Con uniforme, camaradas; sin uniforme, amantes – Parte V
Parte V
«A veces pasamos tanta vida construyendo muros para protegernos, que olvidamos cómo se siente que el viento nos dé en la cara.»
Sobrevivir a nuestra rutina en Santiago se había vuelto un deporte de alto riesgo jajaja, pero también una costumbre que se volvió parte de nuestra rutina. Creíamos que teníamos todo dominado y que disfrazar nuestro amor, siendo solo camaradas duraría para siempre… pero me estoy adelantando a la historia. Como les contaba, éramos expertos en miradas cómplices que para el resto no decían nada pero para nosotros era una señal clara de lo que haríamos al llegar a casa, en cambiar el tono de voz cuando alguien entraba a la oficina y escuchaba nuestras conversaciones, y en desarmar nuestra casa en tiempo récord si alguien tocaba el timbre como la última vez con Montaner.
Hasta que apareció y entró en nuestras vidas el huracán Pamela jajaja.
La Cb1 Pamela (también le cambiaré el nombre y evitaré el apellido por que ella se maneja en el ambiente) era la mejor amiga de Pablo desde sus primeros años en la institución; eran cursetes con Pablo, y a pesar que cuando se conocieron había mucha química entre ellos, con el tiempo se dieron cuenta de que no funcionaría una relación y mantuvieron la amistad. Es casi normal que cuando uno egresa, muchas veces las amistades que uno forma, van desapareciendo por la distancia y muy pocas personas van quedando a tu lado y formando parte de tu día a día a pesar de la distancia, y a Pablo con Pamela les pasó algo parecido, se habían distanciado un poco por las destinaciones, pero el destino los volvió a juntar después de mucho tiempo y solo conversaciones casuales por video llamadas. Un martes cualquiera, ella apareció en nuestra unidad, yo la había visto otras veces pero solo había un saludo formal entre nosotros y nada más, pero para mi sorpresas ese día sería con Pablo quien se cruzaría y para arreglar un problema de unos descuentos mal aplicados en su liquidación. Al encontrarse en los pasillos y, según me contó Pablo, el grito que ella pegó se escuchó hasta en la guardia jajaja.
Para que conozcan a un poco a Pamela, ella era una mujer muy enérgica, alegre, tenía mucha iniciativa, irradiaba una muy bonita energía, era chistosa, entradora y muy milica cuando lo tenía que ser jajaja, aparte de tener a medio mundo babeando por ella, por prácticamente era una de las mujeres más lindas que me ha tocado conocer. Muchas de sus características, que por cierto eran muy buenas, hacían que casi siempre no durara nada en sus relaciones, ya que era tan llamativa, que casi ningún hombre podía estar a la altura de su personalidad y al final quedaban pequeños al lado de ella. Quizás más adelante les puedo contar sus aventuras jajaja
Resulta que a los pocos días de que se habían encontrado, Pablo me dijo que la había invitado a comer al departamento. Yo estaba aterrado. Una cosa era engañar a los camaradas de la oficina, y otra muy distinta era intentar engañar a la mujer que conocía a Pablo como la palma de su mano.
Pero la «Pame» resultó ser increíble. Era una mina a todo dar: directa, buena para la talla, de risa fuerte de esa que no pasa desapercibida y una lealtad absoluta. Desde el primer día que compartimos fuera de lo militar, me integró de inmediato a su dinámica, era imposible no sentirse bien al lado de ella. Me agarró cariño rápido y me trataba como a un hermano menor tanto sea en el trabajo como afuera.
—Oye, pariente —me decía, apuntándome con el tenedor en la cena—, más te vale tener paciencia con este weon mañoso. Yo no sé cómo lo aguantas viviendo juntos por este tiempo, si cuando éramos reclutas lloraba por todo.
Pablo se ponía rojo y le tiraba un cojín por la cabeza, mientras yo me moría de la risa.
