugar donde pudiéramos caminar sin sentir que cada gesto debía ser medido.
Y así llegamos a Chiloé.

Recuerdo el primer día de nuestras vacaciones, nos encontramos en el aeropuerto después de que Pablo llegara de Antofagasta. Nos saludamos como dos buenos amigos y fuimos por un McDonald mientras esperábamos el vuelo y nos poníamos al día de nuestras cosas. Logramos abordar nuestro vuelo, y Pablo sacó una manta con la excusa de que tenía frío, se tapó el y luego me tapó a mi. Yo le digo que estaba bien y no tenía frío, a lo que él responde, no tengo frío, solo quiero hacer esto. “Debajo de la manta toma mi mano y la entrelaza a la suya”.
Debo admitir que me perseguí en el momento que lo hizo, pero al darme cuenta que estábamos bien y que no pasaba nada, me relaje, solo me dejé querer y disfruté el momento.
Al llegar a chiloe, la lluvia caía suavemente.
No era una tormenta; era esa lluvia tranquila del sur que parece parte del paisaje. Fuimos a recoger el auto y nos fuimos a nuestro hospedaje en castro.
Era una cabaña muy linda, que en foto se veía precioso, pero en persona con la vista al mar, era increíble.
Al entrar a la cabaña, yo me fui a preparar la cama y vaciar las maletas, mientras que Pablo estaba mirando por la ventana del alojamiento.
Tenía una taza caliente entre sus manos y al lado de él tenía otra taza de té caliente. Me queda mirando y me dice:
—¿Qué piensas? Mientras me hace un gesto para que me vaya a sentar a su lado.
Me preguntó sin darse vueltas mientras se pasaba la taza de té.
Sonreí.
Porque ya sabía que me conocía lo suficiente para notar cuando yo estaba perdido en mis pensamientos.
—Que nunca imaginé estar acá.
—¿En Chiloé? Me pregunto.
Negué con la cabeza.
—Contigo.
Se quedó en silencio.
Pero esta vez no fue un silencio incómodo.
Fue uno de esos silencios que dicen más que cualquier conversación.

Durante esos días descubrimos una rutina sencilla:
Salir temprano, caminar sin apuro, conocer lugares, probar comida típica. Conversar durante horas y cuando estábamos perdidos entre bosques, lagos o ríos, nos abrazábamos, besamos y andábamos de la mano como cualquier otra pareja normal.
Dentro de las conversaciones, hablábamos de cosas importantes, de nuestro futuro, de nuestras dudas, de lo difícil que sería mantener una relación que no todos entenderían.
Otras veces hablábamos de cosas completamente simples.
De películas, de música, de recuerdos de infancia, de anécdotas que nunca habíamos contado.
Y eso era lo que más valoraba.
Con Pablo no solo compartía sentimientos, compartía vida.

Una tarde caminamos por un pequeño camino junto al mar, para ser más específicos, en la isla de las almas navegantes.
El viento era fuerte.
Pablo llevaba una chaqueta oscura y miraba el paisaje.
Me detuve unos segundos observándolo.
No al cabo primero.
No al hombre serio de la oficina.
No al superior que había conocido en Antofagasta.
Sino a Pablo.
La persona.
El hombre que había aprendido a confiar en mí.
—¿Qué pasa? —preguntó.
—Nada.
Sonrió.
—Esa respuesta tuya nunca significa nada.
Me reí.
—Estaba pensando que al principio pensé que eras insoportable.
Se llevó una mano al pecho fingiendo sorpresa.
—¿Yo?
—Sí. Eras demasiado serio.
—Y tú demasiado insistente.
—¿Ah, sí?
—Sí. Siempre encontrabas una excusa para venir a mi oficina.
Nos reímos.
Porque ambos sabíamos que, aunque empezara como una excusa, después se convirtió en algo más.