Pasaron los meses y Pamela se volvió visita frecuente, tanto que muchas veces era la excusa perfecta para pasarle la cama pequeña para que duerma y así dormir juntos con Pablo. Hacíamos previas en el depto, pedíamos comida, veíamos películas. Nosotros creíamos que estábamos siendo los actores del siglo evitando demostrar cariño frente a ella. Cuando ella iba a buscar hielo a la cocina, Pablo y yo nos dábamos un piquito rápido; cuando ella miraba el celular, yo le acariciaba la rodilla a mi Cb1 por debajo de la mesa. Nos sentíamos tan astutos y discretos, que disfrutábamos en silencio cada vez que lo hacíamos.
Pero las mujeres tienen un sexto sentido, y la Pame nos llevaba años luz de ventaja.
Todo estalló una noche un día viernes. Habíamos salido a comer al Barrio Bellavista, los tres juntos, disfrutando de la noche santiaguina como casi siempre lo hacíamos. Estábamos terminando los tragos cuando Pamela nos mira con una sonrisa traviesa.
—Ya, par de fomes, aún es temprano y podemos aprovechar de hacer hartas cosas. Quiero ir a bailar, pero primero quiero ir a ver un show de transformistas que me recomendaron. Así que nos vamos al Fausto.
Pablo y yo nos miramos, nos pusimos rojos y casi nos atragantamos con el hielo.
Ir a una disco gay, los tres, siendo militares y con Pablo.
Nos miramos de reojo, cada uno con cara de pánico pero tratando de disimularlo.
—Pucha, Pame… —empezó Pablo, rascándose la nuca—. No sé, es que…
—¿Qué, mi cabo mañoso? ¿Le da miedo que se le pegue algo? —lo desafió ella, levantando una ceja—. Vamos, no sean anticuados. Aparte, nadie los va a mirar, van conmigo.
Tratando de mantener nuestra fachada de «machos heteros a los que no les incomoda nada», y para no levantar sospechas con nuestra negativa, terminamos aceptando.
Entrar al Fausto fue surrealista. La música, las luces de neón, la libertad absoluta de la gente bailando, dándose la mano, besándose sin mirar a los lados, todos estaban tan tranquilos y viviendo su mundo… que sin mentir tenía muchos prejuicios de las discos gays y creo que Pablo también. Al entrar, no hubo más movimiento de nosotros dos, que pararnos en la barra, lo más tieso y tenso posible que aunque tratábamos de disimular se notaba que estábamos incómodos. Parecíamos dos escoltas presidenciales atrás de Pamela jajaja. Estábamos tan tensos, tan pendientes de que nadie nos mirara raro, que ni siquiera nos hablábamos ni mirábamos.
Pamela nos miró de arriba a abajo, rodó los ojos y se rio.
—Espérenme acá, par de estatuas. No se muevan.
Desapareció entre la multitud. Pablo me miró de reojo, con la mandíbula apretada. Yo quería abrazarlo y decirle que nos relajáramos y que estaríamos bien, pero el peso del uniforme (aunque anduviéramos de civil) todavía nos aplastaba.
A los cinco minutos, Pamela volvió con una bandeja y seis shots de tequila. Dos para cada uno nos dijo.
—Ya —dijo, poniéndolos sobre la barra—. Esta ronda la invito yo.
Pablo y yo, sin entender nada, levantamos el primer vaso. Hicimos un «¡Salud!» Y rápidamente entre los tres nos tomamos el primero de un golpe. Apenas bajamos los vasos y nos preparábamos para el segundo, Pamela se nos acercó nos tocó el hombro, nos miró fijamente, y con una voz que mezclaba cariño y una firmeza absoluta, soltó la bomba.
—A ver, miren acá, par de weones. Yo no nací ayer. Sé que son pareja.
Sentí que el alma se me caía a los pies. El corazón me empezó a latir a mil por hora y vi cómo Pablo se ponía pálido. Quise hablar, quise inventar una excusa, pero ella levantó la mano para callarme.
—Los traje a esta disco porque quería compartir con los verdaderos Pablo y Matías. No con los milicos que siempre tienen que fingir frente a los demás. Quería estar con la pareja que se oculta frente a la vista de todo el mundo, con mis amigos.
Miré a Pablo. Por primera vez desde que lo conocí, desde ese día en Antofagasta donde me entregó una carpeta con su mejor cara de insoportable, lo vi completamente desarmado. No tenía palabras. Su respiración se agitó y sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas.
Pamela dio un paso, nos agarró a los dos por el cuello y nos dio un abrazo apretado, de esos que te reinician el alma.
—Estamos en un lugar donde nadie los juzgará, y están con una amiga que solo los quiere ver felices, sin esconderse. ¡Los quiero, amigos! ¡Hacen una pareja preciosa!
Cuando nos soltó, Pablo se quebró. El Cb1 serio, el hombre inquebrantable, escondió la cara entre sus manos y empezó a llorar. Su llanto no era de rabia ni tristeza. Lloraba de alivio. Lloraba botando años de represión, de miedo, de estrés por mantener dos vidas paralelas.
No me importó quién miraba. No me importó dónde estábamos.
Lo abracé con todas mis fuerzas, pegando su pecho al mío, haciéndole cariño en ese pelo colorín que tanto me gustaba. Acerqué mi boca a su oído y le susurré con la voz quebrada:
—Todo va a estar bien, amor… recuerda que juntos somos más fuertes.
Pablo levantó la cabeza. Tenía los ojos rojos y mojados, pero brillaban con una luz distinta. Ya no había miedo. Me tomó la cara con ambas manos, me miró con una intensidad que me cortó la respiración, y ahí, en medio de la disco, bajo las luces de distintos colores y la música retumbando, me besó.
No fue un beso robado en un pasillo oscuro. No fue un beso apresurado antes de que alguien tocara la puerta. Fue un beso lento, profundo, público y lleno de un amor que ya no cabía en cuatro paredes.
Pamela pegó un grito de emoción, aplaudió y gritó:
—¡Por fin, weon, por fin!
Se empezó a reír a carcajadas, nos tomó de las manos a los dos, y nos empujó hacia el centro de la disco. Esa noche bailamos los tres hasta que nos dolieron los pies. Esa noche, Pablo y yo no fuimos el Cb1 y el Cb2; fuimos simplemente dos hombres que se amaban y que, por unas horas, no le debían explicaciones a nadie.
Han pasado varios meses desde esa noche en el Bellavista. Las cosas han cambiado para mejor. Con Pamela nos hemos vuelto más unidos que nunca y ahora sí que casi no la podemos sacar del departamento jajaja. Mantener nuestro secreto dentro de la institución sigue siendo nuestra prioridad (al final del día, cuidamos nuestro trabajo y nuestra carrera), pero la carga ya no se siente tan pesada.
Nuestra relación está más estable que nunca. Nuestro departamento ya no es una fachada, es nuestro hogar. Haber dado ese paso con Pamela nos abrió una puerta que no queremos volver a cerrar. Poco a poco, fuimos contándole a nuestros círculos más íntimos, a esos amigos de verdad que sabíamos que no nos iban a dar la espalda. Y contando a Pamela, ya serían 5 amigos que saben de nuestra relación y aveces podemos tener nuestra salida de parejas, algún amigo con su pareja y nosotros dos como pareja.
Ahora, mientras escribo esto, Pablo está sentado en el balcón del departamento (sí, en ese mismo balcón donde soñé con tomar mate con él). Se da vuelta, me sonríe y me guiña un ojo.