Pero incluso en un lugar tan lejano, la realidad seguía existiendo y el miedo era inevitable, al no querer volver a nuestras realidades.
Sabíamos que al volver todo sería distinto.
Que nuevamente tendríamos que separar los mundos, que el uniforme, que la rutina, que las responsabilidades, que el cuidado, que la discreción, que etc.
Una noche hablamos de eso.
Sentados mirando la lluvia caer afuera.
Pablo fue el primero en hablar.
—¿Tienes miedo?
Pensé la respuesta.
—Sí.
Él asintió.
—Yo también.
Hubo una pausa.
Después agregó:
—Pero antes tenía miedo de algo diferente.
—¿De qué?
Me miró.
—De no saber quién era realmente.
Esa frase me quedó grabada.
Porque entendí que nuestra historia no había sido solo encontrar a alguien.
También había sido encontrarnos a nosotros mismos.
Pablo me abrazó, me dice al oído “pase lo que pase, ahora nos tenemos y aunque sea a distancia, cuidaré lo que tenemos”.
Solo atiné a devolverle el abrazo, decirle “gracias por todo tu cariño e incentivarlo para que nos fuéramos a la cama.
En nuestra estadía en la isla, tuvimos el privilegio de que no había mucha gente recorriendo la isla, es por eso que pudimos ser más pareja que amigos. Cada vez conectábamos más y sentía que nuestros caminos se juntaban para no separarnos.
La verdad amigos, que nunca pensé que conectaría con una persona así… las cosas van tan rápidas pero a la vez tomando tanta fuerza, que a estas alturas solo quiero que las cosas pasen y disfrutar cada momento con Pablo.

El último día en Chiloé caminamos nuevamente por dalcahue buscando recuerdos para llevarnos de regreso a nuestras casas y nos dimos cuenta de algo:
El paisaje era el mismo.
Pero nosotros no.
Éramos diferentes.
Más tranquilos.
Más seguros.
Más conscientes de lo que teníamos.
Pablo se ponía nervioso y miraba el mar.
—Matías.
—Dígame.
—Pase lo que pase después de esto…
Esperé.
—Gracias.
Sonreí.
—¿Por qué?
Me miró.
—Por hacerme sentir que no tenía que fingir todo el tiempo, por darme una compañía sincera y honesta.
No supe qué responder.
Así que simplemente me quedé junto a él.
Porque a veces las palabras no alcanzan.
Nos fuimos al aeropuerto, nos despedimos de nuestras vacaciones y volvimos a Stgo. Llegando a stgo, nos fuimos a mi departamento ya que al otro día Pablo tenía vuelo hacia Antofagasta.
Al llegar a mi departamento, ese día no hicimos nada más que ducharnos, pedir comida por Uber y quedarnos acostado todo el día y la noche. Solo quería disfrutar junto a él todo el tiempo posible. Solo quería pausar el tiempo y vivir para siempre ahí. Esa noche nos despedimos como correspondía, quería sorprender a Pablo, el siempre fue el que más detalles y sorpresas tuvo al principio y yo nunca lo podía sorprender; así que ahora lo tenía pensado. Le pedí que si podía vestirse e ir a buscar unas pizzas que había pedido, mientras que yo preparaba la pieza. El apenas se fue le escribí que tenía que esperar de 15 a 20 min por que el repartidor ya venía, así que tenía ese tiempo para arreglar todo. Prendí velas en la habitación, puse dos velas en cada velador e hice un camino de velas desde la puerta a la pieza, en la cama puse pétalos de rosa (eran plásticas para que me duraran todo el tiempo que no estaría en casa) y formé un corazón con ellas. Me puse un jockstrap (uno que me había comprado y nunca me atreví a usarlo por inseguridades) y me puse un short que me quedaba bien suelto para sacármelo rápido cuando fuese necesario.
Luego cuando Pablo toca para que le abra la puerta, apago las luces y me preparo para recibirlo. Al abrir la puerta, me di cuenta que no sabía qué decir jajaja que se dice en esos casos? “Sorpresa”? Jajaja pues no se! Solo le pedí que cerrara los ojos pero ya había sido muy tarde y Pablo vio el camino de velas. Solo le quedé mirando la cara y cuando le iba a preguntar si me había gustado, deja las pizzas en la mesa y se acerca rápidamente para darme un beso. Al separarnos, le dije que me tocaba sorprenderlo y que quería que pasara una última noche de manera especial. Lo abrazó y al oído le preguntó “te gustaría pololear conmigo”.
Pablo se separa de mi lado, me queda mirando fijamente y no decía nada… (yo tenía el corazón latiendo full, con un dolor de estómago fatal por los nervios y esperando que Pablo reaccionara y dijera algo).
Asustado le pregunto.
– Estás bien?
– Si, me responde casi gritando.
– Seguro? Le vuelvo a preguntar.
– Si quiero que seamos pololos!! Lo dice casi gritando.
Al escuchar eso, lo abracé fuerte, le tomó la mano y empiezo a desocupar la cama para mostrarle la segunda sorpresa. Apago las velas del piso, dejando solo las velas del velador prendida, le sacó la ropa a Pablo, lo empujó hacia la cama y me sacó mi short. Pablo al verme con el jockstrap, dice: “no sabes cuánto me calientan estas cosas” toma un elástico de la nalga, lo estira y lo suelta golpeando mi nalga.
Lo que viene ahora, ustedes ya lo saben jajaja y Pablo no me dio permiso para contarlo con tanto detalle como en la parte dos. Solo le comentaré que al terminar, ahora fui yo quien dice “te amo”.
Al recuperarnos y recobrar el aliento, Pablo trae las pizzas que no pudimos comer y dice:
– no quería contarte nada todavía, pero como tú bien dijiste, siempre tengo una sorpresa.
– Enserio? Pensé que yo sería quien sorprendería esta vez.
– Jajaja si me sorprendiste mi cabito, pero yo tengo una sorpresa mejor.
– Mejor que mi jockstrap?
– No sé si tan bueno como tus nalguitas y tus jockstrap, pero sorpresa es sorpresa jajaja.
– Ya cuéntame luego! Jajaja mucho misterio Pablo!
– Te quería contar que pedí destinación para Santiago!