Estamos superando etapas. Nuestro próximo gran paso es viajar al sur, y a qué creen ustedes? A presentarnos frente a nuestras familias como la pareja que somos, a demostrar nuestro amor y que las personas más importantes para nosotros, que son nuestros padres y hermanos, sepan lo nuestro y de nuestra vida… no es algo fácil, tenemos miedos e inseguridades, y Pablo quiere ser el primero en enfrentar este desafío, así que nuestras próximas vacaciones son a Pucon con la familia de Pablo, y luego a Temuco con mi familia. No sabemos cómo van a reaccionar, no sabemos si habrán gritos, llantos o abrazos, pero hay algo de lo que estoy completamente seguro:
El amor que construimos en el norte, que consolidamos en Chiloé y que aprendió a sobrevivir en Santiago, es a prueba de todo. Y mientras yo tenga a mi camarada, a mi Cb1, a mi Pablo, a mi amor de la mano, no hay distancia ni miedo que nos pueda detener.
Queremos darles las gracias a cada uno de ustedes por leer nuestra historia, por respetar nuestro relato y por emocionarse al igual que yo con cada palabra que les comparto. Estuve mucho tiempo pensando en escribirles y contarles esta parte de mi, y ahora que lo hago; junto con Pablo nos sentimos muy contentos del apoyo que nos han entregado en estas 5 partes!
De momento tenemos más anécdotas e historias juntos, pero para no aburrir con tanto relleno trate de compartir las partes más importantes para armar la historia. Estamos ansiosos con Pablo de seguir adelante y si alguien necesita conversar, un concejo o un reto, les dejamos el correo para que manden su desahogo mishistoriasrelatos@gmail.com
Y para terminar, les quiero contar que pedimos vacaciones para después de las fiestas patrias, tenemos los pasajes listos para Pucon y Temuco, y en caso de que las cosas no resulten tan bien, tenemos visto el hospedaje jajaja.
Cuídense!
Se despide.
Pablo y Matías!
Fin (por ahora).
1 persona guardó este relato
15 Comentarios
Amo esta teleserie, esperamos la sexta parte en octubre entonces! disfruten chicos! 😀
Me han tocado la fibra, me encantaría tener una relación tan linda como ustedes , cada vez q leo una nueva parte me dejan llorando … si me da la valentía le escribiré a su correo. Un abrazo , amance , respetense y sean felices
Hermosa Historia. Ojalá puedas compartirnos en tus siguientes relatos como les fue con las Familias de ambos. Saludos desde Chiapas, México.
Simplemente….que linda historia.
ufff con cada historia me hicieron llorar… que bonito es amar y ser amado. yo amé y fracase en el intento. Ver la pelicula el secreto en la montaña me hace llorar por dias… felicidades… reciban un abrazo desde sinaloa mexico
Hermosa historia…. Les deseo lo mejor
Hermoso ❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Que hermosa relación,les felicito por compartir su amor con nosotros, que les vaya muy bien con sus familias, besitos
Muy linda su historia espero q sigan amandose x mucho tiempo y q sus familias los apoyen mucho
Una historia que ha sido tierna y hermosa desde el inicio no puede su no continuar siendolo cada vez más. Ustedes están destinados el uno al otro y el tiempo se los ha demostrado.
Sólo puedo desearles una felicidad eterna, fuerte, inquebrantable frente a las dificultades que puedan enfrentar, porque un amor tan bello como el de ustedes es lo que se merece.
Gracias por hacerme parte de sus vidas y quedo a la espera de saber lo que espero, sea la total aceptación de sus familias a su relación.
Un gran abrazo muchachos.
Viva su amor.
Me emocioné mucho con vuestra historia de amor, felicidades.
Yo leí los 5, me tiene enganchado, me encantó, me emocione mucho por Uds, le mando saludo desde Colombia Plenxy
Hermoso!!!, me encantó esta vivencia, que sean felices juntos siempre.
Felicidades, abrazo y éxito en su hermosany Sana relación.
Muy lindo el relato y los felicito no es facil esconderse en yna institucion machista aunque ahora debe estar mas relajado igual deben tener cuidado y seguir con ese amor q se nota muy lindo