Continuará en parte 4.

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11 Comentarios

  • Mauro julio 17, 2026 a las 6:33 am

    Ya quiero saber como sigue ya me han hecho emocionar dos veces y se que habran historias de amor entre tantas historias de sexo pero algo me dice que esta historia es especial y necesito la siguiente parte

  • Anónimo julio 17, 2026 a las 11:53 am

    ♥️♥️♥️♥️♥️😍♥️♥️♥️♥️♥️♥️

  • Anónimo julio 18, 2026 a las 8:48 am

    No me pueden dejar asi 🥹🥹🥹🥹… con las lagrimas casi saliendo , de verdad q la historia de amor de ustedes me tiene full enamorado tambien

    • Anónimo julio 18, 2026 a las 6:42 pm

      Yo igual

    • Alito julio 22, 2026 a las 2:48 am

      Que bello lo que haz formado junto al cabo1 tambien deseo leerte mas que bonito leer este romance

  • Conocer37 julio 18, 2026 a las 6:42 pm

    Quiero la parte 4 yaaaaa

  • Daniul julio 18, 2026 a las 10:23 pm

    Hermosa historia, me gustaría conocer a alguien para vivir ése nivel de intimidad, de amor y entrega, no he sido a ése hombre y me gustaría algún día ir de la mano con el

  • Anónimo julio 19, 2026 a las 9:30 pm

    Esta historia me emociona más y más en cada capítulo. Es imposible no sentirse felíz por todo el amor, la complicidad y amistad que ustedes se transmiten uno al otro.. Es de esas historias que merecen ser envueltas de dicha plena.
    Espero con ansias su continuación.
    Muchas felicidades para ambos.

  • Anónimo julio 20, 2026 a las 1:24 am

    Que buena historia 🤩
    Ojalá puedan sentirse mas libres en lugares desconocidos, no es necesario adentrarse a bosques para darse la mano o ser libres! Animo

  • Anónimo julio 20, 2026 a las 9:05 am

    Que linda historia. Aquí seguimos ansiosos esperando el cap 4 jajaja!

  • sad uwu julio 20, 2026 a las 9:35 pm

    Me gusta esta historia, pero en esta última parte sentí que estaba leyendo a ChatGPT… de verdad que tiene una forma muy particular de narrar que me recuerda a la IA en todo momento

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